Uno ve las hojas de esta planta y no termina de creerse que después de un elaborado proceso acaben convertidas en eso que hay en las bolsitas de té que preparamos en casa. Después de que las recogen pasarán por una fase de secado, otra en la que las ponen en un rodillo para romperlas y que suelten sus jugos, seguida de una fermentación que desarrolla el aroma característico del té y se vuelven a secar antes de separarlas según el tamaño de las partículas y la eliminación de todas las fibras y tallos que puedan estar mezclados con las hojas. La visita a la fábrica de la plantación de la compañía Boh fue una de las mejores atracciones que vi en Malasia. No solo es un lugar increíble (fotográficamente hablando) sino que todo el proceso está muy bien explicado y tienen maquinas que se llevan usando décadas y le dan un aura místico al asunto.
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Sin privacidad
El presente en el que estamos y el futuro al que nos dirigimos van a ser terribles para aquellos que quieran mantener su privacidad. Google, CaraCuloLibro, Tuiterota, Yahoo, Microsoft, Apple, todos están conspirando para arañar la mayor cantidad de información posible sobre todos y cada uno de nosotros y saber siempre lo que hacemos, en donde estamos y así sugerirnos qué queremos o podemos querer. Hace diez años te ibas a dar un paseo por el centro de la ciudad y era solamente eso, un acto lúdico y sin mayores consecuencias. Tenías un teléfono móvil pero nadie te podía seguir. Ahora, gracias a que todos y cada uno de los dispositivos que te echas al bolsillo parecen orientados a la geolocalización, enciendes la aplicación de mapas y te dice en donde estás, otra aplicación te sugiere sitios en los que comer, beber, comprar e incluso te soplan en donde están tus amigos y posiblemente y gracias a su estupidez sabes hasta lo que están haciendo y con quién.
La batalla que ya ha comenzado y que se recrudecerá en los próximos años va a ser dura para los que queremos permanecer al margen de esta ola. Cosas como cambiar el nombre de la red inalámbrica de nuestra casa, ocultarla y desactivarlo todo en cualquier aparato que nos compremos van a ser habituales. Estando en Turquía encendí mi iPad y por las wifis de los alrededores la aplicación de mapas me ubicó exactamente en el edificio en el que me encontraba, lo mismo que sucede en Gran Canaria o en Amsterdam. La aplicación está suministrando información privada a terceros sin que en ningún momento se te pida permiso. Esto irá a peor. En esta guerra, los bandos se han definido claramente. Estamos los que queremos vivir una vida sin las cámaras espías del gran Hermano sobre nosotros y los que por exhibicionismo o pura estupidez quieren hacerlo. Si cometes el error de aceptar a uno solo de esos en tu entorno comprometes tu privacidad. Antes, a la hora de hacer amigos mirabas que la gente te caiga bien y que haya cierta química. Ahora, lo primero es asegurarte que no fumen y lo segundo que no tengan Tuiterota ni CaraCuloLibro.
Lo bueno es que parece que las calles van a ser nuestras y de ellos será la red. Ahora quedo más que nunca con los amigos en bares y restaurantes y nos pasamos los fines de semana en la calle haciendo cosas simplemente porque hemos aprendido a valorar aún más el contacto real. No tenemos quinientos amigos, no hemos recuperado el contacto con la zorra de mierda que tenía unos granos del tamaño de guisantes y que llamabas Orca asquerosa a sus espaldas y que después de décadas quiere volver a contactar contigo por razones que se escapan a tu corta comprensión.
En la revolución digital solo hay datos, unidades con información personal que te van robando aquí y allá. En los Países Bajos por una módica cantidad de dinero se puede cambiar el nombre y los apellidos. En menos de un lustro esa será una considerable fuente de dinero para la administración pública. Muchos tratarán de ocultar sus errores cambiando de identidad, creándose un nuevo Avatar que arruinar y destrozar antes de repetirlo. Como veíamos en las películas de ciencia ficción de los setenta y los ochenta, no está lejos el día en que junto con tu nombre tengas que dar un número, que indicará las veces que te has reinventado. Así tendremos a Sulaco 3, Waiting 4 o Uno+Cero 2. Algunos ya estamos trabajando para ocultar nuestra identidad, para salvarla del escrutinio. Si te paras a pensar la cantidad de bases de datos en las que hay alguna información tuya se te cortará la respiración. Todo está en la red, lo quieras o no, en las manos de gente que no sabes lo honesta o deshonesta que puede ser. Por eso, no solo hay que ser precavido. Mejor ser paranoico.
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Recogiendo las hojas de té
Un hombre se mueve entre las plantas de té transportando un saco lleno de hojas. La mayoría de los que trabajan en esas plantaciones vienen de países más pobres que Malasia y les pagan una miseria. Su sueldo depende del número de sacos que hagan y viven en barracones en la misma plantación.
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Bicicleta Batavus
Después de todo un verano viendo bicicletas raras (o especiales) hoy nos fijamos en una simple y sencilla bicicleta Batavus para mujer. Esta marca es una de las más populares en los Países Bajos y tiene una gran reputación por hacer productos robustos y de calidad. La bici no tiene nada de especial y si paseas por cualquier ciudad holandesa verás cientos o miles de bicicletas similares.
En el Álbum de fotos de bicicletas encontrarás un montón de bicis que he ido fotografiando a lo largo de los años



