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  • Nine

    27 de febrero de 2010

    Los musicales son bichos raros en las carteleras. Aunque en los teatros resultan muy populares, pierden demasiado al eliminar la calidez del directo y plasmarlo en una pantalla de cine. Eso y que la gente que va a musicales es un público muy específico y la mayor parte de la plebe no soporta ese tipo de historias. El musical Nine ha llegado a la cartelera después de casi nueve meses con un trailer fantástico que te daba ganas de ver la película. Por desgracia, la historia no ha estado a la altura de esa pequeña joya.

    Un julay que vive en el candelabro del artisteo solo come chichis de tías cañón

    Un director de cine archifamoso y muy respetado sufre una crisis que le impide escribir ni una línea de la que debe ser su próxima película. A su alrededor su mujer, su amante, el fantasma de su madre y su directora artística (o algo parecido) le lavarán el cerebro tanto que se le caerá el color y el hombre terminará reventando. Todo esto acompañado de mucho bailoteo y canciones.

    La escena con la que abre la película es increíble. Una especie de número musical con una hartada de tías cañón en la pantalla medio desnudas y agitando unas piernas infinitas mirando a la cámara e intentando demostrar que los hombres solo se fijan en ellas por el intelecto y no por las ganas de follárselas. Después de esos tres minutos ponen los títulos de crédito y la película habría sido un clásico instantáneo pero el problema es que casi todo lo que vino después no estaba a la altura.

    La historia no está muy bien contada, los personajes no quedan bien definidos y el protagonista aburre casi siempre con sus estupideces. Lo mejor es su amante y una periodista, interpretadas por Penélope Cruz y kate Hudson. Hay que ver lo mucho que mejoró la Pe desde que se afeitó el bigotón, todavía me acuerdo de como se aterrorizaba la gente en los cines con ella hace una década. Ahora es una actriz muy solvente capaz de hacer creíble un personaje que estaba condenado de antemano a la burla más despiadada. Lo malo es que no hubo más caracteres como el de ella y en la mayor parte de las escenas de la película los espectadores nos aburrimos. Tampoco ayuda que los números musicales sean malos. Salvo por la canción del principio y la que ponen en el trailer, el resto es como para borrarlo de vuestra cabeza tras haberlo escuchado por primera vez y eso en un musical es prácticamente una pena de muerte.

    Esta es simple. Si te gustan los musicales, vete a verla y decide por ti mismo. Si no, quédate en casa y ahórrate el suplicio.

  • A Single Man – Un hombre soltero

    27 de febrero de 2010

    Si le negamos al cine el aspecto visual lo que nos quedaría es algo parecido a la radio en donde el único sentido por el que recibimos información es el oído. El cine balancea este con la vista y de la mezcla de ambos y de una buena historia extraemos sensaciones placenteras o desagradables que son tan adictivas como para que reincidamos una y otra vez y vayamos a esos templos de pantallas grandes y llenos de gente que como nosotros, quiere vivir esa experiencia. En el cine de autor se experimenta en muchas ocasiones con estos dos sentidos y se lleva al límite la cantidad y la calidad de cada uno de ellos. En la mayor parte de las ocasiones, el resultado es atroz y repele a los espectadores, que huyen de las salas y condenan a las películas pero de cuando en cuando alguno consigue rematar una buena faena, como el diseñador Tom Ford con A Single Man, película que se estrenó en España con el título de Un hombre soltero.

    Un julay con la enfermedad del mariquitismo se regodea en el sufrimiento por la muerte del maromo que le taladraba el ojete y se plantea el finiquitar y pasar página.

    Un profesor universitario viviendo en los Angeles está deprimido después de la muerte de su compañero sentimental en un accidente de tráfico. El hombre no cree que haya nada en su futuro que merezca la pena y se plantea el terminar con su vida mientras a su alrededor, una amiga lo intenta consolar y uno de sus estudiantes también trata de ayudarlo.

    Este es un viaje ante todo visual. Las imágenes son hermosas y parecen más bien propias de un videoclip. El mensaje que nos mandan es de romanticismo, amor verdadero, lealtad, pasión, desesperanza, aislamiento, amistad y para que tenga consistencia veremos algunos momentos felices del pasado como contrapunto a todo aquello que es malo en el presente en el que sucede la historia. Colin Firth hace uno de los mejores papeles de su carrera, sobre todo porque demuestra que es capaz de hacer algo más que los papeles de julay de comedia romántica acarajotado que repite continuamente y por los que se ha hecho famoso. A su lado Julianne Moore se hace un papelón como la amiga medio desequilibrada que no sabe como ayudarlo pero que lo intenta y Nicholas Hoult como el joven estudiante al que parece que se la pone burra el profe y hará todo lo posible por establecer contacto con el hombre y así poder aprender del maestro, al más puro estilo Jedi/Padawan.

    Aunque la historia tiende hacia el lado triste de la vida, está empaquetada de tal forma que atrae la atención de los espectadores y te dejas llevar por este río de drama y dolor de alguien por su ser amado. El hecho de que sea amor entre dos hombres, supongo que en el año 1962 en que transcurre la historia es muy importante pero hoy en día y después de todo lo que hemos visto y vivido, nos permite eliminar ese componente de la ecuación y disfrutarla por lo que realmente nos quiere contar.

    Tiene un par de momentos en los que la película pierde fuelle y parece que se va a estampar pero de alguna forma siempre consigue remontar.

    No es el tipo de cine al que vas con todos los orcos que se mueven alrededor de tu vida pero si te gustan las buenas historias y no tienes demasiados prejuicios, seguro que te encantará.

    07/10

  • English muffins

    26 de febrero de 2010

    De los dos veranos que pasé en Washington D.C., uno de los recuerdos más intensos que tengo es que gran parte de los días desayunaba comiendo English muffins, unos panecillos que me volvían locos. En España y en los Países Bajos jamás se volvieron a cruzar en mi camino y las veces que he pasado por los Estados Unidos los he visto en los supermercados y siempre me traen a la cabeza buenos recuerdos. Desde hace unos meses tenía la intención de buscar alguna receta y prepararlos y cuando finalmente me lancé a la Red, encontré unas cuantas que parecían interesantes. Por unas cosas y otras los fines de semana en los que los quería preparar al final no fue posible y al final llegamos al fin de semana pasado. El sábado me levanté con ganas de meterme en la cocina y aproveché para hacerlos. En realidad es una receta muy sencilla que lo único que requiere es tiempo para dejar que los muffins crezcan. Al final de la receta tenéis otra foto en la que se pueden ver en el momento de servir ya que los english muffins no se acaban hasta el instante en el que los vais a comer.

    Los ingredientes: 660 gramos de harina de repostería, 250 mililitros de leche, 2 cucharadas de azúcar, 1 sobre de levadura, 60 mililitros de grasa vegetal derretida (o en su defecto de mantequilla o margarina derretida), 1 cucharadita de sal, 100 mililitros de agua caliente (a unos cuarenta y cinco grados) y harina de maíz.

    La implementación: Se calienta la leche en un caldero pequeño hasta que comience a burbujear. Se quita del fuego y se mezcla con el azúcar hasta que ésta se disuelve. Lo dejáis enfriando y mientras tanto se pone en un bol la levadura con el agua caliente y lo dejamos unos diez minutos. En un bol grande se mezclan la leche, la levadura con el agua, la grasa vegetal derretida y la mitad de la harina (330 gramos). Cuando esté bien mezclado se añade la sal y el resto de la harina y seguimos mezclando. Trabajamos la masa con las manos y cuando esté preparada se pone en un bol engrasado, la cubrimos y la dejamos que crezca (en mi caso fue unos veinte minutos).

    Trabajamos la masa sobre el pollo de la cocina y con el rodillo la alisamos hasta que el grosor sea de un centímetro y medio. Con un molde para galletas o con un vaso vamos cortando piezas redondas. Cubrimos una bandeja o un plato con papel de hornear y lo espolvoreamos con harina de maíz. Ponemos sobre la misma las piezas redondas y las espolvoreamos por encima también con harina. En la receta original lo dejaban reposando media hora más para que sigan creciendo pero yo me salté ese paso.

    Para cocinar usé un sartén grueso bien grande que puse a fuego medio sin ponerle aceite. Fui haciendo los muffins por tandas, dejándolos unos cinco minutos antes de darles la vuelta y esperar otros cinco minutos. Al cocinar crecen un poco. Este es el punto en el que los podéis guardar para comerlos otro día o incluso congelarlos en bolsas de plástico. Yo los guardé en bolsas de dos unidades (me salieron en total dieciocho) y dejé dos para comer.

    A la hora de servirlos, se abren con la ayuda de un cuchillo o un tenedor y se ponen en el tostador un par de minutos. Se sirven con mantequilla, mermelada, un buen queso cremoso o lo que os guste para untar. También son perfectos para poner por encima huevos pochos o incluso huevos revueltos.

    Como la receta produce grandes cantidades y se congelan fácilmente, creo que tendré para cerca de dos meses antes de volver a cocinar más. Lo que sí tengo claro es que a partir de ahora los fines de semana en mi casa los English muffins van a ser algo habitual.

    Si quieres ver otras recetas que he cocinado puedes ir al índice de Mi pequeño libro de recetas de cocina y allí tienes la lista completa

  • Estación Muzeum

    26 de febrero de 2010
    Estación Muzeum

    Estación Muzeum, originally uploaded by sulaco_rm.

    Debajo de la plaza de Wenceslao (Václavské nám?stí) está la estación de metro Muzeum por la que pasan dos líneas de metro. La línea A está a treinta y cuatro metros de profundidad y para decorarla se usaron unas placas de aluminio que le dan un aspecto espectacular. En realidad, viajar por metro en Praga, sobre todo en el centro, es alucinar con el diseño de cada una de las estaciones, realizadas en la época comunista. También merece la pena repetir que si vas a la ciudad, lo mejor es comprarte un billete ilimitado para 3 o 7 días y sacarle partido con los tranvías, el metro y los autobuses. No hay forma más rápida y barata de moverte por la ciudad.

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