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  • Paranoia

    5 de febrero de 2020

    Seguramente la combinación más hermosa de vocales en español es cuando tenemos el trío -oia, que también puede aparecer como -oía y entre las treinta y pico palabras que tienen una de esas secuencias, está paranoia, que la RAE, en su gran sabiduría, define primero como truscoluña no es nación y en segundo lugar como perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas y eso es más o menos lo que está sucediendo hoy en día. De repente, hay un virus porque un julay se jincó una sopa de no se qué bicho deleznable y ha cogido una enfermedad chunguísima que parece que se transmite por la chinería y ahora tenemos una tremenda paranoia a los amarillos, con el agravante que resulta muy difícil distinguir entre un chino, un japonés, un coreano(de mielda) o un vietnamita, por nombrar algunos de los de esas barriadas periféricas, aunque hay más. La regla más básica para distinguirlos es en el tamaño y forma de la testa. Si la cabeza es grande y redonda como un barreño, ese es koreano (de mielda), da igual que venga del norte o del sur de esa pocilga, estos son lo peorcito de la raza humana junto con los truscolanes, que no son nación. Si la cabeza es redonda pero te cabe en un recipiente menor que un barreño, entonces estamos hablando de chinos y si son más bien de cabeza no redonda y pequeña y se te doblan todo el tiempo, esos son los japoneses. Los vietnamitas tienden a tener cabeza de tamaño chino pero están más bronceados pero todos, todos, todos, tienen en común que a la hora de poner un tropezón en la sopa, es que no le hacen ascos a nada de nada.

    Como uno ha viajado por prácticamente todos esos países, salvo Laos, que no tiene playa, como Madrid y yo cuando aquí no hay playa, me da el vaya, vaya y me voy a otro lado y por eso no he visitado Laos. Pero sí que he estado en Birmania, Camboya, Tailandia, Vietnam, Malasia, Indonesia, Filipinas, Hong Kong, Macao y seguro que me estoy olvidando alguna tierra de la zona y he visto cosas flipantes. Por ejemplo, yo prefiero que me arranquen las uñas negras de los pies, que llevo dejando crecer dos años para poder agarrarme bien a los tubos si se me ocurre posarme en uno como un pajarraco, digo que prefiero eso a comer en un puesto callejero de Tailandia, o de Indonesia o Malasia y aún mucho más de Vietnam. He visto cosas que me han provocado arcadas en esos países. Todavía tengo pesadillas cuando un día vi el mercado de la capital de Camboya y al día siguiente, cuando iba en taxi al aeropuerto, pasé junto a ese mismo mercado y en el mismito lugar en el que estaban unas horas antes vendiendo mariscos, había una manada de ratas comiendo, no una, muchísimas, grandes como gatos y todas allí poniéndose las botas en el mismo suelo en el que al día siguiente ponían el marisco. Hablando de ratas, a día de hoy, jamás he visto una tan grande como la que se cruzó conmigo en Bali, en Indonesia, en la misma puerta del Hard Rock Café y que consiguió que los gorilas que controlan la puerta, corrieran al interior y cerraran el local e impedían que la gente que corría aterrada por la calle entrara. Aquella rata era de tamaño de caniche pero de los granditos y peluda que no veas. En las Filipinas, en el Nido, en uno de los restaurantes de la playa, una rata iba de un restaurante a otro aprovechando las vigas que sujetaban el techo y los empleados ni se inmutaban y ni te cuento la rata gigantesca que vi una vez en Londres, en Hyde Park.

    Volviendo a lo de la paranoia, a ver si nos relajamos un poco, que ahora la gente ve a un asiático en el tren y prácticamente se echan a correr y se atrincheran en el lado opuesto del mismo. Sólo porque creas que son seres inferiores, que seguramente tienes razón y ellos piensan lo mismo de ti, no quiere decir que transmitan ningún tipo de exótica enfermedad de reciente creación y más si ni han estado, ni estarán jamás en Asia, que muchos de ellos tienen un acento más cañizo que nosotros.

  • El río Ljubljanica a su paso por el centro de Liubliana

    5 de febrero de 2020

    El río Ljubljanica lo he mentado en varias ocasiones pero no lo hemos visto con claridad. Ya dije que al llegar a la ciudad se divide en dos y supongo que lo que vemos en el centro es la parte cutre del mismo, ya que como se puede ver en la foto, no es gran cosa. La imagen la hice al final del invierno con lo que imagino que en primavera lleva mucho más caudal. En Utrecht hay canales más anchos. El río tiene una cantidad ingente de puentes para conectar ambas orillas.

  • La rampa

    4 de febrero de 2020

    Desde que me compré la Stella Modena Night Blue FDST Comfort, mi bici eléctrica, yo vivo encantado de la vida y si me provocaran los vecinos hasta les cantaba el LaLaLá vestido con pantalones de campana que no tengo pero que seguro que en las tiendas estas de ropa de segunda mano se consiguen por dos perras gordas. En invierno la bicicleta es más latosa porque te recomiendan no dejar la batería en la misma si no está en un cuarto a más de quince grados y como su keli en el jardín no tiene calefacción, le tengo que quitar la batería cuando la acabo de usar y guardarla en mi casa, lo cual me da una pereza que no veas. Esto es malo, pero lo absolutamente peor, el drama de mi vida que me estaba quitando la ilusión y la fantasía es el escalón que tiene el susodicho cuarto y que para meter y sacar la bicicleta del mismo, requiere un esfuerzo sobrehumano porque la jodida, con batería pesa veinticinco kilos, es obesa como dos que yo me sé y si le añades la bolsa que le puse y la cadena que lleva dentro, debe rondar los veintisiete kilos y por la mañana cuando salgo o por la tarde cuando vuelvo o cuando voy al cine, sacarla y meterla es un ejercicio de halterofilia o necrofilia o como quiera que se llame la filia esa y todos sabemos que yo conseguí pasar la niñez, la adolescencia y la juventud sin haber puesto una pezuña en un gimnasio y me gustaría morirme sin entrar en uno pero me veía claudicando en este deseo tan puro y apuntándome al gimnasio para desarrollar los músculos atrofiados de los brazos y poder cargar la bici.

    Mis vecinos, que son ancestrales como otro que yo me se, tienen una pequeña rampa de madera para entrar en el susodicho cuarto y tras una descarnada busca en GooglEvil probando cosas, descubrí que la palabra para referirse a la misma en la lengua bárbara de aquí es drempelhulp, que tiene en su raíz el truscoluña no es nación y que es una ayuda para subir una altura, o sea, una rampa de ayuda. Mirando en las tiendas, lo que tenían no me convencía, eran muy grandes y más bien pensadas para subir sillas de ruedas o carricoches y yo solo quería algo pequeño para encauzar la bicicleta a su keli o fuera de la misma. Decidí usar la manipulación y así, en una de las visitas a mis vecinos para tomar cafelito gratis y de paso revisar su ordenador, le comenté que yo desde que era pequeñito lo que más ilusión me hacía era tener una rampa en la keli de la bicicleta para no herniarme, que a base de cargar ese peso que es más que el de un saco de papas de veinticinco kilos, que yo nunca cargué, acabaría como Quasimodo, buscando colillas por el suelo. Me lamenté de mi mala fortuna y lo poco que me quería el Dios de los cristianos y dejé allí la semillita, que fue creciendo y creciendo y finalmente, la semana pasada, cuando volví a mi casa, me encontré esto en la puerta de la keli de las bicis:

    Pedazo de rampa

    Para que después me digan que mi vecino no es un manitas, que el viejo se puso ahí con unos trozos de madera, un taladro y unos tornillos y me ha hecho una rampa perfecta y que hasta deja pasar por debajo la manguera que suministra agua al sensor de movimiento contra los gatos, la conocida como defensa norte del perímetro y que mantiene a los gatos fuera de mi jardín en primavera, verano y otoño y al que entra, le da una ducha gratuita que les provoca un estrés pre y post-traumático que yo espero que conlleve la pronta muerte de la puta bestia asquerosa, sobre todo porque entran para jiñar en el césped, que el que me diga que los gatos no hacen eso, le escupo a la cara un lapo verde de resfriado y me quedo tan ancho. Al ver la rampa me vino a la cabeza aquella frase legendaria que dijo aquel julay:

    Una pequeña rampa para la humanidad …

    … y una gran rampa para el julay del Elegido

    Ahora cuando llego a mi casa, subo la bici sin esfuerzo, vamos, que lo puedo hacer con la punta de la chorra, si quisiese o quisiere, que no quiero porque se me constipa.

  • Galería nacional de Eslovenia

    4 de febrero de 2020

    Eslovenia, como micro-país que es y sin grandes artistas que conozcamos todos, no es un lugar que se identifique con las rutas de arte. En la ciudad y cerca de un parque está la Galería Nacional, un bonito edificio de 1896 y hospeda el museo desde el año 1919 y por eso, cuando yo pasé por allí, ya estaban precelebrando el primer siglo como el museo nacional del arte. La visita en sí es un poco de disgustos y desapego, pero claro, yo estoy super-mal educado y a mi si no me pones un puñado de Michelangelo, algunos Bernini o Velazquez, como que el lugar me deja indiferente.

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