Perdiendo el norte

Cuando pasé por España, la única película aborigen que había en la cartelera de semana Santa y posterior era una comedia sobre la emigración, temilla que más o menos conozco al dedillo porque así como quien no quiere la cosa, yo ya pasé por ahí hace unos años, aunque por lo que veo, con mucha mejor preparación y suerte. Pensaba que el cine estaría vacío y me llevé una sorpresa cuando vi que éramos un buen puñado de julays los que acudimos a ver Perdiendo el norte.

Dos julays se van pa’l país de los cabezones cuadrados y las pasan putas y reputas y hasta pierden la ilusión y la fantasía

Dos jóvenes hiper-preparados con múltiples carreras y títulos como para empapelar un apartamento deciden emigrar a Alemania tras ver un programa por la tele atraídos por la idea de trabajo fácil. Cuando llegan allí se encuentran que no es pachuli todo lo que huele, que sin el idioma la tienen cruda, que las puertas se les cierran igual que en España y encima tienen que mentir a sus familias para que no sepan de su fracaso.

Por cada historia más o menos positiva de un emigrante que hizo sus deberes antes de lanzarse a la aventura y le salieron las cosas bien, tenemos veinte de los que tiran pa’l monte como cabras y acaban estrellándose. Esta película se centra en esos, desde un punto de vista cómico aunque también tratando de tocar un pelín movidas sentimentales. La historia es ligera y funciona a ratos, tiene instantes gloriosos y otros aburridos. Es una película coral con un montón de gente. Tenemos al fabuloso Yon González que de siempre me ha caído en gracia y con el que me parto de risa, que protagoniza la historia junto a Julián López, que parece moverse cómodamente en la comedia y se encarga él solito de los títulos de crédito finales y los borda. Está también en un papelillo secundario haciendo lo de siempre Carmen Machi, que mismamente parece estar en un episodio de Vajída, Javier Cámara tiene un par de puntos fabulosos y por aquello de poner una pava añadieron a Blanca Suárez, que no se sabe muy bien si realmente llegó a enterarse de lo que iba la película. El toque entrañable y más profesional lo da José Sacristán.

La película tiene unas cuantas tramas secundarias y todas parecen converger en un doble final. Una lástima que no cuajaran todo bien y que en algunos momentos pierda tanta velocidad que te den ganas de echarte una partidilla a algún juego con el teléfono. Pese a eso, está entretenida y cuenta algunas cosillas que son ciertas y otras que han exagerado un montón.

Puede divertir a los miembros del Clan de los Orcos, aunque como seres inferiores y sedentarios, no creo que les interese. Tampoco creo que sea el típico cine al que van los sub-intelectuales de GafaPasta.

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Por sulaco

Maximus Julayus

1 comentario

  1. Ya me has chafado, me habían dicho que era buena y que te reías un lote, pero tú tienes puntería normalmente con la puntuación, así que… boh….que cagada…

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