El edificio de hoy, también conocido como Östermalmshallen por esa manía de los idiomas nórdicos de hacer palabras nuevas pegando otras, es un edificio que se construyó a finales del siglo XIX (equis-palito-equis). En sus inicios era para alquilar salas para eventos y también tenía apartamentos en las plantas superiores. Ahora, en las plantas bajas es un enorme mercado de productos para gourmets y sitios para comer y tapear, aunque a precios suecos. Se peta de gente todos los días, tanto locales como turistas y al tener una variedad cercana al infinito, todo el mundo puede encontrar algo que le guste a la hora de comer, similar a lo que se ha hecho con mercados en otros lugares como en Madrid o el Mercado de la Isleta en Gran Canaria. El edificio es uno de los mejor conservados de los que se construyeron en Suecia en ladrillo a finales del siglo siglo XIX (equis-palito-equis) y me recordó a algunos que se pueden ver en Holanda.
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Desde Siquijor a Cebu pasando por la provincia de Negros
El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje
Otra jornada de transición y esta era la más complicada de todo el viaje, ya que combinaba varios tipos de transporte. La aventura comenzó a las cinco y media de la mañana o cinco horas y media antes de la hora Virtuditas, la hora oficial de éste el mejor blog sin premios en castellano. Bueno, como ayer creo que no lo dije, mencionar por aquí que el día anterior sucedió lo único que faltaba para tener unas vacaciones perfectas. Estaba un poco deprimido porque no lo había logrado pero ese día, tupí el retrete con el Jiñote. Me puse tan contento y corrí a contarles la buena nueva a los dueños. Pensé que iba a tener un manchón en mi inmaculada lista de países del sureste de Asia ya que he tupido retretes en todos y cada uno de ellos. Que conste que no hice trampa usando papel higiénico. Volviendo a lo de hoy. A las cinco y media me esperaba la mujer que me prepara el desayuno para ir conmigo hasta el muelle, ella de paquete en la motocicleta y yo de piloto y con mi mochila entre las piernas y a la julay sentada detrás de mi cargando mi desayuno y mi botella de agua. Tardamos unos veinte minutos porque yo soy muy cuidadoso conduciendo, sobre todo cuando los perros pasan ampliamente y se lanzan a la carretera, igual que los niños, gallos y vacas. Al llegar allí nos despedimos y como ya tenía mi billete, fui a la zona de embarque. El ferry tenía capacidad para doscientos julays e iba petado hasta la bandera. Tiene once años de antigüedad aunque aparenta sesenta. Despacito pero con una mar como un plato nos llevó hasta Dumaguete. Yo me senté en la punta de delante, en la primera fila de bancos de plástico. Al bajarnos comenzó el acoso habitual de los conductores de triciclos y por supuesto, los primeros tienen los precios inflados, así que los ignoré, puse cara de cabreo, salí del muelle y el último me dio el precio correcto según la gente que conocí en Siquijor y que es ciento veinte pesos por llevarte a Simbulan, que está a unos veinte minutos y en donde se coge el segundo ferry. Compré mi billete, sesenta y dos pesos (o poco mas de un leuro) y me dieron el número de asiento 45 para la guagua a Cebu desde el otro lado.
El barco salía a las nueve y como tenía tiempo, me acerqué a una de las panaderías en el muelle a comprarme unos bollitos, que soy adicto. El barco llegó a las ocho y cuarto y salimos a las ocho y media con lo que sigo sin captar el concepto de los horarios en este país. Era un ferry pequeño, más bien una barcaza. Al llegar, la guagua estaba esperando y mi asiento era el último en la misma. El viaje fue terrible por la falta de espacio para las piernas y porque son casi cuatro horas y media por carreteras con curvas. En el lado positivo de la balanza, teníamos aire acondicionado y funcionaba muy bien.
Al llegar a Cebu quería hacer algo de turismo ya que la estación está en la zona más antigua de la ciudad, que también es la más peligrosa y se nota, ya que por as calles hay un montón de niños tirados que son adictos al pegamento y que como las leyes filipinas no castigan a menores, cometen sus crímenes con impunidad. Llegué hasta la Basílica del Santo Niño y entré a ver la iglesia y la famosa imagen, un niño Jesús que tiene varias historias de como llegó aquí y una de ellas es que el mismísimo Magallanes se lo dio a la reina Juana de Cebu. En cualquier caso, es la imagen católica más antigua de Asia y la más venerada en las Filipinas. La iglesia también es muy bonita por dentro y horrenda por fuera y en las puertas, cientos de vendedores de velas. Muy cerquita está la Cruz de Magallanes, exactamente en el mismo lugar en el que él la plantó en 1521 cuando llegó a este país en su periplo para dar la vuelta al universo conocido y sin saber que moriría en el mismo. La cruz actual es una copia que dicen que contiene trozos de la original. Se dice que en este mismo lugar Magallanes bautizó a la reina Juana, con lo que debía tener poderes sacerdotales o algo no me cuadra. Hay un par de cosas más en la zona pero mi guía no las ponía bien así que me las salté. Me costó un rato conseguir un taxi que usara el taxímetro y cuando lo logré, le dije que me llevara a mi hotel, o más bien, a la ACE penzionne la cual elegí porque está al lado del aeropuerto y mi vuelo del día siguiente era muy temprano.
El resto el día me lo tomé para descansar y recuperarme del palizón en guagua.
El relato continúa en Llegando a Boracay
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Vasamuseet y Nordiska museet
Seguramente la atracción principal de Estocolmo y la que de perdértela, estás cometiendo un pecado mortal, es el Vasamuseet, el museo en el que está el Vasa, un pedazo de barco que construyeron seguramente contratando a un diseñador como cierto español que tiene un don para que todas sus obras den problemas o se caigan a cachos y que cuando lo lanzaron al agua y estaba haciendo su triunfal viaje inaugural, se hundió en la bahía de Estocolmo y murieron un montón de julays. Por detrás está el Nordiska museet que tiene hasta una sección con la historia de cierta tienda de muebles sueca.
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Dando la vuelta a la isla de Siquijor en motocicleta
El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje
Mi tercer día en Siquijor quería dar la vuelta a la isla y como aquí la calor es muy mala, decidí comenzar a las ocho, tres horas antes de la hora Virtuditas. Me levanté una hora antes para desayunar relajado, hacer mis ejercicios de Duolingo y demás. Con una puntualidad asombrosa, salí para ir en dirección opuesta a as agujas del reloj. En un momento determinado y cuando estaba pensando que debería ponerle gasolina a la moto, se me paró. Un viejillo que estaba recauchutando neumáticos en la puerta de su casa fue en su moto y me trajo un litro de gasolina y con eso me dio para llegar a un puesto de botellas de las verdes, que es combustible que que lleva el cacharro y que no sé de que está compuesto, pero he visto que también hay botellas rojas. Mi primera parada fue en Lazi, para ver la iglesia de San Isidro Labrador, un edificio enorme muy bonito del siglo XIX (equis-palito-equis) construido con piedra coral. Enfrente de la iglesia está el convento más antiguo de las Filipinas. Desde allí adentrándote unos kilómetros tierra adentro, llegas a las cataratas de Cambughay. Tras descender unas escaleras de piedra por el monte, llegas a una cascada muy bonita y que tiene tres terrazas (o niveles). En el más bajo está la más espectacular y de un árbol han colgado una liana para que la chusma y el populacho se tiren al agua, que es bastante profunda El agua es de un azul fantástico. El segundo nivel es el más flojo y el tercero y más alto está bien. Me bañé en ese y en el primero e hice multitud de fotos e incluso varios vídeos. Cuando me cansé, seguí mi ruta y fui a ver la playa de Kagusua. En el pasado pusieron como corta-mareas para mejorar la playa pero la mitad de la arena se ha ido y hay mucha ceba en el agua, con lo que no mola tanto, aunque se hacen fotos bonitas. La siguiente parada fue para ver la iglesia de Nuestra señora de la Divina Providencia, que me pareció que tiene muy poco carácter. Después iba a ver la playa de Salag-Doong, pero terminé pasando porque enl a puerta del complejo había un cartel diciendo que hay que pagar veinte céntimos por entrar y después resulta que el portero pretendía que le diera dos leuros. Lo mandé al coño de su puta madre truscolana y un poco más adelante en la cosa encontré playas preciosas, con manglares en la misma playa y arena blanca y árboles que parecían estar en el medio del mar. Continué hasta la parte más al norte de la isla y después visité Larena, el segundo poblacho de la isla y el que fue la capital de la misma durante un año. Hay un viejo campanario pero no es muy fotogénico. También tiene un puerto pero no hay demasiados barcos para transporte de pasajeros y es más bien usado para carga.
Seguí a Siquijor, la capital de la isla. Fui a ver la Iglesia de San Francisco de Asís, el campanario cercano y una virgencita que hay en la calle. La iglesia la construyeron los españoles en 1783. Después me acerqué al puerto ya que quería comprar mi billete para el día siguiente a las seis de la mañana. Cuando fui al lugar me topé con los holandeses, que al parecer se levantaron a la hora Virtuditas y cuando llegaron al muelle les dijeron que el ferry que querían toar estaba agotado y tenían que ir en el agitanado, que es justo el que me interesaba a mí. Me senté con ellos en un bar a tomar algo y esperar que la multitudinaria cola en el punto de venta de billetes bajara y cuando lo hizo la pava que está allí me informó que el ferry de las seis de la mañana ya estaba vendido y estaba ahora con billetes para el de las seis y media. Lo compré y me quedé con los holandeses un rato más. Después me busqué una panadería y me compré pan de sal, típico de aquí y otros bollitos. Culminé el circuito regresando al hostal y después fui de cabeza a la piscina. La tarde se nubló y no pude ver la puesta de sol y opté por irme a cenar temprano y después volver para empaquetar y prepararme para la maratón del día siguiente, en el que tengo que ir de Siquijor a Cebu usando ferry y guagua que también saltará de isla a isla en otro ferry.
El relato continúa en Desde Siquijor a Cebu pasando por la provincia de Negros


