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  • Tránsito de Hong Kong a Kuala Lumpur

    27 de mayo de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Como en mi viaje anterior hay días que son de transición y en ellos cambia el escenario. Este es uno de ellos ya que por la tarde a primera hora volaba a Kuala Lumpur. Aún así, me dio tiempo a ir a la oficina de correos de Wan Chai y enviarle a mi madre los regalos que le compré y de paso visitar el templo de Hung Sheng, el cual es pequeño y está construido directamente en la roca. Está dedicado a Hung Sheng, el cual viene a ser el patrón de los pescadores gracias a sus dotes para predecir el tiempo. Desayuné por la zona y después me di un paseo por el mercado de Wan Chai pero tuve que salir pronto porque en algunos puestos (particularmente en aquellos en los que hierven carne de todo tipo) el hedor es insoportable.

    Más tarde volví al hotel, hice la maleta y tomé un taxi para ir a la estación de tren en donde tomé el expreso que lleva al aeropuerto en media hora. Se puede facturar en la misma estación y eso fue lo que hice para ahorrarme el cargar con dos mochilas. En el aeropuerto busqué la oficina de correos y me mandé a Holanda la guía de Indonesia, un ladrillo de más de un kilo que como no voy a usar no quiero estar cargando. Después pasé los controles de seguridad y pasaporte y me senté en la fantástica terminal a esperar el avión mientras navegaba por el WiFi gratuito que hay en el aeropuerto (y que también hay por toda la ciudad).

    Pensaba que sería un avión pequeño pero me equivoqué. Era un Boeing 777-300 que iba lleno hasta la bandera y que después de Kuala Lumpur hace escala en Penang para regresar a Hong Kong, así que intuyo que al volver a los Países Bajos pararé en Penang ya que el avión es el mismo.

    El vuelo se me pasó muy rápido, escribiendo todo lo relativo a la estancia en Hong Kong ya que entre mis planes para el día siguiente estaba el mandarme por correo la guía de Hong Kong y Macao y así seguir aligerando equipaje.

    De entre las reflexiones finales de esta parte de mi viaje, sé que volveré a Hong Kong porque me quedó mucho por ver y porque es un punto perfecto para alcanzar otros destinos. Me gustó lo seguro que resulta todo, lo fácil que es moverte con el transporte público y lo bien que se come (si te gusta el marisco). En el lado menos positivo está el agobio con tanta gente y lo rudos que son cuando se mueven (sobre todo en el transporte público). También la gente parece un poco gritona y aunque muchos dicen que hablan inglés, si les preguntas algo o no te entienden o te responden algo que tú no entiendes pero de esto me culpo a mí mismo y a mi inglés más diseñado y orientado hacia otros acentos de esa lengua. A veces resulta difícil encontrar la información (porque solo está en chino) pero con una buena guía turística se suple y no hay más problemas.

    Al llegar al aeropuerto de Kuala Lumpur llovía con fuerza y como la cola de control de pasaportes era apoteósica, aproveché para conectarme al Wifi gratuito del aeropuerto y lanzar otra andanada de anotaciones que escribí mientras esperaba en Hong Kong y volaba. En el momento en el que leáis esto habrán pasado diez días desde que lo escribí, lo cual os puede dar una idea de la cantidad de contenido que he ido escribiendo.

    Una vez terminados los trámites de inmigración, tomé el tren Express que lleva a KL Sentral, la principal estación de trenes de la ciudad y allí cogí un taxi para mi hotel. Tuve que pagar los más caros porque en el mostrador de los ?económicos?? tenían un cartel diciendo que por la lluvia la espera era de unos cuarenta y cinco minutos. El taxista se metió en el tráfico e intentó hacer una pirueta y colarse por donde no debía pero la policía estaba en el lugar y terminó dando un rodeo del quince hasta dejarme en el hotel, algo que no me preocupaba demasiado porque el precio es fijo.

    En la recepción, la chica me pidió el ?voucher?? (¿alguien sabe como se dice en español?), el cual no tenía y tuvimos que ir a los ordenadores que tienen para que los clientes se conecten a Internet, entrar en mi correo e imprimir el correo de confirmación, que no es ningún tipo de factura. Esto que suena rápido tomó algo de tiempo porque delante de mi en la cola había unos hindúes intentando que les cambien la habitación sin razón aparente y esa gente es incansable en estas tareas y solo cuando la empleada los mandó al carajo y los reenvió a su jefe, el cual también era hindú, pudo seguir con la cola de clientes. Me asignaron una habitación en la planta 24 y cuando tomé el ascensor y llegué a la misma, veo que la numeración va de la habitación 01 a la 35 y yo tengo la 36. Vuelta a la recepción y allí me explicaron que el hotel tiene una numeración extraña y las plantas de fumadores están marcadas con números raros. Resultó que mi planta es la 24a y mientras subía y miraba los botones de los números vi que no tenían demasiada lógica, se saltaban algunos y en otros los llenaban de letras, como la planta 35, la cual tiene el 35, 35a, 35b y 35c.

    La habitación es grande pero se ve que el hotel está más pasado que el coño de la Veneno. El baño tiene un retrete de la época en la que Torrebruno triunfaba en la única televisión que había en España y el aire acondicionado pasó sus días de glorias tres o cuatro años atrás y ahora a lo único que aspira es a lanzar una brisa de aire fresco cuando lo pones a la máxima potencia.

    Bajé a la recepción y allí me encontré con Mr. Hyde, el cual vive ahora en Kuala Lumpur y acompañado de su esposa fuimos a cenar a un lugar que ellos llaman el Steamboat y en donde te ponen una sopera eléctrica grande en la mesa, la sopera está dividida en dos y tienes una mitad con sopa de pollo y la otra con una picante y después vas echando en cada sopera la pitanza y lo cocinas antes de comértelo. Estaba muy rico. La pitanza consistió de verduras, fideos, marisco y pescado que dieron para casi hora y media de sopita.

    Luego me dejaron en el hotel y así concluyó mi día de transición. Volveré a ver a Mr. Hyde al final del viaje, cuando regrese a Kuala Lumpur antes de seguir camino hacia Hong Kong y Ámsterdam.

    El relato continúa en Las cuevas Batu y una de piscina

  • Océano de tulipanes dividido

    27 de mayo de 2010
    Océano de tulipanes dividido

    Océano de tulipanes dividido, originally uploaded by sulaco_rm.

    Ya estamos entrando en la recta final de esta serie y en los próximos días veremos imágenes muy similares a las que han ido apareciendo solo que con diferentes tulipanes. Ya conocéis esta composición con la casita y el surco y aquí le damos una nueva vuelta de tuerca y la tenemos con unos tulipanes de dos colores que crean un efecto óptico muy bonito. Los retales de nubes en el cielo le dan también un toque interesante.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en mi otra bitácora, llamada Visitar Holanda y puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof

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  • Kowloon

    26 de mayo de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    La península que está frente a la isla de Hong Kong se llama (o le dicen Kowloon), la transformación inglesa de la fonética de la palabra nueve dragones. En esta parte de la ciudad están los principales mercados y es la zona en la que los turistas van a comnprar, comprar y comprar más. Básicamente es lo que hay en esta parte de la ciudad.

    Comencé alejándome lo más posible para ir volviendo desde ese lugar y mi primera parada fue el templo Wong Tai Sin el cual se construyó en 1973 y es el mayor de los templos taoístas de Hong Kong. Está dedicado a Wong Tai Sin, del cual trajeron un retrato a Hong Kong en 1915 que es la reliquia que tienen allí. Millones de personas pasan por allí cada año. Este dios fue un mítico niño pastor que tenía poderes para curar y es famoso porque da buena suerte a los jugadores, así que ya os imaginaréis quienes son los que se pasan por allí a quemar incienso a destajo. El templo es enorme y la visita está muy bien organizada. Aún más espectacular que ver el cuadro es la gente que está realizando sus oraciones y quemando el incienso. Es fascinante. En el templo hay otros altares y por detrás está el Good Wish Garden (Jardín del Buen Deseo), otro jardín típico chino al que hay que pagar 20 céntimos para entrar y en el que se alternan laguitos con puentes y rincones tranquilos. Me gustó más el jardín que el templo en sí mismo. Entre ambos hay una zona del templo llena de adivinadores y herbalistas (lo cual yo traduzco como curanderos). Los primeros te dicen si vas a tener suerte y aparentemente algunos hasta son buenos en su trabajo y de los segundos no puedo decir nada.

    Desde allí retrocedí hasta Mongkok, una zona de la ciudad que hasta hace unos años estaba llena e bloques inmensos y controlada por las tríadas pero que ahora bulle de actividad con los mercadillos aunque aún se pueden ver esas colmenas en las que se arracima la gente. La zona es muy segura. Comencé en el mercado de las Señoras (The Ladies? Market) en el que se vendía lo de siempre y en cada puesto alguien te enseñaba un panfleto con relojes y bolsos y te preguntaba si querías comprar relojes, bolsos o carteras de imitación. En los diferentes puestos tienes tus calzoncillos Calvin Klein a precio de risotada, tus gafas Rocío Jurado por medio penique o ese bolso que vale miles de euros y que allí no supera los quince. Está lleno de extranjeros que pululan mirándolo todo y regateando para conseguir mejores precios. Las camisetas estaban tiradísimas de precio y lo mejor es mirar y comparar precios antes de entablar la conversación con alguno de los vendedores.

    En una calle paralela está llena de tiendas vendiendo productos de electrónica, supuestamente auténticos y a buen precio. Me compré una bolsa para la cámara (sin marca) por cuatro perras gordas que me permitirá salir con la cámara y un objetivo sin tener que cargar toda la mochila. Tiene un buen tamaño y en ella entra con holgura mi 24-70mm que es como un cañón gordo y grande.

    Siguiendo por la calle del mercado de las Mujeres, llamada Tung Choi se llega al Goldfish market, el de los pececillos de acuario. De repente la calle se llena de tiendas con acuarios y bolsas pequeñas en las que hay peces, tortugas, plantas y de todo para montarte tu fantástico acuario. Este me pareció fascinante y he de reconocer que lo disfruté mucho y al llegar al final de la calle, muy cerca está el Flower Market Road o la carretera con el mercado de las Flores, en donde pasamos de los peces a las flores y en particular a los puestos en los que se venden ramos y adornos para las novias.

    Continúas avanzando por la calle y al terminar te encuentras con el mercado de los Pájaros (Bird Market), en un edificio con un jardín en el que se venden miles de pájaros y a donde la gente trae sus pájaros en jaulas para ponerlos junto a los otros y que así canten. Al parecer, sacar a tu pájaro a pasear y cantar es un pasatiempo muy popular entre la gente ya mayor de Hong Kong y efectivamente, por allí andaban. Esto sí que resultaba curioso.

    Después me desplacé hasta el Kowloon Park, una parque en el centro de la zona de rascacielos muy popular entre los locales. Caminé un poco por allí y fui a comer a un local de Dim Sum recomendado por mi guía y llamado Tao Heung. Según la guía tenían el menú en inglés y efectivamente, junto con todos los papeles que te dan para pedir me dieron uno con las cosas en inglés. Me sentaron en una mesa con vistas al parque y la llenaron con niñas de algún colegio cercano y empleados de algún negocio de los alrededores. Todos se portaron muy bien y me ayudaron a elegir y lo organizaron todo para mí. Tenía una selección fantástica de Dim Sum que devoré con ganas y que me costó en total cuatro euros. Al salir me acerqué a la zona cercana al embarcadero del Star Ferry que es por donde están los monumentos. Aparte de las vistas del otro lado, por allí está la mole horrenda del Hong Kong Cultural Centre, un edificio sin ventanas que más bien parece un muro. A su lado está la torre del reloj (Clocktower) de cuarenta y cinco metros de alto y que se debe estar preguntando qué hizo mal en otra vida para que la castigaran con ese edificio.

    Siguiendo por el paseo te encuentras con el Paseo de las Estrellas (en el que ya estuve la primera noche) y otros edificios representativos como el museo de Arte. Cuando acabé de deambular por la zona y hacer fotos regresé al hotel ya que aunque no lo parezca, estaba agotado. Organicé mis siguientes segmentos del viaje, comprando billetes y reservando hoteles y al atardecer decidí ir a ver de nuevo el espectáculo de las luces. Fui en metro y cuando llegué a la zona casi me caigo muerto. ¡No había niebla! de repente se abrió el cielo y la vista era preciosa. Hice fotos del espectáculo hasta hartarme y salí corriendo para ir en el primer ferry de vuelta, en el mismo muelle tomé el autobús y media hora más tarde perdía la dignidad corriendo hacia el mirador que hay en The Peak para hacer mis fotos nocturnas desde allá arriba. Gracias a Dios que me traje mi gorillapod el cual engancho en cualquier barandilla y las fotos no me salen movidas (y me sirve de substituto de un trípode). Todavía temblando de emoción y con la suerte de cara veo que no hay casi gente para el funicular así que bajé por ahí y en un salto me puse en la estación de metro y volví al mercado nocturno de Temple Street para cenar de nuevo en el mismo sitio. Esta vez me pedí un plato de cangrejos, unos fideos fritos y un plato de almejas (o algo parecido). El chino me miraba con incredulidad pero cuando vio el arte que tengo para chupar y romper los cangrejos y la cara multiorgásmica que se me pone comiendo esos bichos, se quedó asombrado. En la mesa de al lado unos franceses me miraban con cara de asco pero ellos nunca sabrán lo que se estaban perdiendo.

    Para cuando terminé de comer eran más de las once y después de pasear un rato y comprarme un par de camisetas turísticas regresé al hotel. Así acabó mi cuarto día en Hong Kong, bastante lleno de actividades como todos los anteriores.

    El relato de este viaje continúa en Tránsito de Hong Kong a Kuala Lumpur

  • Un montón de tulipanes amarillos

    26 de mayo de 2010
    Un montón de tulipanes amarillos

    Un montón de tulipanes amarillos, originally uploaded by sulaco_rm.

    Mi cámara odia el color amarillo. Le cuesta un montón enfocar una imagen si el objeto es de ese color. A mí me da igual porque es uno de mis favoritos y por muy remolona que se ponga, la foto la voy a sacar igual, con su ayuda o enfocando manualmente. Este color combina asombrosamente bien con los cielos azules. Como había demasiada luz reduje el ajuste de exposición en -2/3 EV que de rebote me aportó un cielo increíble. Para que os hagáis una idea de la abundancia de luz que había aquel día, la velocidad de disparo en esta imagen fue de 1/5000 segundos o lo que es lo mismo 0,0002 segundos (2 diezmilésimas de segundo). Sólo hizo falta ese tiempo para hacer esta imagen.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en mi otra bitácora, llamada Visitar Holanda y puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof

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