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  • La clase de piano – Au bout des doigts

    14 de septiembre de 2019

    Todos los lunes a las ocho de la noche tenemos en uno de los multicines de Utrecht una película de las que solo estrenan en la filmoteca en Amsterdam y que suelen repetir al lunes siguiente, con lo que mensualmente, tenemos acceso a dos de esas pelis y me ahorro el viaje a Amsterdam. Al ser de la filmoteca, es cine extranjero y por aquí ya he comentado algunas. Todos sabemos que yo evito el francés tanto o más que a las enfermedades venéreas y a los truscolanes pero el trailer de esta tocó alguna fibra podrida en mi interior y por eso decidí ir a ver Au bout des doigts, la cual parece que se estrenó en febrero de este año en España como La clase de piano y he mirado en un traductor onDEline y ni de coña es una traducción literal, deberían haberla llamado truscoluña no es nación.

    Un julay quinqui y pajillero va a un conservatorio y se encoña de una negra a la que no se cansa de darle plátano, pero no del canario.

    Un pavo que vive en una barriada periférica jinameña no le cuenta a sus amiguitos quinquis que en secreto, el lo que quiere es tocar el piano, algo que aprendió de niño con un viejo que por lo mucho que se le arrimaba, es un milagro que no le hiciera otro tipo de tocamientos. El chamo aprovecha el piano en una estación para tocar (este concepto puede ser nuevo para muchos, pero en infinidad de estaciones se ponen pianos en el vestíbulo para que quien quiera toque, S-I-N P-E-D-I-R D-I-N-E-R-O) y allí lo escucha el director de un conservatorio que le ofrece un puesto en el mismo. Cuando al chaval lo detienen en un robo a una casa, le conmutan la pena por trabajar limpiando suelos en el conservatorio y allí empezará a tocar el piano y el chamo es como un prodigio, mismamente como yo pero con crímenes y ficha policial. Se encoñará de una compañera que toca otras cosas, incluyendo su instrumento y el director está tan convencido de que es un genio que lo propondrá para representarlos en un concurso de piano muy pijo y fastuoso y que te da fama a nivel mundial y tal y tal. El chiquillo, que viene de casa pobre, dudará pero vamos, que eso no le afecta a la hora de empalar a la otra. Hay final feliz así que todos sabemos como acaba.

    Esto es una historia de esas melozas pero que entretienen y la música es fabulosa, así que no me da vergüenza reconocer que me gustó hasta siendo una película francesa, que mira que es bárbara esa lengua. Curiosamente, la relación intensa y que sobresale más no es la de Jules Benchetrit, que es el chaval, con su novia, con la que hay una química fabulosa es con Kristin Scott Thomas, que es su profesora de piano y con la que cuando tienen escenas juntos, hay un montón de energía en la pantalla, de cariño y respeto entre ambos. También funciona muy bien su relación con Lambert Wilson que hace de director de la academia. La película tiene muchos tramos totalmente predecibles y muchas boberías, sobre todo cuando los amigos criminales entran en escena pero pese a todo, es un buen entretenimiento y una de esas historias que te hacen salir del cine contento y con la sensación de haber presenciado algo interesante.

    Esto no es cine para los miembros del Clan de los Orcos, que pueden quedarse ciegos si son expuestos a algo así y hasta me temo que los sub-intelectuales con GafaPasta la verán algo flojilla pero si tienes oportunidad y te sobra algo más de hora y media, tiene un pase.

  • Bajo abajo y subo arriba y si me sale, me salgo afuera y me entro adentro

    13 de septiembre de 2019

    Hoy me han dado una de las mayores alegrías de mi corta vida. Desde tiempos inmemoriales, desde prácticamente el segundo o el tercer día que conocí a mi amigo Sergio, el malagueño, me ha reprochado una y otra vez mi uso incorrecto de algunos giros de la lengua, tanto que hace la tira de años le compré y le regalé para su cumpleaños el diccionario de la RAE, sí, el leño ese que es grandísimo y pesa kilos y kilos para que documente sus críticas y me las muestre y justifique y cada vez que paso por su casa, el diccionario sale a colación porque fue un regalo de esos que pican y te acabas rascando. Una de las cosas que más me ha criticado desde siempre, es lo de bajara (para) abajo, subir (para) arriba, salir (para) afuera y entrar (para) adentro, algo que está en el corazón de la lengua en las islas Canarias. Ahora ya le he puesto el puntito en la boca porque la RAE aprueba nuestra REDUNDANCIA y además dice que es un refuerzo expresivo y desde ya mismo creo el jassssssshtag #NOMECENSURES que le pongo cada vez que le mando un güazá, que yo no tengo el Tuiterota ese de los cojones porque no estoy enganchado como una perra como la intimísima de Genín y comentarista esporádica del mejor blog sin premios en castellano.

    Por primera vez en la historia del universo y para que quede constancia de las fuentes desde las que emanan estas verdades, empotro el mensaje del tuiterota en el que se confirma lo que yo ya sabía desde muchísimo antes de nacer, porque soy así de fantástico:

    #RAEconsultas En efecto, es correcto decir «subir arriba», tal como se explica en nuestro tuit. Por otro lado, recuerde que el pleonasmo es un fenómeno normal en la lengua, que responde la mayoría de los casos a razones de refuerzo expresivo que no cabe censurar.

    — RAE (@RAEinforma) September 11, 2019

    Y la RAE dice que esto es una redundancia expresiva, así que yo me confieso culpable y no tengo problema alguno en confesar que yo soy REDUNDANTE EXPRESIVO.

  • Playa de Ipil en el islote de Pinagbuyutan

    13 de septiembre de 2019

    El gran final del Tour B en el Nido son un par de horas en la playa Ipil, que está cerquita del Nido en el islote de Pinagbuyutan. La playa es preciosa, con sus palmeras pegadas al mar. Al fondo vemos un roque que estuvo en una foto de la semana pasada y creo que veremos otra foto más de la playa desde allí. Casi todo el mundo se quedó en la zona más cercana al barco y por este lado de la playa éramos un puñado de julays que se podían contar con los dedos de una mano.

  • Sangre y letra

    12 de septiembre de 2019

    Cuatro diítas de maestro numerario en el curro enseñando a los ignorantones lo que es la eficiencia más absoluta y la sala abierta se ha caldeado hasta niveles dantescos y la tensión ha subido tanto que la gente se va a otros lugares del edificio para relajarse. Todo el mundo sabe que mi planta gira a mi alrededor, que cuando estoy de cuerpo presente, cualquier acción y su consabida reacción tiene en su núcleo mi autorización, así que cuando llegan y me ven con mis auriculares de princesa Leia resacosa y desquiciada, los más grandes que tengo, desconectado totalmente del universo, haciendo mi trabajo y escuchando mis podcast, ignorando todas las conversaciones y todas las fricciones, la gente se pone nerviosa, muy nerviosa, tanto como para que mañana todos salvo uno que tiene que venir por pelotas hayan decidido trabajar desde su casa. Nadie me puede acusar de estar haciendo algo, la belleza del asunto es que estoy trabajando, sin distracciones, sin paradas para el café, para la tertulia o para cualquier otra cosa. Comienzo una tarea, la analizo, la resuelvo y la acabo repartiendo palos a todos los que la cagaron, palos que pueden ir hacia el país de los amarillos, como esta mañana, hacia gringolandia, también como esta mañana o en nuestro edificio. Una nueva tarea entra en mi buzón, la programo, ejecuto las acciones que la resuelven y cuando el producto final llega a su destinatario, va acompañado de un claro informe sobre quién, cómo, cuándo y dónde la cagó y con esa cagada provocó esa tarea. A nadie le gusta que lo señalen y yo no lo hago, yo disparo.

    Hoy, la pava que decidió que sabía más que yo y que me podía mover como una marioneta, seguía apagando fuegos de su cagada, que ejecuté con una precisión de láser quirúrgico como me pidió y que todo el mundo sabe que lo que hice fue exáctamente lo que me ordenó y que durante cinco días laborales le mandé correos, mensajes y tuve conversaciones explicándole que aquello no podía salir bien y las conversaciones, con testigos dispuestos a tirar la primera, la segunda, le tercera y la septuagésimo séptima piedra. En la reunión mensual de asistencia obligatoria en la que el presidente nos comenta el estado de la empresa y lo que está por venir, allí también se habló de lo suyo y del daño que provocó y ella no estaba allí porque no tuvo ovarios para bajar a la misma, se quedó en su escritorio supuestamente ocupada mientras que yo estaba en la pared posterior de la sala, como siempre y en el lugar en el que el presidente me ve claramente y puede ver como la gente se acerca para hablar conmigo o comentarme cosas. En esa reunión, en la que a ella le cayeron chuzos de punta, a mí me loaron por algo que culminará mañana y que yo tengo preparado desde el lunes, por aquello de demostrar que las fechas se respetan y las cosas no se hacen deprisa y corriendo y en plan chapuza. En algún momento de la mañana, la pava me preguntó si estaba enfadado y esa escena, si alguien la hubiese grabado con una cámara, sería la que me dará no solo la nominación a los Oscars, es que gano el premio con contundencia. Mis ojitos de inocencia pura diciéndole que para nada, que yo la quiero como a una prima-hermana y que daría las manos de todos mis compañeros de trabajo por ella, ese momento fue perfecto y solo le faltó una buena música de fondo. En otra planta del edificio, uno me preguntaba si estaba enfadado con ella porque la tensión en el aire es tan grande que la gente teme una explosión en cualquier momento y yo le tuve que explicar que yo no me enfado con alguien, como hacen los holandeses, yo odio, que es lo que hacemos los latinos y como en nuestra sangre hay restos de la de los toros, cojo carrerilla y voy a matar y que hasta que pierda el interés y encuentre un nuevo entretenimiento, si yo fuera ella no saldría de la barrera ni para ir a mear. Curiosamente, lo que más le ha jodido a esa pava es que mi antigua jefa, que es su intimísima, es la primera que me dio la razón y como además ella sabía que yo había tratado de impedir la cagada durante días, ella ha sido la que ha informado a los jefillos que hay desde un modesto servidor hasta la punta de arriba de mi inocencia y de como hice todo lo posible por evitar el desastre.

    Ahora la duda es la estrategia de la semana que viene. Puedo seguir con el desgaste o puedo dar un giro de ciento ochenta grados, hacerme su compañero inseparable y buscar el mejor punto y ángulo para rematarla con la saña que se espera de la gente del sur, que en eso somos los mejores. Cualquiera de los dos caminos llevan al mismo destino …

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