Aunque dormí en Guraidhoo, mi último día era meramente de transición y salía de la isla a las seis menos cinco en el primer barco, así que me levanté a las cinco, aunque ya casi lo tenía todo preparado en mi micro-bolsa, para ducharme y afeitarme antes de salir. También los de la pensión se ofrecieron a hacerme un desayuno pero les dije que con café tenía más que suficiente y hasta intentaron llevarme la bolsa al muelle, que está a minuto y medio andando, pero les dije que no. En lugar de ponerme el chándal, iba de gitano y opté por cambiarme en el aeropuerto para no llegar todo sudado. En el muelle, apareció la ambulancia de la isla y de la misma sacaron a un ancestral con tanque de oxígeno al que le quedaban muy pocas lunas. Entre varios lo llevaron al barco y lo colocaron en la parte de atrás, con lo que yo me senté en la parte delantera porque esas cosas me dan muy mal rollo y daba por sentado que ese se moría en la ruta, que esas barcas van a toda velocidad. Resultó que muchos tuvimos la misma idea así que la parte delantera iba petada y la trasera vacía. Salimos en hora y fuimos a Maafushi, isla cercana y en donde se subió un montón de gente más, solo que esos tuvieron que sentarse en la parte de atrás con el moribundo y cruzando los dedos para que no fuera ébola o el virus truscolán. Seguimos nuestra ruta y aunque siempre van primero al aeropuerto, en esta ocasión fueron primero a Malé, en donde esperaba una ambulancia al viejo para llevarlo al hospital, solo que se pusieron en el sitio equivocado. Cuando finalmente dieron con el barco y hubo una mega-operación para desembarcar al viejo y que les devolvieran el tanque de oxígeno, que debe ser el único de la isla, según metieron al viejo en la ambulancia y cerraron la puerta, el chófer puso a todo meter el disco nuevo de Rosalía y allí todo el mundo a perrear camino del aeropuerto.
En el aeropuerto, POR FIN iba a poder usar la nueva terminal para salir del país. Antes de ir a facturar busqué un baño y allí me metí en un cagadero y me cambié, quitándome el pantalón corto y poniéndome el chándal. En esta operación cometí dos errores, que después serán relevantes. Ya vestido, fui a los mostradores de la aerolínea, les di mi pasaporte y me imprimieron la tarjeta de embarque para ambos aviones. Fui al control de inseguridad y allí aluciné con eso que se llama R-A-C-I-S-M-O y que abunda entre los jalales. Resulta que un europedo puede pasar el control tal cual, pero cuando se trata de musulmanes de países que ellos consideran inferiores, como Sri Lanka, los obligan a quitarse hasta las sandalias cochambrosas que llevan y meterlo todo en la máquina. Es escandaloso como los tratan. Lo mejor es que pasé el control de seguridad y me estaba lamentando que me dejé mi botella de agua de medio litro en el mostrador de facturación y resultó que la encontré en mi mochila, con lo que literalmente, ni se molestaron en mirar la pantalla y yo pasé una botella de medio litro sin que nadie la viera. Busqué la puerta de embarque de mi avión y como aún no estaba abierta la sala de espera, me senté por los alrededores a esperar.
Cuando la abrieron, entré. Curiosamente, me dieron asiento de ventana en la fila 45, casualmente, la última fila de ese avión. Está en la parte en la que el avión comienza a estrecharse y esa fila solo tiene dos asientos y no hubo nadie al lado mío. Cerca había una rusa, con su criminal de guerra y su hijo. La tipa estaba ENCOCHINADA, tenía unas lorzas de kilos y kilos de grasa y además, es que estaba en el avión con un bikini para lucirlas mejor, hasta que una azafata vino y le dijo que o se ponía una camisa, o a la puta calle, que aquello es un avión y no el prostíbulo en el que seguramente trabaja. La rusa se lo tomó muy mal, pero como vio que la echaban, se puso la camisa. El marido era el que cuidaba del hijo, ella pasaba totalmente. El vuelo fue de unas cuatro horas con un montón de turbulencias y llegamos a Abu Dhabi antes de la hora prevista. Cuando aparcamos y pese al adelanto, ya estaba embarcando mi siguiente avión y tuve que pasar un nuevo e innecesario control de seguridad, en el que no me molesté en sacar los líquidos de la bolsa y al parecer no los vieron, de nuevo, lo cual confirma que esto es todo un paripé. Para cuando llegué a la puerta de salida de mi avión a Ámsterdam ya estaban entrando. De nuevo me tocó en la fila 45, pero este era un Airbus A350 mucho más grande que el avión anterior y esa no era la última fila. En el pasillo de mi tira de tres asientos se sentó un hindú y entre ambos teníamos un asiento libre.
Despegamos en hora. Creo que no lo he mencionado pero en los aviones de Etihad, cuando te pones en la pantalla el mapa con la información del vuelo, también te dicen las horas hasta la próxima oración jalal y te indican la dirección en la que está la Meca respecto al avión. Imagínate que en cualquier aerolínea europea se hiciera alguna referencia cristiana. Los hijosdelagranputa ladrones y estafadores de los suciolistas y los podemitas pondrían el grito en el cielo, pero claro, si lo hacen los jalales está bien porque tenemos que respetar sus costumbres, como las de violar mujeres y apuñalar gente. Durante el vuelo nos dieron una comida y la fila 45 es la última en recibirla. Para cuando me tocó la vez, según la azafata solo le quedaba pollo con arroz, que una chica me había dicho que estaba malísimo, así que le pedí si había alguna otra cosa, lo que fuera y tras rebuscar encontraron la última porción de estofado de carne de vaca con puré de papas. Al hindú se le salían los ojos de las orbitas cuando me vio cogerlo y más aún cuando vio la cantidad de orgasmos que tuve comiéndome aquella carne de vaca. En ninguno de los dos aviones dormí. Llegamos a Ámsterdam antes de tiempo, pero como el avión viene de zona terrorista-musulmana, había un control adicional de pasaportes en el pasadizo de entrada al aeropuerto, que muchos de esos pierden los pasaportes para pedir asilo y así, el que no tenga pasaporte, lo vuelven a meter en el avión y que se vaya al recoñísimo de su puta madre. Después pasé el control de pasaporte real y salí por patas para pillar el tren a Utrecht y una vez allí, opté por la guagua hasta mi keli y a las ocho y media de la tarde entraba en mi casa después de dos semanas buceando en las Maldivas y acabó este viaje.

