Tienes que ser de otro planeta o vivir en algún lugar recóndito sin acceso a Internet para no haber oído hablar del iPad en los últimos cinco días. Desde que se anunció han corrido océanos de críticas pronosticando su fracaso, ensalzando sus carencias y rechazándolo por no ser suficiente. Todas esas críticas comparten el que se originan entre aquellos en cuya sangre es muy fuerte el comemierdismo de los dosputocerolistas. Estos son los visionarios que hace unos años no supieron ver lo que significaba el iPhone y los mismos que han clamado al cielo por las carencias del mismo.
Digámoslo claro de una vez. El iPhone es un aparato multitarea o si no, que algunos de esos pollabobas me explique como puede mi teléfono enviar y recibir mensajes, llamadas y navegar por Internet al mismo tiempo o como puedo tener un teléfono funcionando mientras escucho música y juego, recibiendo notificaciones push y mensajes en paralelo. El iPad corre el mismo sistema operativo así que también podrá realizar varias tareas en paralelo. Lo que no permite es que dos aplicaciones creadas por usuarios se ejecuten a la vez. Después de más de año y medio con mi teléfono, jamás he necesitado el ejecutar dos de esas aplicaciones en paralelo y jamás he lamentado el no poder hacerlo. Y como yo, el 99.94 por ciento de los usuarios del iPhone.
Desde el año 2005 tengo un iBook G4 y recientemente empecé a buscarle sustituto porque es pesado y la batería ya no pasa de las dos horas. Me pasé un día por una tienda de electrónica y miré los Netbooks y me parecieron una mierda. Pequeños, con teclados para gente con manos atrofiadas y absurdamente lentos. Tampoco quiero un portátil grande y establecí mi límite en las doce pulgadas. Tanto MSI como Asus tienen equipos en ese tamaño que me llamaron la atención pero son caros (más de cuatrocientos euros) y no terminan de convencerme. Lo que yo busco es algo pequeño y ligero que pueda llevármelo en mis frecuentes vacaciones con el que navegar casualmente, leer mi correo y escuchar mi música y ver algún video en el youtube. Justo lo que ofrece el iPad.
Que no tenga webcam me la suda hasta el infinito y más allá. Debo ser el único que no se conecta a páginas porno flash a cascársela con la cámara transmitiendo para una supuesta tía que casualmente tiene la cámara estropeada y que os envía fotos para calentaros. La última vez que usé una webcam creo que fue en el 2004. Que no corra flash tampoco me preocupa y además me ahorrará instalar un bloqueador de contenido flash, algo que hago en todos los navegadores que uso ya que no me interesa ese tipo de contenido y no hay una sola página que abuse del mismo que yo lea. Que no tenga puertos USB también me la trae al fresco. No quiero un ordenador portátil, quiero algo simple y eficiente para usarlo con comodidad.
Sobre la coña de los ebooks todavía alucino en colores. Leer es algo tan del siglo XVIII. Hace la tira que escucho audiolibros y ya no tengo paciencia para gastar mi vista leyendo. Disfruto con la entonación de la persona que lee el libro, con la forma en la que la historia se va formando en mi imaginación y gracias a los audiolibros posiblemente he incrementado en varios órdenes mi capacidad para captar conceptos escuchando a una persona. No creo que llegue a usar nunca jamás la tienda esa para los e-libros porque no me veo leyendo y mientras exista audible yo no quiero nada más.
Que corra un sistema operativo propietario y que apple ejerza un control férreo sobre el mismo me parece perfecto y una gran ventaja, la misma que me decantó por mi iBook, por mi mac mini y por mi iPhone. Hace cinco años me tenía que mantener al día de todos los dramas informáticos para poder defender mis equipos adecuadamente y para regalar ese conocimiento a los cabrones que abusaban de mi confianza y me hacían perder horas arreglándoles sus equipos. En el 2010 no tengo ni puta idea de lo que sucede bajo la carcaza de mis ordenadores y tampoco me hace falta. La diferencia en el tiempo que gané para mi fue tan significativa que a partir de la llegada del iBook a mi casa comencé a escribir y publicar en mi bitácora con una frecuencia diaria, algo que anteriormente nunca me fue posible.
El iPad es también el primer ordenador que he visto que posiblemente puedan manejar mis padres. Llevo años con la idea de comprarles un equipo y ponerlo en su casa pero lo que siempre me ha echado para atrás es que no sabrán usarlo porque la curva de aprendizaje es demasiado empinada. Sin embargo, mi madre ha tenido mi iPhone en sus manos y sabe manejarlo. Sabe arrancar aplicaciones, pasar fotos, aumentarlas o disminuir el zoom y hacer cosas básicas. Y ahora le puedo poner en sus manos un equipo con una pantalla medianamente grande en el que puede recibir fotos, enviar y leer correos, por no decir que encima podrá tener toda su música de la Pantoja a golpe de un dedo o incluso hacer llamadas de VoIP usando Voipcheap o cualquiera de los operadores de Betamax, que aquí todo el mundo habla de Skype pero las llamadas con esa gente son carísimas.
Esa es el arma secreta de apple. No han hecho un producto para los dosputocerolistas de la misma forma que no hicieron un teléfono para ellos. Han creado algo para el resto de los mortales, para la gente que quiere cosas sencillas, sin demasiadas opciones y que funcionen bien. Yo ya sé con qué voy a reemplazar mi iBook G4 y en mi primera visita a Gran Canaria es muy probable que me agencie uno para mis padres. Pese a toda la bulla que están haciendo los bosmongolos del dosputocerolismo, muchos de mis amigos ya me han confirmado que se harán con uno o varios. Estaremos ahí igual que saltamos al iPod+iTunes en su momento y jamás lo lamentamos, cambiamos al OSX y más tarde dejamos que el iPhone fuera nuestro ordenador de bolsillo y teléfono.
Lo único que se le puede reprochar a apple es que nos hagan esperar sesenta días para tenerlo en nuestras manos. Yo lo habría comprado desde el jueves de la semana pasada sin dudarlo un solo instante. Quiero un iPad y lo quiero ya mismo.











