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  • Gek van Oranje

    18 de marzo de 2018

    En medio de la temporada alta de los Oscars, con los cines petados de películas llenas de nominaciones, se estrenó una comedia tonta holandesa, de esas que se hacen para el mercado local y que parecen cortadas por el mismo patrón. En este caso se alejaron un pelín del formato habitual ya que metieron el fútbol en el tema principal, algo que puede espantar a las pavas que son muy de ir al cine a ver machos sin camisetas pegándole una buena y merecida jalá a la gilipollas de turno pero que cuando los machos se ponen pantalones cortos y corren detrás de un balón, como que no les pone porque no hay violencia de por medio. La película se llama Gek van Oranje que se puede traducir por truscoluña no es nación o menos literalmente como Chiflao por el naranja y jamás de los jamases se estrenará fuera de los Países Bajos.

    Los julays quieren chingar hasta en los mundiales de fútbol

    El mundial de Sudáfrica está a punto de comenzar y la gente se chifla toda en los Países Bajos. Un grupo de amigos no se cambian la ropa que da suerte hasta que su selección fracase, hay alguno que descubre que tiene problemas cardíacos y tendrá que evitar las emociones fuertes, uno al que se la suda tiene un perro que adivina los resultados de los partidos y en alguna casa, aquel al que no le gusta el fútbol es como un paria social durante el tiempo que dura el mundial.

    Esto es una película como con cien mil millones de historias pequeñas unidas por la competición, algunas mejores que otras. Entre las malísimas está la del chamo que tiene problemas cardíacos y que se va al quinto coño con su pava para no involucrarse en el mundial y después se dedica a ir a un bar de tapadillo a ver los partidos. Esa historia es malísima tirando a peor. Tenemos un chamo cuya hembra y dos hijos adoran el fútbol y se va de la casa y en la lavandería conoce a una hembra cuyo novio y sus amigos también son adictos al fútbol y estos dos terminan quedando cada partido y en algún punto barajan el pegársela a su media naranja y echar un kiki entre ellos. Tenemos a uno de los jugadores, que es suplente y que cada vez que sale en pantalla muestra o el culo o el pecho, que tiene unas ganas de quitarse la ropa que no veas y por más que lo intenta con las negras sudafricanas, ninguna le quiere agarrar el mandingo. Habían más historias, pero mi memoria tiene un buen sistema de olvidado y ya ni me acuerdo de ellas ni lamento el olvido. Como siempre, algunas partes de la película están bien, con otras te ríes y hay segmentos que matan de aburrimiento. El mundial en el que transcurre la acción es aquel que ganó España, aunque en la película le cambian el final y os podéis imaginar que selección ganó y qué jugador que enseña el culo marcó el gol.

    Esto jamás saldrá de las fronteras holandesas pero de hacerlo, no es algo que sea ni del gusto de los miembros del Clan de los Orcos ni de los sub-intelectuales con GafaPasta. Demasiado floja.

  • Las estrellas no mueren en Liverpool – Film Stars Don’t Die in Liverpool

    18 de marzo de 2018

    De pura chiripa y gracias a que he reducido la cantidad de películas que comento cada semana para sobrevivivir al agujero negro de mayo, la de hoy es una que fui a ver hace más de un mes pero va a llegar por aquí casi a tiempo para el estreno en España. En mi caso la vi en un pre-estreno sorpresa de febrero y la película consiguió que más de la mitad de la sala se pirara antes de llegar al final de la primera hora. Se trata de Film Stars Don’t Die in Liverpool y en España la conoceréis con el título de Las estrellas no mueren en Liverpool.

    Un julay se encoña de una vieja que fue estrellón y que ahora está estrellada y moribunda

    Un chamo que es actor tiene un romance o algo parecido con una actriz que es del Parque Juanásico, viejísima, vamos, que podría ser su madre y hasta su abuela. Cuando la chama tiene un problemilla médico se refugia en la casa de los padres del chamo en Liverpool y allí se irá muriendo poco a poco mientras vamos viendo como se ha desarrollado esta historia de amor o algo así.

    Está todo en la forma de contar una película y en este caso, eligieron una especie de mezlca inversa transversal con avances del pasado o algo así que no funcionó para nada ni conmigo ni con los otros espectadores. La cosa es que comenzamos en un punto, cuando ella se desvaneces y se planta en la casa de los padres del chamo pero a partir de ahí iremos viendo esa línea argumental y todo lo que pasó entre ellos dos en el año o los dos años anteriores y lo que pasa a partir de ahí y con tanta mezcla se jode el producto. Nunca se sabe si estamos en el pasado 1, en el pasado 2, en el presente o en el futuro y esto transforma la película en un producto aburrido y cansino, con demasiado más de lo mismo y donde da igual que hayan intepretaciones fabulosas, lo que nos queda es el tedio. No me gustó nada la interpretación de Jamie Bell, se le nota fuera de lugar en todo momento y totalmente anulado por Annette Bening, que está soberbia y por Julie Walters, que lo hace aún mejor. Entre estas dos mujeres, el pobre es una sombra patética que lo único que aporta es la cara de alelado que pone una y otra vez. La película nunca llega a pillar el ritmo pero es que cuando el pasado se nos acaba y el presente comienza a volverse obscuro, ahí directamente la historia se vuelve mala y toda la movida de la llegada del hijo y el traslado a América es sencillamente, patético. En fin, una oportunidad que se ahogó en mediocridad.

    Esto puede provocar daños cerebrales severos a los miembros del Clan de los Orcos y puede obligar a vomitar y quizás incluso a arrancarse los ojos a los sub-intelectuales con GafaPasta. En fin, un telefilm para un domingo por la tarde en el que lo mejor que podemos hacer es la siesta.

  • El padrino – The Godfather

    17 de marzo de 2018

    Hoy vamos a viajar a un pasado muy pero que muy lejano, a un tiempo en el que no había ni CaraCuloLibro ni Tuiterota y en el que probablemente Genín y Virtuditas hasta fueron a los cines a ver la película porque ellos son así de ancestrales. En mi caso, puedo confirmar y confirmo que esto me pilló ya en la era de verlo por la tele y grabarlo en una cinta VHS de un montón de horas y no veas la de intermedios que tuve que cortar porque la película se alargó más que el mitin de cualquier líder podemista zarrapastroso. Por suerte con el cine digital y tal y tal ahora pueden volver a poner en los cines estas cosas cuando les sale de los mondongos y aunque la primera vez que fui al cine en el mes de febrero a verla tuvieron que cancelarla porque no consiguieron descargársela, en el segundo intento sí que pudimos ver The Godfather, la cual se estrenó en España en 1972 con el título de El padrino.

    Un julay que es como primo-hermano del Guaca busca heredero entre sus hijos para dejarles el Emporio de crímen que ha montado

    El Padrino controla una de las familias mafiosas en Nueva York y en el día de la boda de su hija, la gente aprovecha para pedirle todo tipo de favores. Él quiere retirarse y está por pasarle el testigo a su hijo mayor cuando una sucesión de movidas con otra de las familias provoca una guerra de clanes y otro hijo, uno que se había mantenido al margen, se desvela como el líder implacable que necesitan para imponerse a los otros grupos. Esta es una saga familiar en la que hay de todo, bodas, asesinatos, malos tratos, bautizos y siempre, la cultura italiana mezclada con la gringa.

    Esta es la primera vez que he visto la película, de unas tres horas, en versión original y lo que más me sorprendió es la ingente cantidad de italiano que hay en la misma, algo que se perdía en el doblaje al español. Todo el segmento de la boda de la hija al comienzo tiene montón de escenas y frases en italiano, igual que la parte del exilio. Es, sin lugar a dudas, una obra maestra, un despliegue épico de cine, con una historia fascinante y que nos cuenta de manera soberbia Francis Ford Coppola. En ninguna de las tres horas pierde el fuelle, la épica se retroalimenta de coñas familiares y consigue mejorar la película una y otra vez. Marlon Brando está genial como el cabeza de familia y un criminal que aunque en muchos momentos parece una bellísima y entrañable persona, no tiene ningún reparo a la hora de ajusticiar a sus enemigos, pero la auténtica sorpresa de la película es Al Pacino, que hizo el mejor papel de su carrera y que además fue injustamente nominada como actor secundario en los Oscars cuando el chamo tenía muchísimos más minutos de pantalla que Marlon Brando. Resulta toda una experiencia ver el viaje vital de Michael Corleone, como no quiere involucrarse en movidas de la familia, como acaban metiéndolo en el fregado y como planea una terrible y sádica venganza para destruir y neutralizar a todas y cada una de las familias enemigas. Es sencillamente, legendario.

    No creo que sea cine para los miembros del Clan de los Orcos porque hay mucho diálogo pero igual les molan las escenas de tiros e incluso la parte en la que se le ven las tetitas a una pava. Definitivamente, yo escupiría a la cara a cualquier sub-intelectual que se jacte de no haber visto esta película y me quedaría tan a gustito. Un clásico, de ayer, hoy y para siempre. Toda una joya que en un cine, gana un montón.

  • La visita a las grutas de Skocjan

    16 de marzo de 2018

    El relato comenzó en Viajando a Eslovenia y la visita a Bled

    Llegamos a mi segundo día en Liubliana y obviamente, comenzó un montón de horas antes de la hora Virtuditas, ya completamente descansado. El desayuno en el hotel Nox fue espectacular y en esos sitios en los que puedes comer hasta ponerte como un boliche o como Genín, me tengo que obligar a seguir la regla del plato único y solo como lo que cabe en el primer y último plato, que es un montón. Aproveché para probar todos los embutidos y quesos locales, entre otras cosas. Después cogí la cámara y me piré en guagua al centro de Liubliana, que a esas horas está solo ocupado por los locales aprovechando el mercado local. En el vídeo que está al final podéis ver el castillo y el río desde uno de los puentes y la siguiente foto está hecha desde otro:

    El río Ljubljanica a su paso por Liubliana

    En la foto, además del río Ljubljanica se puede ver la razón por la que cambié mis planes. La gente que ese día iba al lago Bled no iban a tener los espectaculares azules que pillé yo el día anterior. Sobre el nombre del río y de la ciudad, mira que son raros, que con la de vocales que se pueden arrejuntar esta gente cuajó un nombre horrendo tanto para la ciudad como para el río. La foto creo que la hice sobre un puente que los comemieldas que están enamoraos han destruido poniendo candados, que la estupidez es infinita y los fabricantes de candados han conseguido explotarla económicamente.

    Puente de los Dragones y castillo de Liubliana al fondo

    Al final del mercado que hay junto al río tenemos el puente de los dragones y mirando la foto se puede adivinar con cierta facilidad la razón del nombre. En este caso combiné la alimaña con el castillo de Liubliana, que se puede ver por arriba. La línea que se ve en la montaña yendo hacia el castillo es la del funicular que permite a los culocochistas y a los gandules subir sin realizar esfuerzo físico alguno. El puente desde el que hice la foto es el último en el que se permite el tráfico a vehículos. A partir de ahí son todos peatonales hasta que se acaba la zona del centro de la ciudad.

    Estuve en el mercado, en el ayuntamiento y callejeé hasta que llegaba la hora de pillar el autobús hacia Diva?a, que es el lugar cercano a las Grutas de Škocjan. Fui a la estación de tren y autobuses de Liubliana y me acerqué al andén número doce ya que era el indicado en el billete. La guagua llegó un poco antes de la salida y todos entramos y nos acomodamos sin agobios porque no se llenó. Al parecer también se puede comprar el billete dentro y por eso llevan un conductor y un cobrador, más o menos como en las Filipinas. Mi destino está a setenta y pico kilómetros de la ciudad y el viaje era de una hora y diez minutos con algunas paradas en el camino. Salimos de la estación en hora y en el camino a la autopista hizo una parada. Después seguimos por la ciudad y el cobrador se levantó para comenzar su trabajo. Yo estaba en la séptima fila de la guagua y el hombre iba por la cuarta fila cuando el chófer pisa el freno a conciencia y como los eslovenos no son latinos, nadie decía nada, pero en mi cabeza yo ya gritaba como en la línea 20 cuando subía por la calle Luján Pérez a la Isleta: ¡CRISTIANO, CRISTIANO, CRISTIANO! ¡QUE NOS MATA A TÓS! La frenada fue brutal y vimos primero perder el equilibrio al cobrador, después caer y después rodar por el pasillo hacia la parte delantera. De las gargantas de los Eslovenos no salió ni un MÚ. Un coche estaba completamente atravesado en la carretera, de dos carriles en nuestro sentido, bloqueándola. Se bajaron el conductor y el cobrador, que poco a poco se iba enderezando y revisando las heridas y pusieron al conductor de vuelta y media, vamos que lo llamarón truscolán, hijo de Puercagón y hasta comechochos de la zorra asquerosa y zarrapastrosa esa que no se lava los sobacos de la Gra-viel, también conocida como la perra suiza. Perdimos cinco minutos en los que por desgracia no llegaron a las manos, que yo estaba frito por hacer el vídeo. Después seguimos como si allí no hubiese pasado nada pero por culpa del evento, llegamos a nuestro destino con un retraso de doce minutos.

    En Diva?a nos bajamos tres, lo cual es prueba de lo abundante que es el turisteo a esas grutas. Una señora con un joven y el Elegido. Se supone que allí hay una guagua que nos lleva a la gruta pero por culpa del retraso perdimos la conexión y en ese sitio ni taxis ni otras milongas. Resultó que los otros dos eran argentinos que viajan por el mundo sin hablar inglés, que es como hay que hacerlo si eses parapsicólogo o algo así, boludo. Como la chama aparentaba ser de la quinta de Tutankamon, llamé al número de información que tienen en el cartel en el que explican lo del autobús de contacto y les conté que por culpa de un casi-accidente con la guagua, llegamos tarde y ya no estaba el transporte de enlace. En el otro lado, el personal de la gruta se enrolló y nos mandaron un coche con uno de los becarios a buscarnos. Están a unos tres kilómetros y la distancia la podía hacer sin problemas, pero a la vieja igual se le gastaban las pilas por el camino.

    Vista sobre las Grutas de Skocjan

    Una vez allí compré la entrada y me enteré que en invierno solo hay una visita al día, a la una de la tarde, con lo que teníamos que esperar un ratillo y aproveché ese tiempo para ir andando hasta el mirador desde el que hice la foto anterior y desde el que también veréis un poquito de vídeo espectacular. En la foto podéis ver el río Reka que allí mismo se vuelve subterráneo y fluye bajo tierra hacia el Adriático durante treinta y cuatro kilómetros. Este es un lugar increíble y asombroso y allí están las Grutas de Škocjan, patrimonio de la Humanidad exceptuando a truscoluña y una maravilla.

    El puente en las Grutas de Skocjan

    En la visita está prohibido hacer fotos, al parecer para no molestar con los flashes a las alimañas que viven en su interior. El paseo es de unos tres kilómetros y toma unas dos horas. En ese recorrido llegamos a estar a ciento sesenta metros por debajo de la superficie y la visita es a dos zonas muy distintas. Una seca, con la gruta, ENORME, con cuevas de más de veinte metros de altura, espectaculares, petadas de estalactitas y estalagmitas y en la segunda parte comienza un ruido atronador y llegamos a la zona en la que está el río Reka y la cutre-foto anterior, que hice de tapadillo como todo el mundo, muestra el puente actual para cruzar sobre el río, a unos cincuenta metros de altura. La salida de este sistema subterráneo se bloquea cada tres o cuatro años y se inundan las grutas al completo.

    Saliendo de las Grutas de Skocjan

    La visita fue ES-PEC-TA-CU-LAR y pese al disgusto de las fotos, merece la pena. Es una de las más fabulosas maravillas de la naturaleza y pese a lo que digan los exiliados truscolanos, jamás fue expoliada de truscoluña. En la salida ya nos dejaban hacer fotos y aproveché para hacer la anterior, en la que venimos a estar muy cerca del punto que se veía en la primera foto del lugar con el agua escondiéndose. Creo que también hay algo en el vídeo de esta parte.

    El río entrando en las Grutas de Skocjan

    El siguiente es un documento estremecedor ya que podemos ver al río entrando en las grutas. Esto no es algo que podáis ver en vuestras bitácoras favoritas del copiar y pegar, pero claro, todo el que está aquí sabe que el territorio es el del mejor blog sin premios en castellano. Cuando acabó la visita la guagua nos recogía para llevarnos a la estación sobre las tres y veinte y a las tres y media había guagua de regreso y también tren. Los argentinos y un servidor, visto que la guagua no llegó en hora, optamos por el tren, que costaba lo mismo y tardaba cinco minutos más y en el mismo, el cobrador nos dio el billete y llegamos a la ciudad de Liubliana sin dramas adicionales por el camino, charlando y hablando de lugares de Europa y recibiendo consejo para que evite como la peste el ir de vacaciones a Buenos Aires, ciudad que me confirmaron que es muy insegura para mi, que voy de feliz con mi cámara y sin nada organizado.

    Iglesia de San Florián

    Nos separamos al llegar a la ciudad y yo seguí visitando lugares en Liubliana y entre ellos pasé por delante de la Iglesia de San Florián que tiene la forma más rara del universo ya que por ningún lado tiene una entrada decente. Junto al campanario se puede ver una puerta que no es, ya que es como una fuente que está junto a pedrolo de nieve y hielo, un poco más a la izquierda hay otra falsa puerta con lo que esto debe ser un concepto nuevo de iglesia en la que es difícil entrar para sacar al presunto tocador o algo así.

    Filete de ternera a la parrilla con champiñones, salsa de vino Terán y albóndigas de queso 'štruklji'

    Tras pasar por delante y ver el menú de otro restaurante que me recomendaron, opté por repetir con el restaurante Julija. De primero fue la sopa del día, de segundo el Filete de ternera a la parrilla con champiñones, salsa de vino Terán y albóndigas de queso ‘štruklji’ de la foto anterior y de postre:

    Tarta de manzana casera 'strudelj' del Julija con helado de vainilla

    Tarta de manzana casera ‘strudelj’ del Julija con helado de vainilla y con eso, tripote petado y listo para comenzar la digestión. Paseé un rato más por la ciudad de noche antes de regresar al hotel. Todo lo anterior y seguro que alguna cosa más también tiene su representación videográfica, con momentos capturados aquí y allí. Por supuesto, hacía falta una música grandiosa para acompañar y por eso elegi la canción A Million Dreams (Reprise) de la fabulosa y maravillosa película El gran showman – The Greatest Showman. Si no lo veis por debajo de este texto, el vídeo está AQUÍ:

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