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Distorsiones

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  • Postal del Keukenhof

    16 de junio de 2007
    Molino de viento y campo de tulipanes

    Molino de viento y campo de tulipanes, originally uploaded by sulaco_rm.

    Este año he creado una nueva categoría llamada Keukenhof para poder encontrar las fotos que pongo del parque más fácilmente. Cuando estás a punto de superar las dos mil anotaciones se hace necesario el organizar las cosas o te toma demasiado tiempo encontrar aquello que buscas y a mi personalmente me encanta enlazar cosas anteriores y abrir caminos que algunas personas exploran. Para representar esa nueva categoría he elegido esta postal (en lugar del tradicional tulipán). En ella podéis ver el molino de viento que hay dentro del Keukenhof, los campos de tulipanes que lo rodean y que abusan de las retinas de aquellos que osan mirarlos, la gente que lo recorre durante las seis semanas que abren, el verde holandés que lo cubre todo, ese cielo azul moteado de jirones blancos y el agua, que no podéis ver pero que está ahí, justo al frente y detrás del molino, adecuadamente canalizada para permitirnos visitar esta joya que en cualquier otro universo estaría recubierta por tres metros de agua.

    Hay más información sobre Holanda en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de molinos de viento

    Technorati Tags: Keukenhof

  • Pollo al vino blanco

    15 de junio de 2007

    Hoy nos toca otra receta extremadamente sencilla de hacer y que siempre resulta sabrosa. Procede de las que he copiado a mi madre y he adoptado en mi cocina. Incluso la persona más incapaz puede realizar esta receta sin mayores problemas. No hay complicadas fórmulas, ni ingredientes sofisticados y tampoco se tarda mucho en preparar. Es ideal para esos días en los que estás desganado y no te apetece complicarte en demasía. Aunque le sientan perfectamente bien unas papas fritas yo prefiero acompañarlo de arroz blanco.

    Lo que más me gusta de cocinar es el ver como a partir de una serie de ingredientes se puede construir algo delicioso que un poco más tarde te puedes comer. Mientras lo preparas la cocina se llena de olores fascinantes y de los calderos surgen vapores mágicos que culminarán en el plato que estamos preparando. Esa es la magia de cocinar, relaja un montón y nos permite centrarnos en tareas sencillas y efectivas. Hay un pequeño pecado mientras estás cocinando y es que tiendes a picotear, pruebas esto o aquello, te comes esas almendras que han sobrado o los restos de salsa boloñesa para la bechamel pero seguro que es un pecado venial.

    Pongámonos el delantal y comencemos a cocinar.

    Los Ingredientes: medio kilo de pechugas de pollo, 1 cebolla, aceite de oliva, vino blanco y un sobre de salsa a la pimienta o de champiñones. Estos sobres se pueden conseguir en cualquier supermercado. Podéis probar con otros y seguro que obtendréis combinaciones curiosas de sabor. Para el vino blanco puede ser cualquier vino de mesa. Mi regla es de unos doscientos gramos de pollo por persona y en este caso la receta está calculada para dos.

    La implementación: Lo primero es empanar el pollo con el contenido del sobre de salsa (ya sea el sobre de salsa de champiñones o el de salsa a la pimienta) y lo ponéis a reposar un poco. A mí me gusta cortar las pechugas de pollo en cuatro o cinco trozos pero se pueden dejar enteras si os gustan más así. Después de un rato poned un caldero al fuego con aceite y freír el pollo, aunque no demasiado. Una vez frito, separar y freír en el mismo aceite la cebolla cortada en juliana hasta que se quede borrachilla. En alguna ocasión pongo la cebolla entera y también funciona pero por lo general la prefiero cortada. Cuando la cebolla esté borracha, añadir el pollo y cubrir con vino blanco, subir el fuego al máximo hasta que hierva y después bajarlo y cocinar durante media hora o hasta que la salsa haya espesado. No hace falta sal. Servir acompañado de arroz blanco o con unas papas fritas.

    Si quieres ver otras recetas que he cocinado puedes ir al índice de Mi pequeño libro de recetas de cocina y allí tienes la lista completa

  • Tulipán Grandes Historias

    15 de junio de 2007
    Tulipanes naranja desde el suelo

    En los inicios de esta bitácora traté de recuperar algunas de las historias que había ido escribiendo y enviando a los lectores de mi lista de distribución distorsiones. Lo de las categorías era algo nuevo y extraño y decidí que todas esas historias que reaparecían por aquí merecían el calificativo de Grandes Historias. Después he añadido alguna otra cosa que ha adquirido rango de leyenda y en el futuro espero sentarme un par de tardes, organizar esto un poco mejor y devolver el esplendor que nunca debieron perder a las Grandes Historias. Hasta que llegue ese día, hoy rebautizamos los tulipanes de la foto de hoy como Tulipán Grandes Historias y nos congratulamos porque se alzan felices hacia el cielo orgullosos de su belleza.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

  • Casi todos los caminos conducen a Roma

    14 de junio de 2007

    Lo mejor de viajar con puntos acumulados en una compañía aérea es que te dicen que el billete es gratis. Lo peor es que es mentira y que camuflan los costes con impuestos y tasas de aeropuertos. Mi viaje a Roma comenzó comprando mi billete con las decenas de miles de puntos que he ido acaparando durante los últimos años. La última vez que compré de esta forma, viajé de forma totalmente gratuita pero desde entonces ha llovido mucho y las aerolíneas nos ordeñan tanto como pueden. Para aprovechar mi viaje al máximo salía temprano en dirección a Roma y volvía por la noche. Resulta complicado encontrar medios de transporte cuando has de llegar al aeropuerto a las cinco de la mañana pero por suerte en Holanda tenemos algo que se llama taxi compartido y que se puede contratar directamente desde la página del aeropuerto de Schiphol. La idea es sencilla, el taxi recoge a varias personas y cada una paga un costo fijo por el servicio. Por lo general a mí me recogen el último o me dejan en casa en primer lugar, ya que estoy en la ruta de los taxis que van hacia el Sureste del país y siempre a alguno le pilla de paso.

    Un día antes de mi partida me llamó una amable señorita y me informó que el taxi estaría en mi puerta a las cuatro y media de la mañana. Con esa perspectiva, me levanté a las cuatro, me duché y cuando ya estaba listo vi las luces del taxi en la calle. Era un mini-bus y solo tenía un pasajero. A esa hora ya es de día y los pájaros que se han encariñado con el árbol que tengo en la parte delantera de mi casa gritaban a destajo. Espero que se les pase pronto la calentura o terminaré por cazarlos y cocinarlos al horno. A esa hora no hacía frío, es lo bueno del cambio climático que no está sucediendo, que los Países Bajos se han quedado con el clima del sur de Francia y a ellos les ha tocado el nuestro. En la carretera no había tráfico, íbamos por una autopista vacía con un conductor que respetaba los límites de velocidad. Según nos acercábamos al aeropuerto otros taxis se unían al nuestro, todos con el mismo destino.

    Al llegar me sorprendió la actividad que había en el interior. Un montón de gente hacía cola en los mostradores de facturación de las compañías que aún no se han enterado que estamos en el siglo veintiuno. Yo caminé a las pantallas de KLM e imprimí mi tarjeta de embarque usando mi tarjeta de puntos para identificarme. Me acerqué a un punto de recogida de equipaje y les di mi maleta. Después fui al control de seguridad y lo superé sin más problemas, después de quitarme todo lo habido y por haber de encima. Se me olvidó sacar los líquidos de la mochila pero o no los vieron o no les importó.

    Ya dentro del aeropuerto me llevé un disgusto terrible. En mi rincón favorito de Schiphol están montando un Starbucks, esa mierda de establecimientos que producen una basura de café y en el que los empleados han recibido órdenes de tratarte como si fueras retardado y tratar de colarte todo tipo de productos basura. Después de haber visto como se ha reproducido ese virus en Alemania imaginaba que tarde o temprano llegarían a Holanda pero esperaba que fuera más tarde. Para desayunar me había traído un par de Magdalenas que acompañé con un café. Después me acerqué a un baño y dejé mi contribución a las tasas de aeropuerto, es decir, jiñé. Ya que pago cuarenta euros por usar el recinto tres horas, procuro sacar el máximo partido.

    Me sobraba tiempo y estuve escribiendo en el aeropuerto. Gracias a que mi teléfono permite ser usado como módem bluetooth de mi portátil apple y a que la configuración es tan sencilla que la puede hacer hasta alguien tan torpe como yo, estuve revisando el correo y navegando un rato. El avión acumulaba media hora de retraso que aproveché de esa forma. Cuando nos llamaron para embarcar esperé a que todo el mundo hubiera pasado. La gente se vuelve loca por entrar en el avión como si les fueran a quitar el asiento. Jamás lo entenderé.

    El piloto nos explicó que el retraso era debido a niebla sobre el aeropuerto de Roma por culpa de la cual habían retrasado el aterrizaje media hora. A mi lado no se sentaba nadie y aproveché para echarme una cabezadita. Al despegar las azafatas pasaron con el desayuno, una cajita llena de delicias. Me sorprende que KLM vaya contracorriente y mientras otros reducen servicios y tratan a los pasajeros como borregos, ellos eliminan filas de asientos y cambian estos últimos para poner unos más cómodos y amplios y dan de comer en sus vuelos. Después de desayunar volví a dormirme. Me desperté mientras pasábamos sobre un montón de montañas por culpa de las turbulencias y volví a dormirme inmediatamente. Al comenzar las maniobras de aterrizaje me intenté fijar pero no vi la ciudad de Roma. Al llegar a tierra salí del avión y fui a recoger mi equipaje. Estábamos en la terminal tres del aeropuerto Leonardo da Vinci y la verdad, se ve un poco decrépita. También me sorprendió que dejan entrar dentro de la zona segura a la gente que está esperando grupos de turistas. Cada país es un mundo distinto en esto de la seguridad. Los italianos gritaban y movían las manos todo el tiempo. Después de encochinarme con el desayuno del avión sentía que tenía que soltar lastre y saqué nuevamente partido de las tasas de aeropuerto dejando un gran paquete en el aeropuerto. Lo peor de obrar después de volar es que tienes las tripas llenas de aire de tanta compresión y descompresión y en mi caso hago ruidos como si fuera una sopladera. Había un tipo limpiando el suelo del baño que tuvo que flipar con las corrientes tóxicas que salían del retrete en el que yo estaba.

    Mi amigo Kike llegaba una hora y media más tarde y visto que allí tenían buenos asientos, cambié mi plan de esperarlo fuera y eché raíces cerca de la cinta de recogida de equipaje número nueve. Para la ocasión tenía los tres últimos episodios de la serie que estoy viendo pero solo me pegué uno de ellos. Estuve haciendo Sudokus y mirando a la gente. Al rato de estar allí llegó un avión de la India y era fascinante ver a toda esa gente.

    A la hora a la que supuestamente teníamos que encontrarnos miré en las pantallas y no aparecía ningún vuelo procedente de Ginebra. Me acerqué al mostrador de información y la chica me informó que su avión llegaba por la terminal 2. En teoría debía salir porque no hay forma de cruzar entre terminales pero me explicó que si llegaba al final del edificio vería una puerta con un prohibido pasar salvo que seas personal del aeropuerto y si la cruzaba llegaría a la otra terminal. Lo hice. Nos saludamos y salimos buscando el tren que nos llevaría a la estación de Termini en Roma. El aeropuerto está más o menos bien señalizado y una vez encontramos la estación de tren buscamos una máquina para comprar el billete. El cacharro no aceptaba nuestras tarjetas de crédito y otro que sí lo hacía no permitía comprar el billete que queríamos pero tras un rato logramos solucionar el problema y fuimos al andén a esperar el tren. Allí olía a meados, se nota que la gente ignora los avisos para que no usen los baños del tren en las estaciones. Cuando el tren llegó y se vació entramos en un compartimiento. Los andenes son bajísimos y para subir al tren hay que escalar. La gente que tenía maletas grandes lo pasaba fatal y las ligeras de falda directamente te ponen el potorro en la cara si estás detrás de ella. Si has recibido la formación académica suficiente, en esos momentos aspiras hondo y puedes determinar sin ningún género de dudas la cosecha del mismo, el año en el que se estrenó. Como con el vino y con todas las cosas, unos años son mejores que otros.

    El viaje en tren toma alrededor de cuarenta minutos. Seguramente se podría hacer en veinte pero los italianos han preferido la aproximación tercermundista. Había momentos en los que alguien caminando iba más rápido que el tren y en aquellos instantes que galopábamos las vías a máxima velocidad dudo mucho que superáramos los ochenta kilómetros por hora. Tampoco es una forma bonita de ir hacia la ciudad, pasas por unos barrios que no lucen sus mejores galas. Algunos bloques de pisos están sobre las vías. En uno de ellos, lleno de balcones con antenas parabólicas, máquinas de aire acondicionado y ropa tendida, una señora a la que el tren de la belleza se la había escapado veinte años atrás alzó los brazos para coger algo que estaba en alto y nos obsequió con un primer plano horroroso de sus tetas caídas y caducadas.

    Al llegar a la estación buscamos la salida y caminamos los cien metros que separaban nuestro hostal de la estación Termini. Así comenzó nuestro viaje a Roma, la ciudad Eterna

    El relato de este viaje continúa en El día que vi el Coliseo y al Papa.

    Technorati Tags: Roma, viajes

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