Nieve en Hilversum II

Arbol nevado
Siguiendo con la serie comenzada ayer, para hoy he elegido una foto al lado de mi casa, en el Haven (puerto). Nada más bajar al canal, mirando hacia atrás se ven estos árboles y mi calle al fondo. La foto está muy distorsionada y ha sido desenfocada a propósito para darle el tono tan lúgubre que tiene. Un segundo filtro mezcló tonos azules y grises con el blanco.

Hay más información sobre Holanda en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de Hilversum

El blues de la nieve


La nieve nos ha traído imágenes tan bellas como esta del banco. La nieve también nos ha traído otros problemas, como atascos de tráfico descomunales, accidentes y caídas. Pero merece la pena. Una capa de optimismo lo recubre todo. La gente te saluda cuando vas por la calle, todo el mundo sonríe, posan para mis fotos, hacen comentarios insustanciales. Es como si de repente todos fuéramos latinos. Nada más llegar a la oficina me he encontrado con nuestro vicepresidente que también llegaba en bici, con un gorro horroroso del que no he podido evitar reírme. El hombre se lo ha tomado deportivamente. Me pregunto cuantos vicepresidentes de empresas españolas son capaces de ir a trabajar en bici y con toda la calle nevada, que esta mañana a esa hora ya estábamos cerca de los cinco centímetros.

Más tarde, a la hora del almuerzo he salido a caminar como siempre y me he inflado a hacer fotos. Nos hemos ido a los bosques cercanos y hemos estado una hora. Tengo una colección impresionante y puedo prometer y prometo que en los próximos días podréis ver algunas. Acabamos el paseo con una guerra de bolas de nieve con la secretaria del vicepresidente. Los fumadores en mi empresa lo tienen crudísimo y tienen que hacerlo en una especie de pecera sin calefacción que une dos de los edificios. Desde allí los nicotínicos disfrutaron de nuestra declaración de hostilidades seguida de ataques masivos con nieve. He de decir que pese a lo que digan los holandeses, el canario ganó por goleada. Por cada bola que consiguió impactarme yo tiré tres o cuatro. Me ayudaba el que tenía guantes y podía hacer bolas más rápidamente y sin tener que preocuparme por el frío.

Lo de las bolas es el único gran problema de estos días. Los putos chiquillos, inocentes alimañas que algún día tendrán que trabajar para pagar mi pensión, se agrupan en bandadas, se esconden y cuando pasan las bicicletas lanzan una lluvia de bolas difíciles de esquivar. Yo he tenido suerte hasta ahora (cruzo los dedos), aunque ayer tuve que meter el turbo porque eran como veinte contra mí y aquello pintaba mal. Vi como lanzaban la primera andanada pero conseguí pasar la ventana de peligro antes de que me golpeara algún proyectil. A una vieja por mi casa la pusieron fina a bolas. La mujer se detuvo a insultarlos y consiguió de regalo una segunda tanda.

Y puesto que esta mi bitácora tiene cierto componente pedagógico, aunque escaso, unos consejos para el manejo de bicicletas en la nieve.

  • Procurad no seguir la traza dejada por otras bicis. Lo mejor es abrir vuestro propio camino en la nieve. Particularmente sospechad bastante de las trazas muy marcadas ya que la mayor parte de las veces al pasar las bicicletas aplastan la nieve y se termina convirtiendo en hielo y os aseguro que el hielo no es muy amigable con los medios de locomoción sobre dos ruedas
  • Si por alguna razón del destino perdéis el control, nunca, nunca, nunca usar los frenos. De hacerlo estaréis poniendo todo vuestro dinero en una caída segura. En su lugar, dejad la bicicleta continuar con la inercia y poner los pies colgando y preparados para ser usados como apoyos para mantener la estabilidad. Recordad las bicicletas que teníais de pequeños con dos ruedas atrás. Vuestras pezuñas tendrán que hacer esa labor.
  • Ni se os ocurra realizar giros cerrados. La bicicleta pierde tracción en el giro y es muchísimo más fácil caerse. Abriros en las curvas y tomarlas grácilmente. En estos casos es preferible pecar por exceso que por defecto. Huid como alma que lleva el diablo de las trazadas de otras bicis en las curvas. Es más que probable que vuestros huesos prueben la textura del suelo si os arriesgáis.
  • Si la bicicleta que os precede va pilotada por anciana o mujer con turbante, cuadruplicar la distancia de seguridad. Tanto las unas como las otras tienen cierta tendencia inexplicable a detenerse sin motivo aparente y a frenar bruscamente. Puesto que no vais a poder reaccionar a tiempo, lo mejor es pasarlas rápidamente o ir bien separado de ellas. He visto más de un accidente por culpa de esto. Tened presente que las viejas se bajan de la bicicleta cada vez que se paran y que por sordera, por ignorancia o porque no les sale de la pipa del coño, no suelen mirar hacia atrás para ver si alguien las sigue y acaban bloqueando el carril bici completamente.
  • Si todo lo anterior falla y os veis abocados al desastre, apuntad con la rueda hacia el objetivo que tengáis de frente para que sea este el que reciba el impacto. Si el objetivo es humano, los huevos y las tetas son zonas que incrementarán el dolor ajeno y puestos a tener un percance, es mejor que sufra el otro más que uno mismo.

Y para acabar un llamamiento: El colega que pasó esta mañana por mi calle en bicicleta conduciendo con las manos en los bolsillos y totalmente despreocupado, por favor que se ponga en contacto conmigo que estoy dispuesto a pagarle para que me de clases, que demostró un soberbio control del aparato en circunstancias extremas que quiero para mí.

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Nieve en Hilversum

Le ha costado pero al final pudo encontrarnos. Hace unos días ponía una vela para que supiera a donde dirigirse y parece que ha funcionado. ¡Ha llegado la nieve! Dicen que no va a durar más de dos días, así que estoy haciendo fotos como loco. En la foto podéis ver un par de bicicletas caídas y cubiertas de nieve. Hice esta foto en el aparcamiento de bicis de la estación de tren de Hilversum y le he pasado un par de filtros para darle el toque sepia.

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Copas con glamour

Este fin de semana salimos de copas el sábado. No estábamos para muchos ruidos y humos así que pensamos en algo tranquilo en donde poder sentarnos a beber y hablar unas horas. Nuestra primera opción, fue ese sitio que se ha hecho famoso por historias tan legendarias como el francés (que deberíais leerla si aún no lo habéis hecho). Consternados comprobamos que han cerrado por vacaciones. Nos planteamos el retirarnos ya que las otras opciones son más bullangueras, pero al final, hacemos de tripas corazón y decidimos buscar antro nuevo. Nos acordamos que al lado de uno de los cines hay un sitio oscuro y con buena pinta, siempre lleno de gente mayor y con billares. El chino se pensaba que yo picaría y echaríamos unas partidas. El pobre, algún día tendrá que aceptar que yo soy campeón en la PlayStation 2 y que si no es virtual, a mí el deporte no me interesa.

Nos teletransportamos al sitio en cuestión y efectivamente, estaba lleno de gente ya madura y un ambiente relajado, sin música estridente. Tienen una chimenea enorme y el fuego estaba encendido, con lo que nos pusimos en una mesa próxima al fuego y también cercana a dos viciosillas que no pegaban en aquel lugar y que por el tono conspiratorio posiblemente estaban disertando sobre las diferencias en grosor y tamaño de las venas de sus cipotes respectivos. Las aludidas se sintieron incómodas desde que nos vieron llegar y sólo las relajó el hecho de que hablamos en inglés. Siguieron con sus empenenamientos y nosotros nos dedicamos a lo nuestro.

Casi todo el chocherío del bar se concentraba en la barra. Todos eran maduritos y maduritas. Salvo las vecinas y nosotros, el resto eran 40+. La mayor parte estaban muy borrachos, con evidentes tambaleos. Cada vez que uno se marchaba al baño, concitaba la atención de todos los demás que esperábamos atentamente para ver si se caía y así comenzar con las risotadas. Unos se agarraban a lo que podían, con tan mala suerte que a veces no era otra cosa que las tetas de algunas de sus compañeras y estas reaccionaban violentamente. Es lo que tienen las holandesas que si les tocas una teta te arrean un hostión. De eso sabe mucho mi amigo el balcánico que está muy acostumbrado a recibir los palos. La verdad que aquello era muy entretenido. Uno tiene que buscar nuevas formas de entretenimiento y esta parecía bastante interesante.

En un momento dado comenzaron todos a llamar por teléfono. Fue como el principio del fin. Empezaron a pasar por caja y a equiparse para salir. Al poco llegó un chaval joven super emperchado. Entró y una de las maduras se le tiró al hombro. El chaval le abrió la puerta, salieron a la calle y allí había aparcado un pedazo de limusina. La colega entró y se marchó. Minutos más tarde apareció otro vehículo aún más grande que el primero y se repitió el proceso. Entró el conductor, encontró a su borracho pasajero y se lo llevó al coche, entre gritos y despedidas de los demás. Fue ahí cuando nos dimos cuenta que todos nos eran vagamente familiares. ¡teníamos enfrente a los presentadores y comentaristas más famosos de la tele holandesa! Por eso estaban tan morenitos, aunque con moreno de máquina de rayos uVa, que te da un tono naranja que me produce cierta aprensión. Traté de explicarle al chino quienes eran, pero con la cerveza el chino pierde mucha comprensión y me di por vencido. Me limité a pedirle que recordara las caras. Allí estaban casi todos los estrellones de la constelación televisiva neerlandesa, todos bastante pasaditos. Siguieron llegando limusinas en los siguientes minutos y al final nos quedamos en el bar solos. Las chavalas según se fueron todos se levantaron para irse. Eso también explicaba su tono conspiratorio. No hablaban de la capacidad de irrigación de los miembros de sus hombres sino que cuchicheaban sobre los famosos en el recinto. Aquellas eran dos mitómanas de esas.

Al rato de irse la tropa VIP comenzaron a llegar nuevos clientes, pero estos eran más normales, o por ser más precisos, más de la plebe. Cuando se quitaron los abrigos todos iban equipados con quimonos y camisetas chinas. Debían venir de algún tipo de fiesta temática, porque no es el tipo de ropa que uno ve habitualmente. Se partían de risa mirándose unos a otros. Al chino esta falta de respeto evidente hacia los usos textiles asiáticos le ofendió sobremanera, pero se tuvo que tragar su rabia y ahogarla en alcohol. A partir de ese momento le entró el nerviosismo y cuando se pone así no se le entiende lo que habla así que decidimos terminar las bebidas y volver a casa. El chino seguro que no quiere volver a aquel sitio pero para mí ha resultado muy interesante y lo incorporaré a mi tour de antros exóticos del poblacho en el que vivimos.