En la Plaza de San Martín, en Segovia, encontramos la Iglesia de San Martín, un buen ejemplo del románico segoviano. Tiene un precioso atrio que se puede ver en la foto con arcos de medio punto. En esta misma plaza hay otros edificios con solera. La estatua es de Juan Bravo, hombre que tuvo un papel importante en la Guerra de las Comunidades de Castilla.
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Una cagada legendaria
Si fuera un intelectual o una persona sensible recordaría grandes momentos de mi vida en los que pasé horas mirando un pétalo desplegarse al cielo o una puesta de sol con unos colores tan hermosos que no podía parar de llorar. Por suerte no nací con ese defecto y recuerdo más bien momentos de supremo placer a los que llegué después de uno o varios pecados.
Uno de ellos se gestó en Málaga. El día antes de volver a Holanda mis amigos malagueños organizaron un almuerzo para festejar el advenimiento del Elegido o sea, un servidor. No todos los días se puede compartir mesa y mantel con uno de los Grandes Príncipes de la Blogosfera, adulado autor y bellísima persona. El sitio escogido para el convite era uno de los restaurantes que están a las afueras de la ciudad de Málaga, en la montaña. En España ya se sabe que es tradicional eso de ir a sitios básicos en el campo para comer los domingos y encochinarse hasta morir. Llegamos a la hora prevista y el lugar estaba abarrotado. Mi amigo Sergio se encargó de pedir pitanza para doce personas y en cuestión de segundos comenzaron a desfilar una cantidad impensable de platos, cada uno más delicioso que el anterior. Este flujo de comida en cantidades abusivas continuó durante más de una hora y Yo no podía dejar de comer, seguía echando carnaza al buche e ignoraba los mensajes de piedad y misericordia que mandaba mi estómago. Para cuando llegamos a los postres pensaba que me moría pero por si acaso seguí hincando el diente a todo lo que caía en la mesa.
Después del banquete pasamos por la casa que tienen los malagueños en el campo, muy cerca del lugar en el que vive últimamente el novio de la Panto y nos tomamos un café. Yo sudaba y sudaba y sentía que había pasado de cero a nueve meses de embarazo en menos de noventa minutos. Tenía fatigas, molestias de columna, vientre elefantiasico y antojos de todo tipo. Al volver a la ciudad mi amigo Sergio eligió la ruta de las curvas y yo me veía abortando allí mismo. Le pedí piedad y clemencia para poder ver la luz del siguiente amanecer.
Tras volver a su casa estábamos tan mal que la mujer de Sergio, Evelyner (la cual comenta de cuando en cuando y es Patrocinadora oficial de esta bitácora) y un servidor decidimos irnos a caminar. Estuvimos más de dos horas en ruta, desde Benalmádena Costa hasta Torremolinos, pasito a pasito, sin descanso, intentando que los vientres redujeran su volumen. La mañana siguiente volvía a Holanda y aún seguía encochinado. Intenté soltar la semillita en el aeropuerto, que para algo pagamos las tasas, pero no estaba de Dios y la cosa no quería salir. Todos sabemos que lo peor que le puede pasar a uno es viajar con equipaje de vientre porque la compresión y descompresión son mortales de necesidad para estas cosas. No hay más que ver la cara de amargadas que se les pone a las azafatas después de cien años de servicio para saberlo. Al subir a los once mil metros de rigor, un pálpito constante hacía que la gota que siempre llevo en el labio superior estuviera a punto de caer. El aterrizaje fue toda una pesadilla y nada más tomar tierra pensé en plantar el arbolito en Schiphol, ese otro aeropuerto en el que había pagado un montón de dinero por tasas, pero las ganas me fallaron y tuve que desistir. Ese día no hacía más que pensar y pensar en obrar y el sistema se negaba a colaborar. Mi barriga estaba firma y dura como la de cualquier bujarrón metrosexual de mierda que va al gimnasio varias veces por semana solo que en lugar de un estómago plano y glorioso tenía un tripón de mellizos por lo menos.
Me acosté y la mañana del martes al levantarme supe que había llegado la hora. Estaba a punto de romper las aguas, los mares, los océanos e incluso el Universo. Salí de la cama a cuatro patas para mantener el eje gravitatorio bajo y de esa guisa avancé hacia el baño. Al llegar al trono me encaramé como pude y me senté. Llené los pulmones de aire, crucé los dedos y mientras una pequeña lágrima de despedida y placer obsceno caía por mi mejilla invoqué los Poderes Supremos y desaté el Infierno más absoluto.
Algo comenzó a descender, algo horripilante y de proporciones dantescas, comprimido y descomprimido por culpa del viaje en avión, aplastado por el peso de varios kilos de comida y macerado durante cerca de cuarenta horas. ¡Estaba vivo! Milímetro a milímetro buscaba la luz, seguía el camino como todos aquellos que en su momento final andan por el túnel que nos lleva al más pa’yá y parecía saber que al final estaba la recompensa, la libertad, el Gran Viaje que lo llevaría a una aventura grandiosa.
Antes de darme cuenta parecía que estaba lapidando el retrete, caía piedra tras piedra y no parecía tener fin. Yo sudaba copiosamente y miraba el tiempo pasar mientras el volumen de agua desplazado en el baño aumentaba y mi sistema digestivo crujía por el esfuerzo al que estaba siendo sometido. Fue un parto múltiple, agonizante y cuando acabé estaban tan cansado que hasta sopesé el llamar a la empresa y decirles que estaba enfermo y que no podía acudir.
En mi escala de Grandes Cagadas esta se ha colocado directamente en el podio que da derecho a medalla, no consiguió el oro pero ha quedado cerca. Tuve que bajar la cisterna tres veces para que el retrete quedara operativo nuevamente y ese día cuando caminaba parecía que flotaba de lo ligero que iba. Es por estos grandes momentos por los que uno vive, estos instantes que recordamos para siempre.
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Las dos semanas pasadas en Distorsiones
Después de la La conexión Malagueña, volvemos al ritmo habitual de resúmenes. Este invierno descafeinado parece estar animándose en la recta final y por fin tenemos las temperaturas que se esperan de la época más fría del año, al menos por Holanda. No hay nada más saludable que ir a trabajar en bicicleta con cuatro grados bajo cero. Te despierta completamente y aclara las ideas de una forma increíble. Aquellos que siguen mi vida viajera con asiduidad y viven en Gran Canaria deberían prepararse para mi próxima visita, la cual creo que tendrá lugar alrededor de la segunda semana de marzo. Hace un par de semanas estuve Paseando por la ciudad de Brujas y aproveché para hacer cientos de fotos de las que algunas complementaron mi selección. Del viaje a Málaga también tuvimos Vuela y Punto con The Vueling Stones y a menos que se creen nuevos destinos desde España a Holanda, creo que mis visitas a ciudades de la Tierra Madre han concluido. Ya sabéis que a ratos me pongo algo meloso y de uno de esos momentos surgió Los colores de mi vida en donde celebramos mi nueva y fascinante lámpara LivingColors. En Mitos caídos reflexioné sobre mi trabajo con los nipones y esa forma tan peculiar que tienen de ver el mundo.
Ya sabéis que como espectador del Folclore Nórdico, suelo hacer alguna foto de cuando en cuando de cosas que me llaman la atención y que no suceden en mi mundo anterior y las comento. Las costumbres de cada país son distintas y en este algunas chocan bastante. En esta ocasión celebramos con un compañero de trabajo Un cuarto de siglo currando y alucinamos en colores.
Dada la proximidad de los Oscars, he intensificado la frecuencia con la que acudo al Cine y en estas dos semanas tuvimos la sosa Elizabeth: The Golden Age – Elizabeth: la edad de oro, la excelente Away from Her – Lejos de ella, todo un clásico llamado Gone Baby Gone – Adiós pequeña adiós y en esta sucesión de dramones, uno más de un padre que pierde a su hijo llamado In the Valley of Elah – En el valle de Elah y un musical de Tim Burton llamado Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street – Sweeney Todd. El barbero diabólico de la calle Fleet. Seguramente antes del domingo pondré algunas películas más para liquidar todo este cine pre-Oscars.
Hemos seguido viendo Fotos de Brujas y la serie se completó con Begijnhof, Brugse Vrije, Burg y ciudad desde el Belfort, Plaza del Burg, Onze-Lieve-Vrouwekerk, Sint-Salvatorskathedraal y Onze-Lieve-Vrouwekerk desde el Belfort y Belfort desde Rozenhoedkaai. Todas estas fotos han acabado siendo agrupadas en el Álbum de fotos de Brujas y tras visitar esa increíble ciudad descansamos un par de días con El Club de las 500, al cual entraron un precioso Campo de tulipanes rojos en el club de las 500 y Dispensador de incienso en el Club de las 500. Por si fuera poco ahora estamos en Segovia y las primeras fotos han sido Acueducto de Segovia, Puente del acueducto y Diputación Provincial. Seguiremos en Segovia durante al menos dos semanas y después Dios dirá.
Tras una ausencia notable, los Desvaríos vuelven a casa y lo hacen de la mano de mi amigo El chino y su increíble y distorsionado universo. Primero fuimos con él a la Chimbolsa, después contuvimos la respiración y vivimos de primera mano su AcChidente y finalmente lo pasamos fatal con el ChinRobo.
Esto ha sido todo. Ya sabéis lo que hay que hacer.
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Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street – Sweeney Todd. El barbero diabólico de la calle Fleet
Yo soy de los que se emocionan y celebran los estrenos de las películas de Tim Burtonporque de siempre lo he considerado un maestro. He crecido viendo su cine y pese a algunos desengaños, sigo fascinado por su universo visual y ese aire tan familiar que hay en sus películas. Será porque uno es friki y le gusta que alguien nos trate como a seres inhumanos y no se ría de nuestro reverso zarrapastroso o puede que solo sea porque hay colores brillantes en sus películas y siempre salen los mismos actores. El hecho es que se ha estrenado Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street y he corrido al cine para ver este musical que en España se ha llamado Sweeney Todd. El barbero diabólico de la calle Fleet.
Un julay metrosexualiza a todo el polígono
No quiero ni pensar lo que debe ser el ver esta película doblada al castellano. ¡Es un musical! O sea, un lolailo va andando por la calle y ve una paba de buen ver. Le lanza una completa [cabeza a piernas] y un segundo después arranca a cantar con la gente que anda por el villorrio participando del evento. No hay mucho baile pero esto debería daros una idea de lo que os encontraréis. En la primera canción se fueron como diez personas de la sala. En la segunda, cinco más y a partir de ahí solo quedamos aquellos que tenemos la suficiente capacidad de abstracción y podemos disfrutar con estas cosas. Para los que no lo sepan, la razón última de haber hecho un musical es que se inspira en uno de Broadway. Una vez superas el shock, tenemos el universo completo de Tim Burton
, la lugubridad de sus decorados, su fascinación por lo exótico, las pullas contundentes y los frecuentes guiños a los espectadores para que disfruten de la película y se sientan parte de la misma. Lo ayudan sus amigos Johnny Depp
y Helena Bonham Carter
y la sensación de esta película, que no es otro que Alan Rickman
, hombre que conocemos en todo el universo como el profesor Severus Snape, el malvado que hace la vida imposible a Harry y amigos y que sabe cantar. Esta es la noticia del milenio, todos ellos cantan y lo hacen bien. La historia es entretenida y fascinante y al mismo tiempo se aleja un poco de tanta corrección y respeto por las formas y nos regala un buen baño de sangre y sadismo que roza en algunos momentos el Gore. Mi único pero es que las canciones no son pegadizas, salvo una y no conectas con ellas ni las recuerdas al salir de la película, algo que si se produce en otros musicales que he visto en los últimos dos años. La trama nos cuenta la historia de un hombre que fue enviado a prisión durante una purriada de años sin motivo aparente, solo porque un juez quería echarle un kiki a su señora esposa y al salir en libertad retorna a la ciudad para vengarse y acabar con todos los que se la jugaron. Se juntará con una mujer que tiene aún menos escrúpulos que él y entre ambos montan la marimorena en el lugar.
Si te gusta el cine de este director y no te repelen los musicales, seguro que pasarás un buen rato. Si lo tuyo es más el rollo de descerebradas come-nabos que malamente saben hablar y que siempre llevan un teléfono móvil en la mano, entonces mejor te ahorras el dinero y te lo gastas en pienso para la Orca con la que te revuelcas.


