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Distorsiones

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  • 5. La Carmen, hermana der Dani

    11 de julio de 2005

    El Dios de los buscadores me envía discípulos siguiendo misteriosos caminos aunque disfruta asignándome aquellos que para satisfacer sucios instintos buscan putillas y putonas en estos mares de la Internet. Habéis llegado a un lugar que se me antoja equivocado, queridos internautas pero os invito a que leáis esta historia desde su comienzo, lo cual os tomará vuestro tiempo y quizás logre arrancaros una carcajada. Tendréis que seguir los números: 1. Todos queremos ser como er Dani, 2. Conozcamos ar Dani, 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Para aquellos perezosos que han seguido esta historia por episodios, estamos en el bar con bingo al fondo y er Dani se dispone a contarnos una historia sobre su hermana, la Carmen, después de que esta tropezara con él tras la barra del bar.

    Cuando se recuperó del golpe que le arreó involuntariamente su hermana, la miró y comenzó a reirse mientras la señalaba. Balbuceaba algún tipo de frase que no llegábamos a comprender, algo relacionado con agua caliente. Ella, sin embargo, si que captó de qué iba la jugada y puso tierra de por medio. Se atrincheró lo más lejos que pudo der Dani, abochornada por algo o por alguien. Conseguimos que el hombre se tranquilizara y no tardó en contar la historia.

    Er Dani y familia viven en uno de esos pisos en los edificios que nos rodean, pisos con paredes de papel que te ayudan a convivir con tus vecinos, a los que escuchas con claridad en todos y cada uno de los momentos de su vida. En casa der Dani son un montón, entre hijos y padres. Perdí la cuenta del número de individuos pero se me antoja que más de cinco. La convivencia en una casa así no es fácil, con todos los vástagos chupando de la teta paterna y echándose al gaznate las comiditas de mamá.

    Esa tarde, antes de ir a trabajar ayudando al padre, la Carmen decidió darse una ducha. Cualquier mujer de envergadura media no tendría más problemas, pero estamos hablando de una chica que malamente cabe por el marco de una puerta, una chica que cuando se mueve consigue someter los cimientos de un edificio a tensiones jamás soñadas por los arquitectos. Así que ahí la tenemos, entrando en ese baño en el que ya no queda tapa para el retrete después de que una tarde la reventara con su peso mientras obraba leyendo el ¡Qué me dices! emocionada por el último de los rumores del Bustamante. La Carmen se quitó la ropa, liberando esos kilómetros de piel y tras inspirar profundamente se metió en lo que antiguamente había sido una bañera pero que tras años de abuso por parte de la chica se había convertido en un achaparrado plato de ducha, una chapa aplastada contra el suelo.

    Ese cuerpo desnudo y ansiando ser purificado se retorció al contacto con el fría agua. Al dar un pequeño brinco hizo temblar todo el edificio y su vecina, que estaba tomando el té de las cinco vio como su juego favorito de té caía al suelo. Dicha vecina nopudo hacer otra cosa que maldecir su suerte al haber comprado una casa junto a esta gente y se resignó cristianamente. La Carmen esperó pacientemente a que el agua se tornara tibia. Los segundos caían como estrellas fugaces y nada cambiaba. Despuésde lo que le pareció una eternidad comprendió que algo había sucedido. Cogió aire, lo que dada la ingente capacidad de sus pulmones supuso una gran corriente aspirada por su cuerpo y gritó: Paaaaaaaa, Paaaaaaa, enciende errrrr termo pa’ calentá eragua Fue esta frase o algo parecido, ya que mis dotes para entender la información suministrada por er Dani no estaban totalmente desarrolladas.

    Er Dani gesticulaba y se reía mientras lo contaba, señalando a su hermana que parecía estar disminuyendo por momentos, avergonzada por la historia. Todos los que estábamos en el bar observábamos fascinados como se desarrollaba el drama antes nuestros ojos. Después de otro ataque de risa volvió a repetir: Paaaaaaaa, Paaaaaaa, enciende el termo pa’ calentá el agua que estoy en la ducha y aún otra vez Paaaaaaaa, Paaaaaaa, calienta er agua que me estoy duchando. Yo espero que Dios me perdone algún día, pero me reí. Quiero que os pongáis en mi lugar y cerréis los ojos y os imaginéis la escena en aquel bar, con el bingo al fondo cantando números, con todos aquellos seres extraños rodeándome y aquel hombre sacado de algún lugar del inframundo contándonos la historia.

    Retornó al relato. La chica continuó gritando, pidiendo agua caliente mientras reventaba tímpanos por todo el edificio y todos los vecinos de esa torre y las cuatro circundantes eran conscientes de la necesidad de agua caliente para aquella hembra desnudae indefensa en esa ducha. Finalmente el padre reaccionó. El hombre, que hasta momentos antes había estado durmiendo la siesta vio como su sueño era interrumpido abruptamente por su hija, esa carne de su carne que se había multiplicado por millones de veces y que amenazaba con devorarlo todo. Se levantó de la cama con un humor de perros, ese que sólo podréis comprender aquellos que hayan estado en una situación parecida. A gritos respondió a su hija, unos gritos que cruzaron a la velocidad del sonido el espacio distribuyendo la buena nueva: Agua caliente, agua caliente hijaputa, espera que voy ahí y te voy a calentá a hostias cabrona y dicho y hecho, se escucharon por todo el edificio los pasos del hombre que acudía hacia el baño a ajustar cuentas.

    El desesperado mensaje que se escuchó a continuación marcó las pesadillas de los niños de aquel barrio durante meses: Paaaá, nooooo, Paaaaá, enciende el termo que el agua está fría y la rápida respuesta, cada vez más cercana: Te voy a calentar los huesos hijaputa que me has dejado sin siesta. Vas a veeeeé y el contraataque rápido de aquel paquidermo sabedor de su mala suerte: Nooooooo Paaaaá, Nooooooo

    La puerta se abrió de golpe y el hombre avanzó con paso firme hacia su aplastada bañera. De un manotazo apartó la cortina y en auténtico sonido digital con decenas de canales de audio, se pudo escuchar el manotazo al tiempo que ambas voces gritaban: Noooooooo Paaaaá, Toma agua caliente hija puta, No me pegues Paaaaaaá, Toma pa’ que te calientes, Paaaaaaá por favoooooooó, Tomaaaaaaa, Paraaaaa Paaaaá, Tomaaaaaa

    En este punto er Dani interrumpió la narración. Las lágrimas me caían por los ojos y el resto de la clientela gritaba y se reía a carcajadas, señalando hacia aquella pobre desgraciada y gritándole: Nooooo, Paaaaá, Nooooo. La chica trató de aparentar que nada sucedía, pero la vergüenza la cubría de arriba a abajo. Er Dani se volvió satisfecho hacia nosotros, con su botella de whisky en la mano y volvió a agitarla en el aire en plan victorioso.

    Es aquí, entre dos historias, cuando estamos a punto de asistir a uno de los momentos más surrealistas de la noche, donde detenemos la narración y nos quedamos a la espera del próximo episodio, aquel llamado Er Dani y la metrosexualidad

  • La semana pasada en Distorsiones

    11 de julio de 2005

    Durante esta semana pasada vimos en esta página lo que piensa Kike sobre sulaco en un Suceso extraordinario que sacudió mi mundo. Fue en  Kike escribe sobre Sulaco. Aún espero que más gente escriba algo. Por ahora tengo otro texto y después Dios proveerá. Por alguna razón no he puesto nada sobre Cine, lo cual se me antoja extraño en una semana que he ido al menos dos veces y cuando aún tengo que hablar de tres películas que he visto. En fin. De lo que sí hablé fue de Literatura en The Chamber – Cámara de gas.

    La serie de Fotos matinales estuvo en esta ocasión dedicada a los molinos de viento con Molino de viento De Eendracht en Weesp, Molino de viento De Vriendschap en Weesp, Molino de viento van Piet en Alkmaar, Molino De Kat en Zaanse Schans y Molinos De Huisman y De Gekroonde Poelenburg. Como veis, bastantes molinos. Aún me quedan unos cuantos que seguirán apareciendo esta semana. En mi diario hubo momentos antológicos de Mi mundo como Despelléjame otra vez y Pensamientos sueltos.

    La antológica serie de Desvaríos ha continuado con Secretos y mentiras  y dos nuevos episodios de la serie der Dani. En esta ocasión hemos tenido los siguientes capítulos: 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Para los despistados he renombrado cada uno de los pequeños episodios que componen esta serie y les he puesto un número, de forma que puedan seguir el orden fácilmente. Hasta ahora tenemos:
    1. Todos queremos ser como er Dani
    2. Conozcamos ar Dani
    3. Lugareños der Dani
    4. Conocidos der Dani

    Y esto fue todo por Distorsiones. Como siempre, acabo recordándoos los enlaces a las páginas en las que podéis encontrar los regalos que me gustaría recibir. Puesto que es el quinto aniversario, es un momento perfecto para que os rasquéis el bolsillo:
    – Wishlist en Amazon UK
    – Wishlist en Amazon USA

  • Secretos y mentiras

    10 de julio de 2005

    Las últimas dos semanas el turco ha estado distante y zorrudo, un comportamiento poco habitual en él. La semana pasada, cuando nos vimos para ir al cine y empaparnos de efectos especiales en la guerra de los mundos se mostró esquivo y nada más terminar la película se quiso marchar a casa, algo muy extraño en alguien que adora tomar cervecillas en Rembrandplein, rodeados del chocherío británico habitual.

    El pensamiento cruzó mi cabeza pero dadas mis notorias carencias neuronales voló a otra parte, entretenido como estuve reconstruyendo mi bitácora. Durante la semana caí en la cuenta que el cumpleaños del turco debía haber sido uno de estos días pasados y tras un breve intercambio de correos, quedó claro que había sido el domingo pasado. Al principio imaginé que el cruce de la barrera de los treinta años lo había traumatizado. Son muchos los que de repente se ven viejos, perdidos y en el lodo de la treintena. Ya he visto anteriormente como amigos hechos y derechos se echan a temblar cuando el implacable tiempo los obliga a reconocer que su primer dígito es un tres. Y ya ni os cuento del que cumplió cuarenta el otro día. Ese está que vive sin vivir en sí.

    Volviendo al turco, pensé que era lo del cumpleaños y decidí no darle más importancia. Aún tengo que comprarle algo pero me da pereza ir al Sex Shop de al lado de mi casa y no termino de decidirme entre la muñeca Ramona la chochona o el coño de Eva la beba. Antes de que empecemos a criticar, deciros que él a mí me regaló un almanaque Kinky, que asusta a la gente que entra a mi casa, con esas putillas haciendo guarradas. Ahora mismo me inspiro mirando a la chica de Julio, un arretranco que se está quitando el polvo del coño con un plumero mientras con la otra mano fuma un cigarrillo y tiene unas botas que no sé como demonios se las ha podido meter. Así que el sábado cuando nos encontramos lo sigo notando cabizbajo y le pregunto si es la crisis de los treinta, la misma que lo ha obligado a apuntarse a clases de tenis, a clases de remo y a todo lo que huele a deporte para sentirse joven, que el pobre se pega los domingos entre terribles dolores producto de su fiebre deportiva de los sábados. El turco lo niega y puesto que no tengo otra alternativa, lo siento en una terraza a ver chochas y tomar cerveza, algo que siempre lo vuelve locuaz. Me costó tres cervezas averiguar la causa.

    Primero me confesó que ha dejado de escribir su bitácora en turco. La gente se cree que esto de escribir es fácil y no es así. Hay que tener voluntad y constancia. Hay que exprimirse la única neurona funcional que tenemos para arrancarle unos cientos de palabras con algo de cordura. Hay días que no sabes que poner y el pánico recorre tu cuerpo y no sabes que hacer, como escapar a la hecatombe. Estas profundas líneas de pensamiento no se pueden aplicar al turco, que dudo mucho que haya podido desarrollar estos miedos con un mes de bitacoreo a sus espaldas. Sigo tirándole de la lengua y finalmente llegamos al meollo de la cuestión.

    El turco visita sitios porno en Internet. Entra en sitios a ver fotos de tías desnudas, masturbándose (las tías se sobreentiende), recibiendo grandes dosis de lefa en sus caras. El pobre estaba totalmente avergonzado mientras lo contaba, sabedor de que mi vida es un libro abierto y esto acabaría sabiéndose. Me reí en su cara. Si se cree que a estas alturas de la vida yo me trago que alguno de mis amigos no busca pornografía en Internet es que es un primo. En la liga de campeones en la que nos movemos, ya no se valora el pecado, sino la cantidad de veces que has conseguido alcanzar el premio del pecado mortal, que estoy seguro que nos veremos todos y todas en el infierno.

    Le explico al turco que eso no es nada y que toda la gente que nos rodea en el bar seguro que lo ha hecho en más de mil ocasiones. ?l me dice que eso no es todo. Me temo una confesión en plan soy sodomita y me gustan los julandros y me pongo en guardia. Coloco una silla entre ambos. El baja el tono de voz, se acerca a mí y me dice susurrándome al oído: «He visto fotos de mi ex-novia en Internet«. Mi carcajada hizo que las palomas levantaran el vuelo. Menuda cosa. Así que todo su trauma es porque se ha encontrado conque la guarra de su ex tiene un álbum completo de fotos pajeándose con un vibrador en la red. Pero por Dios, si eso ya no tiene mérito. Gracias a las cámaras digitales y a los móviles con cámara cualquiera puede ser una estrella. El colega está traumatizado porque ahora no sabe si lo dejó por otro o por el trasto que se estaba jincando por el traste pa’ arriba. Y con eso sí que no podemos competir. Con otro hombre sí puedes argumentar que eres mejor partido, más bonito, más metrosexual de mierda, más de todo. ¿Pero como convences a una tía que vales más que el cacharro con pilas que guarda en su aparador y que la complace cuando y como quiere? Terminamos bebiéndonos medio bar en silencio.

  • Pensamientos sueltos

    9 de julio de 2005

    Ahora que busco casa en otra ciudad me doy cuenta lo mucho que me gusta vivir en Hilversum. Después de cinco años paseando por estas calles conozco a un montón de gente y es raro el sábado que cuando salgo no tropiezo con un conocido y entablamos una de esas conversaciones sin contenido que no llevan a nada, pero que te permiten más tarde comentar a otras personas que viste a alguien.

    El paseo del sábado por el mercado es un clásico. Toda la ciudad se acerca a comprar verduras, frutas, carne o pescado. Te cruzas con turcas andando tres pasos por detrás de sus maridos, cargadas como burras mientras ellos no llevan nada y saludan a otros miembros de su comunidad. Ves llegar a las holandesas en bicicleta, con un niño sentado en una sillita que se sujeta al volante y otro en la parte de atrás de su bici. Las holandesas sueltan a sus hijos y son estos los que tienen que mantener un ojo en su madre. Los chiquillos son como patitos persiguiendo a la mamá. También tropiezo con muchos latinos, italianos, españoles, portugueses, todos chillando y con los niños haciendo de las suyas o llorando a grito pelado cuando los reprenden. Es una escena rara, porque los niños holandeses raramente hacen ruidos en la calle. Me recuerdan a los niños del maíz, el libro de Stephen King.

    Los domingos que abren las tiendas, normalmente el primer domingo del mes, la ciudad despierta y se llena de vida, con todas las tiendas abiertas. Ahora en verano no es tan espectacular, pero en invierno, cuando estamos ateridos de frío y la oscuridad nos envuelve, es encantador el salir de compras y tomarte más tarde un vinito alemán caliente o un capuchino en uno de esos cafés con las paredes marrones de tanto humo de cigarro como han chupado. Esos días te ves a la gente cargada, con kilos de ropa para aislarse.

    Son las pequeñas cosas que de alguna forma me siguen atando a estas tierras tan frías y lejanas

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