En el mercado de Inthein lo primero que te llama la atención es que no es un lugar con un edificio dedicado a esto o con puestos de venta tradicionales y como los que tenemos en Europa. Allí, te apalancas en un trozo de suelo, te sientas en el mismo y comienzas a vender tus cosillas. En una parte del mercado sí que tenían como un barracón, en el que estaban las carnes y los pescados, aunque también vi gente en otros lugares vendiendo. En los próximos días veremos algunas de las fotos que hice allí, ya que ese mercado resultó fascinante. En uno de los puestos más cercanos al río vendían trampas para pescadores, aunque nunca me llegó a quedar claro si con estas pillan cangrejos o pescados, aunque por detrás también se pueden ver nasas pequeñas. En este mercado me crucé con la birmana más lapa de todo el viaje. Tenía un puesto de recuerdos y como hasta ese momento no había comprado nada, estuve curioseando en el mismo para comprar algo de morralla para regalar. Como la tipa era una intelectual que una vez aspiró a leer un libro, le expliqué claramente que yo no negocio, que me da un precio final y punto. Cuando me dijo lo que quería flipé en colores. Quería ocho dólares por algo que no podía valer más de uno siendo generoso. Le eché mi mejor mirada de odio profundo y me marché. La japuta me estuvo siguiendo durante una hora bajando el precio, pidiéndome que no matara de hambre a su familia y yo la ninguneé todo ese tiempo escuchando música. Su precio final cuando subía a mi barco unas horas más tarde, ya que fue al muelle para controlar mi partida (y seguramente la de otros que intentó estafar) era de tres dólares. Compré exáctamente lo mismo a precio fijo en una tienda dentro del aeropuerto por UN dólar. Seguramente mi amigo el Rubio habría logrado el precio de un dólar y definitivamente, mi amigo el Moreno habría pagado treinta céntimos de dólar y además la tipa nos hace pajillas a todos y le lefamos la cara. Lo peor que te puede pasar en el mundo conocido es negociar precios con el Moreno. Disfruta como un bellaco y es un cabrón del quince.
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No veas como desbarro
En las clases de italiano, cada semana uno de los alumnos elige un texto y lo discutimos, siempre en italiano. Hace dos semanas se trataba de un artículo sobre el espectacular éxito de Roberto Begnini con dos especiales navideños en la televisión pública italiana en los que explicaba los diez mandamientos y como han sido retocados, manipulados o ninguneados. Relacionado con el tema, la semana siguiente yo era el que elegía y opté por la crítica de la película Exodus: Dioses y Reyes – Exodus: Gods and Kings publicada en un diario italiano. Aunque de refilón, en esa película se veía como Moisés se inventaba los diez mandamientos y yo quería un texto relacionado con el cine. Tanto meneo con temas religiosos debía pasar factura, sobre todo a los que son creyentes, que a mí la fe nunca me terminó de llegar y me sirvió para acordarme de momentos pasados en mi vida y aquello que presencié.
Recuerdo que en el colegio público al que fui durante siete años había una monja que daba las clases de religión en los tres últimos años. No tengo un solo recuerdo positivo de aquella mujer. Por más que se vistiera con su uniforme laboral, yo de lo que me acuerdo es del odio infinito con el que miraba a dos hermanos que eran testigos de Jehova y como los hacía escribir textos interminables ya que no podían abandonar la clase durante la hora de religión. Su odio viajó más allá del infinito cuando el penúltimo año llegó al colegio un chaval marroquí. En la cara de aquella iluminada y que dicen que ha recibido la llamada de la fe y que al parecer está mucho más cerca de su dios que el resto aparecieron nuevas marcas de odio y era mirar en la dirección del terrorista musulmán y ver como le temblaba el labio y parecía a punto de saltar y degollarlo allí mismo para mayor gloria de su dios, que casualmente creo que es el mismo que el del terrorista, solo que pertenecen a empresas distribuidoras distintas. De la monja aquella y de varios curas aprendí que lo del Reino ese del que hablaban es una gran mentira.
La monja nos machacaba sin piedad con el dogma de la virginidad de la madre del hijo de su dios y que al mismo tiempo era el mismo dios porque tenía varios oficios y eligió ser padre e hijo por aquello de hacer las cosas simples y directas. Cuando le entraba el fervor mariano-virginal, se acercaba a una chica en la clase que ya en aquellos días podía hacer sonrojar a la gallina Turuleta y definitivamente era más puta que la susodicha y que consiguió ser la primera de la clase preñada y no llegar a la graduación. Para la monja, se trataba de machacar a aquella chica que se despatarraba por un par de pitillos y ella estaba convencida de que su inquina era justificada, no era pecado y por supuesto le serviría para ganar más puntos a la hora de entrar en el famoso reino de su dios. Yo, que siempre fui de pensamiento retorcido tiraba por otro monte.
Para mi, lo inexplicable y lo que hacía tambalearse el edificio es que el mierda de dios ese que nos vendían cogió a un pollaboba, lo hizo subir a una montaña y escribir diez reglas, varias de ellas relacionadas con el puterío ajeno. Después, ese mismo dios, que se divide en tres para robar dos puestos de trabajo, baja del cielo en el que se esconde, puede elegir entre todas las mujeres del universo y se le antoja coger a una casada, básicamente pasándose por los pelos del culo el mandamiento que impuso al resto creando en lo relacionado con codiciar la mujer del prójimo primero y cometiendo adulterio después. Igual lo hacía para denunciar el otro escándalo, el del mariquitismo que había en esa casa, porque ya me dirás como es posible que una pava se case precisamente pa’follá porque la religión dice que es la única manera de no cometer actos impuros y resulta que el marido la ningunea que no veas y no se acerca a tres metros de ella alegando alergia al marisco. De todas estas movidas chungas surge la secta en la que me incluyeron al nacer y que jamás podré abandonar ya que se niegan a borrarme de sus registros y se limitan a sugerir que pueden poner una marca junto a mi nombre en sus libros. Es decir, el juez que te juzgará en el futuro es el mismo que se pasó por aquí por la Tierra, buscó a una hembra casada, se la folló, la preñó y tuvo un hijo con ella que posteriormente mató. Ese mismo dios consintió que se crearan varias religiones en su nombre que se aplicaron a conciencia a robar, matar, cometer actos impuros, codiciar los bienes ajenos, codiciar la mujer del prójimo, practicar el falso testimonio y todo eso y mucho más en su nombre y casualmente, en el pasado, cuando no teníamos teléfonos con cámaras buenas para grabarlo todo bajaba a la tierra para hacer sus gamberradas cada cuatro días y ahora ha hecho mutis por el foro y no asoma el hocico porque sabe que lo lincharíamos.
En fin, que como siempre, de algo inocente y a priori banal como ir a clase de italiano termino desvariando y acabo desbarrando por otros caminos. Siendo positivos, esta semana en clase hablaremos del festival de música de Sanremo.
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Aparcamientos de barcas en el río junto al mercado de Inthein
Después de subir por el río hasta Inthein aprovechando las represas llegamos a un recodo en el que hay un enorme aparcamiento para los barcos, el cual más tarde estaba totalmente lleno, ya que yo fui de los primeros en llegar al estar mi hotel en el medio del lago y no tener que navegar como la gente que se quedaba en las pensiones en la costa. Las barquillas son extremadamente largas y de madera. Cada una tiene algo curioso o especial para que te sea posible identificar tu barca y tu barquero, ya que ni ellos se acuerdan de nuestras caras ni nosotros de las de ellos. En este negocio, todos eran hombres, no había mujeres currando en ese oficio y el día que surja una, seguro que el escándalo será legendario.
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Fallos de r-escándalo
Tailandia es un país en el que hay un buen nivel de inglés y hasta ven el cine en versión original con subtítulos en su extraña lengua. Pese a lo dicho, de cuando en cuando te tropiezas con un cartel como el menú de este lugar para comer semejante a un restaurante pero que no lo era y alucinas en seis o siete dimensiones. La foto la hice dentro del parque que contiene las ruinas de Sukhothai, en la zona reservada para comprar recuerdos y comer. Probablemente la culpa de este desaguisado la tuvo que encargaron el cartel escribiendo el texto a mano y el chamo que lo hizo tenía letra de médico de cabecera y así salió la cosa.
Yendo línea por línea, en la primera tenemos la fascinante comida vegetalian, una variedad china de la que prefieren esos que niegan su propia naturaleza y no quieren rendirse a los placeres interminables de la carne de cochino, comenzando por los chicharrones de cerdo e incluyendo todo lo demás. En la segunda línea el despiporre es máximo ya que la primera palabra debería haber sido Fried y exactamente igual a la penúltima de esa línea y en su lugar acabaron con la desconocida Fride, vocablo misterioso que ni los más pedantes de mis colegas en la oficina han podido traducir. En esa misma línea, parece que tenían hicken, que debe ser un alimento mágico y espectacular como el Soylent Green o simplemente, el que hizo el cartel se olvidó de la c inicial y la tuvieron que apañar malamente en el espacio entre dos palabras.
El producto estrella de este restaurante y el más sabroso y que hay que comer a toda costa es el cerdo minado, una exquisitez que se prepara obligando a un cerdo a caminar por un campo de minas hasta que explota una y la carne se ablanda con los suaves y agradables masajes de la mina al mismo tiempo que se cocina. Probablemente, en lugar de Mined quisieron decir Minced que para aquellos menos dotados con los grandiosos conocimientos de las lenguas bárbaras se puede traducir y se traduce como picado, con lo que era carne de cerdo picada y no ejecutada con una mina personal. Esta carne de cerdo se añade o se combina con una tortilla francesa.
El dueño o el encargado del garito creo que llegó a pensar que había logrado un cliente cuando me vio parado frente al mío, doblado de risa y haciéndole fotos a su fabuloso cartel. Por descontado, confirmo que no comí nada allí. El cartel me recordó algunas de las fotos de leyenda que hay en engrish, un blog especializado en imágenes de este tipo tomadas en Asia y que la gente les envía.



