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  • Segundo día de buceo en Fuvamulah, tiburón ballena

    17 de mayo de 2023

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Fuvamulah

    Con la exitación de un primer día en el que ví no solo los tiburones tigre sino también un pez marlín, que lo cuatripito, esos no te los topas buceando todos los días, es rarísimo verlos, todo un acto de un Ángel de la Guarda bien poderoso y si no, que se lo pregunten al alemán que lleva buceando toda la vida y no tuvo suerte hasta que se cruzó conmigo. El segundo día ya comenzaba con la rutina, levantándome a las seis para desayunar y salir hacia el club de buceo y ya sabíamos que la inmersión en el zoológico de tiburones tigre sería la última.

    Después de desaparecer dos alemanes porque regresaban se nos unió un australiano, con lo que éramos cuatro para bucear La primera inmersión era en Farikede, el mismo lugar en el que hicimos la primera del día anterior y en donde vimos un tiburón zorro. Esta vez había mucha más marea, que dicen que se acerca un temporal y entramos por otro lado. Bajamos y comenzamos a dejarnos llevar por la corriente del fondo. Por allí no había nada, o más bien, no había nada grande, hasta que pasó cerca de mi un tiburón de punta de aleta blanca pequeño y un rato después nos encontramos un banco de peces gigantesco y varios tiburones de punta de aleta blanca haciendo pasadas y comiéndo algunos. Después de eso, seguimos avanzando y se nos acababa el tiempo y el aire y no veíamos nada. Los otros ya estaban muy cortos porque lo derrochan buceando a gran profundidad mientras que yo lo conservo por si hace falta y aquí fue cuando entró en la ecuación mi Ángel de la Guarda y la hizo. De repente, el guía local que va delante mío se lanza en una carrera frenética hacia adelante y yo lo seguí. Vio un tiburón ballena, enorme, gigantesco, puede que el más grande que he visto hasta ahora, calculamos que más de once metros y si exageramos, sesenta y dos. El chamo iba a una velocidad de vértigo y yo lo seguía. Él pasó por encima del tiburón y después como que lo fue obligando a girar, con lo que regresó hacia mi y pasó a mi lado, gigantesco, no cabía en la cámara que va con el modo de gran y Grandísimo angular. Lo flipamos todos. Tras esto ya salimos. Yo comencé la aventura con el tiburón ballena con ciento veinte bares en mi tanque de aire y salí a superficie con cincuenta, me bebí setenta bares en muy poco tiempo. Los otros ni se movieron porque cuando esto sucedió ya estaban con cincuenta o cerca de los cincuenta y solo pensaban en salir.

    Después del subidón de ver un tiburón ballena y de verlo tan bien, el resto es historia. En el bar que hay en el muelle los de los otros clubs de buceos se tragaban raciones de a kilo de envidia de la peor. Para la segunda inmersión, decidieron volver a Farikede para volver a ver el tiburón. Yo ya les expliqué que no lo veríamos porque así no funciona mi Ángel de la Guarda pero no me hicieron caso y al final estuvimos cuarenta y tres minutos y solo vimos peces pequeños y un tiburón de punta de aleta blanca, con lo que los otros decían que fue la inmersión más tonta de las que han hecho desde que comenzaron a bucear.

    Tras esto teníamos dos horas para almorzar y yo me quedé en el puerto y fui a comer con unos británicos, que conocen un lugar por la zona. Antes de eso también estuvimos en el mercado de pescado del muelle en el que los pescadores traen los atunes que cogen y los venden y hay tres tipos que los limpian y preparan y es espectacular verlos trabajar y sacar toda esa carné roja de esos bichos. En esta isla, durante la pandemia podemita y truscolana, sin turismo alguno, aquí sobrevivieron por el pescado, que están rodeados del susodicho. En la isla solo se cultivan plátanos, el resto hay que traerlo de afuera y con el mundo cerrado, estaba complicado. En el bar que almorzamos, me pedí una hamburguesa de atún, con un filete de atún fresco cocinado, huevo frito y queso que estaba para cagarte por las patas pa’bajo.

    La tercera inmersión era en el zoológico de los tiburones tigre. En esta se nos unieron tres que o eran indios o eran locales, por suerte tienen un montón de Dive Master y les asignaron dos a esos, que si no nos joden la inmersión. Esta vez había una marea con una corriente enorme, que removía el fondo marino del agua del mar y lo enturbiaba. La corriente también hacía más complicado lo de agarrarte al fondo y los tiburones estaban también más agitados. De nuevo tuvimos la media hora más loca y excitante que te puedes imaginar, controlando tu espalda, por encima de ti y hasta por debajo porque los tiburones tigre son como de cuatro metros de largo y se mueven continuamente buscando el hueco. Los tres locales, como que no querían llevar las barras de protección y alguna vez algún tiburón se acercó a ellos peligrosamente y ellos ni se enteraron porque sucedía a su espalda. Cuando nos marchamos del lugar, dos tiburones nos seguían, lo cual acojona un poco porque pueden venirte de arriba, de abajo, de frente o por la espalda, con lo que te vuelves paranóico. Cuando salimos a mar abierto para hacer la parada de tres minutos a cinco metros, fueron tres minutos interminables. Ya fuera del agua te puedes relajar.

    Al regresar a la pensión, me duché y salí a pasear. Fui a la charca de agua que está en dirección norte, que es como un lago pequeño en el que han montado un negocio de alquiler de canoas, pero vamos, que por el tamaño del lago, remar, lo que se dice remar, como que no, nunca estás a más de cien metros del muelle, la charca esa la llaman Dhadimagi Kilhi. Después seguí por ahí hacia la costa norte, por donde hay playa y estuve viendo la playa. En el extremo noreste de la isla está la playa Thoondu y por allí hay un restaurante que dicen es el más grande de la isla y también el más carero por las vistas, que al parecer pagas para ver la puesta de sol. Después seguí rodeando la isla por el otro lado hasta que llegué más o menos a la mitad, que es en donde se encuentra mi pensión y desde allí fui hacia el restaurante del día anterior, en el que cené. Tras eso, regreso a la habitación que el tercer día comienza de nuevo a las seis de la mañana.

    El relato continúa en Tercer día de buceo en Fuvamulah, el acoso de los tiburones tigre

  • El puente de Shandon

    17 de mayo de 2023

    Aquí vemos el río Lee en su variante del canal del norte y el puente Shandon, peatonal y que conecta el centro de la ciudad con el barrio de susodicho nombre y que fue inaugurado en el 2004. Esta parte de la ciudad se veía mucho más bonita, más colorida y como mejor cuidada que la que está al sur del río, que fue por donde yo me quedé y que parecía sacada de un videojuego en el que quizás te atacan y te matan con facilidad. El río cuando pasé por allí no traía mucha agua, se puede ver en los muros del otro lado el nivel en ese momento y los niveles máximos.

  • Primer día de buceo en Fuvamulah, tiburones Tigre, Zorro y un pez Marlín

    16 de mayo de 2023

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Fuvamulah

    Llegamos al meollo de la coña marinera esta, al buceo. Lo primero es celebrar que dormí varias horas, hasta que los terroristas-musulmanes islámicos me despertaron a las cinco menos cuarto de la mañana para la primera oración. No veas como me acordé de la madre del Profeta ese y de lo bien que le habría venido el derecho a abortar. Por suerte me volví a dormir y me desperté a las seis, con ducha rápida seguida de desayuno de campeones y después, en furgoneta al club de buceo a las siete de la mañana, con tres alemanes que se estaban quedando también en el mismo hostal que yo.

    En el club de buceo rellené todo el papeleo antes de salir y después de eso nos montamos en el barco. Además de los cuatro había dos ingleses que se están quedando en otro lugar, con lo que éramos seis buceando. Mi primera inmersión fue en un lugar llamado Farikede, se supone que allí se ven tiburones martillo y tiburones zorro y me dijeron que intente no entrar en descompresión, ya que el buceo deportivo, es sin descompresión. Fue entrar al agua y comenzar a bajar y vemos por debajo de nosotros un tiburón zorro y ya todo el mundo se volvió loco y comenzaron a descender. Durante los treinta y ocho minutos que estuvimos, porque fuimos bastante profundo, además del tiburón zorro vimos varios tiburones de arrecife, tiburones de punta de aleta blanca, unas barracudas enormes, atunes y en el fondo pero muy profundos, tiburones martillo. Yo fui el único que respetó la regla de la no descompresión y todos los demás tuvieron que hacer varias paradas para ir eliminando los gases que llevaban dentro y sus computadoras de buceo les añadieron horas a las 24 normales antes de volar, con lo que se quedaron en 26, que podía llegar a ser un problema porque dos de los alemanes se van el día siguiente. Salimos exaltados y después esperamos por allí para la segunda inmersión, la del zoológico Tigre, con tiburones susodichos. Esa es en la entrada del puerto y como básicamente todo el mundo viene aquí por eso, tienen un sistema de media hora para cada centro de buceo y la nuestra era de once a once y media. Si los que empiezan después no vienen (por ejemplo no tienen clientes), nos podemos quedar, si no, hay que irse. Esa no es una inmersión muy profunda. Fue llegar, agarrarnos al fondo y allí había como cuatro tiburones tigre gigantescos, dando vueltas y acercándose a nosotros peligrosamente. Nos dieron unas barras de aluminio para asustarlos pero vamos, que si un bicho de esos quiere, nos merienda. Los buceadores del club de buceo los controlan y nosotros estamos en el medio haciendo los vídeos mientras los tiburones dan vueltas alrededor, es flipante. Además de tiburones había una cantidad ingente de atunes, pero no el azul, como el del atlántico. También había otros peces grandes que ni sé como se llaman y peces pequeñitos a punta de pala. Pasada la media hora, nos fuimos y los tiburones nos seguían, que angustia, controlando que no te vengan ni por detrás, ni por arriba ni por debajo.

    Al salir, que según los otros, que llevan aquí varios días, fue con diferencia la mejor de sus sesiones, que yo no puedo juzgar porque era mi primera, pero claro, yo también viajo con equipaje de mano y Ángel de la Guarda. Teníamos dos horas, así que nos llevaron de vuelta a la pensión, los otros se fueron a almorzar en su restaurante (abusando de la palabra, que Ca’ Fefa la Jedionda tenía más opciones) y yo me fui a explorar porque no tenía hambre. Regresé a tiempo y nos llevaron de vuelta al club de buceo para la tercera inmersión.

    La tercera y última era en un lugar al este de la isla llamado Kedevari. Supuestamente hay corriente, que nos lleva junto a una pared y es un lugar donde es posible ver tiburones zorro. Nos lanzamos y fuimos avanzando por la pared pero no vimos ningún tiburón zorro. Nos cruzamos con varios peces ballesta, otros peces pequeños de los que desconozco el nombre, vimos una tortuga, que nos siguió un rato, vimos muchísimos corales, que por allí están bien, y peces NEMO protegiendo sus plantas y cuando íbamos hacia el mar azul para salir aparece, a mi altura, un pez Marlín, espectacular y rarísimo de ver y tengo un vídeo de que te cambas. Uno de los alemanes me dijo que le ha tomado dos mil inmersiones ver uno, yo le respondí que claro, no todos podemos ser tan paquetes y yo con ciento noventa y una ya he visto el primero y me quedan días por aquí.

    Al regresar, ducha rápida, saqué algunos vídeos de la cámara, la cual conecté para que los mande a las nubes y después salí a pasear y explorar la isla. Fui a uno de los dos lagos de agua dulce que tiene, pero no me pareció gran cosa y el acceso era como por jungla y los mosquitos parece que los lanzan con dardo, te clavan la aguja hasta el hueso. Salí huyendo de allí y fui a uno de los dos sitios que preseleccioné para cenar y que en el almuerzo ya había encontrado, que la maldad de la gente es muy grande y en estos sitios sin nombres de calles, tú pones tu negocio y lo añades al GooglEVIL o alguna plataforma de esas para turistas y después los otros te cambian la posición en el mapa para que los clientes se pierdan. Tras la cena olía a lluvia así que salí por patas para regresar al albergue y recogerme, que con esto de empezar el día a las seis de la mañana y bucear, se duerme un mínimo de ocho horas.

    El relato continúa en Segundo día de buceo en Fuvamulah, tiburón ballena

  • Iglesia de Santa María en el muelle del Papa

    16 de mayo de 2023

    Por el canal del norte en el río Lee, a su paso por Cork, tenemos al otro lado la Iglesia de Santa María, que pertenece a los Dominicos y que tiene una fachada espectacular con ese fabuloso pórtico con columnas de más de diez metros de alto. Por razones que escapan a mi limitada comprensión, si os fijáis en las escaleras esas para bajar al río, la iglesia la llaman realmente como la Iglesia de Santa María en el muelle del Papa, pero repito, mi comprensión es escasa y no tengo ni idea de por qué. La iglesia se construyó en el siglo XIX (equis-palito-equis).

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