La segunda etapa del retorno a casa

Del día de fin de año, una de las cosas más especiales que he decidido conservar en mis recuerdos es que er Dani llamó a mi amigo Sergio para felicitarle el año y hablar un rato con él y ya puestos, estuvimos hablando un poco. Pese a lo que muchos piensan por aquí, si yo llego a intuir todo lo que pasó después de que escribí su antológica historia, no lo hago. Quiero que también quede constancia que la celebración de su cumpleaños ha sido una de las noches más locas de mi vida y que desde que pueda repetir un evento como ese con él, me apunto, aunque creo que esta vez no lo contaría.

El primero de enero me tocaba de nuevo hacer el desayuno. Para el comienzo del año había elegido Tostadas francesas y Huevos revueltos Masala y como desayunábamos tarde, era más bien como una especie de brunch o desayuno contundente. Por supuesto tenía mi maleta preparada nada más levantarme, básicamente llena con veinte kilos de comida y vino. Tras el desayuno, continuaron los momentos de calidad con mi amigo Sergio. No deja de asombrarme la gente tan increíble que he encontrado en mi viaje por este mundo. A Sergio lo conozco hace veinte años y aunque pueda parecer increíble, sigo teniéndolo en tan alta estima como entonces. En este tiempo hay tantas y tantas anécdotas para contar que ni merece la pena pararse a desarrollar el relato. Una pequeña perla fue el día en que compré mi primer PC clónico, con mi propio dinero ganado después de trabajar seis meses y el mismo día que largué el PC en la casa de mis padres, encontramos un piso para Sergio ya que era su primer día tras mudarse a Gran Canaria, nos fuimos a ver la película La Bella y la Bestia de Walt Disney y tras la misma nos dejamos caer por una fiesta de la facultad de derecho, por otra de Telecomunicaciones en la que nos emborrachamos hasta perder el tino, choqué contra un coche de la Policía Nacional y acabé perdiendo mi coche y durmiendo en su hotel porque no pudimos encontrar mi casa. Parece increíble pero todo eso sucedió el mismo día y es cierto y esta es solo una de las muchas anécdotas que podría contar y que no lo haré.

Antes de ir al aeropuerto nos pasamos por la casa de su mejor amigo para saludarlo. También lo conozco hace la tira de años y ambos lo sabemos todo del otro a través de Sergio, que le cuenta mis batallas a él y me cuenta las suyas a mí. Después me llevaron al aeropuerto y sobre las tres de la tarde me ponía en la cola para facturar. Por la mañana había instalado en mi iPad la aplicación de Lufthansa y así pude elegir asiento y cuando llegué a dejar la maleta, me imprimieron las tarjetas de embarque con los asientos que yo quería. El primer avión me dijeron que iba más petado que una de oficina del INEM y que salía en hora. Mientras yo facturaba, en la otra cola una mujer hacía lo propio solo que parecía que nunca había viajado. La empleada le tuvo que explicar lo que era la tarjeta de embarque y para qué servía y la mujer recuperaba la maleta cada vez que la intentaban bajar a las entrañas del aeropuerto porque se le había olvidado sacar la ensalada que llevaba para comer, las joyas, guardar en ella los líquidos, recuperar el cepillo de diente, poner en ella un abrigo o sacar el cerebro que había empaquetado. la tipa debía ser de un programa de cámara oculta porque no hay forma de que alguien así exista.

Por supuesto que me tuve que quitar las botas para pasar el control de seguridad y por descontado que tenían los aparatos para mirar botas en el aeropuerto aunque no los usan así que alguien se ha enriquecido en España colocando esos trastos en aeropuertos y después se ha desentendido. Ya en la zona segura del aeropuerto y sintiéndome tan inseguro como en el otro lado, aproveché para comprar un par de botellas de vino con las que completar mi mochila y buscar el baño del rincón. En ese mismo baño he jiñado las tres veces que he pasado por la nueva terminal del aeropuerto. Es verlo y se me retuercen los intestinos y se me pone cuerpo de obrar y es sentarme en el trono y dejar un regalo increíble para Aeropuertos Nacionales. Nos llamaron para embarcar en el segundo en el que debía haber sucedido y como yo estaba al final del avión, entré de los primeros. Mi primer vuelo me llevaba hasta Frankfurt y tras entrar todo el mundo, cerraron puertas, y salimos por patas. Durante el viaje nos dieron comida, o sea, no igual que cuando vuelas con CutreiBeria o alguna de bajo costo y pudimos disfrutar con unas vistas increíbles de los Pirineos, completamente nevados y con el cielo despejado.

En Frankfurt tuve que cruzar medio aeropuerto hasta llegar a la terminal desde la que salía mi siguiente vuelo. Iba muy bien de tiempo así que lo hice relajadamente y cuando llegué aún tuve media hora antes del embarque. Por la zona parecía darse una concentración inusual de hindúes, con sus Jasha – Jasha y similares, que esta gente parece que se van a poner en seguida a cantar y bailar. Cuando llegó el segundo para comenzar el embarque y de hecho comenzó, todos los hindúes confluyeron hacia mi avión. De nuevo se llenó hasta que pusieron el cartel de completo y salimos en hora. El piloto dijo que habría algún meneo y que tardaríamos cincuenta y cinco minutos hasta llegar a Amsterdam. Cuando apagaron las luces de los cinturones de seguridad, las azafatas se lanzaron a servir la comida y las bebidas en una carrera frenética y para cuando servían al último se encendían las luces, el piloto avisaba que aterrizábamos en diez minutos y comenzaron a correr para recogerlo todo y preparar el aterrizaje. El vuelo se me pasó en un suspiro. Aterrizamos en el puto Polderbaan y tardamos veinte minutos en llegar a la terminal. En Amsterdam llovía.

Como siempre que hago uno de estos viajes, me acerco a las cintas por las que te devuelven el equipaje convencido que me han perdido la maleta y como siempre, la mía se empeña en decepcionarme y aparece. Después tomé el tren para Utrecht mientras chateaba con todos los amigos a la vez y al llegar enlacé con el autobús hasta mi casa sin tener que esperar. Entré en mi casa cinco minutos antes de la medianoche del primero de enero y así acabaron las vacaciones navideñas de este año.

5 opiniones en “La segunda etapa del retorno a casa”

  1. ¿Cinco minutos antes del primero de Enero entraste en tu casa?
    Osea que estuviste viajando el 31, menos mal que todo te fue bien, yo en esas fechas no viajo ni que me paguen…
    Salud

  2. Genín, entonces habría entrado en mi casa cinco minutos antes de la medianoche del treinta y uno de diciembre. Entré cinco minutos antes de que acabara el primer día del 2012.

  3. El día 1 de enero en mi casa es un día de sueños hasta las seis de la tarde, más o menos, dos horas de aparentar no ser un zombie, comer algo ligeritopordiosoreviento, mirar una película, y pongo “mirar” y no “ver” porque son cosas muy diferentes, y a dormir otra vez…. un día bastante perdido, vaya….

  4. Vaya ajetreo de primeros de año. De vuelta tras el paréntesis de vacaciones, viaje a Burdeos incluido, un saludo a todos.

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