Hace menos de un mes que me veía Caminando junto al río Vecht y ya entonces expresaba mi deseo de hacer la otra mitad del río y finalmente mi amigo, necesitado de una última sesión de entrenamiento antes del palizón que se dará en dos semanas, accedió a hacer la caminata. Quedamos el domingo por la mañana y el plan era salir de mi casa andando, hacer unos treinta y un kilómetros y regresar en tren, lo cual conlleva un kilómetro más que es la distancia desde la estación de tren del barrio a mi keli. Lo invité a desayunar mis fabulosos Pannenkoeken, que bordo y entre los dos nos jincamos nueve y ya con el tripote petado, salimos por una ruta que tuneé un poco para ir por el Beatrixpark y sus fuertes y llegar al Krommerijnpark y así hacer el último segmento del río Krommerijn, el que seguimos en la primera caminata y que desemboca en el singel, el canal que rodea y protege el casco antiguo de la ciudad desde hace novecientos años y justo allí, seguimos por el Oudegracht, el canal que corta la ciudad por el medio y que es seguramente el canal más bonito de los Países Bajos porque al contrario que los de Ámsterdam, en este se puede bajar al nivel del agua y allí hay infinidad de bares y restaurantes y esa agua, es del río Rin. Nos desviamos de cuando en cuando al pasar por el centro para ver el Dom, el claustro de la catedral, entramos en la antigua oficina de correos que ahora es una fabulosa biblioteca e incluso pasamos por delante del Pathé Rembrandt, uno de mis cines favoritos. Después eso llegamos al punto norte del canal Singel en la ciudad, que es donde acaba el Oudegracht y tras unos portones, comienza el río Vecht y ya fuimos siguiendo el río recién nacido mientras sale de la ciudad, sigue por Zuilen y después llega a Maarsen, por donde nos pilló un chaparrón de diez minutos pero muy intenso y como en los tres programas que uso decían que no iba a llover, no tenía paraguas ni chubasquero pero con los veintiún grados tampoco me hizo falta y nos refugiamos bajo unos árboles. Tras una parada en un café, seguimos en dirección a Breukelen y una vez allí, fuimos hacia el Fort Tienhoven siguiendo un canal que está completamente al sur de Loodsdrecht, otro secreto holandés protegido de los turistas y un lugar en el que el agua es la protagonista. Ese canal y carretera, además, son la frontera que separa la provincia de Noord Holland de la de Utrecht, que a los más brutos e incultos hay que recordarles que estos son los Países Bajos, que Holanda son solo dos provincias del país. Cruzamos varias reservas naturales hasta llegar a la estación de tren de Hollandse Rading y allí nos tomamos un cafelito y esperamos el tren que nos llevó de vuelta a Utrecht. En un punto determinado de la ruta, cuando paramos para el primer cafelito, puse en pausa el programa que graba la ruta y por eso contó un par de kilómetros menos, pero en total son 31 y contando el kilómetro final fueron treinta y dos. Al llegar a mi casa nos encochinamos a base de bien con Tortilla de papas con cebolla (que ya tenía preparada y guardada en una bolsa sin aire) y con Guisantes con salchichas, que preparé en el momento usando mi olla a presión mágica (aunque parte de la receta la hice antes de salir de mi casa y así solo tuve que jincarlo todo en la olla, poner siete minutos de alta presión y esperar un ratito para comer).
Esta es probable que haya sido la última caminata con el colega porque el hombre se entrena para caminar cincuenta kilómetros, cuatro días seguidos y después no camina más hasta el año siguiente porque según él, no le gusta caminar, algo que no deja de fliparme porque ya ha hecho la coña esa ocho veces y si no le gusta, debería dejar de hacerla, aunque ahora parece que quiere que siga buscando rutas así e igual se apunta.









































