Llegamos al día en el que hacía la transición entre islas y centros de buceo. Por lo pronto y como no tenía que bucear, me di el lujo de desayunar a las ocho de la mañana y sobre las nueve y media me fui a pasear y caminar por la isla que está al lado y que están comunicadas por un puente. Aquí la gente no son de caminar y me veían andando y es que se paraban a mirar y dejaban de trabajar porque por fin averiguaban para qué sirven esas pistas pequeñitas que ponen junto a la carretera y que ni saben que se llaman aceras. Básicamente recorrí toda la isla de Feydhoo, que no es muy grande y por el lado al sur, probablemente estuve más al sur que nunca en las Maldivas. Ese es el lado que da al océano Índico. Para cuando volví había hecho unos cuatro kilómetros y pico. Después me duché, acabé de hacer mi mochila, que es un proceso muy complejo porque facturo cinco kilos con los líquidos y la ropa y me llevo en cabina todo lo que tiene baterías. Me pasaron a recoger a las doce y media.
El aeropuerto de GAN está en obras y la facturación se hacía del lado internacional, aunque el mío era un vuelo nacional. Se supone que volvía a Malé a las dos y veinte y era un avión con 15 pasajeros, minúsculo. Me dieron asiento de ventana. Lo curioso es que me dicen que tengo que salir del aeropuerto e ir caminando a la parte que está en obras, que es la zona de vuelos nacionales y allí me metieron en una sala de espera que estaba medio desmontada. Pronto estábamos los quince pasajeros, o eso pensaba yo, porque siguieron llegando más y más y muchos mas y yo pensando que igual esto era como los vuelos de los indios y nos apilamos todos dentro del avión. Se me ocurrió mirar mi tarjeta de embarque con atención y noté que el número de vuelo no era el mío y la hora de salida era veinte minutos más tarde. Cojo el programilla que tengo para controlar los aviones y mi número de vuelo decía que era un ATR-72 pero que iba desde otra isla a Malé. Algo no me cuadraba, pero el mentado avión venía hacia GAN. Ese otro vuelo salía veinte minutos mas tarde. Al parecer ni se molestaron en informarme del cambio.
A la hora a la que deberíamos estar despegando aún no había llegado el otro avión y nosotros no habíamos pasado control de inseguridad alguno porque es que no habían máquinas en aquella sala. Cuando llegó el avión nos vinieron a buscar y nos llevaron a otra zona en obras y allí tenían el escáner de rayos equis-ygriega y zeta y la pava que metía los bolsos allí, al mismo tiempo comprobaba la tarjeta de embarque y el pasaporte. Nos fueron metiendo en una guagua y cuando estábamos todos, fuimos al avión, en el que ya habían julays que venían del otro aeropuerto que al parecer era el del inicio del vuelo. Mi asiento de ventana era justo detrás del motor, así que la visibilidad no es la mejor y ademas, era del lado izquierdo, con lo que el vídeo del despegue fue corto, aunque después añadí un minuto más con un atolón desde el aire. Fui viendo una serie en mi tableta y controlando el GéPéeSe y pasé justo por el lugar en el que se mataron por estúpidos las italianas y los italianos. Creo que hasta hice un poco de vídeo pero lo interesante fue que en el descenso grabé GURAIDHOO desde el aire, así que en ese vídeo, que veremos algún día, veremos la isla desde otro punto de vista.
Después de aterrizar en Malé, con una hora de retraso, pillé mi bolsa facturada y me fui en el ferry a la ciudad. La zona en la que atraca el ferry está en obras y los barcos llegan a otra zona más expuesta al mar y el ferry daba unos bandazos que no veas y algunos iban al borde de un ataque de nervios. Después de llegar, fui a mi restaurante favorito en la ciudad, que está justamente encima del edificio de la terminal de Ferry y cené allí, antes de ir a comprar algunos dulces para regalar en la dulcería de la ciudad y después me acerqué al Jetty en el que pillaba la falúa y que por las obras, también lo habían cambiado y aquello era un caos total. Por suerte tengo la página de seguimiento de los barcos y sabía en donde estaba el mío en todo momento.
A las siete y media de la tarde salimos de Malé, aunque en el barco me enteré que pararíamos en Maafushi para descargar a una gran parte del pasaje, que el barco iba petao hasta la bandera y las doñas-Rogelias jalales iban echando pestes porque no podían despatarrarse y tenían que sentarse con otras dos personas en cada banco y las viejas estas jalales emburkadas parece que son muy finas. Las que iban detrás de mí recibieron además una carga tóxica considerable porque yo iba expulsando todos los gases de la compresión y descompresión aérea. Después de una parada rápida en Maafushi, llegué a Guraidhoo y los de Manta Divers me recibieron y me acompañaron al sitio en el que me voy a quedar esta semana, que es uno nuevo para mí, cerca del centro de buceo, pero mirando hacia el norte y no hacia el oeste. Ya apalabré la hora para la primera inmersión y como ya había cenado, era irme a la habitación a descansar, después de cambiar de isla y de atolón, que ahora estoy en el atolón del sur de Malé.

