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  • La nana

    29 de mayo de 2010

    El festival de cine latinoamericano de la ciudad de Utrecht me permite ver algunas películas que jamás pasarían por un cine cerca de mi casa. Generalmente hacen una buena selección y di no fuera porque dura una semana, iría a ver todas las películas. Mi experiencia de años anteriores es que el cine chileno y argentino me encanta, me gustan las tramas, la forma de hablar y en general son gente que sabe como hacer una historia entretenida. Mirando entre las películas que podía elegir, escogí una llamada La nana de un joven director chileno llamado Sebastián Silva. Creo que en España se estrenó a finales de abril aunque imagino que fue más bien en el circuito de filmotecas.

    Una julay paranoica se rebota toda cuando otra chama le pisa el corral y allí no hay quien viva

    Una Nana que lleva veinte años con una familia y los ha ido viendo crecer a todos comienza a tener problemas médicos y en la casa contratan a otra para que la ayude. La mujer ve esto como una amenaza en su particular reino y hará lo imposible por joder a las ayudantes en una particular y cruenta guerra que tolera la señora de la casa, que parece no ser capaz de tomar el control y ponerla en su sitio. Al final la nana encuentra la horma de su zapato y descubre que hay cosas más importantes en la vida y que vivir para trabajar no lleva a nada.

    Lo que más me choca en esta historia es la forma en la que la Nana forma parte de la familia. Es una relación extraña y que para aquellos que no nos criamos con una persona en la casa haciendo esta tarea. La mujer tiene una percepción de sí misma bastante rara, como si fuera un perro guardián. Superado eso, uno se lo pasa muy bien con las tramas que monta para cansar a las nuevas y hacer que se vayan y para cuando la película da un giro y ella descubre lo equivocada que puede estar con su concepto simplista del mundo la película consigue evolucionar y saltar a otro nivel. Entre las cosas que quizás sobraban son las escenas de ducha con las mujeres desnudas. No aportan nada y la verdad, no es que sean diosas alucinantes que te la pongan dura en un microsegundo.

    Por supuesto que se puede ver y te lo pasas bien. No es un clásico pero tiene su pase. Definitivamente no recomendada para los descerebrados y aquellos que crean que el cine se hace a base de efectos especiales.

    06/10

  • Tulipanes abiertos

    29 de mayo de 2010
    Tulipanes abiertos

    Tulipanes abiertos, originally uploaded by sulaco_rm.

    Estos tulipanes parecían más bien girasoles buscando la luz del sol. Todos miraban en el mismo sentido y mostraban sin pudor sus interioridades. Debían estar a punto de recolectarlos porque en unos días ya no valen para nada. La vida de la flor de un tulipán es muy corta. Desde que florecen, el tiempo juega en contra de ellos.

    En esta imagen me acerqué muchísimo a la hora de enfocar y eso también redujo la profundidad de campo. La casita que ya hemos visto en varias fotos aquí no es más que una pequeña mota al fondo que reconoceréis por el tejado.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en mi otra bitácora, llamada Visitar Holanda y puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof

    .

  • Las cuevas Batu y una de piscina

    28 de mayo de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Mi parada técnica en Kuala Lumpur fue por lo conveniente que resulta esta ciudad para conectar con todos los países de los alrededores. En realidad en mi viaje del año pasado ya visité casi todo lo visitable y lo único que me dejé atrás y que me apetecía conocer eran las cuevas Batu, las cuales incluso vimos en alguna de las minifotos que acompañaban en aquel viaje las jornadas de transición.

    Curiosamente, aunque pensaba comprar los billetes con AirAsia porque resultan muy baratos, no pude hacerlo porque sus sistema de pago no soporta los nuevos estándares de encriptado de Mastercard en Holanda y no pude pagar, lo cual me llevó a mirar las aerolíneas tradicionales y descubrí que Malasya Airlines tenía mejores precios para las dos ciudades desde las que quería volar y además mejores horarios, sin sobrecargo por facturar equipaje y con comida a bordo. Con el billete asegurado reservé los hoteles (o hostales) aprovechando los sabios consejos de la Chinita, la cual se hizo la misma ruta con su compañero sentimental en diciembre del año pasado.

    Me levanté tarde y bajé a desayunar justo en el momento en que la recepción del hotel parecía Nuevo Bombay. El ascensor se llenó de hindúes en la bajada y al parecer a todos se les olvidó lavar la camisa y ponerse desodorante. El hedor era insoportable y como encima se te pegan lo pasé fatal. Posiblemente porque la chica de recepción me vio cara de bellísima persona me asignó un mini-restaurante para desayunar en el que parece que los hindúes no son bienvenidos y comí entre europeos con tranquilidad. Después, cogí mis dos botellas de agua, mi mochila con el equipo y me eché a la calle. El monorraíl pasa bastante cerca y lo usé para llegar hasta cerca del barrio Chino y desde allí caminé al Mercado Central en el que hay una oficina de información turística y en la misma me informaron de lo que tenía que hacer para ir con transporte público. Pasé de tomar un taxi porque los taxistas se hacen los locos y no ponen el contador y yo me niego a regatear, así que prefiero que les den por culo y pago por ir en guaguas o en lo que sea y encima ahorro un montón de dinero.

    El autobús que lleva hasta las Cuevas Batu es el 11 y salía cerca. Me subí y tomé asiento. Los autobuses malayos se controlan en plan jedi de la guerra de las galaxias, con un conductor y su padawan que cobra los billetes y grita por la puerta abierta mientras van en ruta animando a la gente a que se suba. Si alguien hace amago de interesarse, frenan y sube. El precio del billete hasta las cuevas es de 2.5 Ringitt. Dada la debacle del euro, eso es algo más de medio euro. Mientras íbamos hacia el lugar me fijé que pasábamos cerca de mi hotel y lo tuve en cuenta para el regreso. De cuando en cuando se subía un hindú y se hacía el dormido para no pagar pero el padawan le arreaba un moquetazo, le ponía la mano delante y cuando le daba el dinero la volvía a poner porque los hindúes no quieren contar y siempre dan de menos.

    La guagua te deja frente a los templos/cuevas y hay que cruzar una carretera más o menos grande pero con un poco de cuidado y saltando como las liebres no supone un riesgo mortal.

    Las cuevas Batu fueron descubierta hace unos ciento veinte años por un naturalista norteamericano pero se las apropiaron los hindúes como su principal lugar de oración en Malasia. Han montado altares en las cuevas y hay estatuas de sus dioses por todos lados incluyendo una gigantesca (43 metros de alto) de Muruga (Lord Subramaniam), el patrón de los dioses de las cavernas. Además de hindúes el lugar está lleno de macacos, que roban comida a los visitantes y andan por todos lados sin tener miedo a la gente.

    Para llegar a las cuevas hay que subir 272 escalones, lo cual puede parecer fácil pero pon más de treinta grados y una humedad cercana al 100% y os aseguro que es una prueba similar a una maratón. Tienes que hacerlo a tu ritmo y bebiendo mucha agua, procurando que no te muerdan los monos, que no te atufen los hindúes y conteniendo la respiración cada vez que pasas junto a otro grupo de gente. Al llegar arriba hay una vista de una cueva gigantesca, en la que si ignoramos las aberraciones que se han hecho con los altares y templos, es un sitio fantástico. Delante de mí los monos atacaron a un hindú para quitarle una bolsa en la que llevaba unos plátanos e incienso. No veas como corría el hijo puta cuando el mono le sacó los dientes. Si el macaco hubiese aceptado mastercard, le doy diez euros por esa acción tan generosa. Al parecer los monos saben que la comida va en bolsas de plástico y no molestan a la gente con mochilas o cámaras. De hecho, uno me dejó hacerle fotos poniéndole el gran angular prácticamente en el hocico sin inmutarse.

    Acabada la visita (no hay mucho que ver), bajada de los 272 escalones y cruzar de nuevo la carretera ignorando a los taxistas que te quieren estafar para volver a la ciudad. Un hombre me dijo que en la ida le cobraron 10 Ringitt y para la vuelta le pedían 40 Ringitt. El autobús llegó al poco y por 2.5 ringitt teníamos viaje con aire acondicionado y el show del padawan en la puerta.

    Me bajé cerquita del hotel y caminé hasta el mismo, largué toda la ropa, me puse el bañador y me fui de cabeza a la piscina en donde era la única persona y allí me pasé la tarde. Volví a la habitación, me duché, me vestí y salí corriendo para llegar a tiempo a la oficina de correos y así enviarme a los Países Bajos la guía de Hong Kong, la cual ya no necesitaba y son tres cuartos de kilo de peso que no cargo. Tras esto entré en un cibercafé e imprimí en el mismo todos los correos con reservas y confirmaciones para evitar problemas como el del día anterior y después me fui a la zona de Bukit Bintang para cenar e ir al cine, aunque finalmente cambié de opinión y me quedé en una terraza disfrutando de la tarde. Por la noche regresé al hotel y me acosté temprano ya que al día siguiente salía para Siem Reap en Camboya sobre las once de la mañana y tenía que estar en el aeropuerto alrededor de las nueve.

    El relato continúa en Tránsito de Kuala Lumpur a Siem Reap

  • Tulipanes con cielo azul

    28 de mayo de 2010
    Tulipanes con cielo azul

    Tulipanes con cielo azul, originally uploaded by sulaco_rm.

    Si se midiera el grado de fortuna de una persona por la cantidad de veces que ha visitado el parque del Keukenhof y sus alrededores y los tulipanes que ha visto yo debo estar entre las más afortunadas ya que en diez años que he vivido en los Países Bajos he ido a ese lugar en más de veinte ocasiones. Y no me canso. Es además un lugar en el que el placer es doble ya que no solo lo disfrutas cuando estás allí sino que al volver a casa y revisas tus imágenes, vuelves a alucinar por la cantidad y la calidad de la belleza que te puedes topar en algo tan sencillo y pequeño como un tulipán. Aquí tenemos una mezcla con algunos cerrados y otros abiertos, siempre vistos desde un punto de vista a la altura de las flores y siempre con un cielo fantástico que engrandecía la escena.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en mi otra bitácora, llamada Visitar Holanda y puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof

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