J. Edgar

J. EdgarQue bien que ha llegado la época del año del cine de calidad y los taquillazos insulsos y sustentados por efectos especiales se toman unas pequeñas vacaciones. Ayer inauguraba el año cinematográfico con una sesión doble de dos películas de más de dos horas, así que casi que me supo a triple. La segunda de estas historias era un biopic de esos en los que nos cuentan la vida de alguien que todos hemos oído nombrar pero que nos la trae más o menos al fresco. La sala estaba petadísima de intelectuales con gafas de pasta y señoronas con bisontes o animales peludos parecidos a los hombros y un aura de laca que mataba a cualquiera que se aproximara a ellas a menos de un metro. Fui al Pathé City, un cine en Amsterdam en el que me que pegan palizas a los musulmanes y poligoneros de mierda porque las salas carecen de esta fauna y es increíble el poder ver una película completa sin escuchar gente hablando, móviles sonando y similares. Es casi como algo surrealista. La película se titula J. Edgar y se estrenará en España a finales de enero con ese mismo título.

A un julay le gusta jugar a policías y ladrones y también con las muñecas de su mamá

J. Edgar Hoover fue más o menos el hombre que creó el F.B.I. y que controló de una forma más o menos velada la ley en los Estados Unidos durante varias décadas. En esta película lo vemos a lo largo de parte de su vida y nos adentramos en aquello que se sospechaba pero que no se sabía de él. Ayudado de una leal secretaria y de un asistente, combatirá con igual inquina a los delincuentes y a los políticos y acumulará información sobre unos y otros para usarla cuando más le convenga.

Leonardo DiCaprio es un pedazo de actor que no veas. Salta de personaje a personaje y sin embargo cuando lo ves en una de sus películas, siempre te sorprende, no ves al artista sino a la persona que representa. En esta ocasión tiene la piel de un hombre que adora el poder, que parece haber sido manipulado y retorcido por una madre que podría haber trabajado como ama de llaves de Rebecca y habría hecho parecer a la otra una beata con derecho a canonización y tocamientos varios y también lo vemos como alguien que reprime esos instintos de folclórica que le vienen de dentro y que le hacen querer subirse a un tablao con un traje de lunares y un bigotón como el de la Pantoja y ponerse a zapatear. ?l es sin lugar a dudas lo mejor de la historia y encandila con su presencia. A su lado tenemos a Armie Hammer el cual me sonaba un montón y después descubrí que era el que hacía el papel de los gemelos de la película del CaraCuloLibro. Se supone que hay tomate entre ellos aunque en la película todo queda como muy velado. Naomi Watts hace el papel de secretaria y uno viene a entender que es la única persona de la que se fía el chiflado del J. Edgar, un tipo de esos con mal karma y que a base de hacer putadas a diestro y siniestro, tiene una lista de enemigos que llega hasta el infinito. La película es amena y solo flaquea en los momentos en los que se trata el tema del julandrismo. Es ahí cuando Clint Eastwood parece dudar y pierde el control, con escenas demasiado blandas y más propias de una película de los cuarenta. En lugar de tomar partido y o hacer al J. Edgar julandrón o hacerlo el macho cabrío de Washington D.C., lo deja navegando por aguas sin puerto y hace que en esas escenas todos parezcan como perdidos. Es el único fallo que tiene la película ya que por el resto, es excelente.

Iremos viendo a los actores envejecer y rejuvenecer, con una narración lineal que a menudo salta para contarnos algo y aprenderemos un poco de la historia del siglo XX en los Estados Unidos y de las movidas que había entre los que controlan el poder.

Si perteneces al Clan de los Orcos, esto se te queda muy grande chico. No hay efectos especiales hechos por ordenador ni nadie habla en lenguaje eSeMeSe y se te puede saturar el cerebro si tienes que escuchar casi dos horas y media de gente hablando con parar, vocalizando y usando la gramática de manera correcta. Para los demás, esta es una película buenísima.

08/10

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