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  • Naciones Unidas y una vuelta alrededor de Manhattan con saludo a la Gran Dama

    16 de junio de 2008

    Si quieres leer el relato de este viaje a Nueva York desde el comienzo tendrá que viajar hacia atrás en el tiempo y comenzar por Saltando un océano en seis horas y media.

    El único día que había previsto mal tiempo procuré hacer algo que no nos forzara a estar en la calle. En The Weather Channel repetían cada cuatro minutos que iba a llover un montón en la zona y desde la undécima planta del hotel veía que todo el mundo caminaba con paraguas aunque no llovía. Como estábamos cerca de las Naciones Unidas, nos acercamos paseando por la Tercera Avenida para matar allí la mañana. En el camino vi una joyería en la que vendían relojes Tissot y como quería comprarme uno, entré a preguntar el precio. No tenían el que me gusta a mí y quedaron en pasarme la información en un par de horas. La dueña de la joyería y su empleado eran judíos, de esos como los que se ven en las películas, con sus ricitos y todo. Al llegar a Naciones Unidas pasamos el control fronterizo o de seguridad porque al entrar abandonas los Estados Unidos y estás en territorio internacional. La ubicación del complejo de edificios es fantástica, junto al agua y en medio de Manhattan. Teníamos que esperar un rato hasta que comenzara el tour en español y dedicamos ese tiempo a curiosear por la tienda y tomarnos un café. La gira te lleva por las diferentes salas de dicha organización, lugares que hemos visto miles de veces en las discusiones internacionales y en donde Nicole Kidman bordó su papel. Para mí era la segunda vez que visitaba el lugar y noté que el guía que nos tocó omitía un montón de información que había recibido en mi visita anterior así que me dediqué a completar dichas lagunas e ilustrar a mis padres en el asunto. Por culpa de la lluvia no habían izado las banderas en el exterior así que tendré que volver y espero que en mi tercera visita haya más suerte. Al andar por este edificio te das cuenta de lo necesitados que están de dinero. Las instalaciones están avejentadas, los sistemas de traducción son de la época en la que España ganaba en Eurovisión y la impresiónque te deja es de algo de abandono.

    Al acabar la visita el mal tiempo parecía haber desaparecido misteriosamente y un espléndido sol brillaba en el cielo azul intenso. Pasamos de nuevo por la joyería en donde me dijeron el precio del reloj y me pidieron que los llamara más tarde para decirme cuando lo podían tener y nos fuimos a almorzar al sótano de la Grand Central Station, sitio en el que tienes una miriada de diferentes lugares para comprar la comida que te gusta. Por la tarde, mientras mis padres se echaban la siesta yo tomé el metro hasta Fulton Street y paseé hasta South Street Seaport, al final de la Fulton Street, el lugar en donde durante más de ciento ochenta años estuvo el principal mercado de pescado de la ciudad. Ahora la zona es muy turística, con bares, restaurantes, un pequeño centro comercial a la vera del Manhattan Bridge, unas vistas alucinantes y entre los museos del lugar, la exhibición de Bodies (cuerpos), que era mi destino. Siempre he sentido una gran fascinación por ver esos cuerpos preservados de alguna manera y mostrando todos los secretos de nuestra máquina. Salí maravillado después de ver tendones, músculos, órganos, huesos, venas, arterias, tumores y demás. Una auténtica pasada si tienes el estómago suficiente y no te sientes incómodo por estar rodeado de decenas de cuerpos muertos y medio desollados.

    Volví a nuestro apartahotel y llamé a la joyería. El precio del reloj había cambiado y además tenía que pagarles el transporte desde el distribuidor hasta su local. Mandé al puto ladrón a la mierda y no lo llamé judío porque lo es en realidad y no lo estaría insultando. Salimos de nuevo a la calle y tomamos el autobús M42 para cruzar la isla de Manhattan hasta el otro lado por la calle 42, algo que sin tráfico posiblemente se puede hacer en un par de minutos pero que nos tomó casi una hora. Íbamos al Muelle 83 (Pier 83) para hacernos el crucero de dos horas nocturno (2 hours Harbor Lights Cruise). En el barco había más españoles que americanos. Saliendo desde la calle 42 daríamos toda la vuelta a Manhattan en dirección sur y subiríamos hasta las Naciones Unidas para dar la vuelta y regresar. El guía nos iba explicando los edificios y algo de la historia de esta ciudad que creció de sur a norte y en donde hay tantos lugares que nos suenan. Pasamos cerca del Madison Square Garden, el muelle en el que debía atracar el Titanic y todos alucinaron con el enorme hueco que ha quedado después que un atajo de hijosdeputa terroristas musulmanes de mierda destruyeran el World Trade Center. El silencio cuando miramos esa cicatriz que tratan de arreglar solo se ve interrumpido por el ruido de las cámaras. Al pasar al otro lado de Manhattan vimos desde el agua South Street Seaport, pasamos por debajo del majestuoso Brooklyn Bridge, puente que celebró tres días antes su cumpleaños número ciento veinticinco. A su lado la Watchtower de los testigos de Jehová, esa chusma que no se cansa de tocar a nuestras puertas para tocarnos las pelotas. El siguiente puente, el de Manhattan siempre tiene algún metro cruzándolo y ese lado de la ciudad, visto desde el agua, está lleno de parques y edificios de apartamentos. Después de un rato llegamos a la altura de las Naciones Unidas y pudimos disfrutar con los edificios desde el agua. Al girar el barco la temperatura descendió como diez grados y casi todo el mundo salió a escape para el interior, incluyendo a mis padres. En la ruta de vuelta comenzaba a oscurecer y la ciudad se llenaba de luz, cambiaba su aspecto y cobraba aún más vida. Los puentes se tornaban mágicos y tras pasarlos enfilamos hacia la Isla de la LIbertad en donde pudimos saludar a la Primera Dama, esa preciosidad que da la bienvenida a aquellos que llegan por barco. Siempre siento escalofríos cuando la veo.

    Pasé un frío de morirse pero me mantuve en cubierta y me harté a hacer fotos. Al llegar, salimos acompañados de un montón de españoles y volvimos a tomar el autobús M42, aunque en esta ocasión nos bajamos en Times Square para ver el Centro del Universo de noche, con todas esas pantallas encendidas, ese derroche de luz y la animación del lugar. No he visto ningún otro rincón de una ciudad con tal capacidad para sorprenderte y asombrarte. Estábamos cansados así que optamos por comprarnos unas porciones de pizza que eran como pizzas medianas completas en Europa y ahí lo dejamos por el día.

    El relato continúa en La Estatua de la Libertad, Ellis Island y Lower Manhattan

  • La semana pasada en Distorsiones

    16 de junio de 2008

    Como sé que muchos de mis amigos que leen esto no pasan del primer párrafo, os recuerdo que estaré en Gran Canaria la semana que viene para la celebración de la noche de San Juan. Serán las últimas vacaciones antes del verano y ya veremos lo que depara el otoño y el invierno, ya que me quedan cuatro semanas para gastar.

    En estos días he procurado ir escribiendo mi diario de New York 2008. Comenzamos con Saltando un océano en seis horas y media, seguimos con Dos primeros días para disfrutar con la familia y lo dejamos en Más compras y escalando a la cima de la ciudad de noche y de día. Intentaré continuarlo esta semana, aunque entre fiestas, borracheras, trabajo y cine no sé si será posible. En Holanda se celebran con locura los éxitos de su selección y ni os imagináis como están las calles, cubiertas de color naranja por todos lados con banderas y muñecos de todo tipo que regalan los supermercados. Igual uno de estos días pongo algunas fotos de la locura que se vive.

    En estos días tan laxos, las fotos son del Club de las 500. Primero vimos a esas fantásticas Chochas del martes en el club de las 500, después una vista aérea de La Rambla de Barcelona en el Club de las 500 y pudimos ver Fantasmas en el club de las 500. En una semana tan variada, lo siguiente fueron Orquídeas y conjuntos de Mandelbrot en el Club de las 500 y terminamos con una espectacular vista del Empire State Building iluminado en el Club de las 500. Para esta semana aún no lo tengo decidido pero es probable que veamos fotos de la Haya o de algún otro lugar de Holanda.

    He visto un montón de Cine. Me encantó Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull – Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, y me sorprendió la película argentina El camino de San Diego. Finalmente, debo ser uno de los pocos que creen que The Happening – El incidente está muy bien hecha y merece la pena.

  • The Happening – El incidente

    15 de junio de 2008

    Hay un tipo de cine que ha desaparecido completamente, devorado por las grandes superproducciones y aplastado por el cine de autor. Es el cine de serie B, aquellas películas que llegaban a los cines de sesiones dobles con títulos espectaculares, posters increíbles y unas tramas absurdas que encantaban a los espectadores. Solían ser películas de poco presupuesto que recuperaban su inversión y nos hacían pasar unos ratos muy buenos. En ellas raramente había una estrella y era el tipo de películas de las que uno hablaba con los amigotes al salir del cine y se olvidaban bien pronto. La gente joven no conoce ese tipo de cine y me temo que serán incapaces de apreciar la ironía y el cachondeo que hay en The Happening, película que en España se llama El incidente y que bebe directamente de las fuentes del cine de serie B.

    Unos julays las pasan putas por culpa de las malas hierbas

    En este tipo de películas no hay espacio para desarrollar la introducción. Hay que dar un buen pepinazo de salida y a partir de ahí seguir siempre hacia arriba, cada vez a más. Arrancamos en Central Park, en Nueva York y de repente la gente que camina por el parque se queda parada y algunos comienzan a suicidarse. Es un momento terrible y a partir de aquí, esto se irá extendiendo como la peste. Alguien se saca una explicación y pronto nos vemos siguiendo al protagonista a su familia en su odisea por escapar y salvar la vida. En el camino irán quedando más y más muertos y la cosa se irá complicando hasta el final.

    Mark Wahlberg borda el papel de profesor de ciencia desbordado por lo que sucede y que intenta desesperadamente salvar a su mujer y a la hija de un amigo. Duda en ocasiones y actúa por impulso y en todo momento parece no estar en control de la situación, lo cual le viene perfecto a la historia. El director, M. Night Shyamalan vuelve a la senda del cine interesante después de los dos últimos pallufos que ha dirigido. Consigue llevar a buen puerto esta historia totalmente absurda en la que se mezcla el calentamiento global, la destrucción de la tierra y un montón de teorías para extraer de ese saco una pequeña y modesta película que salta del gore al terror sin ningún escrúpulo.

    Imagino que mucha gente no llegará a comprender la historia y echarán pestes pero lo cierto es que es una buenísima película de serie B que se puede ir a ver con los amigotes y pasar un buen rato sin más, porque de eso es de lo que se trata.

  • El camino de San Diego

    15 de junio de 2008

    Este año pensaba ver cerca de diez películas en el Festival de Cine Latinoamericano de Utrecht y al final se quedaron en tres. La culpa fue de la ola de buen tiempo que tuvimos, con temperaturas superiores a los veinticinco grados y que te hacen cancelarlo todo y tirarte al jardín y a las terrazas a disfrutar, porque aquí, en Holanda, no sabemos si ese será todo el verano que tendremos y experiencias de años anteriores nos recuerdan que Julio y Agosto pueden ser meses de temporada de lluvias sin fin. A esto se añadió que en la filmoteca no tienen aire acondicionado y aquello es un infierno sin ventanas. El día del cierre del festival la temperatura estaba en los veintipocos y después de mi ración de sol y cerveza fui a la última sesión para ver una película. Entre las tres que se podían elegir me quedé con El camino de San Diego, una que tenía en mi lista original.

    Un julay de las provincias del interior tiene una suerte del quince

    Esta es una historia sencilla. Un tipo de la provincia de Misiones, devoto fan de Maradona, se entera que está ingresado y se lanza a la carretera para ir al hospital en donde se encuentra y llevarle un regalo. En su viaje conocerá un montón de gente maravillosa que lo irá ayudando y aquello que parece un imposible se vuelve una realidad.

    El joven encuentra un día un tronco que parece tener la forma de Maradona con los brazos alzados al cielo y ve esto como una señal divina. Cuando Maradona está ingresado, decide que tiene que llevarle la talla y regalársela a su ídolo. Con poquísimo dinero y una cámara de fotos viejísima y sin carrete, se lanza al camino y comenzará su largo viaje hacia Buenos Aires. Cada una de las personas que se encuentra es una pequeña y preciosa historia que disfrutamos como la buena cerveza, en sorbitos cortos y distanciados. Los muros infranqueables que se encuentra van cayendo uno tras otro y más y más gente lo ayuda para que pueda cumplir su sueño. Entre todos los que le ayudan destaca un conductor de camiones brasileño que pese a considerar a Maradona poco menos que la encarnación del maligno, terminará por creer también que hay algo mágico en esa figura de madera en la que muchos no ven al astro argentino. El espectador disfruta con todas estas gentes sencillas y generosas que entregan su amistad a un desconocido de una manera completa y sin condiciones. Para cuando la película está acabando, te sientes lleno de energía positiva.

    Un excelente guión, una dirección bastante inteligente y que aprovecha exquisitamente los pocos medios que tienen y un protagonista que se deja querer desde el primer segundo que aparece en pantalla. Imagino que es casi imposible verla en un cine pero si tenéis la ocasión de pillarla en DVD o en la tele, no dejéis de verla.
    9artuditos

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