Cada foto tiene su propio ciclo, las hay que van a velocidad crucero y otras que avanzan a trompicones y reciben visitas muy de cuando en cuando. La culpa no la tiene lo buena o mala que sea la foto, la causa por la que unas son más populares que otras es en muchas ocasiones el título o el álbum en el que están incluídas. En el caso de la imagen de hoy, llevando la palabra tetas en italiano, parece ser suficiente para que todos los días entre alguien a verla y así, poco a poco, ha acumulado las visitas suficientes para entrar al Club de las 500. La imagen la vimos por primera vez en agosto del año pasado en la anotación Ponte delle Tette.
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Calle de templos en la Shwedagon Paya
Una última imagen durante el día de la magnífica Shwedagon Paya, la cual podemos ver al fondo en una calle llena de templos y por la que no se puede caminar con zapatos, ya que todo se considera parte del lugar sagrado. Esta pagoda ha existido durante más de dos mil seiscientos años, lo cual la convierte en la más antigua de Birmania y el templo más antiguo del universo conocido. Dos hermanos mercaderes trajeron los ocho pelillos del Buda en una caja y cuando la abrieron en Birmania, rayos salieron de la misma y los ciegos recuperaron la visión, los sordos el oído, los lerdos se volvieron inteligentes y los truscolanes bajaron a los infiernos a arder con la chusma y la gentuza.
Para llegar a la pagoda hay cuatro entradas al recinto y asciendes por unas escaleras llenas de mercaderes vendiendo sus cosillas, como libros, amuletos de buena suerte, velas, hojas de oro, incienso y demás. El paraguas que corona la pagoda tiene cinco mil cuatrocientos cuarenta y ocho diamantes y dos mil trescientos diecisiete rubíes. El diamante completamente en lo alto es de setenta y seis quilates y por la noche, en puntos determinados del templo, difíciles de encontrar a menos que algún local te ayude, puedes ver los rayos de luz reflejados por dicho diamante. La altura total de la estupa es de ciento doce metros.
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Paseando por Singapur
El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos
Mi primer día en Singapur comenzó relativamente tarde. Vine saliendo del hotel a las nueve y media de la mañana, más que nada porque la habitación no tenía ventanas y la oscuridad total me mantuvo durmiendo. En la zona aparte de locales de putas todas las opciones para desayunar eran de chinos, vietnamitas y tailandeses y yo quería probar algo local así que opté por ir al centro y buscar por allí. En la recepción me explicaron en donde podía tomar la guagua y me cambiaron dos dólares en monedas ya que el guagüero no te da cambio y hay que pagar la cantidad exacta. El precio del billete depende de la distancia y en mi caso, era de 1,7 dólares de Singapur. Me bajé en la calle Stamford Road, al lado de la parada de metro del ayuntamiento. En el lugar está la St Andrew’s Cathedral así que aproveché para visitarla. Esta es la catedral anglicana y la iglesia más grande del país, lo cual no es mucho, ya que hasta la iglesia de mi barrio en la Isleta era más grande que aquella. Es bonita para hacerle fotos por fuera y dentro no tiene absolutamente nada interesante. Los edificios del ayuntamiento y la Corte Suprema que están al lado los estaban reformando y no se podían visitar, así que seguí de largo hasta el edificio Arts House at the Old Parliament, lugar en el que originalmente estaba el parlamento de Singapur y que ahora es una especie de centro cultural y muy popular con bodas y de hecho estaban ocupados con los preparativos para tres de ellas. Me sorprende el pequeño tamaño de los edificios públicos, se nota que aquello hasta hace seis lunas era un villorrio. El edificio se construyó en el siglo XIX (equis-palito-equis).
Andando por la zona encontré un centro comercial el Funan Digitalife Mall y entré para comprarme auriculares. Me llevé dos y los rompí ambos, lo cual sirve para confirmar que yo uso el bluetooth y no valgo para llevar el teléfono amarrado a mis oídos con un cable. Elegí uno barato y me alucinó porque uno espera de Singapur que tenga buenos precios, pero al menos allí no fue así. En el centro comercial había un Heavenly Wang y aproveché para meterme un desayuno local, con tostadas kaya de mantequilla y de salsa de cacahuete. Fue todo un descubrimiento y a partir de ahí, los otros días desayuné siempre lo mismo. Tras el desayuno salí a la calle y fui a visitar la Iglesia armenia de Singapur, pequeñita y fotogénica. La iglesia es diminuta y en el altar tienen un cuadro. Como se nota que no había aborígenes que expoliar y que el oro se lo llevaron para Inglaterra.
En el mismo barrio está el Museo Peranakan, el cual nos introduce a esa cultura, que por supuesto todos sabemos que es la de los chinos que emigraron al sureste de Asia entre los siglos XV y XVII (equis-uve y equis-uve-palito-palito) y se mezclaron con los locales. En cierta forma, no dejaron de ser chinos, cambiaron hacia algo distinto, se mezclaron con hindúes, malayos y otras sub-especies de esa barriada periférica y construyeron algo único. El museo es muy interesante.
Seguí para ver el CHIJMES, una especie de convento que se ha reconvertido en centro comercial y lugar de bodorrios y exposiciones de arte y eventos. Muy fotogénico también, aunque con la ausencia de cualquier Dios conocido o desconocido. Seguí hacia la Saint Joseph’s Church, la iglesia católica del barrio, pero la están renovando y no se podía entrar. Evité el Museo de Arte de Singapur por aquello de que helarte me deja helado y me fui al Museo Nacional de Singapur, grande y muy concurrido. La sección principal del museo explica la historia de la ciudad estado y de todos sus avatares. Lo han hecho con un sistema que usa audioguías. La idea es muy buena pero se les fue la mano con la duración y se hace algo eterno. En el mismo museo había una exposición de fotografías de Sebastiao Salgado, Origin (como los equis-men), fabulosa, aunque por descontado, no relacionada para nada con la ciudad. Ya comenzaba a entrar la tarde cuando salí y opté por ir en metro hasta la zona de Raffles Place, aunque salir fue una aventura porque tiene unas diez salidas distintas y solo una te pone en la dirección adecuada, con lo que me tomó tres intentos. Lo que quería era ir andando a la zona de Marina Bay para hartarme a hacer fotos del hotel y del SkyPark, esa estructura que parece un barco y que descansa sobre tres torres que son hoteles y que tienen cincuenta y pico pisos cada una. Cuando llegué al lugar pagué por subir al SkyPark y hacer cienes y cienes de fotos desde allí y al bajar y visto que ya era la hora de la cena holandesa, fui al Rasapura Masters en los niveles inferiores del centro comercial junto al hotel. Este restaurante es un inmenso mercado callejero pero con condiciones higiénicas de primer mundo y a precios de pura risa, así que cené dos veces o comí la cantidad destinada para dos seres humanos. Después, con el tripote de preñada de instituto periférico asomando por la camisa, salí a la calle para seguir haciendo fotos y cruzar el puente Helix, muy futurista y de esos que son diseñados por una diva y que cuestan un huevo y parte del otro. Al menos queda bien en las fotos. En la Esplanade hay un par de teatros con forma de fruta, edificios feos que no veas y desde allí hay unas vistas increíbles de la bahía, así que me relajé y dejé pasar el tiempo para tener fotos de noche. Seguí mi ruta hasta el Merlion, el símbolo del país y criatura mítica con cuerpo de pescado y cabeza de león, más o menos el equivalente a nuestro gallifante. En el sitio, una multitud que ni en la cola del paro, así que supuse que había algún espectáculo de luces y decidí esperar para verlo. Efectivamente, a las ocho de la noche, los hoteles de Marina Bay Sands se encendieron y le dieron al interruptor de las luces. Curioso y eso, pero nada del otro mundo, o será que he visto ya demasiadas maravillas y cuatro luces en un hotel que cambian de color y dos chorros de agua no logran fliparme. De cualquier forma me vi el espectáculo enterito y así puedo fardar entre las amistades.
Una vez terminó, paseé por la ciudad hasta una parada de la guagua que me llevaba de vuelta a mi hotel en el barrio de las putas y regresé, aunque debía ser temprano porque en la calle no había ninguna (o estaban todas ocupadas con clientes). En total, al final estuve doce horitas en la calle.
El relato continúa en Tres caminatas en Singapur
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Monjes caminando en la Shwedagon Paya
En Birmania, la estupa de los templos es el lugar más sagrado y en algún lugar de su interior suele esconder una reliquia. La de Shwedagon Paya es la más venerada del país y a su alrededor crecieron una cantidad increíble de edificios en los que se adora a Buda. En la imagen se pueden ver al menos cuatro de esos edificios y un Buda junto a la estupa. La única manera de imaginarse el lugar es como un enorme centro comercial solo que en lugar de tiendas tienes estancias llenas de figuras de Buda en alguna de las trece posturas y gente rezando y pidiéndole cosas aquí y allá, con tresmonjes caminando por el lugar y muchos de esos monjes buscan turistas para con la excusa de explicarte un poco las cosas, que les den dinero, como fue el caso de estos tres que intentaron capturarme como cliente. Los monjes hacen voto de pobreza y sin embargo, en Birmania, eran los mejor alimentados y muchos de ellos tenían los mejores teléfonos, todo eso en un tiempo en el que en ese país, para conseguir una tarjeta SIM, había que pagar miles de leuros. Esto nos sirve para afianzar el concepto, da igual la religión, aquellos que deciden dedicarse a servir a alguno de los múltiples dioses disponibles, no son más que criminales y estafadores a los que les va la vida fácil.



