El castillo de Praga y la Iglesia de San Nicolás

El relato comenzó en Mi segunda visita a Praga

Nuestro segundo día en Praga comenzó con un buen desayuno en el hotel. El restaurante estaba petado de frikis. Allí el que menos tenía la consabida ceja única que les distingue y los separa del resto del universo. Además, la mayoría parecían portar camisetas de Firefox así que deduje que se debía tratar de alguna reunión de desarrolladores de este excelente navegador. Una cosa es usarlo y otra ver a todos esos bichos raros juntos, la mayor parte más bien del árbol de los insociables, sin hablar entre ellos y todos concentrados en sus portátiles, que casualmente eran mayoritariamente apple. Las tías se podían hermanar perfectamente con las mujeres de Vecindario, la conocida capital de Mordor. Eran feas hasta cometer pecado mortal y la que menos tenía un bigote como un estropajo de grande y de tupido. Algunos se servían platos de comida como si en su vida hubieran tenido oportunidad de comer algo. Era hasta vergonzoso. Arrasaban con todo lo que ponían los camareros, los cuales no daban abasto.

Después de desayunar pedimos en la recepción un taxi y este nos llevó hasta la puerta del Castillo de Praga. De lo que se trataba era de visitar el lugar y no de empezar ya cansados ya que llegando con transporte público no es tan amañado. Junto a la puerta del castillo había un coche de época y mi madre se empeñó en que le hiciera fotos junto al mismo. Después se fijó en los guardias de la misma puerta y casi se monta a la pela de uno de ellos para hacerse una foto más espectacular. Si mi madre fuera una chocha bulímica no habría nada malo pero es que con su peso, lo clava al suelo y no hay quien lo despegue.

Pasamos al interior del castillo y me acerqué a la oficina de información para comprar las entradas. Después nos pusimos en la cola para ver la catedral y alucinamos con su interior. En esta visita pasé de pegarme la quemada de subir a la torre ya que aún tenía frescos en mi memoria los recuerdos del palizón que me di con Kike cinco años antes. La catedral es una auténtica obra de arte y al salir continuamos por el Antiguo Palacio Real de Praga. Después de visitarlo nos tomamos un cafelito y entramos en la preciosa Basílica de San Jorge. Lo bueno del castillo de Praga es que es una colección de edificios y te sirve para pasar medio día o un día entero, si eres más bien lento. Tras el paso por la iglesia fuimos a ver el callejón del Oro y la casa en la que vivió Franz Kafka y tras pasar por las mazmorras del castillo bajamos hacia el río Moldava disfrutando con las espléndidas vistas de la ciudad de Praga que hay por la zona.

Entramos en la Iglesia de San Nicolás en Malá Strana pagando la donación OBLIGATORIA. Deberían llamarlo entrada ya que voluntariamente yo no habría aflojado ni un céntimo y si pagué, fue porque el templo lo merece. Cruzamos por el puente de San Carlos y volvimos a la parte antigua de la ciudad y repetimos almuerzo en el »Restaurante STOLETÍ«, un gran descubrimiento.

Regresamos al hotel para la siesta y por la tarde fuimos en tranvía a la Plaza de Wenceslao, el corazón de la Praga moderna y una parte de la ciudad que personalmente encontré fea. Hicimos algunas fotos, curioseamos por el lugar y como realmente lo único que hay es el museo nacional y tiendas, tomamos el metro en la estación de Muzeum y volvimos hacia la parte más antigua de la ciudad. En la plaza del casco viejo había mucha animación y volvimos a ver el espectáculo del reloj astronómico. Deambulamos por la zona sin rumbo fijo y para cenar elegimos el restaurante La Bodeguita Del Medio, el cual me había recomendado mi amigo el Rubio. Estaba petadísimo de gente y el camarero que te asigna mesa nos dijo que sin reserva era imposible a menos que quisiésemos estar en la zona de NO fumadores, toda una bendición ya que como es bien sabido, yo nací con una intolerancia radical a la mierda del humo de los que fuman y a los que les deseo todo lo peor, siempre. La comida estaba deliciosa y para cuando terminamos, los señores mayores que me acompañaban ya empezaban a cansarse así que los dejé en el hotel y yo me marché a dar un garbeo y de paso ir al cine.

Aunque pueda parecer que hemos hecho poco, en ese segundo día liquidamos gran parte de las cosas más turísticas de la ciudad y nos faltaban por ver algunas atracciones algo más alejadas del centro.

El relato acaba en El monasterio Strahov, Loreto y la colina Pet?ín

2 opiniones en “El castillo de Praga y la Iglesia de San Nicolás”

  1. Nene, si yo fuera tu madre, en la próxima reunión familiar te echaba laxante en la comida, por majo… que si su peso, que si “señores mayores que me acompañaban”…. *aish* y seguro que te quiere igual, es lo que tienen las madres….

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