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  • Biscuit de suero de mantequilla

    26 de junio de 2020

    Ya que estamos con el suero de mantequilla, que para aquellos que no lo pueden comprar, hay recetas en la red muy fáciles para hacerlo casero, una de las recetas que añadí durante el encierro a la rotación fue la de los biscuits de suero de mantequilla y aquí hay que explicar que en Estados Unidos y Canadá, los biscuits no son las galletas, son otro tipo de bollo, sin azúcar y que se hacen en un rato. En este caso, he ajustado la receta para que el resultado sean cinco biscuits, para cantidades mayores, ya sabéis, hay que multiplicar. También decir que hay que comerlos recién hechos o un rato después, según pase el tiempo perderán su magia. En la receta original usaban harina de repostería y entre las ingentes cantidades de harina en mi casa, de esa no tengo, así que he optado por hacerme mi propia harina de repostería casera usando harina normal.

    Los ingredientes: 1 taza de harina, media cucharadita de sal, una cucharadita y media de levadura química, media taza de suero de mantequilla y 42 gramos de mantequilla.

    La implementación: Encendemos el horno a doscientos veinte grados paa que se vaya calentando. Preparamos la harina mezclándola con la sal y la levadura química. La alternativa es usar una taza de harina de repostería y no hay que hacer esta mezcla. Ponemos la harina en un bol. En un rallador, rallamos la mantequilla, que cuanto más fría esté mejor, con lo que si la ponéis media hora antes de preparar los buiscuits en el congelador, quedarán trocitos más duros y estos, al derretirse en el horno, producirán algo mágico. Mezclamos la harina con la mantequilla rallada, hacemos un hueco en el medio y añadimos el suero de mantequilla y vamos removiendo con una cuchara de madera. Removemos despacio y con delicadeza y el suero se irá mezclando con la harina y la mantequilla hasta que tenemos una masa pegajosa y basta con mucha humedad.

    Ponemos una hoja de papel de horno, la enharinamos un poco y echamos la masa del bol sobre el papel. Vamos a crear diferentes capas. Echamos un poco de harina por encima, cubrimos con parte del papel de horno y así la aplastamos por primera vez extendiéndola. Después doblamos de nuevo ayudándonos con el papel y aplastamos un poco. Volvemos a doblar por tercera vez y si es necesario, seguimos añadiendo harina. Doblamos por una cuarta y una quinta vez. Es mejor no usar un rodillo, sino usando el papel de repostería, se aplasta suavemente con las manos. Yo uso el mismo papel para poner los biscuits en la bandeja del horno. Para cortarlos uso un cortador de galletas o donuts, de un tamaño relativamente grande. En el primer corte me salieron cuatro y con los restos hice el quinto biscuit.

    Se hornean durante unos quince minutos, aunque conviene controlar por si se están quemando mucho. Yo los pongo en la zona central del horno y no uso ventilador. Están más ricos cuando los comes después de unos minutos fuera del horno. Se pueden abrir fácilmente con la mano y untarlos con vuestra mermelada favorita, en mi caso, la de moras o la de uvas:

    Son también una buena opción para usar como pan en una comida, se hacen rápido, no hay que fermentar y no tienen azúcar y en su sabor predomina la mantequilla.

  • La entrada al Wat Si Chum

    26 de junio de 2020

    Llegamos a uno de los templos más espectaculares, este, como el anterior, está al norte de Sukhothai. Se trata del templo Wat Si Chum, que tiene un magnífico edificio que encierra a un enorme Buda sentado de casi dieciseis metros de alto. El templo fue reconstruido entre 1953 y 1956 con lo que eso explica que se vea en tan buen estado. En otras dos fotos veremos tanto al Buda enclaustrado como el edificio visto desde la parte de atrás.

  • La firmilla

    25 de junio de 2020

    Ayer comentaba en Casi llegando al final que estaba cerrando el círculo y el primero de ellos se ha cerrado hoy. Esta mañana, mi abogada me confirmó que el flequillo que faltaba no era importante y opté por ir a Hilversum, firmar y cerrar el primero de los tres frentes, el relativo a aceptar el despido y la indemnización. Hoy hemos tenido un día de calor infernal y me levanté temprano para hacer la gimnasia e ir a correr antes de que hubiese veinte grados. Después de eso tuvimos una sesión de transferencia de sabiduría, un inútil ejercicio pero que debo hacer y a las once salí con mi bici para la estación de Utrecht Centraal. Allí, fui al andén número uno para coger el tren hacia Hilversum. En Holanda, si entras a un autobús o un tren te tienes que poner mascarilla de esas de las falsas, aunque en el tren parece ser que puedes entrar sin mascarilla y ponértela una vez estás dentro o al menos eso es lo que hacía todo el mundo, concepto que engloba a la poca gente que viajaba a las once de la mañana de un día en el infierno. El sur de Hilversum era un escenario de película post-apocalíptica, con el mega-instituto vacío, con la sede corporativa de cierta empresa deportiva con nombre de diosa griega vacía y con mi empresa con bastante gente, que parece que les gusta juntarse. La idea era entrar y salir en una hora pero finalmente pasé allí dos y media. Yo debo ser la excepción a la regla, miro adelante y me la suda lo pasado pero allí están todos trabados con lo de la reorganización y algunos prácticamente estaban a punto de echarse a llorar porque me pusieron en la puta calle. Los de ITé me han hecho jurarles que los avisaré cuando vaya a devolver el ordenador en octubre y quieren estar allí todos para decirme adiós y como ellos, muchos otros. Halaga, pero no es interesante. Donde hay chicha es cuando fui a mi planta a recoger algunas cosas, como mi fabuloso poncho peruano y algunas cosillas más. Con previsión me llevé una mochila de cuarenta litros y más o menos la llené con lo que quería traerme. Mientras estaba saqueando mi mesa, el vice-presidente, ese me que odia a muerte, salió de una sala de reunión que hay allí porque lo llamaron, se iba a poner a hablar en la sala, me vio, se hizo el loco para no saludarme y se metió en los baños a hablar por teléfono. Como me cae mal y le deseo todo lo peor, como que me la suda, pero ya hubo uno que me comentaba lo mal que lo llevó ese tío cuando nos echó la semana pasada y todo lo que sufre y le expliqué lo que me acababa de suceder y que como actor, fabuloso, como persona, es un mierda y de mi parte las va a recibir seguiditas y contundentes, ya que sé de buena fuente que mis compañeros de grupo quieren organizar una cena de despedida y les explicaré que se pueden despedir entre ellos porque yo no me siento en una mesa con el gilipollas ese o la zorra rastrera y asquerosa que hizo lo imposible por destruirme. Como soy parco de palabras, mi explicación será literalmente la escrita y todos se llevaran las manos a la cabeza y no sabrán como reaccionar y la semillita de la cizaña ya tendrá un buen sedimento en el que crecer. Cuando acabé allí bajé a la planta de recursos inhumanos, firmé la aceptación del despido, dos veces y después acabé de despedirme de los colegas y me piré, otras vez a vivir la experiencia surrealista de ir en un tren sospechando de todo el mundo.

    Una vez en mi casa, dejé la mochila en un rincón y un día de estos saco las cosas, tiro algunas y las otras las guardo. Casualmente, el primer misil de flotación a la empresa la golpeó hoy. Tuvieron un problema con una venta a un país del norte de África que está bloqueada y que son incapaces de desbloquear, con el consiguiente cabreo del comprador. Ahí, mi último jefe ha descubierto que mi trabajo no era hacer presentaciones en PowerPoint o folletos. Mi trabajo era hacer que la maquinaria no se detenga y ahora que yo no estoy, comienza a petar porque nadie se ha hecho cargo de esa parte de mi trabajo, la de la magia, ya que la zorra que ganó la guerra lo considera muy por debajo de su nivel. En un mes los gritos y las amenazas entre gente en esa oficina van a ser como para hacer la continuación de la Epopeya. Contractualmente, yo solo tengo que responder al teléfono y tratar de ayudarlos hasta el quince de julio, ese mismo día, bloquearé todos los números de teléfono fijo de Hilversum y los tres o cuatro que tienen mi móvil recibirán un mensaje explicándoles que si usan el teléfono para preguntarme algo laboral, serán bloqueados inmediatamente.

  • La estupa del Wat Phra Phai Luang

    25 de junio de 2020

    Nos alejamos un poco y así tenemos en la composición también la estupa del templo o eso que en Tailandia llaman el Chedi, la montaña esa en la que en el corazón de la misma esconden las reliquias y que acompaña a todos los templos budistas. En este caso la estupa está en muy malas condiciones, aunque también tiene mérito que hayan aguantado varios siglos todas esas piedras por alli.

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