Esto es algo que me intriga y como mi parapsicólogo argentino y mi pitonisa aún estoy de vacaciones, es un misterio sin explicación, aunque pondré los antecedentes y los precedentes por aquí por si hay un iluminado de esos. La situación sucedió ayer, pero para buscar una explicación que no hay, retrocedamos hasta el viernes, día en el que cené en un restaurante vietnamita, comida que yo conozco super-hiper-mega bien después de las tres semanas que pasé recorriendo el país. El sábado tuve mi habitual desayuno de chocolate con churros y la cena fue un pollo agridulce con arroz blanquísimo. El domingo comenzó con pannenkoeken con beicon y por la noche me compré una barra de pan integral con ¨granos¨, que básicamente eran pipas de girasol y me hice un hiper-mega bocadillo de pata de cerdo Canaria de mi colección exclusiva y privada que traje y congelé en julio, queso plato (queso neerlandés) en lonchas cortadas con mi propia lonchadora, que ya voy a un nivelazo del quince y me corto mis lonchas de queso del grosor que me mola y le puse por encima mojo picón, hecho con la receta del Clan de Luis y que había hecho el día anterior. El lunes desayuné rollitos de canela, por supuesto caseros e invité al gallego a almorzar y pedí Uitsmijter, que es el desayuno típico neerlandés para combatir la resaca, hecho con tostadas de pan a las que por encima les ponen güevos fritos y en la versión que comí, el cocinero, en lugar de una o dos lonchas de jamón cocido, les puso trocitos de beicon, como se puede ver clarititamente en la foto:

Y así llegamos al punto al que quería llegar desde el comienzo de esta anotación, con el conocimiento de toda la comida que ingerí en las setenta y dos horas anteriores.
Regresé a mi keli por la tarde, con un drama total y múltiples incidencias en el trayecto con tren, algo terrible y frustrante que me provocó un retraso de cuatro minutos, es decir, DOSCIENTOS CUARENTA segundos sobre el horario previsto, que mi tren me lo cancelaron, salí en uno anterior que por el camino se retrasó y perdí la conexión para estar en mi estación quince minutos antes y tuve que esperar al siguiente tren que por ser muy pequeño y tener muchos pasajeros, llegó con dos minutos sobre su horario programado y cuatro minutos después de la hora del tren que inicialmente me cancelaron. Unos amigos que estuvieron hace poco en los Países Bajos fliparon porque está el concepto de transporte público de otros países y después está el concepto de transporte público por aquí, que es de otra galaxia. Al llegar a mi keli, comenzaba la rutina habitual de los días que voy a la chamba, que consiste en ponerme la ropa de correr e irme a correr y como tenía un apretón, decidí hacer una parada rápida en boxes y echar el JIÑOTE. Me senté en el trono, invoqué al Dios de la gravedad y no pasaba nada, así que decidí ayudar a la gravedad y empecé a empujar con saña pero chacho, aquello no bajaba. En ese momento y en este momento me quedó y me queda la duda de si realmente llegué a jiñar esa mañana, yo juraría de que sí, que es algo mecánico, pero no lo puedo confirmar ni lo confirmo. La cosa es que me pegué quince minutos allí, pujando y empujando con saña y al final, me tuve que rendir y desistir e irme a correr embarazadísimo. El impacto de ese jiñotus interruptus lo pude hasta medir, porque hice posiblemente la carrera más lenta del año, del lustro, de la década, del siglo y del milenio, dos minutos más lenta que la precedente y un minuto más lenta que la de hoy, con lo que hubo un exceso de equipaje facturado en mis entrañas que modificaba mi centro de gravedad y me frenaba.
Cuando llegué de hacer los seis kilómetros, subí corriendo al baño, aprovechando el meneo masivo que había vivido y padecido el pasajero no deseado, me senté en el trono y se marchó rápidamente y fácilmente y definitivamente, es casi seguro que no jiñé esa mañana porque aquello era una cantidad ingente de mielda, imposible que con base en lo que había comido durante el día, acumulase tanta materia en la caja de la mielda.
Hoy no tuve problema alguno por la mañana y aprovechando que trabajaba desde mi keli, trece horas después de la carrera y el jiñote anterior, cambiaron las tornas y eché un nuevo jiñote y después hice una nueva carrera antes de ducharme, desayunar y comenzar a laburar.
Así que ahora, lo que me pregunto, es qué pudo provocar el estreñimiento, que yo soy una máquina de precisión, así que o la comida vietnamita, que estaba llena de verduras, o la barra de pan integral o el mojo picón, uno de los tres o la combinación de los tres tuvo que haber provocado las circunstancias, ya que descarto el Uitsmijter porque me lo jinqué unas pocas horas antes.




