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  • El columpio gigante y el Wat Suthat

    25 de noviembre de 2022

    A la izquierda tenemos el Wat Suthat, el templillo ese de nombre gigantesco que hemos visto estos días, aquí lo vemos desde la calle. Lo interesante está a la derecha y es el columpio gigante, inicialmente construido cerca del final del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito), aunque ha sido reconstruido un montón de veces, la última en el año 2005 y vamos, que cada vez ponen madera nueva y del original quedará la forma, que hasta lo han cambiado de sitio porque en donde estaba originalmente hicieron una fábrica o algo así. Supuestamente había una ceremonia en la que machos cabríos se columpiaban allá arriba para agarrar una bolsa de leuros y claro, el dios que no existía no los ayudaba y cuando caían, se hacían pupita de la peor, así que la ceremonia se prohibió porque era más bien una matanza de cerdos acarajotados, truscolanes y podemitas.

  • Los chamos adorando al Buda del Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan

    24 de noviembre de 2022

    Está claro que los monjes budistas que llevan la gestión del templo Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan, cuando se enteraron que truscolanes y podemitas dan subvención en base al número de visitantes y por allí no pasaba ni siquiera un Dios, lo solucionaron científicamente, creándose su legión de feligreses, que están allí, delante del Buda y que deben ser como cien o quizás, hasta cienes y cienes. Me pregunto si el Buda no se ha mosqueado todavía con toda esa chusma y gentuza de la peor delante de él y que nadie le haya puesto ni un céntimo de leuro en la mano de pedir, que el hombre ya debe estar cansado de tenerla así todo el día.

  • Bienvenido a bordo, el paseíllo por el sur

    23 de noviembre de 2022

    Esto comenzó en Bienvenido a bordo, el comienzo

    El segundo día era el de las visitas tanto a la fábrica de la empresa en los Países Bajos como al nuevo Centro de reparación de productos, lugares en los que se me puede ver de corpore insepulto con frecuencia porque son los lugares a los que yo voy, dependiendo de la presencia de mi jefe, que a veces está en uno y a veces en el otro y mi única razón para ir a la oficina es verlo y poder discutir cosas, así que salto de uno a otro según los vientos y eso me convierte en un bicho raro, ya que tengo tres puestos de trabajo, en tres oficinas distintas y tengo acceso a las tres, cuando lo normal es que la gente vaya a una sola. Eso hace también que conozca a un montón de gente, tanto de la sede corporativa como de la fábrica o el centro de reparaciones. Volviendo al relato, salíamos a las ocho de la mañana en guagua para Bolduque, así que tocaba madrugar y encochinarse con el desayuno del hotel, que yo estoy literalmente consumido y peso nada, pero eso no quiere decir que no me pueda jincar tres platos de comida, sobre todo cuando lo paga la empresa. A las ocho menos cinco, estamos casi todos en el vestíbulo del hotel, nos falta un chaval de la fábrica que conocí el día anterior y que se quedó bebiendo hasta el final conmigo. Como me había dado su número de telefonino privado, lo llamé pero no respondía y los organizadores lo llamaban al de la empresa y tampoco respondía.

    Me acerqué a la recepción y les dije que quería hacer una cosa viejuna y que Genín y Virtuditas saben hacer y que quería hablar con una persona llamándolo al número de su habitación, a ese armatoste que ponen en la mesa de noche y que nadie usa. Por el nombre buscaron la habitación, llamaron y cuando respondió aterrorizado porque aquella cosa empezó a hacer ruido, le empeté: ¡Chacho! ¡Que nos vamos! y el colega entró en modo pánico porque con la moña que se cogió se acababa de despertar, así que le dije que tenía cinco minutos para llegar a la guagua e informé a las organizadoras que el pavo vendría a tiempo o algo así.

    Según entró, cerraron la puerta y arrancamos. El que llegó tarde se sentó conmigo y me dijo que al llegar a la habitación se tumbó sobre la cama a escuchar música y le dio un jamacullo y lo despertó la cosa esa de la mesa de noche, que tanto su telefonino personal como el de la empresa se habían quedado sin batería. Pillamos un montón de tráfico saliendo de Ámsterdam, sobre todo porque era hora punta y porque llovia y el mal tiempo, suma kilómetros y aunque no llegamos a batir ningún récord, el acumulado de kilómetros de caravanas en todo el país superó holgadamente los mil kilómetros. Con el atasco y la lluvia, llegamos un pelín tarde a Bolduque, a la fábrica. Allí nos dividieron en dos grupos, según el sorteo del día anterior. A unos, nos hicieron la presentación de la fábrica por su director y después la visitamos dividiéndonos, de nuevo, en dos grupos. Nos dejaban hacer fotos y vídeos, que son espectaculares, con la condición de no compartirlos en NINGUNA red social, así que únicamente las personas que se arriesguen a oler mi mortífera carga de metano los podrán ver. Llevaré el telefonino a Gran Canaria en las navidades. La visita a la fábrica es muy entretenida. Después de salir, les tocaba al otro grupo y a nosotros nos tocaba la segunda actividad, que era una especie de juego o algo así, con preguntas sobre unos vídeos que nos obligaron a ver antes. Tras esto, llegó la hora del papeo y si el del día anterior fue terrible, el de ese día fue de llevar al Tribunal Penal de la Haya. Los españoles y los italianos estaban por echarse a llorar y algunos hasta fueron a la cantina a comprarse algo más de comida porque aquello no les molaba pero que nada.

    Tras el papeo y la tertulia, fuimos en la guagua al centro de reparación, que también está en Bolduque y es casi tan grande como la fábrica en tamaño. Ese se abrió en enero de este año. Yo usé mi pase mágico para abrir la puerta y una vez dentro, volvió la segregación. Yo estaba en el primer grupo que visitó la parte en la que se hacen las reparaciones y no lo diré ni lo voy a decir, pero los vídeos que tengo son fabulosos e increíbles. Tras el paseo de cuarenta minutos le tocó al otro grupo y a nosotros nos tocó una presentación del director del centro, un portugués muy majo. Cuando ambos grupos acabamos, nos dieron cafelito con Los auténticos bolones de Bolduque, aunque estos eran los pequeños, que solo se pueden comprar por encargo y en lugar de los doce centímeetros de diámetro, deben tener cinco o así y es algo que se puede digerir. Tras esto la tropa se volvía al hotel y yo me quedaba allí supuestamente trabajando. Resultó que un español tenía familia en las cercanías de Utrecht y se me pegó como ladilla a güevo para ir conmigo a la ciudad y cenar con su familia. Hablé un rato con mi jefe y le expliqué que por las circunstancias de la vida, me piraba para llevar a aquel panoli y que supiera o supiese, que con una certeza infinitesimal, había ganado el concurso del día anterior y que básicamente, soy el puto amo a la hora de vender a la empresa y hasta a la madre que la parió. Todo eso con el español escuchando y alucinando. Fuimos en guagua a la estación de tren de Bolduque, en tren al centro de Utrecht y le di el tour exclusivo y fastuoso a la par que fabuloso del centro de la ciudad, en una hora y viendo cosas que jamás vería en ningún otro tour, como los Limes del Imperio Romano, el lugar por el que pasaba el muro que dividía el imperio romano de los bárbaros, o la iglesia que ahora es un gigantesco pub belga y que no se ve desde la calle, o el mega-aparcamiento de bicicletas más grande del universo conocido, con más de doce mil bicis de capacidad y que casi siempre está al cien por cien. El chamo lo flipó. Llegada la hora y ante su negativa a mear en uno de los meaderos que hay en las calles para los machos, que ya antes de salir del centro de reparación le había dicho que se echara un pís, tuvo que pagar setenta céntimos por usar un baño público y eso le dolió. Una vez me deshice del chamo, volví a mi keli y aproveché para ir a correr, cerrando de esta manera ese segundo día en el que en realidad, visitamos los sitios en los que trabajo habitualmente, pero por unas horas, tuve licencia para fotografiar con el telefonino de la manzana podrida y mordida que es una kaka que no veas, que por no poder, no se puede ni programar para que se apague solo.

    El relato acaba en Bienvenido a bordo, el desenlace

  • El buda del templo Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan

    23 de noviembre de 2022

    Dentro del templo, tenemos a un Buda enorme en la posición de mendigar, por supuesto dorado y con una especie de atrio delante de él que supongo que es para rezar, aunque la gente como que lo respeta y se pone en el suelo de mármol. En la sala, un montón de ventiladores haciendo un montón de ruido para mover algo el aire a treinta y pico grados. En la imagen se puede ver que este templo es super-hiper-mega popular y que hay tantos turistas que casi resulta imposible hacerle una foto al Buda. Mañana veremos la solución que se ha buscado el colega para el problema.

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