Comienza la super-hiper-mega semana de buceo en Guraidhoo, en la que si el tiempo y la salud acompañan, el plan es hacer al menos diecinueve inmersiones y llegar a las legendarias CUATROCIENTAS (Cé-Dé en números rumanos). Ya todos sabemos que Guraidhoo es un lugar que tengo muy visto y que mismamente en octubre del año pasado ya estuve por aquí, aunque si tengo que ser sincero, yo creo que en mayo el tiempo es mucho mejor y el mar también está mejor por la zona, pero igual son cosas mías. Los buceadores italianos que se metieron en donde nadie los llamaba sin la preparación y el equipo adecuado siguen ahí, sus fiambres en el interior de una cueva y es posible y probable que los tiburones nodriza se los hayan empezado a comer, que ningún bicho le hace ascos a un cacho de carne gratis y por lo que me han comentado, en esas cuevas entran mucho los tiburones nodrizas para descansar. Volviendo a mi relato, después del jiñote y el desayuno, hice la larga caminata hasta el centro de buceo, que me toma la friolera de al menos noventa segundos, es que llego agotado, que el año pasado solo tenía que bajar una escalera y ya estaba allí. Todo el mundo me conoce, todos me adoran, así que muchos abrazos, mi caja ya preparada porque saben el equipo que llevo y fuimos directitos al barco. Venía una chama española que vive y trabaja en Suiza. Hay tres Dive Masters malos, uno por extracción de diente, otro por sinusitis y el tercero no me quedó clara la razón, pero como son un montones, me llevó a bucear uno de los dos dueños, el de las Maldivas.

La primera inmersión fue bastante cerca, en la esquina de Guraidhoo (número 12 en el mapa), y era mas bien para comprobar lo buena o lo mala que era la chica, que resultó bastante malilla o al menos no pudo aguantar mucho bajo el agua, no sé si es porque se acojonó o por qué, pero era su primera vez saltando en el azul y eso a la gente hay veces que los aterroriza, saber que por debajo de ti no hay nada que puedas ver y que si caes, caerás mucho, aunque es una idea tonta, porque añades aire a tu BCD y subes como un globo. Saltamos y el Dive Master le hizo unas cuantas pruebas a la pava, que yo creo que suspendió y mientras ellos estaban en eso, no una, ni dos, sino tres tortugas grandísimas a mi alrededor, una comiendo en el fondo, otra nadando a la superficie y otra pasando a mi lado. Después vimos un grupo de rayas águilas pasando, un tiburón de punta de aleta blanca, una morena verde, una morena leopardo, un par de Napoleón, uno de ellos bastante grande, un tiburón gris, barracudas y unas que son de la misma familia que las barracudas pero más pequeñas y que no sé como se llaman. También vi dos gobios dardo de fuego. A media inmersión la chama había despilfarrado todo su aire, asi que el Dive Master lanzó la boya y le dijo que fuera a la superficie, el barco vio la boya y la recogió y nosotros seguimos un rato más.
Para la segunda inmersión hubo un cambio que puede tener una gran transcendencia inmediática. Resultó que un equipo de telelevisión vinieron a hacer un reportaje de esos programas españoles, en este caso es VASCOS en el mundo o algo así, de la telele-vasca y lo están haciendo de la Dive Master que vive aquí. Como iban a grabar con ella en el barco, resulta que el Elegido aparecerá en el programa como extra de fondo o algo así. No tengo ni pajolera idea de cuando lo van a echar en la telelevisión vasca. Como ellos iban a grabar planos saltando al agua y buceando, nosotros nos fuimos por nuestra cuenta e hicimos una fritanga entre dos inmersiones que están muy cerca. Aprovechando la corriente, entramos por Lhosfushi y fuimos en dirección al Acuario de Atrás (Back aquarium), o sea, desde el punto 10 del mapa al 12, inmersiones que se pueden hacer por separado pero la conexión es muy linda porque vas por dunas de arena submarinas llenas de explosiones de coral, a mí personalmente es una de las zonas de Guraidhoo que más me gustan. Vimos un tiburón de punta de aleta negra bastante grande, y esos son más raros de ver, uno de punta de aleta blanca, vimos lo que el Dive Master llamó un «razor fish», como un pez cuchilla, pero que tendré que investigar, era pequeñito y muy curioso. También vimos un grupo de «roncadores orientales», que parece ser el nombre cristiano para el «oriental sweet lips». Como siempre, en los corales habían millones de pececillos, vimos varios bancos de peces y al parecer un par de móbulas pasaron cerca de nosotros pero yo no las vi. En un punto determinado, sobre una duna, parecía existir una nube y la susodicha eran miles y miles de pececillos recién nacidos, como plancton, fue precioso. Estuvimos casi una hora y al final nos encontramos con el equipo de telelevisión y la vasca.
Almorcé en mi restaurante favorito de la isla, en el que te puedes comer un platazo de comida auténtica, una botella de agua de medio litro y una lata de refresco y te cuesta la escandalosa cantidad de algo más de cinco leuros y hay que quejarse porque desde la guerra han subido el precio casi treinta céntimos de leuro, que es un r-escándalo.
A las dos y media estaba listo para la inmersión de la tarde, en la que iba yo solo con Lainko, el mito, la leyenda, uno de los mejores buceadores con los que he tenido el dudoso privilegio de bucear y el responsable ultimísimo de que mi flotabilidad sea épica y legendaria, que en el año 2023 me torturó y obligó a aprender a hacerlo bien y ahora hasta él admite que se puede bucear conmigo, que le mantengo el ritmo y no hago cosas raras, que viniendo de él es como una bendición papal, que cuando alguien en Guraidhoo dice algo y él confirma que el bucea conmigo tan a gustito, se queda todo el mundo callado. Como yo siempre le digo que hacemos lo que le salga de la pipa, fuimos a Medufaru (punto 11), que por la tarde puede estar interesante y nos íbamos a centrar en el azul, más que en las laderas. Mi misión, seguirlo. Vimos un montón de tiburones grises, tiburones de punta de aleta blanca por un tubo, a veces hasta tres juntos, un pez pipa (pipe fish) pequeñito que todavía no sé como lo pudo ver, un nudibranquio rarísimo y dos peces hojas juntos. En el azul, junto a los tiburones previamente mentados, atunes, tanto jóvenes como adultos que seguro que sirven para llenar una cantidad ingente de latas y jureles gigantes que estaban cazando y era un flipe verlos atacar peces pequeños. Pasamos junto a una morena negra y otra morena leopardo, esta última bastante grande. También vimos dos peces hoja junto a un coral grandísimo de esponja y cuando estaba mirándolo sobre el coral, alguien me daba empujones desde el susodicho y resultó que había una morena pequeñita que no estaba contenta porque le tapé la entrada y por eso me daba cabezazos. Tambien vimos un pez globo bastante grande. Fue una inmersión fantástica, moviéndonos empujados por una corriente fuerte que nos llevaba como si fuéramos super-hiper-mega héroes volando. Me divertí un montón. Hacía dos años que no buceaba con Lainko porque el año pasado trabajaba para otra empresa.
Después al volver tuvimos la tertulia y tras eso me fui a ver la puesta de sol, me afeité y duché y volví a darme una cena opulenta de poco más de cinco leuros antes de regresar al catre que mañana hay otra sesión triple y Lainko me ha jurado y prometido que bucea conmigo por la tarde.
