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Mi gallina turuleta

Desde que me compré la crock-pot Express he estado experimentando, probando recetas nuevas y descubriendo el mágico mundo de la cocción lenta y de la cocción exprés y también el de hacerlo todo en una única olla. He descubierto cosas fabulosas como el cerdo desmenuzado (pulled pork), el pollo terrorista-musulmán, los pimientos rellenos y he revisitado viejos clásicos como el risotto de setas (con el último fin de hacer croquetas, que es lo que más me gusta del risotto). Tengo una lista espectacular de recetas que quiero probar y una de ellas era la del pollo a la lata de cerveza, el cual quería hacer en su modalidad de olla exprés. Finalmente, hace dos fines de semana me puse manos a la obra, con la parte más difícil, que era comprar el pollo en el super y que no fuera más grande de 1300 gramos. Ya tenía la cerveza, una lata de radler holandesa y aparte de eso, solo necesitaba aceite, algo de especies y la crock-pot Express. Le metí al pollo por la zona conocida como el orto la lata ya abierta y medio vacía, ya que la mitad fue a la olla, lo embadurné con ajo, aceite y pimienta molida, le hice foto, lo puse en la olla, la programé para veinticinco minutos a alta presión y chás, se hizo. Después lo pasé por la parrilla del horno para tostarle un poco la piel. En unos cuarenta minutos, contando el tiempo que tarda la olla en coger la presión y los diez minutos para eliminarla al final, estaba listo. Me quedó riquísimo, aunque yo no soy muy fans del pollo cocinado de esta forma, con lo que es poco probable que la vuelva a hacer, a menos que me entre un antojo. Aún así y en un alarde de magia que ni yo puedo explicar, junté varias de las fotos y tenemos esto que viene a continuación y que igual hasta funciona:

Mi gallina turuleta

No veas tú la de líquido que soltó el mamón en la olla. Este fin de semana, el plan fue otro. Cogí la clásica receta de los Guisantes con salchichas y la hice en la crock-pot Express. Primero hice la parte del sofrito y tal y tal dentro de la máquina, que también tiene un modo para eso y después, le puse menos líquido y el tiempo de cocción a presión fue de seis minutos y cuando acabó, la comida estaba hecha e igual de ricas que cuando las hago por el sistema tradicional. Creo que voy a tener que revisar muchas de las viejas recetas y añadirles el modo de cocción rápida (o lenta o ambos).

Guisantes con salchichas

Ahora mismo lo que más me frena es que tengo el congelador lleno, pero lleno, lleno, lleno, que a mí, si me hacen la cuarentena, mientras no me quiten la luz eléctrica, yo lo voy a pasar fatal en mi casa encochinándome con delicias que ya quisieran otros.

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Palmeritas de hojaldre

Hoy tenemos una receta que llevaba en mi Pocket guardada algunos años porque no conseguía las hojas grandes de hojaldre y parece que ahora se estan poniendo de moda o al menos los supermercados holandeses las están vendiendo y decidí hacer las dos recetas que tenía y al final ajustarla a mi gusto. Esto no solo se prepara en un periquete, ha sido un éxito brutal y los lunes estoy llevando un montón de palmeritas a la oficina y hay peleas de hienas por pillar una. Curiosamente, en los Países Bajos este tipo de dulce es desconocido y creo que el año que viene, cuando celebre mi cumpleaños, prepararé un arsenal y en un par de ratos tengo un manjar. En el futuro probaré variaciones añadiendo otros ingredientes y esta es la receta básica.

Los ingredientes: Una lámina rectangular de hojaldre, azúcar, canela, nuez moscada.

La implementación: Encendemos el horno a 180 grados con aire. Mientras se calienta, ponemos una lámina de papel para hornear en el poyo de la cocina, o eso que otros llaman encimera y rociamos azúcar en abundancia, un poco de canela y de nuez moscada (ambas se pueden evitar y hacerlas solo de azúcar, también podéis probar a añadir cualquier otro ingrediente en polvo). Ponemos la hoja de hojaldre encima y rociamos de nuevo con azúcar, canela y nuez moscada. Pasamos el rodillo por encima de la masa para fijar el azúcar, la canela y la nuez moscada, pero sin apretar, simplemente para fijarlos al hojaldre. Doblamos la masa desde ambos extremos hacia el centro y a continuación, espolvoreamos de nuevo los tres ingredientes. Pasamos de nuevo el rodillo para fijarlos, sin apretar y volvemos a plegar desde ambos extremos hacia el centro. Añadimos de nuevo el azúcar, la canela y la nuez moscada, los fijamos con el rodillo y doblamos por tercera vez desde ambos extremos hacia el centro. Aprovechamos el papel de horno y lo ponemos en la bandeja que vamos a usar. Cortamos la masa en porciones de alrededor de un centímetro de grosor y las repartimos por la bandeja dejando espacio entre ellas ya que se abrirán como abanicos. Cuando el horno esté caliente, ponemos la bandeja en la parte superior del horno (mi horno tiene cuatro niveles, las pongo en el segundo desde arriba) y se hornean unos trece minutos. Pasado ese tiempo las saco, les doy la vuelta y las horneo tres minutos más. Resulta que hay dos que parece que tienen menos luces de las esperadas, así que lo que viene a continuación debería resolver ninguna de sus dudas:

Hasta los lerdos pueden hacer esto

Son fáciles de hacer y están deliciosas. Aguantan dos o tres días si las guardas en un envase pero vamos, no creo que duren tanto.

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Tarta de manzana holandesa

Creo que este es el tercer año que he estado probando diferentes recetas de tartas de manzana, intentando buscar una que me guste y que sea del estilo que aquí llaman tartas clásicas de manzana holandesas, ya que según saltas de país en Europa, cada uno la hace de una forma distinta. Las holandesas son especiales por el tipo de masa que usan y por el relleno, que se prepara de manera distinta. Además, aquí se suelen cubrir el relleno con un enrejado hecho con las sobras de la masa. Una manía mía es que suelo hacer la tarta solo con manzanas que crezcan en mi jardín o que me regalen amigos o conocidos y que cosechan de sus jardines, con lo que no es una receta que haga con frecuencia pese a no tomar mucho tiempo y estar deliciosa. En mi trabajo hay un grupo que saben que si me dan las manzanas, yo hago una tarta y este año creo que he preparado cuatro solo para ellos. La tarta no requiere mucho trabajo pero al hacer la masa hay que meterla en la nevera al menos media hora, con lo que el tiempo total para hacer la tarta debe rondar entre dos y tres horas.

Ingredientes:
Masa: 300 g harina, 100 g azúcar, 200 g mantequilla fría, 1 huevo, 2 cucharadas de agua helada, 1/2 cucharadita de sal

Relleno: 8 manzanas (algo más de un kilo), 60 g de pan rallado, 100 g de azúcar (yo uso azúcar de caña), 60 g de uvas blancas pasas, 2 cucharadas de polvo de natillas, 4 cucharaditas de canela

Antes de hornear: 1 huevo batido para pintar las tiras de masa.

La implementación: Comenzamos con la masa para ganar tiempo. Ponemos en un bol grande la harina con el azúcar y la sal y lo mezclamos. Añadimos la mantequilla recién sacada de la nevera y cortada en bloques no muy pequeños, echamos el huevo y el agua helada y lo mezclamos todo hasta tener una masa. No hace falta usar una amasadora, a mano se puede hacer perfectamente y se consigue la masa en un par de minutos. Cuando tienes un bloque, se envuelve en film transparente y lo metemos en la nevera al menos media hora para que se enfríe y endurezca, ya que a la hora de pasarle el rodillo, será más fácil para trabajar la masa.

Mientras esperamos se puede aprovechar para hacer el relleno. Comenzamos pelando las manzanas y las cortamos en cuadrados o rodajas no muy gruesas y las vamos echando en un bol. Añadimos el azúcar, las uvas pasas, el pan rallado, la canela y el polvo de natillas y lo mezclamos bien con la mano. El único trabajo aquí es el de pelar las manzanas.

Precalentamos el horno a 180 grados. Yo no estoy usando el modo de ventilador, solo el calor.

Se pone harina en el poyo de la cocina (o eso que fuera de las Canarias llaman encimera), se cubre también de harina la masa, cortamos un trozo con dos tercios de la misma y con el rodillo hacemos una circunferencia de unos treinta centímetros de diámetro. Es importante poner bastante harina para que no se pegue la masa al poyo o al rodillo, ya que es una masa que se agarra a todo. Ponemos la circunferencia en un molde de tarta de 22 cm de diámetro que previamente habremos engrasado un poco y si sobra algo por los lados, se corta. No hay que preocuparse si hay pedazos que se rompen, se coge un retal y se parchea sin miedo. Echamos el relleno y para cubrirla, con el tercio de masa restante hacemos tiras de entre una y dos centímetros de ancho y las ponemos sobre el relleno creando un enrejado. Se pinta con huevo batido y se mete al horno durante una hora. Al sacarla del horno hay que dejarla enfriar a temperatura ambiente y una vez fría, meter en la nevera.

A mí me gustan las manzanas de tipos más ácidos, como las Granny Smith o las Elstar cuando aún están verdes y la tarta queda espectacular con ambas pero también se pueden usar manzanas de otras variedades.

En las dos fotos que he elegido, en una se puede ver la tarta después de enfriarse en el molde y en otra se puede ver un trozo de tarta antes de entrar en el sistema digestivo.

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Mantecados de Gran Canaria

Cuando era pequeño e iba al colegio Galicia en la Isleta, una de mis rutas me llevaba por delante del colegio José Antonio Primo de Rivera, que era al que iba mi hermana porque era solo para portadoras de potorro y enfrente del mismo estaba la PISCINA, una piscina que yo conocí ya abandonada y en la que después, en el mismo solar, construyeron un deportivo. Al lado de la piscina había una fabrica de mantecados, en el bajo de una casa y de aquella empresa y su horno salía un aroma que yo asocio con la niñez. Cuando tenían la puerta abierta, les dabas unas pesetas y ellos te daban unos cuantos mantecados y yo me encochinaba, para mí ese era el momentazo del día, vamos, que me corría de puro gusto con aquellos mantecados. El progreso barrió la fábrica, que también hacía unas tortas como de aceite que algún día investigaré y jamás de los jamases volví a saber de mantecados como aquellos, que están grabados a fuego en mi código genético. Hace año y pico, regresando de Gran Canaria a los Países Bajos tras las vacaciones navideñas, compré una caja de mantecados en una de las tiendas de la zona insegura del aeropuerto y cuando los probé, el recuerdo de aquellos mantecados volvió a mi cabezón de papagüevo. He estado catorce meses haciendo una infinidad de pruebas en base a los ingredientes que tenían los mantecados que me compré y multitud de recetas que me han pasado y he visto de los auténticos mantecados de Gran Canaria. Por descontado, los míos no son los auténticos pero son de sabor idénticos a los de aquella fábrica que había junto a la Piscina. En estos catorce meses he probado diferentes proporciones de manteca, harina y azúcar, he probado a tostar la harina en múltiples grados, he probado diferentes temperaturas en el horno, con aire, sin aire y tras éxitos y una ingente cantidad de fracasos, llegué a la receta de estos mantecados de Gran Canaria, sencillos de hacer y que no parecen gustar a nadie más, ya que a todo el que le ofrezco alguno, me lo agradece pero no repite, ya que no los disfrutaron de niños. En los Países Bajos conseguir manteca de cerdo es difícil y al principio de las pruebas incluso compré más de un kilo de grasa de estómago de cerdo y preparé mi propia manteca. Finalmente he optado por traerla de España y si la consigo, siempre elijo manteca de cerdo ibérico. Esta receta, de tres ingredientes, sigue la proporción 1-1-2, se puede preparar la cantidad que quieras siempre que respetes esa regla. Yo hago unos siete con las cantidades de la receta y me obligo a no comer más de uno por día con lo que me duran una semana.

Los ingredientes: 70 g de manteca de cerdo, 70 g de azúcar, 140 g de harina.

La implementación: Encendemos el horno a 180 grados con aire caliente. Para preparar los mantecados yo no me ayudo de nada que no sean mis manos y un bol. Se hacen en un momento y como la manteca se derrite fácilmente, procuro no sacarla de la nevera hasta que no la voy a usar y según tengo la bandeja con los mantecados, los horneo. Ponemos en el bol la manteca, el azúcar y la harina y lo mezclamos con la mano un poco. En un minuto o menos tenéis una masa que seguramente tiene partes pegajosas por culpa de la manteca de cerdo.

Uso un molde circular y por precisión matemática, tomo unos cuarenta gramos de masa y pongo el molde sobre una bandeja que he recubierto con papel de hornear, pongo la masa en su interior y aplasto hasta darle la forma, pero sin perder mucho tiempo para que el calor de la mano no derrita la bandeja. Cuando los tengo todos hechos (aquellos más espabilados deducirán que 70 + 70 + 140 y finalmente dividido por 40 es lo que da la cantidad de 7 mantecados), pongo la bandeja en la parte baja del horno durante quince minutos. Según acaba el horneado la saco y los dejo enfriar sobre la bandeja. Aguantan una semana en un envase sin aire, si eres capaz de controlar tus instintos y de sabor, son fabulosos. Todo un dulce mágico hecho solo con tres ingredientes.