De Ao Nang a Koh Tao

El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

Este era el día en el que más madrugaba ya que me recogían en el hotel a las seis de la mañana. A esa hora estaba en la recepción con el empleado que en ese momento encendía la cafetera para tener el café listo para el desayuno. A las seis y cuarto llegó la camioneta y en ella había dos franceses, que por supuesto no hablaban nada de inglés. Se estaban preparando un café con leche mientras el vehículo iba a todo meter por las calles y desparramaron más de la mitad del contenido de sus vasos.. cuando el conductor lo descubrió, se rebotó todo y se quedó mirando para ellos con cara de mala leche. Tras recoger a la gente fuimos a la oficina en la que nos agrupaban. Allí nos pusieron dos pegatinas, una con el destino y otra que informaba que según el chamo, era para el autobús. También nos dieron dos pasajes de barco. Antes de salir, uno de los capos del lugar cogió a los franceses y les hizo limpiar la camioneta, mientras ellos chapurreaban cosas en fringlés, aunque no tuvieron los cojones para no hacerlo porque el tipo tenía pinta de dejarlos allí mismo tirados si objetaban.

La idea del autobús grande desapareció ya que al ser temporada baja, era un mini-bus. Éramos trece personas. El colega conducía como un suicida truscolán y nos llevó desde la costa del lado oeste de Tailandia a la del este, es decir, desde el mar de los sunamis al mar seguro. Tardamos unas dos horas en la guagua.

En el muelle, una multitud esperaba el barco. Todos con pegatinas de diferentes colores y destinos. Llegó una guagua más y al parecer ya estábamos todos, así que comenzaron a gritar destinos y a movernos como ganado hacia el barco. Al entrar dejábamos las mochilas, las cuales las llevan en cubierta tapadas con un toldo. La cabina para el transporte era la inferior. Salimos hacia Koh Samui y desde allí hacia Koh Phangan. El viaje no tuvo incidencias, solo el tedio de la monotonía. El mar estaba perfecto y nadie se puso malo y vomitó. Una chama iba por el barco mirando el destino de las gente y a los de Koh Samui les vendía transporte a precio económico al llegar. Allí se bajaron un montón y se subieron unos pocos. Nuestra siguiente parada en Koh Phangan era el fin del viaje en ese barco y tuvimos que desembarcar para esperar el otro. Era un poco más pequeño.

Salimos en hora y tardó casi dos horas en llegar a Koh Tao, ya que no va a demasiada velocidad. En ese tiempo, dos nuevos chamos rondaban a la gente. Uno ofrecía cursos de submarinismo según él económicos (aunque los he visto más baratos) y el otro ofrecía apartamentos y hoteles a los que no llevaban nada reservado. Llegamos sobre las dos y media y yo salí andando, ninguneando a todos los que me ofrecían alojamiento, cursos de submarinismo, taxi, moto o lo que fuera. Encontré mi pensión y después de dejar las cosas en la habitación, me cambié y me puse el bañador y me fui a Maya Beach a pasar la tarde tomando el sol.

Sobre las seis regresé a mi habitación, me duché, me vestí y salí a buscar un lugar para cenar.

El relato continúa en Día de sol y playa

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