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  • Destroyer. Una mujer herida – Destroyer 

    16 de marzo de 2019

    Todos los que vamos cada semana al pre-estreno semanal sabemos que aquello es como la malévola caja de bombones del Forrest Gump o ciertas golosinas de Harry chapaPotter, a veces salen buenas y en otras ocasiones, pues no. La de hoy es una de esas películas rarísimas que han estado poniendo el trailer con saña en los cines y que no me quedaba para nada claro el tema de la misma y cuando me enteré que sería el pre-estreno, decidí darle una oportunidad e ir al cine pese al diluvio que caía. La película se llama Destroyer y en España se estrenó al final de febrero con el título de Destroyer. Una mujer herida.

    Una julay acarajotada renquea por una barriada periférica sin ilusión ni fantasía pero manuelando a un chamo.

    Una pava que tiene pinta de estar bien cerca de cruzar el túnel y llegar a la luz, investiga un caso que parece estar relacionado con una misión encubierta que hizo cuando aún le bajaba el reglote y se involucra en unas movidas chungas que no veas mientras su hija adolescente le ha salido rebelde y putón verbenero y el padre de la niña no sabe que hacer con ella. Según avanzamos en la historia iremos descubriendo los eventos que sucedieron más de quince años atrás.

    Esto apesta a película que hicieron para conseguir una nominación a mejor actriz principal y se les olvidó que además de poner a una buena actriz, hay que tener una buena historia que quieran contar. Aquí no la hay. De entrada tenemos lo molesto que es el cambio continuo de líneas temporales que nos hace ver a Nicole Kidman supuestamente de joven (que la chama es ya mayor y el maquillaje no lo tapa todo) y después ya de mayor estropeadísima seguramente por culpa de su esteticista truscolana, que esa chusma pendenciera no dice una verdad ni por error. El salto continuo de uno a otro lado para mi jode totalmente una película que se podía haber contado perfectamente siguiendo la línea temporal. Estos saltos, además, complican demasiado la trama y la hacen difícil y aburrida de seguir, ya que nunca sabes exáctamente en qué punto del tiempo estás. La parte de la hija y sus movidas a mí me la sudaba, no aportaba nada y esa falta de contribución al producto final la vuelve redundante, tanto como su ex. La película tiene segmentos aburridos y otros tan lentos que te juro por las bragas más sucias de Mafalda que miraba la hora cada ciento veinte segundos desesperado. En fin, que esto es ma´s bien un producto pensado para personas con problemas de sueño, esto se lo pones cuando se meten en la cama y seguro que caen muertos al instante. A propósito, no lo contaré pero el final es de puta pena.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, aléjate de cualquier cine en el que estén poniendo esta película. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, yo también me mantendría bien lejos del cine.

  • Yendo a Bristol y visitando Stonehenge y Avebury

    15 de marzo de 2019

    Siguiendo mi gira mundial y la curiosidad por descubrir una gran parte del universo, salvo por truscoluña, que no es nación, la India y las dos coreas, lugares en los que el índice de alimañas deleznables supera mi capacidad de tolerancia, muy cercana al cero y perfiero no pasar por esas tierras. A la hora de buscar destinos cercanos, lo empiezo a tener muy complicado porque ya he estado en todos y los que me faltan muchas veces no tienen vuelos que coincidan con el fin de semana (Bilbao es un buen ejemplo) o es solo una vez a la semana o directamente, los ciudadanos del país me caen mal, que es el caso de Francia y la razón por la que no voy a ninguno de sus destinos. Mirando en enero las rebajas de Easyjet, vi que podía montarme algún fin de semana en lugares alternativos del Reino desUnido y por si acaso, ubiqué las vacaciones antes del brexit. Mi primera escapada la fijé en el sur del país, en Bristol, después de que un colega inglés de la empresa me hiciese una lista de lugares chulos para ver en su país. Una vez se acercaba la fecha del viaje, conseguí una pensión en la ciudad y después me enteré que no relativamente lejos de allí había varias atracciones fabulosas y espectaculares, pero tenía que alquilar un coche o ir en un tour desde Bath, ciudad relativamente cercana (a unos doce minutos en tren). Opté por esta segunda opción y organicé un tour para el sábado en el que vería un montón de cosas.

    En el día que volaba a Bristol, el vuelo era después de las nueve de la noche con lo que tenía plena libertad para seguir con mi vida normal de viernes, aunque ese día opté por trabajar desde casa para hacer un pequeño proyecto en el jardín y en la parte delantera de mi casa del que quizás hable en algún momento. Por la tarde, combiné la ida al aeropuerto con una parada previa en Amsterdam para ir al cine y después de ver la película, en lugar de la ruta habitual andando a la estación de Amsterdam Centraal y desde allí en tren a Schiphol, opté por probar la nueva línea de metro, la que une el norte y el sur de la ciudad y puedo confirmar y confirmo que ahorré bastante tiempo y en menos de media hora fui del cine al aeropuerto. Pasé el control de inseguridad y gracias a que iba fuera de la zona Schengen tenían las máquinas esas maravillosas que no necesitan que saques nada de la mochila y después fue buscar el rincón en el que estaba la puerta de embarque y esperar. Tuve un montón de suerte y cuando me asignaron el asiento, me dieron de pasillo, que es casi una bendición porque así no tengo que hacer cierto vídeo que solo gusta a cierto lector que comenta por aquí. El avión llegó con media hora de retraso y salimos con algo más de retraso, pero como viajamos atrás en el tiempo, llegamos a Bristol a las diez de la noche. La cola en la parada de la guagua para ir a la ciudad era épica y tuve que esperar hasta la segunda guagua doble para pillar asiento. El viaje fue de unos cuarenta minutos y desde el lugar en el que me dejó, unos diez minutos andando a la pensión The Washington Guesthouse que es en donde me quedaba. Ya rondábamos la media noche y al día siguiente empezaba la movida temprano así que fue entrar en el cuarto e ir a la cama.

    Me levanté muchísimo antes de la hora Virtuditas, a las seis y poco de la mañana, para ducharme, emancipar el jiñote y salir hacia la estación de tren, ya que mi excursión empezaba a las ocho y media. Un par de minutos después de las siete pillaba una guagua para ir a la estación y me compraba el billete para todo el día, que solo cuesta cuatro libras. Una vez en la estación, recogía mi billete de tren y seguía mi ruta hacia Bath y una vez allí, aproveché que tenía tiempo para desayunar en un café cerca de la estación. A la hora acordada fui a localizar el mini-bus y en total éramos unos catorce julays, con mucho gringo y dos escoceses.

    El primer tramo en el vehículo era el más largo, de casi una hora y nos llevó directamente a la puerta de Stonehenge, el monumento megalítico que es Patrimonio de la Humanidad (excluyendo a truscoluña). Este ha estado desde siempre en mi lista de lugares a visitar al menos una vez en la vida pero la verdad pensaba que no sería hasta el retiro, así que bienvenido sea. Llegamos a primera hora, antes de las multitudes, ya que los autobuses públicos desde la ciudad más cercana no empiezan hasta las diez de la mañana. Ese día había una alerta por vientos fuertes tirando a fortísimo y se notaba. Lo bueno es que en cinco minutos podías hacer fotos del lugar nublado y con un cielo azul porque las nubes pasaban a todo meter. El sitio es espectacular, pese a no ser más que un montón de pedrolos que hacen una especie de círculo. Piensa que quien quiera que diseñó ese sitio, con la tecnología de hoy en día posiblemente podría poner a los julays en otra galaxia o hacernos viajar en el tiempo. Trajeron unas piedras de miles y miles de kilos desde un lugar bastante lejano y las colocaron creando esa estructura que no es de los druidas, esos aprovecharon la existencia del monumento para agenciarselo para su fe, esto es muy anterior. Es un sitio fabuloso y realmente mereció la pena. Teníamos una hora y media y pensaba que se me haría corta pero no, tuve bastante tiempo y hasta me sobró, ya que el viento era tan horrendo en algunos momentos que la gente huía y regresaba al centro de visitantes, que está a algo más de un kilómetro y conectado por unas guaguas, para refugiarse en la cafetería.

    Desde allí salimos en dirección a otro círculo de piedras, menos famoso pero más espectacular y en el camino paramos a hacer fotos del Caballo Blanco de Cherhill, un caballo escarbado directamente en las colinas, ya que el material que hay debajo de la hierba es creta y que usaban hace cienes y cienes de años los propietarios para indicar sus terrenos. Es fascinante.

    Desde allí seguimos hacia Avebury, otro lugar patrimonio de la Humanidad (excluyendo truscoluña) de más de cinco mil años y más antiguo que Stonehenge. Son varios círculos de piedra y el exterior es el mayor de todos los monumentos prehistóricos encontrados en el universo conocido. Algunas de las piedras, que no están esculpidas, como las de Stonehenge, pesaban cuarenta toneladas. El monumento está parcialmente destruido y está en medio de un villorrio. Al contrario que en Stonehenge, que lo vez desde lejos, no te dejan caminar entre las piedras, en este caso sí que te metes entre ellas, paseas y flipas y vuelves a flipar. Muchas de las piedras que faltan en este monumento se destruyeron en el siglo XVI (equis-uve-palito), cuando un consejero truscolán trató de ponerles la pierna encima para que no levanten cabeza. Por todos estos pueblitos se pueden ver las legendarias cabinas telefónicas de la BT, esas rojas, que ahora han vendido o donado a quien las quería y se han reconvertido en todo tipo de curiosas estructuras, desde jardineras en ciudad a pequeños puestos de intercambio de libros. Según el guía, cuando te la donan, te dan dos botes de pintura, uno grande para que sepas cual es el color rojo y otro pequeño para el emblema dorado que tienen las cabinas sobre la puerta. En Avebury, además de los círculos de piedra, tenemos la casa solariega o Señorío, que parece ser lo más apropiado para traducir al español la inglesa Manor y en el mismo poblacho está la bella iglesia de St James, del siglo XI (equis-palito) y muy cerca de la misma está el Red Lion, el pub del pueblo, que ya no tiene ni escuela pero mantiene este pub del siglo XVI (equis-uve-palito) y que según ellos, es el único del universo conocido o por conocer dentro de un círculo de piedras.

    Este es un punto perfecto para cortar el relato y así desesperar al ancestral que no sabrá hasta los próximos capítulos si hay o no hay vídeo de avión.

    El relato continúa en Lacock, Castle Combe, Bath y de vuelta a Bristol

  • Álbum de fotos de Viena

    15 de marzo de 2019

    Hemos pasado unos meses viendo fotos de la capital de Austria, Viena y hoy cerramos este episodio de nuestras vidas con un álbum en el que están todas las fotos que hemos visto. Habiendo sido la capital de un imperio, la ciudad tiene grandes monumentos y espectaculares palacios. Les faltaron los grandes artistas, pero oye, si no estaba de Dios, no estaba. Aún así es un lugar perfecto para una escapada de fin de semana.

    Catedral de San Esteban de Viena
    Stephansplatz desde la torre de la Catedral de San Esteban de Viena
    Vista de Viena desde la torre de la catedral de San Esteban
    Interior de la Catedral de San Esteban de Viena
    Pestsäule
    Monumento a Johannes Gutenberg y el Regensburger Hof
    La iglesia de San Pedro en Viena
    Interior de la iglesia de San Pedro
    La Fuente de Austria y la Schottenkirche
    Interior de la Schottenkirche
    Iglesia Votiva
    Burgtheater
    Sede de la universidad de Viena
    La Fuente de Austria
    Wiener Rathaus
    Parlamento austriaco
    Templo de Teseo en el jardín del Pueblo de Viena
    Palacio Imperial de Hofburg y estatua del Emperador Franz I
    Palacio de Hofburg por la plaza de San Miguel
    La fuente Macht zu Lande
    El ala del Neue Burg
    Palacio Hofburg del lado de la plaza Josefsplatz
    El ala Leopoldina del Hofburg
    Michaelskirche
    Altar mayor de la Michaelskirche
    La Albertina y el Archiduque Alberto de Austria-Teschen
    La Albertina desde la calle
    Das Schmetterlinghaus
    Neue Burg del lado del Burggarten
    Bóveda de Francisco José en la Cripta Imperial de Viena
    Wiener Staatsoper
    Naturhistorisches Museum Wien
    Interior del Kunsthistorisches Museum Wien
    Naturhistorisches Museum Wien y Maria Theresien Denkmal
    Burgtor
    Palacio de Schönbrunn
    Palacio de Schönbrunn desde los jardines
    Fuente de Neptuno y la Glorieta del palacio de Schönbrunn
    Fuente de Neptuno en los jardines del palacio de Schönbrunn
    La Glorieta del palacio de Schönbrunn
    El Palacio de Schönbrunn desde la Glorieta con la ciudad al fondo
    Kronprinzengarten
    El palacio de Schönbrunn visto desde lo alto de la fuente de Neptuno
    Karlskirche
    Altar de la Karlskirche
    Jesuitenkirche
    Interior de la Jesuitenkirche
    Donaukanal
    Rascacielos en Donaustadt
    Otra vista de las barriadas periféricas de Viena con la Donauturm
    Zaha-Hadid-Haus y la chimenea de la incineradora de Spittelau
    Bundesministerium für Landesverteidigung
    Barcos restaurante en el Donaukanal
    El río Danubio pasando junto a Viena

    Además de las fotos tenemos un vídeo en el que incluyo los descartes, muchas imágenes que no llegaron a ser publicadas y además, todo envuelto en el tema principal de la serie Riverdale, música compuesta por Blake Neely:

  • En Viena no hay playa

    14 de marzo de 2019

    Todo el mundo sabe que en Viena, cuando llega el verano, todos cantan lo de vaya, vaya, aquí no hay playa y como lo que sí tienen es el Donaukanaal, con esas aguas de colores tan espectaculares en las que si te caes probablemente sufras una muerte horrenda, lo que han hecho es reconvertir un pontón y meterle una piscina dentro, ponerle su zona para tomar el sol, con sus butaquitas y demás y tratar de hacer como que aquello es una playa con una zona de baño muy pero que muy limitada. A mí no me terminó de convencer, sobre todo por esa estructura que pusieron encima de la piscina y que tapa el sol y que era como una especie de solario. Lo único positivo de la estructura sobre la piscina es que para ver a la gente en la piscina hay que ir en un barco (como iba yo) o ponerte del otro lado del Donaukanaal y tirar de tele-objetivo.

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