Palmeritas de hojaldre

Hoy tenemos una receta que llevaba en mi Pocket guardada algunos años porque no conseguía las hojas grandes de hojaldre y parece que ahora se estan poniendo de moda o al menos los supermercados holandeses las están vendiendo y decidí hacer las dos recetas que tenía y al final ajustarla a mi gusto. Esto no solo se prepara en un periquete, ha sido un éxito brutal y los lunes estoy llevando un montón de palmeritas a la oficina y hay peleas de hienas por pillar una. Curiosamente, en los Países Bajos este tipo de dulce es desconocido y creo que el año que viene, cuando celebre mi cumpleaños, prepararé un arsenal y en un par de ratos tengo un manjar. En el futuro probaré variaciones añadiendo otros ingredientes y esta es la receta básica.

Los ingredientes: Una lámina rectangular de hojaldre, azúcar, canela, nuez moscada.

La implementación: Encendemos el horno a 180 grados con aire. Mientras se calienta, ponemos una lámina de papel para hornear en el poyo de la cocina, o eso que otros llaman encimera y rociamos azúcar en abundancia, un poco de canela y de nuez moscada (ambas se pueden evitar y hacerlas solo de azúcar, también podéis probar a añadir cualquier otro ingrediente en polvo). Ponemos la hoja de hojaldre encima y rociamos de nuevo con azúcar, canela y nuez moscada. Pasamos el rodillo por encima de la masa para fijar el azúcar, la canela y la nuez moscada, pero sin apretar, simplemente para fijarlos al hojaldre. Doblamos la masa desde ambos extremos hacia el centro y a continuación, espolvoreamos de nuevo los tres ingredientes. Pasamos de nuevo el rodillo para fijarlos, sin apretar y volvemos a plegar desde ambos extremos hacia el centro. Añadimos de nuevo el azúcar, la canela y la nuez moscada, los fijamos con el rodillo y doblamos por tercera vez desde ambos extremos hacia el centro. Aprovechamos el papel de horno y lo ponemos en la bandeja que vamos a usar. Cortamos la masa en porciones de alrededor de un centímetro de grosor y las repartimos por la bandeja dejando espacio entre ellas ya que se abrirán como abanicos. Cuando el horno esté caliente, ponemos la bandeja en la parte superior del horno (mi horno tiene cuatro niveles, las pongo en el segundo desde arriba) y se hornean unos trece minutos. Pasado ese tiempo las saco, les doy la vuelta y las horneo tres minutos más. Resulta que hay dos que parece que tienen menos luces de las esperadas, así que lo que viene a continuación debería resolver ninguna de sus dudas:

Hasta los lerdos pueden hacer esto

Son fáciles de hacer y están deliciosas. Aguantan dos o tres días si las guardas en un envase pero vamos, no creo que duren tanto.

Tarta de manzana holandesa

Creo que este es el tercer año que he estado probando diferentes recetas de tartas de manzana, intentando buscar una que me guste y que sea del estilo que aquí llaman tartas clásicas de manzana holandesas, ya que según saltas de país en Europa, cada uno la hace de una forma distinta. Las holandesas son especiales por el tipo de masa que usan y por el relleno, que se prepara de manera distinta. Además, aquí se suelen cubrir el relleno con un enrejado hecho con las sobras de la masa. Una manía mía es que suelo hacer la tarta solo con manzanas que crezcan en mi jardín o que me regalen amigos o conocidos y que cosechan de sus jardines, con lo que no es una receta que haga con frecuencia pese a no tomar mucho tiempo y estar deliciosa. En mi trabajo hay un grupo que saben que si me dan las manzanas, yo hago una tarta y este año creo que he preparado cuatro solo para ellos. La tarta no requiere mucho trabajo pero al hacer la masa hay que meterla en la nevera al menos media hora, con lo que el tiempo total para hacer la tarta debe rondar entre dos y tres horas.

Ingredientes:
Masa: 300 g harina, 100 g azúcar, 200 g mantequilla fría, 1 huevo, 2 cucharadas de agua helada, 1/2 cucharadita de sal

Relleno: 8 manzanas (algo más de un kilo), 60 g de pan rallado, 100 g de azúcar (yo uso azúcar de caña), 60 g de uvas blancas pasas, 2 cucharadas de polvo de natillas, 4 cucharaditas de canela

Antes de hornear: 1 huevo batido para pintar las tiras de masa.

La implementación: Comenzamos con la masa para ganar tiempo. Ponemos en un bol grande la harina con el azúcar y la sal y lo mezclamos. Añadimos la mantequilla recién sacada de la nevera y cortada en bloques no muy pequeños, echamos el huevo y el agua helada y lo mezclamos todo hasta tener una masa. No hace falta usar una amasadora, a mano se puede hacer perfectamente y se consigue la masa en un par de minutos. Cuando tienes un bloque, se envuelve en film transparente y lo metemos en la nevera al menos media hora para que se enfríe y endurezca, ya que a la hora de pasarle el rodillo, será más fácil para trabajar la masa.

Mientras esperamos se puede aprovechar para hacer el relleno. Comenzamos pelando las manzanas y las cortamos en cuadrados o rodajas no muy gruesas y las vamos echando en un bol. Añadimos el azúcar, las uvas pasas, el pan rallado, la canela y el polvo de natillas y lo mezclamos bien con la mano. El único trabajo aquí es el de pelar las manzanas.

Precalentamos el horno a 180 grados. Yo no estoy usando el modo de ventilador, solo el calor.

Se pone harina en el poyo de la cocina (o eso que fuera de las Canarias llaman encimera), se cubre también de harina la masa, cortamos un trozo con dos tercios de la misma y con el rodillo hacemos una circunferencia de unos treinta centímetros de diámetro. Es importante poner bastante harina para que no se pegue la masa al poyo o al rodillo, ya que es una masa que se agarra a todo. Ponemos la circunferencia en un molde de tarta de 22 cm de diámetro que previamente habremos engrasado un poco y si sobra algo por los lados, se corta. No hay que preocuparse si hay pedazos que se rompen, se coge un retal y se parchea sin miedo. Echamos el relleno y para cubrirla, con el tercio de masa restante hacemos tiras de entre una y dos centímetros de ancho y las ponemos sobre el relleno creando un enrejado. Se pinta con huevo batido y se mete al horno durante una hora. Al sacarla del horno hay que dejarla enfriar a temperatura ambiente y una vez fría, meter en la nevera.

A mí me gustan las manzanas de tipos más ácidos, como las Granny Smith o las Elstar cuando aún están verdes y la tarta queda espectacular con ambas pero también se pueden usar manzanas de otras variedades.

En las dos fotos que he elegido, en una se puede ver la tarta después de enfriarse en el molde y en otra se puede ver un trozo de tarta antes de entrar en el sistema digestivo.

Mantecados de Gran Canaria

Cuando era pequeño e iba al colegio Galicia en la Isleta, una de mis rutas me llevaba por delante del colegio José Antonio Primo de Rivera, que era al que iba mi hermana porque era solo para portadoras de potorro y enfrente del mismo estaba la PISCINA, una piscina que yo conocí ya abandonada y en la que después, en el mismo solar, construyeron un deportivo. Al lado de la piscina había una fabrica de mantecados, en el bajo de una casa y de aquella empresa y su horno salía un aroma que yo asocio con la niñez. Cuando tenían la puerta abierta, les dabas unas pesetas y ellos te daban unos cuantos mantecados y yo me encochinaba, para mí ese era el momentazo del día, vamos, que me corría de puro gusto con aquellos mantecados. El progreso barrió la fábrica, que también hacía unas tortas como de aceite que algún día investigaré y jamás de los jamases volví a saber de mantecados como aquellos, que están grabados a fuego en mi código genético. Hace año y pico, regresando de Gran Canaria a los Países Bajos tras las vacaciones navideñas, compré una caja de mantecados en una de las tiendas de la zona insegura del aeropuerto y cuando los probé, el recuerdo de aquellos mantecados volvió a mi cabezón de papagüevo. He estado catorce meses haciendo una infinidad de pruebas en base a los ingredientes que tenían los mantecados que me compré y multitud de recetas que me han pasado y he visto de los auténticos mantecados de Gran Canaria. Por descontado, los míos no son los auténticos pero son de sabor idénticos a los de aquella fábrica que había junto a la Piscina. En estos catorce meses he probado diferentes proporciones de manteca, harina y azúcar, he probado a tostar la harina en múltiples grados, he probado diferentes temperaturas en el horno, con aire, sin aire y tras éxitos y una ingente cantidad de fracasos, llegué a la receta de estos mantecados de Gran Canaria, sencillos de hacer y que no parecen gustar a nadie más, ya que a todo el que le ofrezco alguno, me lo agradece pero no repite, ya que no los disfrutaron de niños. En los Países Bajos conseguir manteca de cerdo es difícil y al principio de las pruebas incluso compré más de un kilo de grasa de estómago de cerdo y preparé mi propia manteca. Finalmente he optado por traerla de España y si la consigo, siempre elijo manteca de cerdo ibérico. Esta receta, de tres ingredientes, sigue la proporción 1-1-2, se puede preparar la cantidad que quieras siempre que respetes esa regla. Yo hago unos siete con las cantidades de la receta y me obligo a no comer más de uno por día con lo que me duran una semana.

Los ingredientes: 70 g de manteca de cerdo, 70 g de azúcar, 140 g de harina.

La implementación: Encendemos el horno a 180 grados con aire caliente. Para preparar los mantecados yo no me ayudo de nada que no sean mis manos y un bol. Se hacen en un momento y como la manteca se derrite fácilmente, procuro no sacarla de la nevera hasta que no la voy a usar y según tengo la bandeja con los mantecados, los horneo. Ponemos en el bol la manteca, el azúcar y la harina y lo mezclamos con la mano un poco. En un minuto o menos tenéis una masa que seguramente tiene partes pegajosas por culpa de la manteca de cerdo.

Uso un molde circular y por precisión matemática, tomo unos cuarenta gramos de masa y pongo el molde sobre una bandeja que he recubierto con papel de hornear, pongo la masa en su interior y aplasto hasta darle la forma, pero sin perder mucho tiempo para que el calor de la mano no derrita la bandeja. Cuando los tengo todos hechos (aquellos más espabilados deducirán que 70 + 70 + 140 y finalmente dividido por 40 es lo que da la cantidad de 7 mantecados), pongo la bandeja en la parte baja del horno durante quince minutos. Según acaba el horneado la saco y los dejo enfriar sobre la bandeja. Aguantan una semana en un envase sin aire, si eres capaz de controlar tus instintos y de sabor, son fabulosos. Todo un dulce mágico hecho solo con tres ingredientes.

Quesadillas con carne de vaca

Uno de los descubrimientos del año pasado fue la receta de hoy, una que se prepara en un rato no muy largo y que es un pecado mortal. Por lo que he visto, está muy sintonizada a los gustos de los hombres y parece que no acaba de cuajar con las mujeres. Supongo que es porque a nosotros lo de la grasa y el queso chorreando como que nos mola un montón y comer con las manos no es un problema y vosotras resulta que sois algo más finas. La receta del relleno se puede utilizar en otros platos y tarde o temprano veréis por aquí alguna. La única dificultad está en conseguir unas tortillas del tamaño adecuado, de unos quince centímetros de largo. En mi caso, compro unas hechas con harina de maíz y que me mandan recién hechas desde una tienda en un país cercano y vale la pena todo el esfuerzo porque son de fábula. Las cantidades son para cuatro julays, aunque yo añadiría una ensalada para redondear un poco.

Los ingredientes: 500 g de carne de vaca picada, cuatro tortillas de 15 cm de diámetro, media cebolla picadita, 2 dientes de ajo picados, 65 g de azúcar morena, media taza de ketchup, 2 cucharadas de mostaza, 1 cucharada de pimentón (si lo quieres picante, ya sabes cual elegir y si no, media y media o pimentón dulce), 1 taza de queso rallado, del que ya venden mezclado en los supermercados para platos de pasta, 1 taza de queso rallado holandés, 1 cucharada de aceite de oliva, sal y pimienta.

La implementación: En una sartén a fuego medio ponemos el aceite y comenzamos pochando la cebolla picada, unos cinco minutos y removiendo con frecuencia. Después añadimos el ajo picado y removemos un minuto y continuamos poniendo la carne picada y cocinamos durante unos seis minutos, removiendo de cuando en cuando. Pasado ese tiempo no debería quedar carne cruda. Se saca y se quita la grasa. Volvemos a poner al fuego, se añade el ketchup, el azúcar moreno, la mostaza, el pimientón, le ponemos sal y pimienta, mezclamos todo bien y cocinamos cinco minutos más. Con esto ya tenemos el relleno, que igual que lo usamos en esta receta puede valer para rellenar pimientos o acompañar platos de pasta. Reservamos en un bol para seguir con la sartén.

A fuego fuerte, ponemos una tortilla en la misma, echamos encima la mitad del relleno, se cubre esto con media taza de cada uno de los quesos y lo completamos poniendo otra tortilla encima, cubriéndolo como si fuera un emparedado. Lo dejamos un par de minutos y le damos la vuelta y lo cocinamos otros dos minutos por el otro lado.

Se saca, se corta en cuartos y se sirve. Recién hecho es algo increíble, con la mezcla de sabores del azúcar, el ketchup, el pimentón, los quesos y la carne. De fábula.