La migración

No dejamos nunca de ser emigrantes, salimos de la keli de nuestros viejos, dejamos nuestros países o nuestras ciudades y siempre estamos emigrando de algo a algo, no tiene por qué ser un lugar. El martes comencé mi última migración y lo hice como pionero. En la multinacional amarilla para la que trabajo, los del departamento de ITé, esos que arreglan e instalan los ordenadores personales, anunciaron hace dos años que emigraríamos desde el güindous 7 al 10. Lo anunciaron y después no pasó nada en dos años, que con esto del Brexit parece que no hacen nada más y han tardado todo ese tiempo en preparar la imagen que pondrán en todos y cada uno de nuestros portátiles con el nuevo sistema operativo, que no es nuevo porque lleva años en el mercado. Hace ya un año los que trabajan en nuestra oficina me dijeron que yo había recibido el inmenso deshonor y privilegio de ser elegido como el usuarío UNO, el PRIMO UTENTE, el que tendría que probar que tantos meses y meses de preparación llegaban a buen puerto. Yo hasta me olvidé porque mi memoria malamente alcanza para más de veinticuatro horas, que para eso tengo el mejor blog sin premios en castellano, para escribir lo que quiero recordar. Vivía yo tan feliz y contento hasta que el martes, cuando estaba en la tertulia del café de las dos, esa que viene después de la tertulia del café de la una, me llaman y el chamo me dice que saque todo lo que quiera salvar, le baje mi ordenador de la oficina y que encienda cinco velas negras para que haya suerte y me lo devuelvan al día siguiente. Por suerte como aquí echan gente a-la-puta-calle con frecuencia, yo ya estoy tecnológicamente preparado para salir del trabajo en menos de ciento ochenta segundos sin perder información digital, así que les llevé el equipo, hice mi lista de cosillas y como ya no podía trabajar en un dispositivo electrónico, me piré a casa y me fui a correr, que no quiero ser obeso como los comentaristas culocochistas y de hecho, me hice seis kilómetros a una media de algo más de cuatro minutos y medio por kilómetro y con cinco grados, que creo que corro más cuando hace frío por las ganas extras de volver a casa. Al día siguiente, por la mañana, llegué a la oficina y lo hacía como Sinterklaas, que visitaba el país ese día, solo que yo venía en versión culinaria y me traje un saco de Lacitos de hojaldre que preparé la tarde anterior y que hice por aprovechar el calor del horno después de cocinar una deliciosa, épica y fabulosa Tarta de manzana holandesa, que los de la primera planta me regalan kilos de manzana para que se las haga porque he conseguido la perfección absoluta con estas tartas. Entregué la Tarta de manzana holandesa al que me dio las manzanas, por supuesto, sin el trozo de control de calidad que me jinqué para desayunar y después recorrí el edificio regalando a todo el mundo Lacitos de hojaldre, o casi todo el mundo, que cierta bruja no pilló. Los del departamento de ITé aparecieron tan felices a las nueve (yo estaba aquí desde las siete) y no habían acabado, así que me prestaron un portátil temporal. No me dieron el mío hasta casi veinticuatro horas del momento de la separación y desde ese momento de ayer hasta la tarde de hoy, hay un montón de incidencias críticas en el sistema, cosas que ellos nunca pudieron ver porque solo estuvieron haciendo pruebas dos años y con las que yo me he topado en unas horas de trabajo. Ya he reinstalado todas esas pequeñas maravillas que hacen que sea más productivo que tú, que tú y que tú, como el Ditto, el GreenShot, el Launchy, el AutoHotKey y han decidido poner por defecto el Notepad++ en los ordenadores porque al parecer, mi campaña promocionando ese programa tuvo tanto éxito que están hasta los güevos y ahora nos lo instalan por defecto. Ya por la tarde de hoy, las cosas vuelven a estar bajo control y mi épica productividad ha recuperado el ritmo y la calidad habituales. La bruja malvada de la primera planta sigue sin responder a mi último embate, seguro que está planeando algo así que me voy a traer una marmita a la oficina y con un pimentón de chipotle hiper-picante que me he comprado, le voy a hacer una sopita que seguro que la tumba.

Una respuesta a “La migración”

  1. La tarta de manzana tiene una pinta, que como sepa la mitad de como se ve de preciosa, será para morirse de gusto 🙂
    Salud

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