Ayer regresé a mi keli en los Países Bajos y como siempre, algo que parece que se hace en un pispás, es muchísimo más. Mi avión salía a las once menos cuarto, con lo que me levanté a las siete de la mañana para el jiñote, ducha, desayuno, echar toda la pitanza en mi bolsa de cuarenta litros e ir al aeropuerto. Pasé el control de inseguridad relativamente rápido y mientras en la mayoría de los aeropuertos del mundo y quizás hasta del universo, cada vez sacas menos cosas, o ninguna, de la mochila, en España parece que van pa’trás como los cangrejos, aunque claro, con tanto suciolista, podemita y truscolán robando a manos llenas y manteniendo josdeputas-terroristas-islámicos, no queda dinero para mucho más, así que ahora, además de los líquidos, portátiles y tabletas, hay que sacar los cables de los bolsos. Después de esta tremenda estupidez y de recorrer el kilómetro de tienda de aeropuerto a precios de atraco a mano armada, llegué a la zona de embarque y como la puerta no la anuncian hasta un rato antes del mentado, me senté a esperar cerca de una pantalla después de rellenar mi botella de plástico con agua. El avión llegó puntualmente y el desembarque fue relativamente rápido, pero después resultó que teníamos un atasco de gente que dicen ser minusválidos con silla de rueda y a mí siempre me alucina el milagro tan grande que se produce en los aviones y como todos se curan en el aire. Después de que el chamo que lo hacía metió como a cinco de esos y entraron los que llevan carritos de niños, ya había pasado el tiempo oficial del embarque y entramos el resto, que al parecer somos muchísimo más eficientes. Tenía el mismo asiento que en el vuelo de ida, con ventana. El chófer nos contó no se qué milonga de problemas en el espacio aéreo portugués pero despegamos en hora. Además del vídeo del despegue, de nuevo hice pequeños vídeos de un minuto a lo largo del vuelo para sacar uno o dos vídeos más. Entramos en la península por Portugal y en la ruta el chófer pasó por Zamora, León y Llanes, antes de meterse en el golfo de Vizcaya. Por Bélgica pasamos cerca de Brujas y también vi parte del puerto de Róterdam, antes de que el chófer fuera por el mar para dar la vuelta al norte del aeropuerto y aterrizar en la lejísima Polderbaan, con lo que estuvimos quince minutos de paseo hasta llegar a la terminal. Como iba sentado por atrás tuve que esperar para salir y una vez afuera, que casualmente lo hicimos en la puerta C18, la misma que en la ida, salí por patas, llegué a la estación de tren del aeropuerto, compré un par de cosas en el supermercado que hay en el susodicho, pillé el tren y al llegar a Utrecht había problemas tanto con los trenes de barrio como con las guaguas, así que usé una ruta alternativa que me dejó a mil cien metros de mi keli y caminé el resto.
En el vídeo corto anterior se puede ver todo esto con todo lujo de detalles. Ya estoy de nuevo en el norte.