Cuando mi capitán de falúa me recogió el segundo día en el lago Inle me informó que íbamos a ir al mercado en Inthein y me señaló el villorrio en la montaña. Yo supuse que me llevaría hasta algún lugar cercano y desde allí subiría en taxi, burro, mula o a la pela de algún local que por un leuro se presta a cargarte, algo que en mi caso no es muy sufrido por ser norésico-bulímico de los cojones y mantener milagrosamente mi peso alrededor de los sesenta y cuatro kilos independientemente de la comida que jale, algo que es regulado por un proceso mágico y maravilloso denominado el jiñote. Cuando nos acercábamos el hombre se metió por un pequeño río y yo comencé a alucinar en colores cuando cada poco tiempo llegábamos a una represa abierta en el centro, el aceleraba como si fuéramos el USS Enterprise y fuéramos a dar un salto de esos de años y milenios luz y subíamos un escalón de medio metro o más. Aquello fue divertidísimo y llegamos hasta el mismísimo poblacho de Inthein de esa forma, escalando el río. Como prueba de aquella flipante aventura tenemos la foto de hoy en donde se puede ver (desde el barco) una de las represas con la diferencia de nivel mientras nos aproximábamos para atacarla. El regreso fue aún más cachondo cuando saltábamos los escalones regresando al lago.
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El día helado y las cosillas del fin de semana
La semana pasada comentaba que estábamos teniendo Un descanso de tanto otoño y el viernes se producía el milagro y teníamos el primer día helado desde marzo del año 2013, es decir, un periodo de veinticuatro horas durante las cuales el termómetro jamás de los jamases alcanzó los cero grados o cualquier valor positivo, medido a unos cuatro o cinco kilómetros de mi casa, con lo que vengo a estar en la zona cero. Fue algo increíble y maravilloso, con frío pero sin lluvia. Al mediodía, salimos a pasear con tres grados bajo cero y elegíamos un bosque helado. A las cuatro de la tarde, o más concretamente a las cuatro menos tres minutos, salía de la oficina a lomos de La Zarrapastrosa escopeteado a la estación de tren. La razón es que si paso mi tarjeta de viaje por el lector hasta las cuatro y cuatro minutos, me aplican la tarifa con el cuarenta por ciento de descuento y como iba a Amsterdam, esa pasta me la ahorro y me la gasto en otras cosas. Me fui al cine, o más bien a los cines, ya que fui a ver dos películas en dos cines distintos de la cadena Pathé y paseé por la ciudad, la cual estaba tan concurrida como siempre. La segunda de las películas era una comedia holandesa con la que me reí lo que quise y más, con lo que ya estoy haciendo campaña entre los amigotes para que no se la dejen escapar y por descontado, obligaré al Rubio a verla. Al regresar a Utrecht y llegar a la estación central, pedaleando hacia mi casa miraba hacia el cielo y daba por sentado que iba a nevar, aunque según el Instituto de Meteorología Holandés no iba a suceder. Por la mañana, me desperté porque oí algo extraño y al mirar por la ventana vi la calle cubierta por un manto blanco precioso. Nevó. Se produjo un caos enorme en autopistas y trenes porque no habían previsto que algo así sucediera y fue una mezcla de nieve y lluvia que se transformó en hielo negro.
El sábado, todos felices con la nieve y aunque la temperatura subió y sabíamos que no llegaría a la noche de ese día, igual estábamos contentos. Por las calles, nieve y en algunos lugares hielo. Hice mi ronda de tres supermercados para aprovisionarme y al llegar al último, el más cercano a mi casa, compré lo que me faltaba para hacer una Garbanzada y al salir a la calle veo que un totorota, seguramente con sangre real, había llegado con dos cajas con botellines de cerveza vacíos para que le devuelvan la fianza, no vio el hielo que todos sabemos que estaba allí y se dio un hostión y se le rompieron un montón de botellas. Mi bicicleta estaba a cuatro puestos de él pero según vi los cristales en el suelo me temí todo lo peor y acerté. Un dardo acristalado la penetró y conseguí mi cuarto pinchazo de la rueda trasera en un mes. Regresé a mi casa andando con la bici, distancia de alrededor de un kilómetro que me tomó unos diez minutos y puse la bici en su cuarto en el jardín y decidí repararla al día siguiente.
El domingo por la mañana hacía mi primer y posiblemente último Dutch baby para desayunar. Curioso pero no hay color si lo comparas con los pannenkoeken y este invento americano es simplemente una forma más complicada de preparar comida con una receta similar. Después reparé la bicicleta, algo que a base de la práctica de este mes hice en poco menos de cuatro minutos y extraje el trozo de vidrio de la goma.
Estaba de antojo desde hace un par de semanas y preparé Pastéis de nata, por supuesto, primero hice la masa y después el resto. A la hora de meterlos en el horno puse los moldes sobre la piedra de pizza y el resultado fue fabuloso. Son los mejores que he hecho hasta ahora y personalmente, no iría hasta Lisboa a comprar en la pastelería original teniendo unos así tan buenos. Por la tarde pasó por mi casa un amigo, el mismo con el que suelo ir al fútbol de cuando en cuando y que venía de un partido. Se quedó a cenar y pasamos la tarde charlando y poniéndonos al día de los asuntos mutuos, aunque creo que pronto iremos a patinar (si el clima lo permite) y en febrero tenemos un partido del Ajax en la liga europea en la que aún está. La cena fue modesta y sencilla y frugal como la vida misma.
Comenzamos con un plato con queso manchego y unos Dátiles con bacon, seguimos con un plato de Garbanzada que le fascinó por la multitud de variantes de carne de cerdo que llevaba, ya que le puse beicon, chorizo y morcilla y continuamos con una pizza de chorizo y bacon, es decir, un festín de puerco(s), aprovechando que su hembra no vino y no teníamos las restricciones habituales. Para acabar y antes de los soberbios capuchinos que hago con mi Bialetti, le di un Pastéis de nata y alucinó y me pidió si podía comerse otro. Repitió y cuando se lo terminó me miró con cara culpable y me preguntó si podía tripitir. Se comió un tercero y reconoció que aquellos eran los dulces más increíbles que había comido en su vida. Por supuesto, supo apreciar la textura y la mezcla perfecta de sabores, con los toques de canela y de limón y mi masa especial hecha con una mantequilla fabulosa que obra milagros. Por la noche, cuando ya se iba, le regalé otro para que se lo comiera en el coche y salió de mi casa más contento que un cura en la puerta de una guardería. Esta mañana le contaba al Rubio que había preparado Pastéis de nata y se quedó tan rascado que quería invitarme a cenar hoy para que llevara el resto a su casa pero al final lo he convencido para que aguante hasta la semana que viene. Esperemos que no se corra la voz o tendré una cola en la puerta de mi casa para intentar papear los seis Pastéis de nata que tengo en el congelador y que disfrutaré en tres desayunos futuros.
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Otra vista de las granjas acuáticas en el lago Inle
Ya sé que me repito más que el abominable café de los StarFuk, esa cadena de agua chirria a precio de tinta de impresora que tanto gusta a los pijos y acarajotados y en la que un pollardón pretende hacer un mejor café por conocer tu nombre y me miran con cara de asombro cuando les digo que mi nombre es CHU-Pamela y que si son tan lerdos como para no saber que es mi pedido, me pueden llamar por ese nombre. Regresando al tema de la foto, como me gustaron e impresionaron un montón, hoy tenemos otra foto de las granjas sobre el lago Inle. Esta estaba cerca de la orilla. Se pueden ver las tiras lineales de tomateros y la franja que las rodea y que supongo que las protege un poco del oleaje de los barquillos.
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La semana pasada en Distorsiones
Nunca está de más recordar que se puede apañar un buen puñado de leuros Ahorrando aquí y allí y tuvimos Un descanso de tanto otoño y vimos El yelmo que se compró un colega pagando una pequeña fortuna y que nadie supo muy bien cual fue el motivo que lo llevó a desperdiciar así el dinero. Llegamos al fin de semana Experimentando con cosillas para mejorar algunos procesos.
Los cinco Budas de la Phaung Daw OO Paya abrieron la nueva ronda de imágenes hechas en el Lago Inle y que durante la semana abundó en fotos curiosas como la Agricultura sobre el lago Inle y nos encontramos con unas Barcas en el lago Inle y siguiendo con la variedad flipamos con los Gatos saltarines en el Nga Phe Kyaung y acabamos con unos Niños budistas cruzando un puente.
Acompañando a las fotos del lago Inle vimos un mensaje bien claro que demuestra El machismo budista
Tuvimos una nueva ronda de fotos que entran al Club de las 500. Comenzamos con la Triobike v2 en el Club de las 500, la cosa cambió a comida con el Minced meat Wellington – Pastel de carne picada Wellington en el Club de las 500, hubo espacio para el Mal gusto en el Club de las 500 y también vimos unos Impalas en el Club de las 500 que fotografié en Sudáfrica en el 2005.
Fui a ver tres películas al Cine y comenté el mismo número. Comenzamos con la fantástica Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) – Birdman, un extraño relato que cautiva. A partir de aquí caímos en la mediocridad y el aburrimiento de Onder het hart y Blackhat – Amenaza en la red
He vuelto a comenzar con la foto diaria en Comida en fotos y aquí tenemos el tradicional resumen semanal:
Y así transcurrió la semana pasada …



























