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  • The Farewell

    7 de diciembre de 2019

    Me acuerdo que hace un par de meses, viendo una película china, pusieron el trailer de la de hoy y me emocioné hasta las lágrimas y supe sin lugar a dudas que la quería ver. Por supuesto, después me olvidé del asunto hasta que la vi en la cartelera un fin de semana, justo el día y a la hora a la que no la podía ir a ver. Por suerte la repitieron a la semana siguiente y allí estaba yo, en un cine petado de gente, hasta pieles blancas había, para ver The Farewell, la cual parece ser que se estrenó en España a principios de noviembre con el mismísimo título, ya que el distribuidor no vio el punto en traducirlo cuando todos sabemos que significa truscoluña no es nación.

    Una julay ancestral la va a diñar y en su familia montan un pitote que no veas con bodorrio gitano incluido.

    Unos chinos que viven en América, con el sueño ese de tener un presidente tan molón como el pollaboba que hay ahora, se enteran que a la matriarca, a la vieja, le quedan tres lunas de vida y como en China hay un refrán que dice que si le dices a alguien que tiene cáncer se muere instantáneamente, deciden no contarle nada a la vieja y organizar un bodorrio de uno de los nietos para que todo el mundo pueda ir y verla por última vez. Una vez allí, hay que tener coraje para no echarse a llorar con las polladas de la vieja sabiendo que ya está saliendo del túnel.

    La historia de la película es fabulosa, es original y entretenida y todos los que componen la familia son fantásticos, aunque ninguno le puede hacer sombra ni jarto de güisky a Awkwafina, que se está revelando como la actriz medio china de esta generación y que es un cachondeo de mujer con la que te tienes que reír sí o sí. La película funciona muy bien en la historia principal pero con las historias secundarias de relleno no va tan bien y se le atascan y cuando le llega el turno a alguna de esas, rezas para que dure poco. La vieja está increíble y tiene una química bestial con su nieta. Al parecer la viejilla solo ha hecho una serie de televisión y esta peli y para las lunas que le deben quedar, ya casi que no vale la pena convertirla en una super-hiper-mega estrella de cine. Hay algunos momentos en los que la película perdió demasiada velocidad y se estancó, como si estuvieran esperando para llegar a los noventa minutos, aunque al final consiguieron cien y seguramente les sobran esos diez de más. Aún así, una historia tierna y bien contada que igual hasta te hace llorar, que no fue mi caso. El nieto que se casa tiene algunas escenas cerca del final épicas, haciendo su boda con la abuela que sabe que la palma pronto. Decir que la película tiene una buena mezcla de inglés y chino, ambos idiomas más o menos se reparten el tiempo.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, asúmelo, esto es muy sofisticado para tí así que mejor te quedas en casa comiéndole eso que tu sabes a tu hembra. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, no me puedo creer que no la vayas a ver.

  • Callejeando por Brighton

    6 de diciembre de 2019

    El relato comienza en Yendo a Brighton por Gatwick

    Una de las ideas detrás del viaje a Brighton era la de pasear y hacer kilómetros andando y descubriendo cosas nuevas. El relato de hoy cubre unos veinticuatro kilómetros, que fue lo que caminé durante el día. Todo comenzó a las ocho en punto que fue cuando empezaron a servir los desayunos y allí estaba yo con unos nórdicos y unos franceses, en mi caso para encochinarme a base de bien con un Full English Breakfast, el desayuno ese que es como una comilona y que yo me bajé como un campeón. Después me lancé a la calle y estando tan cerca del mar, fui directo a la zona costera, a la playa y por allí delante está el Brighton Pier, un muelle de recreo con una feria, un casino y demás y que vemos en la siguiente foto:

    Ahí donde lo vemos, el muelle ya es centenario. La playa, aunque parece arena, no la tiene, son pedrolos o eso que en las Canarias, con esa sabiduría tan grande que tenemos, llamamos callados, pedrolos redondeados de playa. La playa es enorme, de varios kilómetros y en la parte positiva, cuando te vas no te llevas arena pegada al cuerpo aunque debe ser incómodo tumbarse en esos pedrolos durante horas. Seguí avanzando por la costa, a la que volví varias veces, para ver el lugar en el que está el British Airways i360, un palo enorme con una cosa que sube para verlo todo desde lo alto y que es relativamente nuevo, tiene tres años o así y por supuesto, se hizo en Holanda, que si no no subiría porque todos sabemos que los brexitianos no son de fiar.

    En la foto anterior tan artística se puede ver el palote al fondo a la izquierda con la cosa que sube y la playa y su avenida. Decir que esta foto la hice más tarde, seguramente más cerca del mediodía porque el i360 empieza a funcionar a las diez de la mañana y yo tenía hora para el viaje de las doce, que mira tú la suerte tan grande que tuve que compré mi entrada el viernes y con las ofertas esas post-acción de gracias me ahorré un cuarenta por ciento del precio. La foto nos permite ver la ruta que iba siguiendo, ya que fui hacia el cipote ese y después una vez allí, volví a tierra pasando por la preciosa Regency Square, una plaza abierta hacia el mar con una arquitectura en los edificios que la rodean muy impresionante. Llegué a Churchill Square y aproveché para visitar una tienda de cocina que me recomendó una compañera del trabajo, después fui a ver el Jubilee Clock Tower, como todos los que hay en prácticamente todas las ciudades inglesas y seguí hacia el Royal Pavilion para visitar sus jardines y ver los horarios de apertura, aunque lo reservé para mi último día. Me perdí caminando por la ciudad, que tiene unos callejones pequeños llenos de tiendas fabulosos, conocidos como The Lane y en donde no hay una sola franquicia y el tiempo pasó y era hora de volver hacia el mar, así que fui de nuevo al Brighton Pier, que ahora ya estaba abierto y lo visité de pé a pá y después regresé al i360, con el tiempo justo para pasar el control de seguridad y prepararme para la subida. Tiene una capacidad para doscientos julays pero no creo que fuésemos más de cuarenta.

    En la foto anterior se puede ver lo petado que estaba. En el centro hay un bar, que los ingleses beben a cualquier hora del día y es como una píldora de cristal que es izada hasta ciento treinta y pico metros de altura.

    En la foto anterior vemos la ya mentada Churchill Square, que tiene unos edificios con unas fachadas muy bonitas hacia la misma y por detrás está el centro de la ciudad y si te fijas hasta ves la estación de tren.

    Ahora podemos ver la playa de Brighton y el Brighton Pier y por allí es por donde estaba la pensión. Al fondo se puede ver Brighton Marina, una zona de viviendas y de centro comercial que está a unos tres kilómetros de distancia desde el muelle. Justo en la parte inferior de la imagen se pueden ver unos palotes creando algo de artisteo que por la noche se enciende y eso. Aunque nadie me crea, por la mañana había una especie de escuela de surf y gente en el agua con trajes de neopreno pero cuando salían, las caras eran rojas como tomates de la temperatura tan maravillosa de ese agua.

    Mirando hacia el otro lado nos vamos en dirección a Hove y se puede ver como continúa la playa. Al fondo y sin que se pueda distinguir, a la altura del mar por la izquierda está la isla de Wight, que espero visitar pronto.

    Mirando directamente al mar y enfrente está el West Pier, que se quemó y que hablan y hablan de reconstruirlo aunque no hay guita ni ganas de los vecinos. Se construyó en 1866. Visto desde la playa no se ve en tan mal estado pero desde el aire se aprecia perfectamente que está totalmente quemado y que allí no queda suelo. Por la noche es uno de los sitios favoritos de las aves marinas para pasar la noche, es su keli.

    Aquí vemos el punto más alto, la cesta no sube más. Creo que leí que la energía que recuperan durante la bajada la almacenan y es la mitad de la energía usada para subir. En la parte más alta se queda ocho minutos con lo que hay tiempo suficiente para hacer fotos alrededor y entre subida y bajada deben ser unos quince minutos más.

    Cuando bajé, volví a The Lanes, que ahora estaba ya concurrido y almorcé en un café antes de ir a ver el cine más antiguo en servicio del Reino Unido, que todavía está abierto y le hice fotos a la fachada que no veremos y no vi películas ahí porque los horarios eran inconvenientes y las pelis ya las había visto y no eran de las que me gusta repetir. Crucé toda la ciudad y de alguna manera, regresé a la costa y fui andando hacia Hove, ya que quería ver unas pequeñas chozas de playa pintadas con colores vivos como la de la próxima foto:

    Hay un montón de ellas, algunas pintadas con mucha mala fortuna. En verano, este villorrio es la principal playa del Reino Unido y recibe millones de visitantes, deseosos de emborracharse a conciencia y bañarse en ese mar tan cálido, con aguas como en Galicia, de esas que te depilan el cuerpo . La puesta de sol fue a las cuatro de la tarde y la vi en el West Pier y después hice una nueva ronda de la ciudad para verlo todo de noche, que ya vimos alguna foto ayer de ese circuito y finalmente cené en un hindú, que los indios en el Reino Unido son buenísimos y me pillé un plato con cinco currys que estaba de morirse. Para cuando volví a la habitación estaba agotado, que si yo fuera culocochista como dos que yo me sé, los veintipico kilómetros se hacían sin esfuerzo pero a patita y con unos pocos grados de temperatura, uno se cansa.

    El relato acaba en La Marina y el Pabellón Real en Brighton

  • El puente Dom Luís I

    6 de diciembre de 2019

    Mira que me obsesionó el puente Dom Luís I en Oporto, tengo una cantidad ingente de fotos, desde arriba, desde abajo, desde un lado, desde el otro, sobre el mismo por arriba, o por abajo, lo mire como lo mire, es una maravilla. Aquí lo tenemos desde el otro lado del Duero, con un velero que se acerca para pasar por debajo.

  • Yendo a Brighton por Gatwick

    5 de diciembre de 2019

    Como en otros otoños, planeo escapadas a lugares cercanos en Europa de fin de semana y este año lo hice muy tarde y eso limitó mis opciones, aunque desde el principio tenía claro que quería regresar a Brexitlandia, país al que he acudido bastante en los últimos doce meses por aquello de ver las cosas antes de la debacle, si sucede. Mirando billetes de avión, al final me decanté por Brighton ya que vuelo al aeropuerto de Gatwick, al sur de Londres y desde allí se llega en media hora a Brighton en tren y además, entre semana hay ocho vuelos diarios entre ambos aeropuertos y me daba no solo un montón de flexibilidad, conseguí un billete a precio de ganga. Salí para el aeropuerto sobre las dos y media de la tarde y opté por una combinación de guagua a la estación central de Utrecht seguida del tren al aeropuerto. Allí me compré el aperitivo para el avión en el supermercado y después subí a la terminal 3 para pasar el control de inseguridad. En esa parte del aeropuerto tienen las nuevas y maravillosas máquinas que hacen innecesario el sacar las cosas de la mochila. Esto es casi como el futuro, es mágico. Después vino el control de pasaporte y tras eso estaba en la terminal. Rellené con agua mi botella vacía y después busqué un rinconcito en el que apalancarme. A esas alturas ya decían que el avión salía con media hora de retraso. La parte del aeropuerto de Schiphol reservada para el bajo costo está separada del resto y hay solo siete salas de embarque o más bien, hangares de embarque en los que casi no hay donde sentarse y todo quisqui espera de pie. Anuncian las salas prácticamente cuando el avión aterriza. En la foto siguiente tenemos una de esas salas vista desde una ventana que hay por la parte de arriba, antes de bajar a la misma.

    En realidad el retraso fue mayor, aunque lo raro es que el avión estaba en el aeropuerto pero según nos dijo el piloto, él y la tripulación llegaron en otro aparato y en esa ruta tuvieron el retraso que nos afectó.

    Dios me bendijo con un asiento de pasillo así que al que le pique, que se rasque y lo que tenemos es la foto anterior hecha mientras subía, junto a la puerta. Decir también que mi precioso asiento de pasillo resultó ser en la fila de emergencia. Despegamos con una hora de retraso y el vuelo en sí mismo es de cincuenta minutos, incluyendo el rodeo para aterrizar. En el rato que estuvimos en el aire, las azafatas (con un uso intencionado del femenino que incluye a los julandrones) no pararon porque Easyjet descontó un veinte por ciento en los productos que vende a precios abusivos y la gente se chifló toda pa’l coño. La vieja que iba al lado mío compró dos colonias de esas como de pachuli y estoy seguro que en las perfumerías en Gran Canaria las podría encontrar por mucho menos. Al aterrizar fuimos a la terminal Norte, que yo no había visitado. Desde allí, primero cruzamos por un puente aéreo sobre las pistas, después caminamos y caminamos hasta llegar al control de pasaporte y después desde allí seguí caminando hasta llegar al tren que me llevó a la terminal Sur, que es la vieja y desde esta salí a la estación de tren para pillar el siguiente a Brighton, que llegó en unos minutos porque la mayoría de los trenes que van y vienen a Londres siguen hasta Brighton. Con el retraso y demás vine llegando al poblacho sobre las ocho de la noche, con la hora menos que también tienen en las islas Canarias.

    De camino a la pensión, que está cerca del mar, fui paseando por la ciudad, ya que la estación de tren está como a un kilómetro y pico de la costa. En realidad la foto anterior, de una de las calles con iluminación navideña, que allí es con mensajes subliminales como el HOHOHO u otro que decía TRUSCOLUÑA NO ES NACIÓN, la foto la hice al día siguiente pero tengo demasiadas para ese día así que la he colado aquí. Siempre me ha fascinado la manía británica con las guaguas esas dobles que no parecen usarse en ningún otro lugar del universo conocido. La escalera para subir a la planta alta es criminal.

    Cuelo otra foto, esta una fabulosa del Royal Pavilion, iluminado fastuosamente con el color ese tan chachi y a la derecha se puede ver gente patinando sobre hielo. La foto también es del día siguiente pero decir que pasé por allí yendo desde la estación, solo que no hice fotos. Resultó que este es el único monumento iluminado decentemente para fotos nocturnas. Cuando llegué a la pensión, me dieron la llave de mi keli para dos noches. Como reservé muy tarde y las opciones disponibles eran menores, opté por una habitación con cagadero compartido con otra habitación. Por la noche salí y me di una vueltita pero algo ligero, así que el grueso del relato lo tendremos en la próxima anotación.

    El relato continúa en Callejeando por Brighton

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