El secreto de sus ojos

El secreto de sus ojosNo hace ni media hora que salí del cine y aún estoy en estado de shock. Por eso me gusta dejar reposar las películas y no hablar de ellas en caliente pero en este caso haré una excepción. Cuando comenzaron los títulos de crédito, pensé que lo que haría al llegar a casa es poner el título, el cartel y un espacio vacío y únicamente la puntuación. No me creía (y aún no me creo) capaz de decir nada digno sobre esta maravillosa historia y pensaba (y pienso) que la mejor forma de honrarla es con un blanco absoluto. Por desgracia tengo que cubrir mi cuota de escritura en español y dejaré caer por aquí las impertinencias que se me han ocurrido. Estos días se celebra en la ciudad de Utrecht el sexto Festival de Cine Latinoamericano LAFF y ya he visto dos películas. Una de ellas ha sido El secreto de sus ojos, la ganadora al Oscar a la mejor película extranjera de este año y una que por vivir en el exilio no había podido ver. La han puesto en una sola sesión y para asegurarme compré mi entrada desde el lunes. El cine estaba petadísimo de gente, con un lleno absoluto y creo que todos hemos salido con la misma impresión: mereció la pena

Un julay tozudo se empecina en resolver un caso mientras la piba que le sube la milirrubina se le envejece toda y en el camino descubre que su vida se le ha pasado en un suspiro y dos estornudos

Un funcionario de juzgados se acabad de jubilar y decide escribir una novela sobre uno de los casos en los que trabajó veinticinco años atrás. Al hacerlo, abrirá un baúl que creía cerrado y la marejada de recuerdos pasados arrasará su vida y la de aquellos que se vieron involucrados en el asunto. Se trató de la investigación de la violación y el asesinato de una joven en su casa. Primero acusaron a dos pringadillos pero tras demostrarse su inocencia, el tipo descubrió que el asesino era un amigo de juventud de ella que estaba muy enamorado. Tras encontrarlo y conseguir que lo condenen a perpetua todos continuarán con sus vidas aunque sus vidas se irán entrelazando y el presente, el pasado y el futuro tomarán por caminos extraños y misteriosos.

Resulta muy difícil contar historias con flashbacks y que mantengan a los espectadores agarrados a sus asientos. La falta de una estructura lineal es siempre algo peligroso y que se puede torcer en cualquier momento. Sin embargo, aquí irá mejorando segundo a segundo y aumentando la tensión mientras aquello que descubrimos no resulta ser y la verdad, los recuerdos y los deseos se van mezclando en un cóctel explosivo que para cuando explota no deja a nadie indiferente entre el público.

Si a un guión que roza la perfección le añadimos a un Ricardo Darín sobradísimo y que nos lleva entre risas y angustias por este tortuoso sendero, el resultado es un clásico. Juan José Campanella ha dirigido una obra increíble, perfecta, que conmueve a los espectadores, que no nos deja ni un instante y con la que vivimos intensamente ese lenguaje tan especial que es el del cine, un lenguaje creado para que vivamos en nuestra carne las historias de otros.

Es una historia muy intensa y que no dejará a nadie indiferente. Solo recomendada para aquellos a los que les guste el cine de verdad.

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