Hace ya casi tres años que vimos por primera vez a esta Mujer descalza que me tropecé cuando hacía turismo con mis padres en Barcelona. Supongo que desde entonces habrá tenido tiempo de comprarse unos zapatos o lo tiene que estar pasando muy mal este invierno. Hoy le damos la bienvenida a esta foto al Club de las 500.
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Fotografiando comida
Esta mañana preparaba el resumen semanal para enviárselo a los familiares y amigos y al llegar a la sección en la que añado las fotos de la comida que he cocinado recientemente me dejé llevar y empecé a comparar fotos hechas hace unos años con las que hice recientemente. Me sorprendió lo mucho que ha ido evolucionando mi fotografía, aún lejos de ser buena ha ido adquiriendo algo de carácter.
En septiembre del año pasado decidí hacer un recorrido por un montón de recetas que he ido guardando (y cocinando) a lo largo de los años y me lo tomé como un pequeño proyecto. Se trataba de mantener unas condiciones más o menos comunes para todas estas fotos y así ir aprendiendo las limitaciones de algo tan complicado como fotografiar la comida.
Encargué en dealextreme una Photo light tent (traducción literal y posiblemente criminal: tienda de luz fotográfica) de 40 por 40 centímetros y cuando la recibí comprobé que quedaba perfecta bajo uno de los focos Philips Ledino de la mesa de mi comedor, el cual genera una luz a 3100 ºK que me permitía ajustar perfectamente el balance de blancos y tratar de conseguir colores reales.
Lo que comenzó como una curiosidad y un entretenimiento fue adquiriendo más y más importancia según salían de mi cocina plato tras plato de comida que retrataba en mi pequeño estudio antes de hincarle el diente. Todas las fotos las he hecho sin usar un flash, únicamente con la ayuda del trípode y de un disparador manual junto a la tienda fotográfica. En ocasiones me serví de la luz natural pero en la mayor parte de las veces fue con la luz de la lámpara Ledino. Tampoco he alterado la comida ni he usado ningún truco para conseguir que aparezca más «auténtica». Lo que se ve es lo que se comió. He tenido grandes problemas con el risotto y los purés ya que no parece que les guste que les hagan fotos.
Este proyecto me ha permitido también darme unos atracones de cuidado, solo o en compañía de otros y he tenido que refrenar la tentación para abrir una bitácora específica para la comida, una especie de fotolog en el que estuviesen las recetas explicadas de una forma muy sencilla y con las fotos en un tamaño mayor al que suele ser habitual. La buena comida no engorda y más cuando procuras que no se convierta en gula y tras todas esas cenas y desayunos sigo en los sesenta y seis kilos y medio, algo que sí que no puedo explicar porque os juro por las bragas de la Rosaura que no he pasado hambre alguna.
Otro efecto colateral ha sido el placer de cocinar por cocinar. He regalado magdalenas, galletas, suspiros, queques, sopas, albóndigas y otras cosillas en cantidades apreciables. Mis vecinos están por poner un altar con mi foto y adorarme por toda la comida que les paso y en mi oficina la gente no deja de venir por mi despacho para ver lo que hay. Hoy mismo al volver a casa iba por el supermercado y me avituallaba para preparar la cena y además comprar los ingredientes de la del miércoles. Después cocinaba un solomillo al vino tinto mientras en paralelo me hacía unos dátiles con beicon para tapear y tras esto hice doce magdalenas que regalaré mañana a dos amigos.
Ya estoy maquinando la próxima ronda de fotos mientras leo un libro sobre fotografía de comida para ver si se me pega algo y creo que compraré diferentes platos y probaré también con diferentes fondos. Y mis amigos, haciéndose los lolailos y reservando fechas para pasar por mi casa a cenar. O eso, o como el Rubio que prefiere invitarme a su casa y que sea yo el que prepare la cena, el desayuno y lo que se tercie.
Si quieres ver las fotos que he ido haciendo, las tienes en el álbum Cocinillas en mi cuenta en flickr.
Y para que no se diga que hablo de fotografía sin poner ni una, aquí tenemos una pequeña selección con algunas de mis favoritas:
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La semana pasada en Distorsiones
Merece la pena comenzar con un mensaje tan simple y directo como que Soy feliz y no me importa que se sepa. Que nadie se emocione que no voy a abrir una cuenta en la red social para bosmongolos para poder decirlo ya que por suerte desde hace una década tengo este medio para transmitir aquella información que quiero.
Esta semana comenzamos con las Cerdas niponas o lo distintas que se ven las cosas cuando trabajas con gente de cierto país asiático. Continué desbarrando en Cosillas sobre los amarillos y después la semana giró hacia el fútbol y el resultado de Ajax 1 ? Juventus 2 del partido que fui a ver el pasado jueves en el Amsterdam ArenA. A menos que suceda un milagro y el equipo pase de fase, creo que este será el único partido que veré este año.
Acabamos con las fotos del viaje a Polonia. La última fue La mirada de un cazador y después las agrupé en el Álbum de fotos de los pigargos europeos. Antes de lanzarnos a la que será la siguiente serie hemos pasado por
El Club de las 500 y los nuevos miembros son unas Salchichas con vino blanco en el club de las 500 y Anna?s Hoeve en el club de las 500. Esta semana veremos otra foto y después comenzaré con imágenes de Praga que hice en mi visita del pasado octubre.Aprovechando que hice la base del risotto para otra receta cociné un delicioso Risotto con espárragos trigueros, menta y limón que he añadido a la sección de Cocinillas.
Fui al Cine cuatro veces y aunque comenté cuatro películas, una de ellas corresponde a la semana anterior. Comenzamos por la mierda de Valentine?s Day ? Historias de San Valentín, seguimos con la preciosa historia de Walt Disney The Princess and the Frog ? Tiana y el sapo, después llegó otra mierda llamada The Box y acabamos la semana con An Education ? Una educación, un excelente drama con moraleja.
Y como hago siempre, acabamos el resumen con el mapa visual de lo que salió de mi cocina esta semana:
Así transcurrió la semana.
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An Education – Una educación
Aunque hoy en día resulte difícil de creer, en los sesenta las mujeres aún no tenían el grado de libertad que tienen hoy en día y estaban muy limitadas en lo relativo a lo que podían hacer o estudiar. No estamos hablando de países poco avanzados sino del mismísimo Reino Unido, en el que las mujeres o eran secretarias, enfermeras o profesoras y el resto de profesiones eran totalmente inaceptables para ellas. En ese mundo tan puritano transcurre la película An Education que se estrena la semana que viene en España con el título de Una educación.Una julay prefiere usar el chichi para conseguir aquello que quiere en lugar de trabajar
Por una de esas casualidades de la vida una joven quinceañera conoce a un hombre mucho mayor que ella y comienza una relación con el mismo. Encandilada por el dinero y la vida de ese tipo, abandonará sus estudios y elegirá el camino más corto para conseguir dinero y disfrutar de la vida. Pronto aprenderá que no hay atajos y que al final, todo lo que hacemos lo terminamos pagando, de una forma o de otra.
Lo primero que llama la atención en esta película es lo buenos que son los actores y actrices. No hay uno que de el cante y todos resultan muy creíbles. Lo segundo es que la historia es muy potente y se puede extrapolar a hoy en día y comparar lo que sucedería si en este momento un tipo bien entrado en la treintena se acerca a un colegio a cortejar a una piba de quince. Es más que probable que lo linchen. En aquella época, los padres de la niña se hicieron los locos y vieron como una gran oportunidad el que su hija pudiese tratar con alguien con dinero y una buena posición social. Cuando su hija se va desviando del buen camino y toma la vía rápida, ellos también lo verán como algo que hay que hacer y que es bueno para ella y en el momento en el que descarrila y se tuerce todo, la intentarán culpar sin asumir su parte de culpa.
La chica es una joven actriz llamada Carey Mulligan
que borda su papel y consigue transmitir la frescura y la irresponsabilidad de la adolescencia y más tarde, reflejará perfectamente los errores que ha cometido y la penitencia que ha de realizar para enmendarse. El retrato de la sociedad de esa época es fantástico y la selección musical bastante buena. Me recordó a las películas que se hacian hace un par de décadas en el Reino Unido y en las que siempre había moraleja.
Una muy buena opción para ir al cine con gente que realmente disfrute de buenas historias y de películas en las que no hay efectos especiales ni golpes estúpidos para arrancar las risas de los espectadores. Esto es cine para adultos.

























