Llegamos al final de la inmersión en Kandooma Thila y esta es la parte crítica porque tuve que subir hasta la superficie, compensando la diferencia de presión en el oído como buenamente pude, que lo conseguí. Aun así, me dejó tocado y en la siguiente inmersión, cuando estaba abajo, me di cuenta que no me llevé la cámara, con lo que no hay vídeos y al salir, como seguía con molestias, decidí no hacer la tercera inmersión del día, con lo que con este vídeo acabamos de ver todo lo que grabé ese día. Después de eso, me compré un par de paquetes de chicle, me pasé la tarde mascando chicle y así conseguí recuperar el oído. En el viaje de mayo y en el próximo, ya llevo un inhalador especial para el asunto, por si acaso. La música que acompaña este vídeo es la canción Sweet Lullaby de Deep Forest, una que escuchamos a menudo con estos vídeos.
Vemos todos los tiburones grises desde el mirador, a veces se acercan, a veces están alejados, pero eran un montón. Un poco antes de llegar a los dos minutos es cuando comenzamos a movernos y a cambiar la profundidad a la que estábamos. En este momento, ya indiqué que tenía problemas de oído y subíamos despacio. Por el camino, millones de pececillos, corales negros y el fondo que es muy bonito en Kandooma Thila.
Este es un evento que sucedió al final de la semana pasada pero no íbamos a sacrificar un vídeo de buceo para celebrarlo, así que lo he retrasado unos días porque sé que más de uno se pirra con estas celebraciones. Parece que fue anteayer, pero ya pasaron cien días desde el paso por los Tres mil ochocientos días de constancia en el Duolingo y por consiguiente, hoy celebramos los tres mil NOVECIENTOS días de prácticas sin pender un solo día, o si lo queremos calcular de una manera más irracional, DIEZaños, ocho meses y cuatro días. Siempre estoy por dejarlo, pero me da pereza y para pasar el rato en el tren mirando en el Istagrame polladas, mejor hago esto que ejercita el KabeZón.
Tendremos que esperar hasta el ocho de noviembre para llegar al próximo hito, que será además CAMBIO DE MILENIO, que llego a los cuatro mil.
Continuamos en Kandooma Thila y esta es la tercera parte de los vídeos de la inmersión. En este punto yo ya era consciente que tenía un problema de compensación en el oído izquierdo, mantener la profundidad no me molestaba, pero intentar subir me costaba un montón porque no podía igualar la presión dentro y fuera del oído. Aún así y como un campeón, no dije nada y seguimos con la inmersión, que habíamos llegado donde los tiburones y estaban en la estación de limpieza. Eso sí, pasé de intentar convencerlos para bajar más cerca. . La música que acompaña este vídeo es la canción Piece of My Heart de la divina Bonnie Tyler.
Comenzamos acercándonos al borde y vemos un tiburón gris por arriba y el habitual tráfico de pececillos por los corales. Para aquellos que desconozcan la técnica, tengo un control de flotabilidad soberbio y me mantengo pegado al fondo para evitar la corriente. Después del primer minuto ya vemos los tiburones a lo lejos, en la estación de limpieza, haciendo una fila y esperando pacientemente su turno. Cuando el que va por delante se pone en dirección hacia arriba y abre la boca, ahí es cuando los pececillos le están limpiando la boca y quitándole los restos de los dientes, que los tiburones son mucho más aseados que Silvia BocaNegra, de la que mejor no hablamos. Había unos diez tiburones ese día en la estación de limpieza. Sobre los tres minutos uno se acercó por debajo de donde yo estaba y después fueron dos y tres.
Cuando en lugar de estrenar la peli en todos los multicines de la cadena a la que estoy abonado la pusieron en los dos multicines que hacen de filmoteca, yo debería haber pillado el mensaje alto y clarísimo, pero como cuando dicen que es cine de terror me ciego como mula en celo, pues planeé hasta una escapada a la filmoteca en Ámsterdam para verla en el peor día del año, que es ese en el que en la ciudad hacen la cabalgata acuática del julandronismo y la ciudad se pone hasta arriba de tortilleras, mariquitas, julandrones y otros bichos difíciles de identificar. La película se titula Dracula y en España al parecer hay que esperar hasta prácticamente el final de noviembre para verla, y llegara con el título en inglés, que es Dracula: A Love Tale porque al parecer, los españoles ahora son super-hiper-mega polígamos y polígrafos y hablan hasta las lenguas dignas, que ya sabemos que la miasma y la gentuza habla el truscolán.
A un julay pollaboba le roba la novia un truscolán verdulero y amariconado.
Resulta que en el siglo XV (equis-uve), un príncipe pollardón renuncia a creer en Dios porque su mujer murió por subnormal y por eso se convirtió en Drácula, ya que al no creer en Dios no puede morir. Cuatro siglos más tarde tiene una red de pelanduscas buscando a su mujer por Europa porque está convencido que se va a reencarnar y cuando encuentra a una pava similar, rapta y captura al novio y lo deja en su keli y él se va a París a encoñar a la otra tonta y enrollarse con ella o algo así y a todas estas, una especie de cura alemán que apesta a presunto tocador de niños lo persigue para matarlo, o algo así.
La parecer Luc Besson está convencido que él es mejor que Bram Stoker y reescribió el clásico de Drácula y hasta convirtió esa cagada de guion en película, que por supuesto, pagaron muchos en Europa porque tiene subvenciones de todo quisqui. El problema es que su historia es mala, su guion aburre, nadie se cree que porque el tío renuncia a Dios se vuelve inmortal y lo de las pelanduscas a las que convierte para que encuentren a su hembra es patético. La película no da miedo, no es una historia de amor, no tiene ni pies ni cabeza y por más que pongan a gente con vestidos de época, sin contenido, el continente no vale para nada. En al menos dos momentos me dio el jamacullo en el cine y de los otros tres que estaban en la sala, dos se fueron en momentos diferentes al baño, supongo que a lavarse la cara para intentar no dormirse. Tremendo pallufo.
Esto matará de aburrimiento tanto a los miembros del Clan de los Orcos como a los sub-intelectuales con GafaPasta.
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