Décimo quinto día. Taman Negara

El relato de este viaje comenzó en Camino a Kuala Lumpur y Tienes un índice con todos los capítulos en Viaje a Malasia del 2009: Índice con toda la historia.

Pasé la noche protegido en mi cocoon y por la mañana comprobé que no había recibido una sola picada de mosquito. Por la mañana tuve que probar varias combinaciones hasta que descubrí como funcionaba la ducha ya que era un sistema demasiado sofisticado. Como en el baño no había luz me afeité medio a oscuras, aprovechando la penumbra que entraba por un ventanuco que tenía el baño. Opté por ponerme pantalones largos de lino para las actividades mañaneras.

Sobre las ocho y media me acerqué al restaurante flotante para desayunar. Cuando bajaba por las rampas de tierra enloadada vi que el río Tembeling llevaba muchísima más agua y la corriente era mucho más fuerte. Un grupo de locales estaban reubicando el restaurante flotante y para ello usaban sus pequeñas barcas mientras otros tiraban de lassogas que lo unen a tierra. Tras cinco minutos de tira y afloja se quedaron satisfechos y volvieron a poner la tabla por la que entrábamos al restaurante. Yo fui el primero en cruzar y me dio la impresión que no estaba muy bien puesta, algo que se confirmó cuando uno de los que habían estado ocupados en la reubicación pasó y se cayó al agua, con gran algarabía y jolgorio de los demás y un alivio extremo por mi parte. Crucé los dedos para que la cosa se arregle porque al día siguiente tendría que cruzar por ahí cargando mis dos mochilas y no me hacía gracia acabar en el agua.

Con el desayuno sucedió como con las comidas anteriores, no te dan a elegir pero te ponen una buena cantidad y la comida estaba muy rica. Con la barriga llena me puse a hablar con los holandeses, que se habían apuntado a las jornadas mañaneras y pronto llegaron la malasia y el australiano, los alemanes, los austriacos y un señor mayor al que había visto antes por la zona del poblado pero que hasta ese momento no había coincidido con nosotros y dos chinos. Llegó nuestro barco y nos subimos.

Comenzamos a remontar el río hasta un punto en el que se veía que comenzaba un camino. Allí nos bajamos saltando a tierra firme y el guía nos dijo que en cinco o diez minutos llegaríamos al punto de nuestra primera actividad, llamada en inglés Canopy walkway y que traduciré como paseo por la Canopea, la cual según la enciclopedia es el hábitat que se encuentra en el nivel superior de una selva, es decir, a gran altura y que alberga una flora y una fauna única que no se puede encontrar en ninguna otra capa del bosque. Lo que tiene de particular el paseo por la Canopea de Taman Negara es que es el más largo del mundo y se extiende durante más de quinientos metros sobre la jungla a unas alturas que oscilan entre los veinte y los cuarenta y cinco metros y todo sustentado por unos árboles gigantescos. Por ser viernes solo se podía hacer esta actividad hasta las doce de la mañana y por eso comenzábamos allí ya que normalmente eso es lo último que hacen. Hay vigilantes forestales en el lugar que se encargan de que todo sea muy seguro y de que ninguno se les escape. Yo iba en el equipo de cabeza, creo que subí en cuarto lugar y cuando comencé a caminar por las cuerdas descubrí con asombro que es algo en lo que soy muy bueno y en un par de segundos iba sin agarrarme a las cuerdas de seguridad y disfrutando más que un enano con aquello. Resulta muy difícil explicar el mundo que hay allá arriba porque es casi mágico, lleno de animales, plantas que viven en perfecta simbiosis con los árboles gigantes y con unas vistas de la jungla absolutamente idílicas. Entre tramo y tramo parábamos en las plataformas que habían ubicado en los árboles y en las que no podían permanecer más de tres o cuatro personas. Yo hacía fotos como loco de todo lo que veía y de todos mis compañeros y allí se fraguó una gran camaradería.

?ramos como chiquillos con un juguete nuevo, la sensación es maravillosa, estás allí arriba, en el techo del bosque, respirando un aire impoluto, escuchando y viendo a las aves cantando, con monos y ardillas saltando y mil bichos más. Es en esos sitios en donde te das cuenta de lo importante que es el recorrer nuestro mundo y descubrir todas sus maravillas. Todo lo bueno se acaba y cerca de media hora más tarde volvíamos a tierra en donde nos esperaba el guía con el australiano, el cual tiene miedo a las alturas y decidió quedarse abajo. Todos parloteábamos sin parar rememorando momentos inolvidables vividos allá arriba y así comenzamos la caminata por la jungla que culminaría en la colina Bukit Teresek desde donde podríamos ver la montaña Tahan. A esas horas la temperatura ya era de más de treinta grados, la humedad del mil por ciento y pese a que sólo íbamos a caminar unos dos kilómetros y después volver, el hecho de ser cuesta arriba y los factores ambientales lo convirtieron en una prueba de resistencia brutal. Nosotros nos distraemos fácilmente y a veces era una seta increíble, en otras un insecto terrorífico y las más los gritos que se oían desde la espesura. Parábamos de cuando en cuando a tomar resuello y el guía nos contaba historias y compartía sus conocimientos sobre la flora y la fauna con nosotros. En un punto determinado nos dijo que siguiéramos quinientos metros más y llegaríamos al mirador de la colina Teresek y él se quedo allí esperándonos. Ese último medio kilómetro fue como el final de una maratón, todos nos dábamos ánimos e íbamos sin resuello procurando no apoyarnos en los árboles porque nunca se sabe que bichos pueden estar allí esperándonos.

Una vez en el mirador la vista era de las que te cortan la respiración. Nos sentamos un cuarto de hora a hablar, hacernos fotos y disfrutar con un rincón del mundo en el que aún no han llegado los promotores. Allí me dieron casi todos sus direcciones de correo para que les mande las fotos que les hice. Los holandeses se quedaron de piedra cuando les dije que el señor mayor también era holandés y además todos veníamos de la misma ciudad, de Utrecht. Casualidades de la vida, cuatro personas de una ciudad con cuatrocientos mil habitantes se encuentran a diez mil kilómetros de distancia. El señor nos dijo que su esposa había muerto el año anterior y ahora viajaba él solo por el mundo como hacía cuando iba con ella. No llevaba cámara alguna de fotos porque decía que ya él, con ver las cosas tenía bastante. Tiene sesenta y ocho años. Los jóvenes holandeses son novios. Ella comenzaba a trabajar durante tres meses en un hospital de Kuala Lumpur diez días más tarde como parte de las prácticas de la carrera de medicina ya que se estaba especializando en enfermedades tropicales y él seguiría solo viajando por Camboya, Laos y los países de los alrededores hasta que ella terminara sus estudios, después iban a seguir dos semanas más de viaje y luego volverían a los Países Bajos. Es fascinante conocer todas esas historias de viajeros que como yo siguen sus propios senderos y no tienen miedo a lo desconocido.

En un momento determinado decidimos que ya era hora de volver con nuestro guía y recorrimos el medio kilómetro de vuelta. Descansamos en el otro lado de la montaña, también con unas vistas preciosas y comenzamos el descenso. El guía se salió del camino oficial y nos llevó por otro más arcaico que va directamente por dentro de la jungla. Eran rampas pronunciadas y los animales nos rodeaban por todos lados pero quizás por el cansancio o por el sudor extremo ya no nos importaba.

Volvimos hasta el río y casi cuatro horas más tarde estábamos en el restaurante flotante en donde almorzábamos. Para por la tarde teníamos un programa algo más ligero y en el que igual nos mojábamos por lo que me cambié y me puse el bañador que me había comprado y cogí un par de bolsas para proteger la cámara.

A las dos de la tarde salimos río arriba para tomar los rápidos en dirección hacia Trenggan. Era un río más pequeño y mucho más revuelto en el que la barca recibía unos bandazos tremendos y nos bañábamos con el agua que entraba. Todo lo que se podía mojar lo habían guardado en una mochila enorme y que aguantaba el agua y así pudimos disfrutar la aventura mucho más. Era como ir en una montaña rusa de agua. En un punto determinado vimos unos indígenas jugando en el agua y hacia allí nos dirigíamos. Era un asentamiento de los Orang Asli, algo que se puede traducir como la gente original o los aborígenes en el idioma malayo. Nos bajamos del barco y nos acercamos a su asentamiento, unas cabañas abiertas muy precarias en las que estaban todos tirados pasando la calor. El guía nos explicó que esta gente son los únicos que tienen permiso del gobierno para vivir como nómadas dentro del parque nacional y que hay unos diecisiete asentamientos repartidos por el interior del parque. Cuando se cansan de algún lugar por alguna razón lo abandonan, buscan uno nuevo y fabrican nuevas cabañas. Viven de la caza, algo de lo que se encargan los hombres. Tienen una esperanza de vida de unos treinta y cinco años y en cada cabaña hay una familia. El asentamiento que visitamos es de los que están en plena transición hacia nuestra sociedad, los que más o menos han decidido que no quieren seguir viviendo malamente dentro de la jungla y buscan integrarse en la sociedad. Aún así, mantienen sus costumbres y fue fascinante verlos en su entorno. Los chiquillos eran muy simpáticos y tímidos y correteaban mientras nosotros los seguíamos para hacerles fotos. En un lugar del asentamiento uno de los mayores nos enseñó a hacer fuego y a disparar dardos con unas cerbatanas enormes que usan para cazar.

La visita fue muy didáctica y te da que pensar en lo bien que vivimos y lo avanzado que estamos si nos comparamos con esta gente, que viven menos de la mitad de lo que lo haremos nosotros, no tienen ningún contacto con la electricidad, el agua corriente y similares y a poco que agarren una enfermedad, si no se mueren por causas naturales los mata el hechicero del poblado con sus potingues y rituales.

Cuando acabó la visita volvimos al barco y bajamos por los rápidos divirtiéndonos de nuevo. Estábamos de vuelta sobre las cinco de la tarde y me fui a descansar por un par de horas ya que la cena era a las siete y media. Cené con el australiano y la malasia y los tres debatíamos sobre si apuntarnos al safari nocturno en jeep o no. La gente nos había dicho que no se ven muchos animales y que en realidad no van por la jungla sino por los lindes de una plantación que está en la frontera con el parque y al final la decisión vino de la mano del tiempo porque comenzó a llover y cada vez era más y más agua y optamos por quedarnos. Después de media hora lloviendo de una forma como nunca he visto, más bien diluviando, vimos que los guías y los que trabajaban en el restaurante salían a escape. Una de las barcas estaba anegada y se estaba hundiendo. Consiguieron quitar el agua y durante la siguiente hora se lo pasaron achicando agua de todas las barcas. Por las laderas bajaban ríos de lodo y mientras tanto, nosotros éramos los únicos que quedábamos allí y estábamos en modo tertulia. Sobre las diez de la noche la lluvia se convirtió en una ligera llovizna y todos aprovechamos para poner tierra de por medio y salir corriendo hacia nuestros chalés. El barro hacía el caminar por el lugar algo difícil pero una vez has subido y andando en lo alto de los árboles, has corrido los rápidos y vistos a los indígenas, unp oco de barro no es nada.

y así, con un diluvio acabó mi segundo día en Taman Negara

El relato del viaje continúa en Décimo sexto día. Taman Negara a Kuala Lumpur

6 opiniones en “Décimo quinto día. Taman Negara”

  1. Seguro que los Orang Asli son más felices así que mucha gente que tiene millones de cosas materiales…. lo que me deja helada es lo de su esperanza de vida…. hay para algunas cosas que los avances deberían llegar a todos sin excepción.

  2. No creas. Los de treinta años aparentaban sesenta y el guía también nos dijo que la tasa de muertes en niños y recién nacidos es altísima. No tienen nada y por más que suene romántico vivir así, no cambio las comodidades que disfruto por algo como lo de ellos ni por un billón de euros. Pasarte el día prácticamente desnudo, descalzo y rodeado de bestias con más de treinta grados y una humedad de alrededor del 90% no es lo mío. Dormir en un espacio de 9 metros cuadrados con otros siete miembros de tu familia, con tus padres copulando poco menos que encima tuyo tampoco es algo que quiero presenciar.

  3. Lo que mas me gustó de tu relato fue el andar por las copas de los árboles, debe ser una gozada!
    El viejo de 68 bien pude haber sido yo…
    Salud

  4. Hola!

    Muy bueno tu relato sobre Taman Negara. Me he reido un montón, al mismo tiempo que he aprendido muchas cosas sobre aquello.

    Mi novia y yo vamos a Singapur, Indonesia y Malasia. La parte de Malasia es la más misteriosa para nosotros y como tenemos pocos días allí, estamos dudando entre si ir a la selva o no. ¿Es posible tomar un tour express desde Kuala Lumpur de 1 ó 2 días tan sólo?

    Muchas gracias.

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