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  • Tulipanes Sucesos Extraordinarios

    14 de junio de 2007
    Campo de tulipanes rosados

    Campo de tulipanes rosados, originally uploaded by sulaco_rm.

    De cuando en cuando ocurren eventos inesperados que merecen una atención especial. Para distinguir esos momentos especiales tenemos la categoría Sucesos Extraordinarios y que mejor que una foto única para recordar este grupo. Este campo de tulipanes rosados se conocerá en Distorsiones como tulipanes Sucesos Extraordinarios. Es una preciosa composición que al fondo parece un cuadro expresionista mientras que al frente nos sigue recordando que es una foto.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

  • Planta 33 – capítulo décimo

    13 de junio de 2007

    Este es la décima anotación de la historia Planta 33 que comenzó en Planta 33 – Capítulo primero.

    En el interior del ascensor olía a desinfectante, a esos productos que neutralizan olores con otros más fuertes. La luz del fluorescente parpadeaba creando luces y sombras que se alternaban a mi alrededor. El segundo botón estaba encendido y en muy poco tiempo el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron tan bruscamente como se habían cerrado. Me quedé mirando hacia afuera sin salir. Miré de nuevo hacia los controles del ascensor y vi que solo había doce plantas. Ni siquiera sabía si Jorge había desaparecido aquí. Pulsé el número doce y las puertas volvieron a cerrarse. El ascensor cogió velocidad. Los números se sucedían rápidamente y de alguna manera parecían cambiar en perfecta sincronía con los parpadeos de la luz. En mi bolsillo el teléfono vibró al recibir un mensaje. De forma instintiva metí la mano para sacarlo y mirar en la pantalla. Aborté el gesto cuando fui consciente del mismo. El ascensor estaba a punto de llegar a la planta doce. Al abrirse las puertas salí.

    Parecía una planta normal de un edificio de apartamentos. Nada extraño. Cerca del ascensor estaba la abertura para tirar la basura y el buzón de correos. Una puerta pequeña tenía una chapa que avisaba que estaba reservada para el personal de mantenimiento. El pasillo no estaba muy bien iluminado pero tampoco a oscuras. Busqué la puerta de la escalera y la abrí. Era de esas que una vez se cierra no te permite abrirla desde el otro lado así que antes de salir procuré buscar algo para trabarla. No había nada, salvo una papelera, la cual arrastré y bloqueé la puerta. Pulsé el interruptor para encender la luz y subí los escalones rápidamente. Las escaleras acababan en el siguiente tramo bloqueadas por una puerta con un candado. Allí no había más plantas. Recordé lo que me había dicho Jorge sobre el edificio y no cuadraba. Volví a la planta doce. Desde la puerta más cercana al ascensor un ojo me miraba a través de la mirilla. Lo podía ver moviéndose con curiosidad e incluso se escuchaba la respiración. Debía ser un anciano, alguien con los pulmones quemados por la edad y a quien le costaba empujar algo de aire allí dentro para mantener la maquinaria en funcionamiento. Volví al ascensor y en ese momento se abrió la puerta

    – Kto as mekl ? o algo parecido que no entendí en absoluto.
    – Perdón, no la he entendido, ¿qué ha dicho? ? Era una mujer mayor, muy mayor. Tenía un camisón viejo y sucio que le quedaba por encima de los tobillos. En su pelo se alternaban canas con rastros de viejos tintes y claros en los que directamente faltaba el pelo. Unas viejas gafas colgaban cansinamente de la enorme nariz y prevenían su caída con una cadena que rodeaba el cuello de la mujer. Me miró desconcertada durante unos momentos, como si estuviera procesando la información que le había suministrado.
    – ¿Qué hace aquí? ? me dijo en inglés con un fuerte acento. Debía ser rusa, como todo por esta zona. Aún no conseguía entender lo que había traído a Jorge a un sitio como este.
    – Nada, ya me iba. ? le dije sin entrar en detalles.
    – Le he visto subir por las escaleras y sé lo que busca. No lo haga. Váyase y no vuelva más ? la miré extrañado. No sabía a cuento de qué venía el discursito pero en cierta forma sonaba a advertencia.
    – ¿A qué se refiere? ¿Qué es lo que no debo hacer? ? dije. Ella me miró y por un instante vi en sus ojos lástima por mi.
    – Será mejor que no busque porque al final puede que acabe encontrando aquello que no desea ? me dijo con su acento extraño, arrastrando las palabras y remarcando las erres. Se dio la vuelta y sin decir nada más cerró la puerta de su casa.

    Me quedé boquiabierto. Esta sí que había sido una experiencia extraña. El ojo volvió a aparecer en la mirilla e inmediatamente se posó en mi. Me sentí incómodo y me di la vuelta para volver al ascensor. Entré y pulsé el botón del segundo piso. las puertas se cerraron. Yo miraba al frente y algo llamó mi atención. Por el rabillo del ojo juraría que había visto más botones en el ascensor, que las otras plantas existían. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y rápidamente miré hacia el panel de control en el que solo había doce plantas. Mantuve mis ojos fijos en los botones mientras bajaba. Ni siquiera parpadeé. Cuando alcanzamos la segunda planta y se abrió la puerta, salí sin dejar de mirar hacia los botones. La puerta se cerró y miré hacia el final del pasillo. Todo parecía normal. Era idéntico al de la planta doce. Mientras andaba miré todas las mirillas pero nadie parecía estar observándome. Llegué junto a la puerta y toqué el timbre.

    Fin de la Primera Parte

    Si quieres seguir leyendo, sigue hacia Planta 33 – capítulo undécimo

    Technorati Tags: Relatos

  • Tulipán Folclore Nórdico

    13 de junio de 2007
    Macro verde rosa y amarillo

    Macro verde rosa y amarillo, originally uploaded by sulaco_rm.

    A estas alturas de la película a ninguno de los que leen esta bitácora les debería sonar extraño que vivo en los Países Bajos, en la ciudad de Utrecht y trabajo en Hilversum. En el mismo corazón de Distorsiones, en el instante en que surgió, lo hizo para funcionar como el canal que transmitía mis vivencias en este país. Por eso la categoría Folclore Nórdico es tan importante ya que agrupa aquellas cosas que veo sobre los usos y costumbres en esta tierra que he elegido como mi hogar. La preciosidad de hoy será conocido en Distorsiones como Tulipán Folclore Nórdico.

    Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

  • Pensamientos sueltos al alba

    12 de junio de 2007

    Creo que esta anotación bate un récord personal. La he comenzado a escribir a las cinco y media de la mañana. Hora del lugar en el que me encuentro (jueves, aeropuerto de Schiphol) así que no cuenta cuando escribía en los Estados Unidos o en Omán. Está siendo una semana intensa. No solo he lidiado con el trabajo, el jardín y mi intensa vida social, también he tenido que sacar tiempo de donde no lo había para escribir todo el contenido de la bitácora de los siguientes cuatro días. Cuando leáis esto ya habréis podido comprobar la variedad y la poca calidad del mismo: una receta de cocina, dos películas, una foto de una china con paraguas, un nuevo capítulo de Planta 33, una nueva entrada en el Hembrario y seis fotos del Keukenhof. Ya ni siquiera me sorprende mi capacidad para arrejuntar palabras. El hábito está tan implantado que si no lo hago es como si me faltara alguna vitamina.

    Hoy he dormido solo tres horas. Por suerte o por desgracia me es imposible acostarme antes de la una de la mañana y como tenía que ir al aeropuerto me he levantado a las cuatro. Esta época del año es única. Tenemos un montón de luz, vivimos en el país de la claridad. A las cuatro y media ya es de día, puedes andar por ahí sin necesidad de la luna o de luces artificiales. La noche de verdad ha dejado de existir durante un tiempo. Me encanta. Es como si alguien se hubiera dejado encendida alguna luz en el cielo y nosotros no nos quejamos. Imagino que si vas hacia Suecia, Finlandia o Islandia debe ser aún más increíble. Antes de ayer cenaba en casa de mi amigo el Rubio y seguíamos la tertulia en el jardín hasta las once de la noche. Vimos una puesta de sol increíble sobre las nueve y media, con un sol que moría entre amarillos intensos y frente a nosotros una extensión infinita llena de vacas y ovejas, campos de hierba y canales. Una familia de patos cortaba las algas que se apelotonan perezosamente en el agua y creaban una nueva autopista efímera que seguro desaparecería en unas horas. Una pequeña serpiente hacía eses sobre esas mismas algas y de algún lugar surgió una diminuta rana que cogí en mi mano y me miraba entre preocupada y sorprendida esperando que no le hiciera daño. La acerqué a un lugar seguro y saltó para esconderse en la hierba. Es en esos momentos cuando termino por aceptar que amo este país y que no viviría en ningún otro lugar del mundo. Aquí están mis amigos y mi casa, esta es mi tierra.

    En realidad quería contar algo totalmente distinto pero por culpa de la falta de sueño y el madrugón que me he dado las cosas parecen ir a su aire. La semana pasada se me disparó el modo Cocinillas. Me la pasé cocinando y almacenando en el congelador. Cada día elegía algún plato, compraba los ingredientes y al volver a casa lo hacía. También me dio por producir Magdalenas a destajo. Todas las reuniones que tuvimos en la empresa y que yo presidía comenzaron con magdalenas. Se corrió la voz y el segundo día ya no canceló nadie. Aproveché para invitar a las secretarias, que son muy agradecidas y de alguna manera te devuelven el detalle. Todos coincidían en que me estoy superando y mi receta cada vez sabe mejor. Compré un chocolate que parece obrar milagros y además de chocolate les puse arándanos, que al cocinarse impregnan la masa y le dan un saborcillo sublime. Uno de los días llegué a mi casa a medianoche y antes de ir a la cama encendí el horno, preparé la masa y en menos de veinticinco minutos tenía mis doce magdalenas. Después me fui a dormir. Me paso la vida esperando que me echen pero como dice un compañero, como siga alimentando a los jefes y haciendo mi trabajo bien no voy a lograrlo. Mi problema es que no puedo hacer las cosas mal, no va conmigo.

    Ayer (o sea, el miércoles de la semana pasada) fue un buen día. Me deshice de las acciones que había comprado un mes antes y gané casi seiscientos euros. El Rubio y el Moreno no quisieron comprar cuando se los dije y ahora han tenido que rabiar y mirarme con envidia. Este año está resultando excelente en la bolsa. Llevo ganados más de dos mil euros. ?nicamente hay un punto negro en nuestra cartera y es una mierda de empresa farmaceútica que compramos hace más de año y medio. Se suponía que iban a ser la panacea universal y que nos bañaríamos en monedas de oro pero hasta el momento hemos perdido un treinta por ciento y seguimos esperando. Han desarrollado una medicina que puede curar una enfermedad que aqueja a VEINTE MIL personas en todo el mundo. Somos más de seis mil millones y esta compañía en lugar de buscar curas para algo más popular han elegido una de esas taras de las que nunca hemos oído hablar y que de cuando en cuando se asoman a algún programa de televisión con un padre pidiendo ayuda desesperadamente. El medicamento está terminado pero al parecer no han logrado la luz verde de las autoridades sanitarias norteamericanas y sin eso, es como si no existiera ya que no pueden comercializarlo. Cada dos o tres meses parece que ya lo van a conseguir pero no termina de llegar y mientras tanto nosotros seguimos viendo esa marca roja en nuestra cartera y no vemos el día de poder vender. Por si acaso, por si algún día sucede el milagro y yo estoy distraído escribiendo en mi bitácora o dándome la gran vida, he puesto una orden de venta sin fecha de caducidad por diez veces el valor que pagué por las acciones. Si se materializa, creo que estaré de juerga alrededor del mundo un par de meses dilapidando el dinero. Mientras tanto nos conformamos pensando en lo altruistas que somos tratando de ayudar a esa pequeña minoría. Para que después nos critiquen.

    Si tengo que elegir un momento de los días pasados, me quedo con el instante en el que corría con la hija de mi amigo el Rubio por su jardín persiguiendo a una pareja de patos mientras cinco metros más allá una vaca nos miraba con esas pestañas enormes y esos ojos que contienen tanta sabiduría. Seguro que ella debió pensar que estamos locos. Igual es así aunque no me importa ya que no hay quien nos quite lo bailado ??

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