En bicicleta a Groeneveld

Salgo del trabajo y me voy a pasear con la bicicleta, aprovechando los casi veinte grados y el cielo azul. Primero paso por mi casa y me encochino, cenando a la holandesa, es decir, antes de las seis de la tarde. Con los guisantes con salchichas aún flotando en mi tripote, meto la cámara en la mochila y me voy con la Poderosa.

A medio camino el tráfico está cortado y no puedo seguir. Esta semana, durante cuatro días, a partir de las seis se realizan unas jornadas lúdico deportivas por todo el país en las que las familias se van a caminar con sus hijos, haciendo una serie de kilómetros cada día. De lo que se trata es de inculcar algo de deportes a los niños cibernéticos cuando aún son influenciables y de paso, realizar algún tipo de actividad al aire libre con los padres. Son decenas de miles de personas las que participan en esto. El circuito que han montado en Hilversum es a las afueras de la ciudad, en una zona llamada Anna’s Hoeve. Por culpa de los miles de caminantes, no puedo pasar así que he de retroceder y buscar una ruta alternativa. Voy cerca de mi empresa, a los bosques, ya que por allí hay un camino. Cuando estoy entrando en el bosque me encuentro que la zona está llena de conejos.

Salto de la bici como un galgo y pude hacer alguna foto de uno de ellos. Una señora que pasó más tarde me dijo que el sábado anterior hubo una soltada de conejos en aquel lugar. La gente los deja en libertad cuando ya han crecido y no los quieren como mascotas. Me imagino que serán pasto de los gatos de las casas de alrededor aunque aún se pueden ver decenas de ellos por allí. Los conejos no me tienen mucho miedo y se dedican a burlarse de mí escondiéndose en los matorrales. Me fijo que ya han comenzado a escarbar madrigueras así que no irán muy lejos.

Bufalo escocés

Búfalo escocés, originally uploaded by sulaco_rm.

Vuelvo a la bici y cuando estoy cruzando Anna’s Hoeve por el norte me topo con el de la foto, un primo lejano al que hace tiempo que no veía. Salto nuevamente del aparato y me pongo a hacerle fotos a él y a sus colegas. Los bichos estos viven libremente en los alrededores de la ciudad. Son los que se encargan de mantener la hierba bajo control en esas zonas. Suelen ser muy pacíficos, aunque eso no lo sabía cuando me topé con ellos por primera vez en el 2000 llevando un polar de color rojo. Salté de mi bici y salí corriendo como una maricona vieja. Me los encontré de sopetón al bajar una pequeña ladera. Aún tengo pesadillas cuando revivo aquel día. Pensé que me daban el finiquito. Ahora, como la confianza da asco, me pongo en las narices del animal a hacerle fotos mientras este está rumiando su hierba y cagándose en todos mis muertos.

Una vez me aburrí de los búfalos, sigo mi ruta parando sólo en donde mi ojo bizco me dice que puede haber una foto bonita. Llego así a Groeneveld, el castillo cercano a la ciudad, un lugar con unos jardines preciosos. Hago unas cuantas fotos por allí. En una de ellas tengo una pareja de lesbianas tumbadas en la hierba mientras intercambian saliva, pero las pillé muy lejos y sólo yo sé lo que sucedió. Me sentí tentado de llamar a uno que yo me sé y contarle lo que estaba viendo, pero decidí ser generoso con las desgracias ajenas. Había mucha gente paseando por allí con sus perros, que entraban y salían de los canales recogiendo las pelotas que les tiraban.

Cuando me aburrí de pasear por allí y de tomar fotos, volví a la ciudad, teniendo buen cuidado de no equivocar el camino, que en aquellos bosques hay un centro de alojamientos de personas con minusvalías psíquicas y una vez acabé allí dentro, rodeado de deficientes mentales que me miraban parapetados tras los árboles mientras otros me perseguían con sillas de rueda. Sé que suena terrible, pero os juro que me acojoné. Aquello está todo vallado y tuve que volver a encontrar la puerta por la que había entrado, que por supuesto la habían cerrado, no respondían al timbre que hay allí y me pasé veinte minutos hasta que alguien con un pase de seguridad la abrió y escapé.

Después de rememorar ese sitio, volví a casa por la ruta que quería seguir durante la ida. Aún estaban con lo de la gente caminando, pero esta vez me dejaron pasar. Llegué, me he tomado un vaso de té helado con limón y en dos minutos me voy al centro a tomarme unas cervezas con el chino en las terrazas.