Capítulo cuarto: Cajun Country 2

Para los que no saben de que va la cosa, aquí están los capítulos anteriores:
Capítulo primero: El comienzo
Capítulo segundo: Plantation Country
Capítulo tercero: Cajun Country 1 ? Henderson

Después de pasar la noche en Houma, contactamos con el dueño de Atchafalaya Basin Backwater Adventure Tour para hacer un nuevo viaje dentro del Swamp. Lo recomendaban en una de las guías turísticas y aunque bastante más caro que los otros, nos cautivó el hecho de que fueran grupos pequeños y que, como reza en la publicidad, es la compañía de Tours más antigua y pequeña en el estado de Louisiana. Además lo ponían como una experiencia educativa y nosotros somos chicos europeos cultos y pulidos.

Nos fuimos a Gibson y pese a las claras indicaciones y a los mapas nos perdimos. Buscábamos el número 6302 en la carretera. Estaban todos los números hasta el 6299 y de repente se saltaba hasta el 6350. volvimos atrás y volvemos a repasar las casas una a una. Nada. Ni rastro del número que buscábamos. Vemos a un hombre trabajando en una casa y nos acercamos a preguntarle. No tenía ni puta idea, dice que estaba haciendo un trabajo allí, pero que no era de la zona. Al otro lado de un riachuelo (o canal o bayou) vemos más casas, cruzamos y enfilamos a una biblioteca. La bibliotecaria, modelo Solterona-amargada sin vida que envejece entre los pliegos y papeles mientras suspira por el macho al que nunca se atrevió a hablar nos dice que el número que buscamos está en este lado del bayou, porque la carretera se bifurca en dos: Norte y Sur. Flipamos. Gracias a las indicaciones de la obsoleta señora llegamos al lugar. El shock al ver a nuestros anfitriones fue de padre y señor mío. Mirad la fotillo del colega junto al árbol.

Los dos tíos que nos recibieron tenían pinta de moteros de Harley Davidson. Barbas enormes, ropilla motera. El tipo de gente que si te los encuentras por una calle obscura te da mal rollo. Nos sentamos en el porche a hablar con ellos. Uno era mayor y estaba ya con un pie en la tumba y el otro resbalando dentro del foso y el otro lucía fresco y sano. Nos enteramos que el viejillo había tenido un accidente, con la moto claro. El joven se dedicaba a esto como hobby, para ayudar al colega y ganarse unas perras, porque él también había tenido un accidente y estaba de baja permanente. Al preguntarnos la nacionalidad y decirle que éramos españoles le dimos una alegría del copón al tipo. Odiaba al presidente Bush y estaba encantado de que dos españoles, del país que dejó a Bush tirado en Irak, fueran en su tour. Firmamos su libro de honor 😉 y nos dieron una primera charla sobre lo que íbamos a ver.

Nos metimos en la barca, solos mi amigo, el guía y yo. ¡Genial! Un tour para nosotros nada más. Nos adentramos en el swamp (la ciénaga), que como podéis ver en la foto En el Swamp es extremadamente verde. En un momento determinado paró y nos dio una lección magistral de botánica y biología de la zona. Os lo juro por los tampones de la Pantoja, ese tío es uno de los mejores profesores que he tenido la suerte de conocer en mi vida. Nos bajamos y entramos de lleno en la jungla. Allí, rodeados por los cipreses, nos fue indicando las plantas, dándonos pistas para reconocer las venenosas de las comestibles, enseñándonos a identificar el rastro de animales salvajes. Algo fascinante. Ciprés y hombreEn la fotillo pequeña lo podéis ver al lado de un ciprés gigantesco, que escapó a las talas por estar dañado al haber recibido el impacto de varios rayos. Justo al lado del árbol se encontró con una serpiente, algo aparentemente natural para él, pero que a mí me puso las gónadas a la altura de las amígdalas. Maquiné inmediatamente un plan de escape simple y eficaz que consistía en tirar a mi amigo al suelo para que el bicho se entretuviera y poder salir corriendo de vuelta a la barca. Los mosquitos y otros bichos nos rodeaban y se posaban continuamente sobre nosotros, que debíamos ser la carne fresca del día. Tengo una lista con los 56 tipos de árboles y plantas que habían por allí. Os regalo un truco de supervivencia: el color rojo es SIEMPRE venenoso. Cuando veáis una planta con algo rojo, absteneros. El ROJO MATA.

Tronco de ciprésYa de vuelta a la barca continuamos avanzando por el Bayou tigre. En un punto determinado el Bayou (canal) se bifurca en dos y una de las ramas está totalmente bloqueada por plantas (la foto es de otro Bayou pero el efecto era parecido). Las plantas flotan en el agua y todas provienen de dos o tres madres, que las parieron. Se reproducen como la peste y están todas pegadas. Son una plaga en la zona. Se trajeron de Venezuela para combatir otra plaga y como dice el refrán el remedio fue peor que la enfermedad. Con unas condiciones de crecimiento perfectas y sin depredadores, se reproducen como la peste. Después de trajo marmotas para que se las comieran, pero estas descubrieron que habían otras plantas de mejor sabor en la zona y también se convirtieron en plaga. Tras estos dos fallidos intentos decidieron vivir con el problema con la mayor de las dignidades.

Mientras cruzábamos el bayou nos iba contando historias y detalles de la zona. Realmente fascinante. Una experiencia educativa de cinco estrellas. Estos señores han sido guías en varias ocasiones de los reporteros de la National Geographic.

Después de un par de horas metidos en la mayor Jungla subtropical de los Estados Unidos,Raices de cipres volvimos al pueblo y paramos en una de esas tiendas de carretera que se ven en las películas americanas, llena de folclóricos. Allí nos invitó a comer la comida típica de la zona: Unas salchichas de origen desconocido, parecidas a morcillas, pero que estaban del quince. Estuvimos hablando con la dueña de la tienda, que aún habla francés (proveniente de una de las familias de emigrantes acadianas expulsadas por los británicos de Nueva Inglaterra). Yo no hablé con ella en francés porque soy un pobre inculto bilingue que sólo habla inglés y español, además de entender más de lo que me gustaría el holandés, pero mi amigo sí empleó con ella la lengua gala.

En la tienda entraba continuamente gente a comprar alcohol, que se llevaban envueltos en cartuchos. Le pregunté por qué no se lo llevaban sin bolsa y me dijo que su licencia era de venta de alcohol pero no de consumo en el local, así que se lo tiene que dar en bolsas. Pasaron por allí algunos freaks de leyenda, pero mi memoria es corta y con tanta belleza natural ya los he olvidado.

Acabamos el tour de nuevo en el porche de la casa, hablando con ambos, absolutamente encantados de la experiencia. Los colegas se portaron muy bien y el guía nos pasó el número de su móvil por si queríamos ir por allí el fin de semana. Nos prometió hacer un asadero de caimán.

Ya en ruta enfilamos para Nueva Orleans, a donde llegamos por la tarde. Como nos sucede habitualmente, nos perdimos y nos costó un poco más de lo esperado encontrar el Bed & Breakfast que se iba a convertir en nuestra casa en los siguientes días. Tras llegar, visita al centro para ubicarnos, con paseo junto al río Mississipi.

En el próximo capítulo, Nueva Orleans 1.