Todos los años en los Países Bajos, durante una semana tenemos un extraño juego de banderas. Comienza el 27 de abril, el día del cumpleaños del rey y esa mañana, de repente, en las calles, miles de casas sacan el palo que tienen guardado y lo ponen en la calle con la bandera de los Países Bajos para celebrar susodicho cumpleaños. Se le puede añadir una cinta naranja junto a la bandera para recordar a los más incultos y a los truscolanes que la familia real pertenece a la casa de Oranje, o naranja, aunque no el fruto, que en neerlandés el fruto, al contrario que en español, italiano o inglés, se llama sinaasappel o literalmente, manzana China porque estos incultos se deben creer que Valencia está en Asia, o Brasil, que son los dos lugares desde los que suelen llegar las naranjas por aquí. La bandera se deja durante el día y se retira por la tarde, pero el palo lo suelen dejar puesto porque una semana más tarde, el 4 de mayo, vuelven a colgar la bandera, aunque en esta ocasión la ponen a media hasta y la pueden acompañar de una cinta negra y ese día se celebra el Nationale Dodenherdenking o el día de los caídos por la patria en cualquier guerra. No es un día festivo, aunque los comercios cierran todos temprano porque a las ocho de la noche ponen en muchas televisiones la ceremonia en la plaza del Dam, en Ámsterdam, con dos minutos de silencio seguidos por una ofrenda de flores que hace el rey en esa misma plaza. Ese silencio es algo que se multiplica por todos lados y es normal que las guaguas que están en circulación o los trenes se paren y se mantengan los dos minutos parados e incluso por carreteras y autopistas se pueden ver coches que se paran y sus conductores permanecen de pie junto al vehículo durante los dos minutos. Al día siguiente, el 5 de mayo, o sea, hoy, se celebra el Bevrijdingsdag, el día de la Liberación (aunque literalmente la traducción es el martes de liberación) y se conmemora el fin de la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. En este día, las banderas vuelven a ondear en lo alto de sus astas. Después de eso, las banderas se toman un descanso hasta que llegue el día de la graduación de los colegios, día en el que cuando los chiquillos han acabado una fase de su educación, ya sea la básica o la del instituto, los padres vuelven a sacar la bandera a la puerta para informar a los vecinos y se le añade en el asta la mochila del implicado en la celebración.
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El interior de los locales de mujerismo

Esto resulta difícil de imaginar. Este local, como tantísimos otros en la calle, es gigantesco y en realidad va desde una calle a la otra, que al fondo podemos ver otra salida. Tiene una cantidad ingente de taburetes en los que se sientan los intelectuales feministas a observar a las hembras en su ambiente natural, agarradas a las barras esas y agitando la caja de la mierda para fermentarla y producir un producto de más calidad y al mismo tiempo, transformar le leche en nata que se puede tomar calentita de sus ubres. En el local, la música está a un nivel que impide la conversación, los ventiladores del techo generan una corriente tórrida y un ruido como de enjambre de abejas y el alcohol barato corre por cientos de litros. Se puede pagar para tocar las campanas esas que se ven por todo el local y que están ahí para incrementar el ruido. Si a eso añadimos que son decenas de locales como este, uno al lado del otro, por la noche la contaminación acústica por esta parte de Patong es dantesca. Muchas de las mujeres sentadas con machos en la barra no pasarían el test del potorro, a menos que su chocho de hombre se pueda considerar potorro. En el interior, es perfectamente legal y válido fumar, con lo que también tenemos la neblina producida por los fumadores. En fin, esto debe ser el paraíso en la tierra para algunos, entre los que no me incluyo.
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Despegue mañanero en Ámsterdam
Aunque el Ancestral me tiene en su lista negra y no comenta, voy a dejar por aquí el primero de los vídeos que hice cuando fui a Gran Canaria e igual pica y dice algo, que todos sabemos que es el único ser humano al que se la pone morcillona estas cosas. En este caso, el vuelo despegaba a las 7 de la mañana, hora neerlandesa, pero como estamos ya avanzados en la primavera, tenemos bastante luz y no es uno nocturno, aunque en un tramo determinado tenemos el sol golpeando directamente la cámara, que tampoco es que estuviese demasiado alto. Yo esperaba y rezaba y confiaba para pillar los campos de tulipanes y verlos desde arriba nada más despegar, que por allí hay un montón, pero o ya los habían cortado o este año no plantaron en esa zona.
Otra cosa a notar es que en la actualidad, los de Buelin tienen cuatro aviones estacionados en Schiphol y en el vídeo podemos ver los otros tres, ya que el mío fue el primero en salir por patas de allí. La música es el clásico de anteanteayer, anteayer, hoy y pasado mañana de Fangoria, Miro la vida pasar, que estoy convencido que lo he usado varias veces. Hay varias velocidades para hacerlo más corto, pero vamos, el despegue se hace en tiempo real, sin saltos de velocidad. Como no había nubes, tras el despegue vemos la zona alrededor de Schiphol con claridad y el agua, que por allí está por todas partes. También se ven MEGA invernaderos, esos que producen verduras por un tubo y que funcionan día y noche.
Si lo tuyo son estos vídeos, continúa a Aterrizando por la mañana en Gran Canaria para ver el siguiente.
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La calle Thawewong

Muchos julays en occidente se han hecho una idea paradisíaca de lo que son los destinos turísticos en Asia y cuando están allí, la realidad puede ser muy pero que muy distinta. Hoy vemos la calle Thawewong, paralela a la playa y que básicamente está petada de establecimientos de ocio. Por la noche, sin luz, puede parecer fastuosa pero de día la pinta es muy distinta y sin el ruido atronador de los bares y clubs, se puede oír los transformadores que cuelgan de los postes y apreciar la cantidad ingente de cables que cuelgan. Todas las mañanas le pegan una limpiada que no veas a la calle porque después de la juerga, acaba asquerosa.
