Por pasiva y por Sinterklaas

En este tramo final de la carrera hacia el dominio y el perfeccionamiento de la lengua neerlandesa nos teníamos que tropezar tarde o temprano con ese tiempo verbal inútil como pocos y que raramente usamos al hablar. Aún no entiendo por qué no ha sido desterrado de todas y cada una de las lenguas del universo ya que su creador fue una malísima persona que merece pasar sus días en el rincón más perdido del infierno escribiendo hasta el fin de los tiempos soy una mala persona hasta que se le grabe en cada una de sus neuronas. Me estoy refiriendo a la voz pasiva, esa maldición que en nuestro idioma nos enseñaban a crear pensando en es necesario que yo ?? para descubrir la forma verbal adecuada. En holandés la pasiva no tiene sujeto pero al ser esta una parte imprescindible de cualquier frase que se precie tenemos que volver a echar mano de esa partícula que es como las putas ya que vale para todos y nuestra vieja amiga er retorna y nos complica la vida aún más con un cuarto significado totalmente distinto a los otros. Es muy poco probable que alguien me vea usando este tiempo verbal en una frase dicha en el idioma del pintor ese que hacía chapucillas con campos de tulipanes y si le presto atención a la teoría es solo porque tendremos que aprobar el examen la semana que viene para pasar de nivel.

Lo más interesante de la semana fue la celebración de Sinterklaas, el San Nicolás holandés que trae los regalos a los niños y no tan niños y que llega al país a finales de noviembre para repartir los presentes la tarde/noche del cinco de diciembre. Este señor inicialmente vivía en Turquía en donde dicen que fue Obispo pero como aquello se llenó de gentuza o lo que muchos llaman musulmanes, se tuvo que mudar y acabó viviendo en el sur de España, en Andalucía, de donde viene cada año a Holanda por dos o tres semanas para repartir a aquellos que se han portado bien, sus regalos. Como el hombre no es muy trabajador se llevó con él desde turquía a los Zwartepiet, los Pies Negros, unos niños negros a los que esclaviza y que le ayudan en su trabajo. En otras culturas se convirtió en Papá Noel, con sus renos, se mudó al Polo Norte y cambió la fecha de entrega a la noche del 24 al 25 de diciembre pero Sinterklaas sigue siendo un pionero en lo de identificar a los malajes que adoran al profeta.

En nuestra clase se decidió el martes que para el siguiente día teníamos que comprar un regalo de menos de dos euros, empaquetarlo y traerlo para dar a una de las compañeras o a mi, que soy el único representante del reino de España y del género masculino. Yo lo tenía más fácil que los demás ya que son todas mujeres y compré un kit de toballa para lavar el chichi mientras te tomas un baño que me costó la friolera cantidad de dos euros y noventa y nueve céntimos, un poco por encima del presupuesto que nos fijó la jefa pero es que la ocasión merecía el estipendio. El jueves, en la última media hora de clase, pusimos todos los regalos en una gran bolsa que nos trajo Sinterklaas y juntamos las mesas para jugar. Teníamos un dado y seis posibilidades. Si te salía un uno al tirar, cogías un premio de la bolsa. Con un dos, quitabas un premio a cualquier otra persona, con un tres, pasabas tus regalos a la persona de la izquierda, con un cuatro, intercambiabas un regalo con la persona de la derecha, con un cinco tenías que responder a una pregunta y si la acertabas te llevabas un regalo de la bolsa y con un seis tenías que hacer una prueba y de nuevo al acertar ganabas un regalo. Hasta terminar el juego no se podían abrir ya que podían cambiar de dueño varias veces. Comenzamos y después de unas cuantas rondas sucedía que a veces tenía hasta cuatro regalos en mi poder (incluyendo el mío) y en otros momentos no tenía ninguno. Pusimos un cronómetro en cuenta regresiva para saber el momento exacto en el que parar y según transcurrían los segundos la gente se ponía más y más nerviosa. Cuando finalmente se acabó el tiempo, yo conseguí un regalo que resultó ser una letra S de chocolate blanco. Se me ha olvidado comentar que en Sinterklaas uno de los regalos típicos es la inicial de tu nombre en chocolate y cuando no sabes el nombre regalas la S de Sinterklaas. Mi profesora ganó tres regalos, siendo el más espectacular una mandarina y la cabezuda de la coreana se hizo con el preciado premio de la toballa limpia coños. Algunas no consiguieron nada y otras pillaron uno o dos. Cuando ya nos íbamos una de las rusas, la más estúpida y la única que ha demostrado en múltiples ocasiones que al nacer se le cayó a la partera al suelo y se le escoñó el cerebro, mete la mano en su bolso, saca su regalo y pregunta a la profesora que qué hay que hacer con los regalos que trajimos a la clase. Mi maestra casi salta sobre su yugular y la hostia allí mismo y solo consiguió dominarse pensando que esta hijaputa no pasará el examen y en enero no la volveremos a ver en clase. Y así transcurrió la semana en la que aprendimos a ignorar la voz pasiva.

3 opiniones en “Por pasiva y por Sinterklaas”

  1. Oh…la voz pasiva es un puto infierno. Atascada me hallo ahora con ese tiempo verbal en alemán. Entiendo el concepto, pero soy consciente que no lo voy a usar en la vida. Y si al pasivo le añadimos los modalverben en la misma frase es para cagarse en to. Y si tras varios años de dolores de cabeza eres capaz de usarlo, ni se te ocurra usar esta combinación: frases subordinadas, pasiva y modalverben. Para suicidarse.

    Te acompaño en el sentimiento.

  2. Uy, por cierto, yo pensaba que Sinterklaas vivía en Madrid. No sabía que vivía en Andalucía. Tampoco me queda muy claro que sea bueno para un español que Sinterklaas (adorado por los niños por razones obvias) venga de nuestro país o no. No son capaces de aclarármelo por ahí. Y el juego que comentas, recuerdo haberlo hecho también en Alemania. Sospechoso el cúmulo de cosas holandesas que se dieron allí. Su padre se llama Jupp y los nombres de los niños son holandeses. Los alemanes me cuentan que es típico hacer amigo invisible allí, y nadie ha hecho lo del juego este de los dados. Así que supongo que también viene de holanda. Lo único diferente es que todos pillaban un regalo. Nadie podía tener más de uno a la vez.

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