Ida y vuelta a Gran Canaria

Siguiendo una tradición que se remonta muchos años atrás hoy tenemos un nuevo episodio de mis viajes y una vez más es un viaje a Gran Canaria. Por extraño que parezca, conseguí un billete más barato usando una línea aérea convencional, es decir, las compañías de bajo costo eran considerablemente más caras que una aerolínea tan conocida como KLM. La diferencia era escandalosa, podía ir y volver a Gran Canaria por ciento sesenta y seis leuros con ellos o pagar más de doscientos leuros con Ryanair y en su billete iba incluido el derecho a facturar 23 kilos, 10 kilos de equipaje y hasta papeo en los trayectos a y desde España. El inconveniente era una parada de unas dos horas en Madrid para tomar un vuelo de Air Europa y a cambio tenía la flexibilidad de varios vuelos diarios así que fui en sábado por la mañana y volví en domingo.

Para ir de mi casa a la estación de tren tomé un taxi ya que con la primera guagua de la mañana, el tiempo de trasbordo era de dos minutos y si el guaguero llegaba tarde o le daba un mal aire me jodía vivo. KLM ha cambiado sus reglas para facturar equipaje y ahora cierran el vuelo hora y media antes del despegue y por eso, aunque mi avión salía a las nueve y media, debía estar en el aeropuerto antes de las ocho para facturar. El día antes llamé a una de las compañías de taxi en Utrecht y a la hora solicitada estaba el marroquí que habitualmente pilota estos vehículos en la puerta. A veces me pregunto si aparte de marroquíes y turcos, existe alguien más ejerciendo esta profesión en Holanda. El hombre había estado de servicio toda la noche y era su última carrera antes de ir a dormir así que procuré hablarle para que si se duerme al volante, lo haga después de mi carrera y que se estampe solo. Llegué a la estación con diez minutos y me dirigí directamente al tren ya que había comprado por Internet tanto mi billete de ida como el del tren de vuelta. El tren ya esperaba en el andén pero estaba cerrado. Aparece la chocha del martes, una chorba que no veas y que o había salido de marcha y recién regresaba a Amsterdam o la promesa de amor eterno y un rabo como un pepino de grande no se cumplió y del disgusto tan grande que se llevó decidió cancelar el salto de cama. La tía llevaba unos tacones kilométricos y no debía haber practicado lo suficiente porque casi se escoña y acaba en los raíles y para colmo de males me vio doblado de la risa y solo pudo lanzarme una mriada de odio. Cuando el tren arrancó, no éramos más de diez personas en el mismo y eso incluía al conductor y el revisor.

El tren iba hacia Amsterdam y en la estación de Duivendrecht teníamos que cambiar a otro, maniobra para la que teníamos ocho minutos de los que nos sobraban siete. El segundo tren llegó con precisión suiza y llegué al aeropuerto a las siete, con tiempo suficiente para calamidades, retrasos e imprevistos. Subí a facturar, saqué mis tarjetas de embarque y después fui a entregar la maleta y me encontré que han suprimido a los seres humanos y han puesto unos dispositivos en los que tú mismo te facturas tu equipaje y si te pasas del peso adecuado viene un empleado a meterte la clavada. La tarea es simple y está muy bien explicado pero la gente se entrena para conseguir medalla en las olimpiadas paramongólicos y algunos están allí una eternidad. Yo completé la tarea en un suspiro y de allí me fui a pasar el control de seguridad en el cual no pité bajo los arcos y crucé rápidamente. Con tiempo de sobra, busqué mi puerta de embarque y me dediqué a esperar chateando con el Rubio y jugando con el iPad.

El avión salió 4 minutos antes de la hora prevista aunque después nos tuvieron quince minutos en cola hasta que nos llegó el momento de despegar. Iba sentado en la fila de la salida de emergencia, esa legendaria viciosilla que nunca he visto pero de la que dicen que hay hasta ocho en cada avión. Todavía no me explico como me asignaron ese asiento porque normalmente hay que pagar pero bueno, a caballo regalado no le mires el ojete y el espacio adicional para los pies se agradece. Nos dieron el desayuno y me quedé dormido un rato. Después vi un episodio de una serie y ya comenzó el aterrizaje. Al no ser las líneas aéreas de España, las de las huelgas y el funcionariado, no aterrizamos en la siniestra y horrenda T4 y fuimos a la ancestral y medio-ruinosa T1/2/3. El tiempo de espera lo maté caminando y viendo las tiendas de precios más caros que fuera pero sin impuestos. En el lugar, una persona miraba en las papeleras buscando cosas, supongo que para comer. Es la nueva España, la herencia de el expresidente ZaPatazos, el tío que arruinó el país y lo mandó a la Edad Media, aunque él sí que tiene un buen retiro para mantener a las dos Bostas Góticas. El único aeropuerto del universo en donde había visto a alguien rebuscando en las papeleras fue en Johannesburgo, así que supongo que esta debe ser una nueva característica propia de la Capital de la Alianza de las inCivilizaciones.

Viajando por Madrid, asumía que tendríamos un retraso de una hora, algo muy habitual allí pero parece que tuve suerte y el avión solo salió con veinte minutos de retraso. Por supuesto que no nos dieron de comer nada gratis y maté las dos horas y pico de trayecto, las cuales la azafata convirtió en una hora y media porque lo suyo no eran las matemáticas, durmiendo. Después de aterrizar bajé a recoger mi maleta y tuve tanta suerte que salió la segunda así que en un pis-pás estaba fuera del aeropuerto y tomaba un taxi para ir a casa de mis padres.

Corremos un ligero velo con lo que sucedió en la isla durante esa semana y avanzamos en el tiempo hasta el domingo.

Mi avión de vuelta salía a las siete y cinco de la mañana así que pedí un taxi para ir al aeropuerto a las cinco menos diez para estar allí a las cinco. El taxista llegó puntual y me dejó en la terminal a la hora prevista. En los mostradores de facturación no había nadie y al parecer en España no es muy conocido el sistema de las máquinas para auto-facturación así que tuve que esperar quince minutos a que aparecieran los profesionales de ese oficio. Fui el segundo en facturar y de allí me fui a pasar el control de seguridad, el cual en Gran Canaria es mágico e impredecible y el arco pitó que no veas y me obligaron a quitarme las botas, las mismas que no pitan en ningún aeropuerto por encima de los Pirineos. El que miraba la pantalla de televisión con los rayos equis debió pensar que mi cámara era un arma de fuego y me pidió verla. Supuse que la vida es muy dura y se aburren así que se entretienen manteniendo conversación con el populacho. Me compré un capuchino y saqué los dos donuts que me puso mi madre en el bolso de mano y desayuné, tomándome mis pastillas de Pro-vitamina A para ayudar en el bronceado. Aparte de un vuelo de Ryanair a las seis de la mañana y otro a las seis y media, solo habían dos vuelos a las siete, ambos para Madrid, uno de Iberia y el otro de Air Europa. El intelectual que realiza la planificación debió chupar mucha lefa del párroco que le dio su educación religiosa y teniendo TREINTA Y TRES puertas para elegir, puso los dos vuelos de Madrid juntos con lo que en el mismo lugar del aeropuerto nos juntamos casi cuatrocientas personas. La gente se equivocaba de cola, los empleados histéricos y en algún lugar del infierno, alguien calentando la hoguera en la que espero que quemen a ese hijoputa. El proceso de embarque, gracias a esto y a que la gente parece que no comprende el concepto de tengan su tarjeta de embarque y un documento de identidad en la mano en el momento de la comprobación fue lento y eterno y de hecho, ambos aviones salieron con unos minutos de retraso.

En mi vuelo a Madrid aproveché para ver un par de episodios de series y jugar con el iPad mientras el tío que iba a mi lado lo miraba con envidia. Al llegar, salí de nuevo en la T1/2/3 y me eché una meada en un baño que limpiaron justo antes de que la gente hiciera la manifestación delante del barco de Chanquete y que hedía a limpio. En las tiendas libres de impuestos pero casualmente más caras compré un par de botellas de vino y busqué mi puerta de embarque para plantarme en el lugar. La gente comenzó a llegar y para cuando avisaron estábamos todos y la cola era de escándalo y gracias al buen diseño del aeropuerto, bloqueaba el movimiento de otros pasajeros, una característica muy buscada y deseada por los arquitectos españoles especializados en estos edificios y que no creen en la movilidad. Un tío pretendía meter dos maletas como equipaje de mano y decía que un supervisor le había dado permiso y el verdadero supervisor le dijo que nones, que o facturaba o se iba a tomar por culo. Más tarde descubrieron que en realidad ya había facturado veintitrés kilos y pretendía llevar de más y como no quiso pagar por la nueva maleta, salimos con cinco minutos de retraso ya que tuvieron que buscar su equipaje facturado y dejarlo en tierra. Es poco probable que el chamo aprenda la lección ya que los necios carecen de ese gen particular. A mi lado se sentó un pobre con un Androitotorota al que por supuesto y por principios no le hablé, que lo suyo igual es contagioso.

Nos dieron de almorzar en el avión y llegamos a Schiphol con veinticinco minutos sobre la hora prevista y ni siquiera nos hicieron aterrizar en el puto Polderbaan, esa pista que está a veinte minutos del aeropuerto. Salí de los primeros ya que iba casi adelante y como íbamos en línea aérea de calidad estábamos cerca de la zona de recogida de equipaje y no en las extra-alejadas puertas A, las reservadas para miembros de UánGuol y líneas aéreas similares. Mi maleta salió de nuevo de las primeras y como ya tenía el billete para el tren me fui directo al andén. A partir de ese momento mi amigo el Rubio comenzó a seguirme e informarme de mi ubicación. Llegué a Utrecht y en la estación de tren tomé la guagua que me dejó en mi casa antes de tiempo. Así, sin prácticamente ninguna incidencia, transcurrieron estas dos jornadas saltando tres mil y pico kilómetros para recargar las pilas y tomar algo de color, que el pálido no es muy primaveral.

En algo más de un mes comenzará la próxima aventura y esa será en dirección a Asia.

8 opiniones en “Ida y vuelta a Gran Canaria”

  1. Parece mentira que el imbecil ese haya preferido quedarse en tierra que pagar lo que por otra parte le correspondía…
    Un viaje muy cortito pero si te compensa…
    Salud

  2. Lo mismo que en todos los vuelos, la gente está empaná, mira que dicen veces lo de la tarjeta de embarque y mira que te dicen en Ryanair que sólo un equipaje de mano, pues siempre hay un gilipollas que no se ha enterado y se queda a cuadros cuando le dicen que tiene que meter el bolso de mano en la maleta, qué aburrimiento de humanidad, por favor.

  3. Sigo pensando que lo tuyo con la T4 es manía, a mi me encanta esa terminal. Y es una putada tener que comprar el vino en las tiendas del aeropuerto, pero meterlas en la maleta sería peor, así que no te queda otra… no podrías autoenviarte una caja con unas botellas, un jamoncito, embutidos, conservas y demás viandas patrias por Seur o una compañía de estas? por lo que pagas por el vino en el aeropuerto yo creo que te lo hacen llegar….

  4. Quien dice que no llevaba vino en la maleta. Llevaba tres botellas y las adicionales las elegí de las que tienen en oferta y una de ellas estaba más barata que en el AlKanPo de Telde, que para eso en la ida hice la investigación. De mis 20 kilos de equipaje facturado, seguramente uno era de ropa y los otros diecinueve de pitanza, alcohol y una caja con setenta u ochenta dosis individuales de leche condensada para hacer lacitos y barraquitos y que solo eso pesaba un kilo, pero como las Canarias están fuera del territorio de la UE para ciertas cosas, no puedo comprar todo lo que quiero allí ya que hay límite y por eso añadí tres botellas más en Madrid.

    La T4 es una cagada gigantesca. Mi madre te puede contar de cuando estuvo una hora perdida en la misma con mi padre y yo todavía recuerdo la media hora que pasé buscando cierto local o cuando te largan en la mierda de la terminal satélite viniendo de Canarias, tienes que hacer una conexión y te obligan a pasar controles policiales con una fila que ni en Cuba para conseguir harina porque al parecer la terminal satélite está en territorio terrorista o similares. Lo dicho, T4(S) = cagada épica y legendaria

  5. Comparto tu odio por la T4. Es pura fachada, nunca mejor dicho, una porrada de millones para que quede todo muy llamativo, pero luego funciona peor que cualquier aeropuerto tercermundista. Es un asco y la evito siempre que puedo. Ahora en breve me toca pasar por ella sin remedio, y ya estoy temblando.

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