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  • Ayutthaya

    27 de mayo de 2014

    El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

    Saliendo de Sukhothai a las ocho de la mañana, sabía que no iba a poder desayunar en la pensión y por eso el día anterior me compré unos bollos en el 7eleven. A las siete y media me llamaban un tuk tuk y me alcanzaba a la estación, en donde compraba mi billete para viajar con la guagua de Wintertur, supuestamente más lujosa que la estatal que me había traído dos días antes. Como siempre, parece que no va llena pero más tarde en las sucesivas paradas aaba petada. Salimos en hora y debíamos llegar a Ayutthaya sobre la una de la tarde y me dejaría en la autopista y no en el centro de la ciudad. Ayutthaya está a unos setenta kilómetros al norte de Bangkok.

    Una hora después de haber salido nos dieron una botella de agua a cada uno y un poco más tarde un paquete de papas fritas. En la guagua viaja una especie de azafata, que controla que nadie te robe el equipaje y que la gente se siente donde le corresponde. A las tres horas de viaje hicieron una parada de unos veinte minutos para que la gente comprara, meara, jiñara o simplemente salieran a estirar las piernas. Tras dejarme en la autopista, allí mismo había una parada de taxis y tomé uno para que me llevara al Tamarind Guesthouse, mi pensión en Ayutthaya.

    Nada más llegar, largué las cosas, me puse las pilas y me lancé a la calle para visitar el templo Wat Phra Mahathat, impresionante y construido para hospedar restos del mismísimo Buda. Según cuentan, el rey Ramesuan estaba haciéndose una pajilla en el balcón de su palacio cuando delante de sus narices se materializó de la nada un montón de cenizas de Buda las cuales pusieron en ese templo en una caja de oro. Y después me dicen que es difícil creer en los Reyes Magos, si esos hasta parecen pardillos. Por supuesto el templo acabó por colapsarse y ahora está parcialmente reconstruido. En uno de los rincones hay una cabeza de Buda incrustada en un árbol y que la gente venera como si fuera la décima copa de Europa. Al lado de este templo está el Wat Ratburana, construido por el rey Boromraja II (palito-palito) para conmemorar que sus dos hermanos mayores, Ay y Yi, se mataron en un duelo con elefantes por el reino y de rebote y sin comerlo ni beberlo le tocó a él. La estupa es enorme y se puede subir para ver una bonita vista de Ayutthaya y también descender por la misma para ver murales. Los Budas tailandeses, tanto los de Sukhothai como los de Ayutthaya son como amariconados, con caras de travelos muy estropeados, nada que ver con la serenidad de los birmanos o camboyanos. Paseé hasta el Wat Thammikarat, el cual sigue siendo un templo ene activo con monasterio y lleno de puestos de venta de todo tipo de cosas relacionadas con el Budismo. Regresé a la pensión y allí me recogieron para ir a dar un paseo en barco, ya que Ayutthaya es una isla ya que han dragado canales a su alrededor y están alimentados por los ríos que la rodean. El barco era una falúa alargada y el tipo iba a todo meter por el agua. De repente se para en seco y empieza a gritar y nos señala un cocodrilo o lagarto grande, como medio kilómetro más abajo de donde se bañaban unos niños. Seguimos y fuimos hasta el Wat Phanan Choeng, petadísimo de gente y que se supone que es el templo más viejo de la ciudad y también el que atrae más gente. En él hay una figura de un Buda de diecinueve metros de alto que lleva allí desde 1324, aunque originalmente estaba a la intemperie. La gente compraba láminas de oro para pegárselas a los otros Budas y había mucho chino, algo que al parecer tiene que ver con una imagen de una princesa china del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito) y que se suicidó ahogándose cuando su rey la convirtió en un Vitorino. Desde este templo fuimos al Wat Phutthai Sawsn, templo y monasterio budista con una estupa enorme y con forma de piña de millo y en el que habían murciélagos a porrillo. En uno de los jardines una pava tocaba música cuando se acercaban los turistas con un cartel diciendo que era para su educación, aunque todos sabemos que si vuelves dentro de diez años seguirá allí.

    Siguiendo la ruta por el canal fuimos al Wat Chaiwatthanaran, muy bien conservado, con una estupa enorme a la que se puede subir y extremadamente fotogénico, sobre todo al atardecer, que fue cuando estuvimos allí. Completamos el círculo completo de Ayutthaya y regresamos al punto de partida y desde allí me devolvieron al hotel en tuk tuk. Fui a ver por fuera el Palacio Real (Wihan Phra Mogkhon Bophit) y el Wat Phra Si Samphet, llegando a ambos en bicicleta. Fui por la noche porque supuestamente los iluminan y son muy bonitos pero ese día no estaban por la labor.

    Como en esta ciudad hay poco que ver y ya había cubierto mi lista de imprescindibles, al día siguiente seguía de camino a Kanchanaburi, a las nueve de la mañana.

    El relato continúa en De Ayutthaya a Kanchanaburi

  • Barcos en el río Yangón

    27 de mayo de 2014
    Barcos en el río Yangón

    Barcos en el río Yangón, originally uploaded by sulaco_rm.

    En los Países Bajos, si hay un río o una vía de agua, no hay un puente, ni dos, ni tres, hay decenas y decenas de los mismos. Seguramente eso es lo que determina el progreso. En Birmania, en la ciudad más importante del país, bordeada por el río Yangón, una mezcla de otros ríos que se unen allí antes de dirigirse al mar, tienen muy pocos puentes y dependen de barcos para cruzar gente y mercancía de un lado al otro. En el río el tráfico es incesante, llegan ferries con una marabunta de gente que los vacía en un par de minutos y que son reemplazados por otra marabunta que va al otro lado en otros dos minutos y la historia se repite. En ambas veras del río, terminales para los grandes barcos que llegan y se van con carga desde otros lugares del mundo.

  • El Parque histórico de Sukhothai

    26 de mayo de 2014

    El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

    La parada en Sukhothai era para visitar el parque histórico que hay en ese lugar, ya que habiendo estado en todos los yacimientos arqueológicos de los países de los alrededores, no quería dejarme este atrás. Sukhothai fue la capital de Tailandia entre 1238 y el 1376 y han quedado varias ruinas de esa época de esplendor, que han sido parcialmente restauradas.

    Me levanté temprano y antes de las ocho ya estaba desayunando. En la pensión en la que me hospedé, el concepto de desayuno no lo tienen muy desarrollado y terminé optando por un sandwich de atún, ya que era el menor de los males. Después crucé la calle y me monté en uno de los camiones de madera (en teoría) que te llevan desde la ciudad nueva a la vieja, sentados en banco y a una velocidad de tartana, con lo que tardan casi veinte minutos en hacer los doce kilómetros. En el que yo me subí, fui solo, ya que los turistas o estaban durmiendo o aterrorizados por el golpe de estado.

    Al llegar lo primero que hice fue alquilar una bici por menos de un leuro y con ella salí de las murallas de Sukhothai por el norte para ir a ver el Wat Phra Phai Luang, una de las estructuras más antiguas que se conservan y que construyeron los Jemeres antes de que se construyera la ciudad por los tailandeses. Tiene el estilo que predomina en Birmania y Camboya. Después de verlo seguí hacia el Wat Sri Chum, en el cual se encuentra la imagen de Buda más grande que ha sobrevivido de esa época, una enorme figura de quince metros de alto de un Buda sentado. Muy impresionante.

    Desde allí me eché a pedalear por la carretera que va a Tak y a unos cinco kilómetros (pedaleados a casi treinta y seis grados) y después de ver dos escorpiones aplastados en la carretera, una serpiente muerta y un lagarto venenoso corriendo paralelo a la bici, llegué al Wat Saphan Hin, o a la vera del mismo, ya que ay que subir unos trescientos metros por una rampa de piedra que asciende doscientos metros y que te deja sin resuello, todo para ver un enorme Buda de pie sobre la colina y una vista de la zona muy bonita. Huelga decir que estaba en el lugar totalmente solo ya que los turistas como que pasan de tanta molestia. Desde ese lugar y regresando a la ciudad paré para hacer fotos en varios templos, como el Wat Mangkorn, Wat Pa Sak, Wat pa Ma Muang y Wat Chang Rob. Tanto la zona norte como la zona oeste tienen entradas separadas y en las carreteras hay controles para los turistas. El precio de cada zona es de 100 Baht o dos leuros y pico. Regresé a la zona central, dentro de las murallas, compré mi entrada y fui a ver el Wat Mahathat, la joya de la corona, un enorme templo que era el corazón de la ciudad de Sukhothai. Es muy espectacular y en su día tuvo que ser impresionante.

    Estuve también en el Wat Sa Si, con dos islas conectadas, muy bonito también y en el Wat Trapang Ngoen, otro templo que tuvo que ser muy hermoso. Después fui a ver el Wat Sri Sawai, el que más me gustó, con tres, con tres torres con forma de piña de millo (mazorcas de maíz para los peninsulares), un templo con un tufo hinduísta que tumba y que probablemente estaba allí antes de que hicieran la ciudad tailandesa.

    En la zona hay otros templos menores (o ruinas de templos), como el Wat Mai, el Wat Tra Phang So, Wat Sorasak, Wat Son Khao y por supuesto las visité todas. Después fui al Museo Nacional Ramkhamhaeng, el cual no me pareció gran cosa, por no decir que es un timo. Entre pitos y flautas ya eran las tres de la tarde cuando acabé. Después de haber visto los maravillosos templos de Bagan, de Mandalay, de Angkor Wat, lo de Tailandia es pálido y pobre en comparación. En Angkor Wat o en Bagan estuve tres días a piñón, doce horas cada día, viendo templos sin parar. Aún así, es una visita interesante.

    Regresé a la ciudad nueva en el mismo medio de transporte que me llevó, aunque en esta ocasión éramos varios y por la tarde me di un garbeo por el centro para ver que no me perdía nada.

    Al día siguiente salía a las ocho de la mañana para Ayutthaya.

    El relato continúa en Ayutthaya

  • Terminal de ferry de Pansodan

    26 de mayo de 2014
    Terminal de ferry de Pansodan

    Terminal de ferry de Pansodan, originally uploaded by sulaco_rm.

    Haciendo turismo por los países más desarrollados te acostumbras al sistema de multitud de atracciones, debidamente organizadas y con las condiciones adecuadas para controlar y regular el ganado, que somos los turistas. En muchos lugares de Asia esto no es así y el turismo se convierte en una aventura en la que te mezclas con los locales y los ves en su hostil entorno a tu bola. Una de las cosas más fascinantes que hice en Rangón fue cruzar el río Yangón en ferry. En la oficina con el tejado verde me emitieron el billete, ya que mientras los locales pagan una cantidad irrisoria, a los turistas nos cobran un dólar por viaje. Eran tres hombres haciendo mi billete, uno escribía toda una historia en el papel, otro lo controlaba y un tercero se encargaba de cobrar, de chapurrear palabras conmigo y de sonreírme para asegurarse que su boca negra y casi sin dientes no abandone jamás mis pesadillas. Después me entraban en el barco un poco en plan VIP y una vez allí, cientos y cientos de personas se apelotonaban para ir al otro lado del río. Lo único que necesitas es algo de suerte para que el día que tu viajas no sea el que se hunde, porque si hay algo cierto en este universo es que ese barco, tarde o temprano se hundirá, más que nada por exceso de carga.

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