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  • Blackhat – Amenaza en la red

    25 de enero de 2015

    Descartados algunos directores españoles que ya se han jubilado, han muerto o simplemente, no consiguen dinero de las administraciones para hacer sus soberanas cagadas, tengo un altar negro y maligno con dos directores americanos de los que me espero todo lo peor, siempre. Uno es el infame Peter Jackson, obsesionado con los efectos especiales y que caga mierda tras mierda y como el paladar del populacho es tan excelso, van todos a verlas y flipan con ellas. Yo no tengo estómago para el cine de este director y como no pago por dormir y que me despierten con estruendos cada rato, me salto todas sus películas y solo sufro los cien trailers de las mismas que acabo viendo. El otro director que me produce urticaria es Michael Mann y perdí la fe en el al completo con Heat, para mi, uno de las peores películas de los noventa, una mierda del copón, una basura que además hiede y te deja apestando durante días y que me costó y me cuesta tremendas discusiones con seres inferiores de todo tipo e incluso la pérdida de un amigo, que tengo claro que no lo era cuando no supo ceder frente al Elegido. Como a pesar de mi asco siempre espero que este director mejore, fui a ver Public Enemies – Enemigos públicos y me pareció un bodrio del copón y mi admiración pública por Tom Cruise me llevó a ver Collateral que tampoco resultó tan cosa. En esta ocasión y pese a las malas críticas, decidí darle una oportunidad a Blackhat, la cual se estrena en España la semana que viene con el título de Blackhat – Amenaza en la red.

    Un julay que está en chirona con el cuñao del Güaca, lo sueltan para que solucione una movida chunga a los gringos

    Un hacker que se gasta todo el dinero que hackea en peluquero y en laca para su cabello perfecto sale temporalmente de la cárcel para ayudar al chino kudeiro a resolver un ataque hackeroso a una central nuclear china. Mientras investigan, al tío se la pone super-morcillona la china hermana del chino y acaba jincándosela hasta los pelos de los güevos y al menos la china lo pasa bien mientras el resto apechuga con el masque que los rodea.

    Curiosamente, creo que esta es de las películas de movidas de hacker más auténticas que hay. Si no prestamos atención al pelo maravillosamente perfecto en todo momento de Chris Hemsworth, conocido por ser el chamo que empala a la Pataqui, el colega tiene un par de escenas haciendo como que sabe escribir a máquina que parecen hasta creíbles. La cosa es que alrededor de esas escenas hay el típico barullo que tanto gusta a Michael Mann y que yo ya denunciaba en 1995 y que veinte años más tarde, resulta que ahora todos son capaces de ver. Tenemos las típicas escenas de acción con cámara portada por cojo en las que solo se pueden ver movimientos bruscos que duran fragmentos de segundo y que no dejan ni la más mínima impresión en la retina del espectador, tenemos escenas en las que el frenesí está en cambiar de plano tantas veces como sea posible y tenemos los habituales tiroteos de este director en los que cada pistola parece tener un cargador de setecientas treinta y cinco balas y todo el mundo muere dos o tres veces o quizás más y a cien metros del tiroteo más escandaloso de la historia del universo conocido, la gente va a lo suyo y siguen haciendo su vida normal como si aquello no estuviese sucediendo. A la película le sobran escenas de grandilocuencia patriótica, le sobran minutos perdidos en tratar de desarrollar tramas secundarias innecesarias y le sobran escenas en países exóticos con volatadas infinitas. Hong Kong se ve poco real, Indonesia es una pura mentira, comenzando porque todos sabemos que nadie que no sea autóctono conduce un coche allí porque las carreteras de ese peaís con un infierno y tampoco nos creemos la calentura de la china con el pelos, aunque esos para mí eran los mejores momentos ya que le ponía mis propios diálogos distorsionados y mientras soltaban sus polladas yo escuchaba en mi cabeza: Her … mano, que tú sabes la de años que llevo chupando micro-penes chinos, esos que parecen pepinillos y ahora me cae del cielo un Dios rubio altísimo y con el PO LLO TE ¿y tú te crees que lo voy a dejar escapar? Tú lo flipas

    En fin, que gracias a mi inventiva tuvo ratos entretenidos pero la historia es mala, está mal conjuntada, aburre por ratos y las escenas de acción son tan cansinas como en todas las películas anteriores de este director. Es posible que atraiga a los miembros del Clan de los Orcos aunque acabarán algo confundidos con la trama y definitivamente, prohibida para los sub-intelectuales de GafaPasta.

  • Onder het hart

    25 de enero de 2015

    Enero en Holanda es siempre el mes para el estreno de las películas holandesas raras de verdad, los dramotes esos que uno nunca puede comprender como consiguieron doscientos patrocinadores que apoquinaron un dinero que jamás volverán a ver, aunque claro, si se hace como en España y te lo dan las administraciones públicas porque tienes amiguetes, entonces no creo que sea tan doloroso, ya que el dinero de todos, es como un río que nunca se agota. Regresando a la peli, un drama, con enfermedad terminal y eso es algo que yo no puedo dejar pasar, que lo de gastar kleenex mola mazo. Así fui a ver Onder het hart, película que jamás de los jamases se estrenará en España pero que de hacerlo, la titularían truscoluña no es nación.

    Un julay separado empieza a cogerse a una pava y cuando le da un yuyu termina conviviendo con el chochito lindo y el ya desechado por viejo

    Un médico de cabecera separado y con dos hijas conoce a una pava que trabaja en un invernadero con mariposas y después de sentarse sobre uno de los bichos y matarlo una cosa lleva a la otra y acaban saliendo juntos y después quieren vivir juntos y la hija mayor odia a la tipa y cuando todo parece encaminado a un final feliz, le detectan un tumor cerebral super-hiper-mega desarrollado y acaban todos viviendo en una keli con el enfermo esperando que la diñe, con los roces que esto conlleva.

    Este es el tipo de idea macabra que solo se le puede ocurrir a un holandés, lo de meter en la casa a la nueva, a la ex y a las hijas con el padre y ver como las gatas se tratan de arrancar los ojos entre ellas. Probablemente habría funcionado si fuese un corto pero es que todos los previos, introduciendo a los personajes y demás aburren. Tampoco es que lo de la casa sea tan terrible, tienen un par de encontronazos y finalmente todos acaban por ceder un poco, siguiendo el tradicional modelo pólder holandés de llegar a un compromiso por el bien de la comunidad y allí es como si no pasara nada. El chamo tenía un acento del sur de Holanda que no veas y me costó un huevo comprenderlo, razón por la que siempre evito ir a ciudades del sur, hablan rarísimo. Aquí tenemos un caso en el que los actores no desentonan, es la historia la que hace agua y no puede capturar nuestro interés. Al final todos sabemos que el chamo terminará muriendo y nos castigaron con un epílogo en el que todas vuelven a la casa y casi que son como familia y se quieren una a otras, aunque ojo, que todos sabemos que los puñales más sanguinarios siempre te vienen del lado de la familia porque es el único flanco que no proteges.

    Un experimento bonito sería doblarla al truscolán y estrenarla en España con un cine lleno de miembros del Clan de los Orcos y grabar sus reacciones. Seguro que no sobrevive intacta ni la pantalla ni escapa ninguna butaca. Demasiado pedante para ser interesante para los sub-intelectuales de GafaPasta, encaja perfectamente en la categoría de películas a olvidar.

  • Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) – Birdman

    24 de enero de 2015

    Una de las películas que más atención está atrayendo este año y que tiene muchas posibilidades de barrer en los Oscars ha llegado a la cartelera por la puerta de atrás, de tapadillo, sin que en ningún momento pusiesen el trailer de la misma en las semanas o meses anteriores y limitando su presencia en las salas a las filmotecas. Por eso, hasta que no vi el vídeo de Michael Keaton recogiendo el premio prácticamente ni sabía que esta peli existía y para poder ir a verla tuve que organizarme una sesión alternativa en Amsterdam ya que no la están poniendo en los multicines de Utrecht. La película se titula Birdman y en España se estrenó hace un par de semanas con el título Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia).

    Un julay chinga sin chingar en sí y trata de ser lo que quizás no sea

    Un tipo que es un estrellón de renombre por una trilogía de películas con una especie de personaje super-héroe llamado Birdman, se niega a hacer la cuarta parte y quiere probar suerte en el teatro en Nueva York y organiza una obra que además de interpretar dirige. En los días previos al estreno, las cosas se tuercen una y otra vez y nadie sabe con certeza si la obra sobrevivirá al día del estreno.

    Aunque hay elementos cómicos, esta película gira fundamentalmente en torno al drama. Seguimos todo el tiempo a un tipo que no se sabe muy bien si es un ser extraordinario o está sencillamente chiflado y lo vemos como organiza una obra en la que muchas veces parece no creer y que da la sensación de que terminará en un desastre. Entre medias, contrata en el último momento a un actor para interpretar uno de los papeles principales y el chamo le sale respondón, le señala las cosas patéticas que hay a su alrededor y después de cortar con su novia, busca chingar a la hija del director, algo que cuando lo descubre lo pone de los nervios.

    En este mundo del teatro se mezcla todo el tiempo la actuación con lo que sucede tras el telón. Estamos en todo momento entrando y saliendo del mundo teatral y se ve tan auténtico que es en esas partes, cuando están actuando con un público, cuando me aburro. Yo no lo puedo evitar pero la razón por la que no voy nunca al teatro a menos que sea un musical (y aún así, he ido dos veces en mi vida) es porque no me atrae nada el ver a alguien gritando o hablando sin dirigirse a las personas que están en la escena sino que lo hace siendo consciente de los cientos (o miles) de ojos que lo observan. Eso me desconecta siempre de la historia y aquí también sucede. Por suerte, también tenemos un montón de movidas en los camerinos y en la calle muy interesantes, con una manera de contar la historia bastante atrevida, con la cámara y la música muchas veces siguiendo a los actores o formando parte de la escena. Michael Keaton está muy bien y consigue entretener y hacer creíble su papel y estoy prácticamente convencido que está loco como una cabra. Edward Norton le roba escenas una y otra vez con su inexpresiva pachorra y con algunos momentos muy divertidos, sobre todo uno en el que se le desata cierto miembro. Emma Stone consigue que la cámara la adore y nos vuelve a regalar otro de esos papeles en los que su dulzura y cierto barniz sexual nos mantienen todo el tiempo pendientes de ella.

    La película tiene sus más y sus menos. Para mi, comenzó muy floja y después fue ganando en interés, aunque igualmente podrían haber cortado un cuarto de hora sin que se note mucho. La escena final desconcierta y particularmente creo que sin ella habría acabado mejor. Aún así, una buenísima historia, muy bien contada, entretenida y con un buen elenco que se lo curra con ganas.

    A esto no entran ni muertos los miembros del Clan de los Orcos porque no sobrevivirían a tanto diálogo. Es de visionado obligatorio para los sub-intelectuales de GafaPasta y para todos aquellos a los que les guste el buen cine.

  • Experimentando

    23 de enero de 2015

    Últimamente estoy comprando cosillas exóticas para algunos experimentos culinarios que tengo entre manos. Uno de los problemas de el invierno es que cuando hago masas y las tengo que dejar creciendo, nunca consigo la temperatura adecuada para que el proceso transcurra de manera uniforme. He probado a encender el horno al mínimo y poner el bol dentro, pero no siempre acaba bien o a poner el bol cerca de uno de los radiadores y sigo sin conseguir el punto más idóneo. Hablando con un colega que está obsesionado con la fabricación de pan, el hombre me contaba que había cogido una antigua nevera y la había convertido en una cámara de temperatura controlada en la que podía mantener mediante distintas cosillas que había comprado unos 25 grados gloriosos, que según él es el valor ideal para que la levadura se despiporre y haga su trabajo. Todo esto después de la última vez que hice cruasanes y en la que terminé poniendo la bandeja con los mismos en uno de los dormitorios porque la temperatura era mejor. Mientras charlábamos, mencionó algo que me llamó la atención y esa misma noche estaba en mi tienda china favorita mirando cosillas. Al final me he comprado una pequeña alfombra eléctrica para terrarios que usaré para calentar el bol e incrementar la temperatura del mismo hasta los veinticinco grados. En esta primera fase el control será manual, usaré un termómetro de cocina con alarma y cuando me avise regularé manualmente el encendido y el apagado. Si esto funciona, me agenciaré un regulador en Aliexpress y automatizaré el sistema, aunque para probarlo tendré que dejar pasar un tiempo ya que primero me tienen que llegar las cosillas que he comprado y después se tienen que acabar los cruasanes que tengo congelados y que consumo poco a poco.

    Otro de los experimentos es con piedras en el horno. Me he comprado una especial para Pizza, redonda y ligera y no hay color entre hacer una pizza usando la piedra previamente hiper-mega-calentada y poner la bandeja en el horno como hacen los cristianos normales. Lo primero es una pizza gloriosa que se cocina en seis minutos y queda de fábula y lo segundo es algo parecido que está bien pero no es lo mismo. Ahora estoy manipulando a un colega para que compre dos pedrolos enormes, unos leños del tamaño de la bandeja del horno y tres centímetros de grosor y de un material especial que aguanta las subidas y bajadas bruscas de temperatura y lo usaría también para hornear pan, cruasanes, cristinas o lo que se tercie. Los tiempos de horneado cambian totalmente en estos casos pero el resultado lo merece. Aún tengo que encontrar un rincón en el cuarto debajo de la escalera para tremendo pedazo de pedrolo, que además pesará un quintal.

    El tercer experimento lo haré este fin de semana y será algo que parece ser que se prepara en Estados Unidos y que no existe en Holanda, aunque el nombre refiere a este país. El domingo me haré un Dutch baby, que viene a ser una perversión del panqueque hecha en el horno en un recipiente de hierro. Tiene pinta de ser una bomba calórica pero si cuaja, puede ser mi próxima perversión. Es un desayuno cocinado en algo más de una hora, con lo que no será para días con prisas sino para esos días de fin de semana en los que excepcionalmente, ni viajo ni voy al cine por la mañana. Veremos que tal queda.

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