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  • La segunda podada

    3 de julio de 2020

    Hoy llegamos al final de esta trilogía de la barba, en la que la hemos visto mutar desde su forma salvaje hasta algo más o menos civilizados. De no haber sido por el calor, yo la habría dejado a su libre albedrío, que a mí el aspecto ese de náufrago me mola mazo y no hay moro que no me salude por la calle. La mujer rusa de un colega me dijo que parecía uno de los santos esos que tienen ellos y que seguro que si le toco la chepa, le toca la lotería porque la barba es así de poderosa. Después de La primera podada de la barba, aún quedaban cosas por arreglar así que consulté a mi sanedrín de expertos, que lo forman mi amigo Sergio y su hijo Sergito, ambos portadores de barbas que no tienen ni punto de comparación con la mía. Al padre le come la envidia pero el hijo me dijo que la perfilara, así que volví al llutuve y me empapé como cinco vídeos de gente ajustándola, especialmente italianos, que parecen ser los líderes mundiales del concepto. Tras esto, de vuelta al baño y le di forma por el cuello, le quité unos milímetros por debajo y también le di forma por la zona cercana a las orejas y en las mejillas. Todavía pienso que cuando vuelva a España, espero que mi barbero ya pueda hacer barbas porque tendrá que apañarla para que luzca épica y legendaria pero no creo que me diga que he hecho un mal trabajo. Ese mismo día, fui al cine y mientras esperaba el inicio de la película en una sala prácticamente vacía, aproveché para hacerme esta tercera foto que cierra la trilogía de la barba.

    Por la zona de las patillas, aunque he ajustado la barba, el pelo de la cabeza, que es gigantesco, me cubre gran parte de los orejones, pero ese es trabajo de barbero. Ahora imagino que será cuestión de pasar la máquina una vez cada semana y media o así para quitar lo que ha crecido y después volver a delinear las zonas que corté por completo. Por ahora, estoy muy contento con el resultado aunque los moros ya no me saludan con la intensidad que ponían anteriormente.

  • La vista del Buda del Wat Saphan Hin

    3 de julio de 2020

    Antes de irnos a otro templo, vemos la vista que tiene el enorme Buda de pie en el templo Wat Saphan Hin y la rampa de acceso al templo. Como se ve en la imagen, esta pequeña montaña está frente a una gigantesca llanura y entre todos esos árboles, escondidos, están los templos de la antigua ciudad de Sukhothai. Las bicicletas se dejan en la parte de abajo de la rampa de acceso o en este caso, la mía, ya que cuando pasé por allí no había más nadie, que muchos mochileros son más bien de borracheras, piscina y más borracheras y se pueden pasar meses en los países del sureste de Asia sin prácticamente ver nada.

  • La primera podada de la barba

    2 de julio de 2020

    Si miramos la foto de la anotación No hay barba pa’ tanta gente y la que hay en esta anotación, yo creo que entre ambas imágenes hay como mucho dieciséis horas, quizás menos. Cuando se marchó mi amigo el Turco, esa noche, sobre las nueve, fui a mi supermercado alemán favorito. La razón de la visita era que mi Ángel de la Guarda hace un trabajo fabuloso y como me estaban entrando ganas de quitármela por completo por el calor, organizó que vendieran desde el día siguiente en ese supermercado que en España es popular por máquinas para cocinar para gente sin mucho arte en el tema como el Ancestral. Pusieron una Remington Pro Power que normalmente vale unos cuarenta leuros por catorce y como yo sé que siempre llenan las estanterías entre las ocho y media y las diez de la noche del día anterior, antes de cerrar y las ofertas ya son válidas, me pasé por allí y la compré. Por si mi Ángel de la Guarda se molesta en leer el mejor blog sin premios en castellano decirle que llevo dos meses esperando una buena oferta de cepillo de dientes eléctrico, que se me rompió el mío y me niego a volver a comprarme una mierda de Vraun o una estafa de Filis, que con ambos he tenido malas experiencias, así que como él ya sabe cuál me gusta, que se lo curre y que lo pongan, que me estoy cansando de tener que lavarme los dientes como las bestias, usando las manos para agitar la cosa esa y además, que no sé cuando han pasado los treinta segundos esos que son necesarios y suficientes, según los expertos, aunque si hay algo que nos ha enseñado el año 2020 es que la palabra experto está muy sobrevalorada, que los expertos dicen una semana que las máscaras en la cara no sirven para nada y dos semanas después te dicen que es cuestión de vida o muerte, entre otras cosas. Volviendo al tema, que me compré la Remington, me empapé unos cuantos vídeos en el llutube para convertirme en un experto y esa misma noche me di una podada que ni pa’qué y la reduje desde unos 36 milímetros, que es lo que estaba midiendo la barba, a dieciocho. El cambio fue brutal, no solo porque saqué pelo como para rellenar una almohada, también porque fue como si hubiese instalado aire acondicionado de ricos como el Ancestral en mi casa, que fresquito tan grande que me dio. Por supuesto, al día siguiente, por la mañana, antes de hacer mi gimnasia y ducharme, me hice una foto fastuosa en la que además se aprecian los seis meses sin ir a la barbería a que me corten el pelo, que yo le soy fiel y leal al mío de Gran Canaria y hasta que no vuelva por allí no me lo corto y como estoy literalmente como un micrófono ambiente, me estoy haciendo la raya, aunque antes de la ducha el peinado está totalmente desbaratado.

    Entre ambas fotos se puede saber el paso del tiempo porque aún tenía la camiseta naranja, con lo que fue en el intervalo entre las duchas del domingo por la mañana y el lunes por la mañana. Aún hubo un retoque más, que veremos en una tercera imagen, ya que me empapé como seis vídeos más en el llutube y me hice un Máster en el tema y hasta experimenté con diferentes tamaños y ahora la parte por debajo de la barbilla tiene tres milímetros menos que el resto y esa sutil diferencia son como dos grados de temperatura.

  • Buda de pie en el Wat Saphan Hin

    2 de julio de 2020

    Después de subir la colina llegamos al Wat Saphan Hin, templo cuyo nombre significa truscoluña no es nación, según unos y otros dicen que el nombre se traduce como el templo del puente de piedra, refiriéndose al pedazo de subida que a más de un culocochista deja sin aliento. Arriba, en lo poco que queda del templo tenemos un Buda de pie de casi trece metros, en la clásica postura con la mano levantada quita pa’llá truscolán y a su lado un Buda sentado pidiendo guita, claro. Aunque el templo está fuera de Sukhothai, se dice que en los días en que esa era la capital del reino, el rey solía venir de cuando en cuando a este templo, imagino que a caballo o lo traía algún culocochista.

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