El sábado fui por la mañana a Ikea a comprar mermelada de arándanos para mis magdalenas y un par de cosas más y como siempre, aluciné con la gente y la forma en la que se transforman cuando entran en grandes superficies de venta. Yo voy con mi lista y me limito a las cosas de la misma y raramente me saldo de lo planeado. En mi lista figuraban velas, pilas y la mermelada y salí de allí con velas, pilas y la mermelada. A mi alrededor la gente agarraba cosas que veía y las metía en los carros y bolsas. Cosas que normalmente no necesitas y que seguramente ni quieres pero estás allí y algún virus corrompe tu sangre y hace que quieras esto y aquello y eso otro. Al final se llevan un montón de cosas no planeadas y en muchas ocasiones salen de allí sin el objeto de su visita. Lo mismo lo ves en el supermercado, gente que llena el carro de la compra sin demasiado orden. Yo miro en la aplicación Springpad y compro lo que está en la lista, la cual incluye las cosas que pueden tener en el supermercado en oferta.
Hace un montón de años que empecé a practicar el sano hábito de las listas, sobre todo después de ver que tenía cuatro coladores, seis rollos de cinta aislante y multitud de chorradas más que no podía resistirme en comprar y que acababan en algún rincón olvidado de mi casa. Lo mismo sucedía en la cocina, en la que según la época se podían acumular los paquetes de arroz o incluso los huevos. El día que impuse el orden mejoró un montón mi calidad de vida. Ahora me siento y planifico lo que quiero comer, compro lo que necesito para llevar a cabo esta misión y procuro no terminar tirando comida porque se ha caducado.
Lo mismo me sucede con la ropa. Después de acumular durante años camisetas de manera compulsiva y superar el centenar, comencé una campaña radical para reducir el número y volver a niveles normales. Usando camisetas solo durante las vacaciones y los fines de semana, había llegado a un punto en el que pasaban meses hasta que repetía alguna. El armario estaba a reventar de ropa que casi no usaba y encima, cada vez que visitaba algún lugar, salía con una o varias camisetas que se añadían a la colección y de estas aún no he estrenado creo que tengo unas veinte. Un buen día dije basta y me senté a ordenarlas, creando un montón con las que tienen más de siete años y estaban pidiendo a gritos el jubileo. He pasado meses equilibrando mi armario y por fin este fin de semana pasado llegué a mi objetivo.
En nuestro código genético parece estar grabado a fuego lo de acumular. Da igual lo que sea, el hecho es tener más y más, llenar caja tras caja, ya sean libros que no volverás a leer, cintas VHS que luego sustituirás por DVDs y que luego cambiarás por discos Blue-Ray que también tendrán su lugar en el trastero cuando la siguiente tecnología les usurpe el trono. Nuestra sociedad nos incita al consumo, desmedido y compulsivo, con escaparates creados para atraernos y hacernos caer en la trampa. Es lo que hay. Alguien nos conoce muy bien y sabe como sacarnos los cuartos ??














