El sentido de un final – The Sense of an Ending

Hay películas que solo vamos a ver un pequeño grupo de sufridores, que pasan por la filmoteca y ni los sub-intelectuales con GafaPasta les prestan atención. Hace tres semanas pasé por Amsterdam y en la filmoteca tenían uno de esos títulos, una peli que no ponían en ninguno de los otros cines de la cadena. Obviamente, esta señal de peligro no me detuvo y entré a ver The Sense of an Ending la cual al parecer se estrenará en España algún día con el título de El sentido de un final.

Un julay tiene morriña de aquellos polvos que trajeron estos lodos

Un chamo viudo o algo así y que tiene una pequeña tienda de reparación y venta de cámaras fotográficas del pleistocénico analógico recibe notificación que le ha tocado un diario en un testamento. Cuando lo intenta recuperar, de una hembra que solía chingar en un pasado muy lejano, no lo consigue y se emputa que no veas. Comenzará a recordar aquellas chingadas mientras que en el presente está estropeadísimo o algo así y se inventará unas historias que ni que fuera guionista de los programas de gritos de Telajinco.

A mí una película que en realidad son historias del pasado y del presente y que vemos en paralelo ya me da mal rollo porque yo no funciono muy bien con ese estilo narrativo. Me distrae y me termino decantando por uno y odiando el otro y eso es lo que me pasó aquí, en donde el pasado y todo el puterío que había es super-interesante y el presente es un mierdote del copón que se sustenta en aquellos maravillosos años o algo así. La película avanza a trompicones, tratan de montarse un rollo místico o algo así que no funciona y las polladas del chamo en el presente como que me la traían al fresco, al igual que los personajes que aparecen en esa etapa temporal. Supuestamente el chamo está haciendo balance de su vida aunque se le ve muy sano pero en realidad yo creo que lo que quería era cogerse a la pelleja envejecida o en su caso, al hermano mongólico de la misma, al que también acosa sin vergüenza alguna. En un punto determinado de la historia el tiempo parecía haberse detenido y me dio un jamacullo y yo creo que sobé por lo menos diez minutos. Puedo confirmar y confirmo que una doña que se sentaba en mi fila hasta roncaba de puro gusto con la película. Hay que señalar que elegir a unos actores jóvenes que no se parecen en nada a los viejos y tenerlos en paralelo en pantalla, saltando de uno a otro es toda una experiencia.

Al tener en mi árbol genealógico sangre de los miembros del Clan de los Orcos sufrí como cualquiera de ellos y me aburrí horrores. Esto no sirve tampoco para los sub-intelectuales con GafaPasta ya que se pasaron de frenada. Lo mejor sería poner velas a la virgen y el santo de turno para que solo permitan su estreno en truscoluña, que no es nación.

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